Moneditas tentadoras

La opinión de…..

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José A. Claus


Los instrumentos monetarios dejan de ser medios de retención y transferencia de valor y se convierten en medios de control social, cuando se abandona el respaldo objetivo.

La Ley 8 del 15 de marzo de 2010 que reforma el Código Fiscal permite acuñar monedas de denominaciones altas con el pretexto de “facilitar el comercio”.

Este dinero “barato” debilita la disciplina fiscal, es difícil de auditar y eventualmente el Gobierno nos tendrá que obligar, por fíat, a recibir sus moneditas de mentira.

Las monedas sin respaldo son el equivalente de aire que se inserta en un globo, y el diámetro de este globo representa la cantidad de dinero que persigue todas las alternativas: acciones, bonos, bienes raíces, inversiones, préstamos personales, artículos para los consumidores, etc.

Los bancos centrales tratan de mantener un diámetro estable, sin embargo, este mandato es tan difícil de cumplir que ellos prefieren errar en pro del globo más inflado.

Las monedas del ministro no tienen respaldo alguno más que la suposición de que el Gobierno de Panamá las intercambiaría por dólares.   Siendo este el supuesto, emitir estas monedas es en realidad un préstamo que los panameños les estaríamos dando al gobierno de turno, ya que eventualmente el Gobierno tendrá que devolver dólares por estas monedas. El real peligro es que pedir prestado al 0% de interés es peligrosamente tentador e incentivará al Gobierno a acuñar más de lo que debe.   Inicialmente causará inflación y, después, una catastrófica deflación por no poder pagar lo que se compró con estas monedas de mentira. El economista Murray Rothbard, de la Escuela Austríaca de Economía, le llamó a esto el crack-up-boom.

El cuentito de que facilitará el comercio no es más que una pantalla para encubrir el único propósito que puede tener acuñar monedas que nunca necesitamos en este país: poder aplicar medidas keynesianas. Durante recesiones y antes de las elecciones, el Gobierno sentirá el calor político y sucumbirá a la tentación de inyectar estas monedas al globo que se desinfla.

Nuevamente comenzará otro ciclo de fiesta, porque los gobernantes no quieren recesión. ¡Control social! Estas monedas son el equivalente del pan y circo que utilizaban los emperadores romanos para apaciguar a sus súbditos, mientras mezclaban plomo con sus monedas de oro y plata. La crisis comienza cuando nadie acepte cambiarlas por algo de valor y en ese momento el Gobierno no tendrá otra opción más que obligarnos a aceptarlas.

Acuñar monedas de alta denominación es el principio de una espiral inflacionaria ya que difícilmente se podrá verificar lo que hace el Gobierno a escondidas.

Ningún gobierno en la historia del mundo ha podido rechazar la tentación de poder crear dinero como por acto de magia.

Solamente rechazando estas monedas podremos salvarnos de la última estocada, que será cuando el evidente rechazo de las mismas sea la excusa para que el Gobierno nos la imponga y así nos confiscará nuestros ahorros.

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Este artículo se publicó el 6   de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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