Abran las puertas a los millones

La opinión de…..

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Juan Méndez S.

La otrora embajadora de Estados Unidos en nuestro país dictó una muy interesante charla en Casa Esperanza en 2004. En esa ocasión, la Sra. Watts señaló que 80 personas en Panamá, con vínculos familiares entre ellas, controlaban la mitad del producto interno bruto de nuestro país. Y que más de 1.2 millón de panameños vivía con menos de dos dólares al día.

Más recientemente se publicó, en La Prensa, un interesante artículo referente a estadísticas que colocan a Latinoamérica como la región del mundo con la peor distribución de los ingresos, y a Panamá entre los tres países de Latinoamérica con la peor distribución de los ingresos.  O sea, estamos peor que África.

Actualmente contamos con un gobierno que fomenta grandes negocios y proyectos locales y abre las puertas al capital extranjero para explotar minas, recursos naturales, instalar sedes regionales y demás. El argumento, presumiblemente, es que “ahora le toca al pueblo” y toda esta inversión revertirá a los más necesitados.

Lo cierto es que la actividad, viajes y gastos por captar capital han sido frenéticos; sin embargo, en las ocasiones recientes que me ha tocado salir a gestionar un trámite a una oficina pública me he encontrado en el camino con:

-un policía de tránsito que pide coima (póngame la boleta, por favor),

-oficinas dilapidadas, sucias, mal organizadas, con funcionarios que comen frituras y toman chicha en horas laborables;

-oficinas donde nadie sabe nada de nada ni le interesa saberlo; caras desencajadas y de pocos amigos; señoras que venden timbres oficiales por su cuenta, a las puertas de las oficinas públicas; máquinas fotocopiadoras debajo de un almendro, para captar el negocio de los trámites públicos (muchas veces negocios gestionados por los directores de tales oficinas);

-y en las calles a los diablos rojos a todo trapo, sin Dios ni ley; los taxis igual;

-los promotores de los grandes condominios que impunemente defraudan a tirios y troyanos; edificios en construcción en cada esquina sin ningún respeto por reglamentación alguna;

-inversionistas extranjeros que traen a su propio personal por decenas y centenas;

-jueces de la Corte que cobran millones por fallos cajoneros; muertos por el tráfico de droga y delincuentes por necesidad o vocación que causan estragos en cada esquina,

-y al panameño de a pie comiéndose el proverbial cable.

Es decir, pareciera que al final del empeño tan importante que está haciendo el Gobierno por generar desarrollo económico, serán los mismos 80 individuos que mencionó la embajadora Watts, y uno que otro extranjero recién llegado, los que se beneficiarán de los frutos de nuestro pobre país, porque de momento no se nota ningún esfuerzo que insinúe que el 80% de la población dejará de recibir solo las migajas de la gran mesa del poder de siempre.

Los gobiernos existen para velar por los intereses y por el bienestar de todos los ciudadanos, a pesar de que a lo largo de la historia solo han logrado asegurarle una buena vida a unos pocos. ¿Cambio?

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Este artículo se publicó el  11  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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