‘Open’ mochila

La opinión de…..

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Amarilis Montero


Los jóvenes estudiantes que fueron desalojados de una discoteca en Calle Uruguay mostraban que sus uniformes y mochilas, con el logo de Meduca (Ministerio de Educación), eran los boletos de entrada para el sarao de un miércoles, en plena Semana Santa.

Para los organizadores de esta actividad, era la forma de demostrar que los jóvenes tenían un ambiente de diversión sano y que no reñía con ninguna disposición legal. ¡Cuánta equivocación por ambas partes!

El espectáculo que daban las jóvenes que habían convertido sus faldas de colegio en “micros mini”, y los jovencitos que escondían sus rostros detrás de las mochilas donadas por el Meduca demuestra la falta de supervisión, tanto de los padres como de los directivos de los colegios de estos estudiantes.

Por otra parte, los organizadores de la actividad “bailable” justificaban la presencia de los estudiantes uniformados, al cambiar el sarao del sábado para miércoles por el asueto de Semana Santa. Ninguna excusa es válida para el irrespeto de los estudiantes hacia su colegio y al uniforme que vestían.

¿Cómo se justifica que un local comercial quiera lucrar con estudiantes de escuelas oficiales en horas de clases? ¿Cuántos de estos jóvenes debían estar en sus colegios estudiando al momento que fueron desalojados?

Cuando se pierde el respeto al uniforme de una escuela o institución, se pierde también el respeto hacia uno mismo. Ahora nos escandalizamos con el comportamiento de estos adolescentes, pero ya hemos visto que los adultos están haciendo actos similares y hasta peores.

Tomemos los casos de aquellos policías que, portando su uniforme reglamentario, han cometido desde robos hasta violación carnal y asesinatos.   Sólo recientemente también ocurrió un escándalo en Haití por unas fotos de médicos voluntarios que aparecían libando licor con sus uniformes puestos.   Estos y otros ejemplos deben llamar la atención de los padres, maestros y sociedad en general sobre las implicaciones que estos actos pueden acarrear.

Aunque el Meduca inicie una investigación “exhaustiva” de este incidente, ¿quién va a asegurar que actos similares no se vuelvan a repetir?   Es de todos conocido la poca injerencia que tiene el Meduca en la aplicación de sanciones o correctivos dentro de sus instancias.

A los propios docentes que incurren en delitos, como la pérdida de fondos o malos manejos, los reubican o trasladan. Y aquí no ha pasado nada. Es por ello que no creo que a los estudiantes que asistieron a la actividad bailable se les sancione.

Son los propios padres de familia los que deben jugar su papel de fiscalizadores y formadores de sus hijos.   No hay escuela que pueda enderezar a un joven sin control en su propio hogar. Si irrespeta a sus padres, irrespetará a todo aquel que tenga una figura de autoridad.

Y es por ello que me pregunto: ¿cuántos de estos jovencitos han sido castigados por sus padres después que aparecieron en televisión y en los periódicos de todo el país?

Si los padres sabían en qué andaban sus hijos y no les parece que deben ser corregidos, no me queda más que pensar que lo que nos espera es una anarquía social de grandes proporciones.

No tomemos estas acciones a la ligera. No pretendamos que fue una “chiquillada”. Cuando tengamos una sociedad sin rumbo ni ley, nos lamentaremos de no haber hecho algo al respecto.

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Este artículo se publicó el  6  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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