Las tres cruces II

La opinión del Escritor y Analista Político……

Rafael Montes Gómez

El evangelio es la predicación de la verdad de Cristo. Dios no engaña a nadie. El perdón de tu pecado y el mío jamás ha sido ausencia de pagar por los delitos cometidos, nunca se expresa la justicia de Dios en el sentido del juega vivo, pasar agachado. El evangelio jamás legitima la impunidad.

Uno de los errores que cometemos los que en alguna forma hemos ministrado en las cárceles del país, es darle un sentido distinto a la libertad en Cristo. Hay que ser claros en explicar que es posible ser libre pagando la pena entre los barrotes de la cárcel y que hay gobierno terrenal instituido por el propio Dios, que es quién te condenó a prisión por un delito que tú cometiste.

Uno de los testimonios que más me ha llamado la atención, es el de un guardia de Hunstville, la prisión que sirvió de escenario para la película “The Life of David Gale” un drama sobre la pena de muerte. Este siervo de Dios, quién trabaja en el corredor de la muerte, asegura que muchos condenados a muerte han aceptado a Jesucristo como su Señor y Salvador.

Cual ladrón en la cruz, muchos de ellos arrepentidos con sinceridad, han recibido el abrazo de Jesús y han escuchado su voz “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Ejemplo claro de la justicia y el amor de Dios juntos, es el gran apóstol de la cristiandad: Pablo. De él leemos en la Escritura “Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.

“Porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre”. Por ello, el malhechor “no arrepentido”, el que malinterpreta la verdad divina, no quiere pagar la pena, solo quiere bajarse de su cruz temporal, la cárcel. Este tipo de personaje, solo busca la libertad corporal, será cuestión de pocos días que abandone su “primer amor” por las cosas de Dios, porque él solo busca un bienestar material, no profundizar en los asuntos espirituales. El malhechor convertido siempre expresará: “Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos”.

Tres cruces. El mensaje del evangelio sigue siendo un llamado permanente al arrepentimiento ¡Qué bueno es saber que Jesús nos ama sin limitaciones! Dios les continúe bendiciendo abundantemente hermanos.

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Este artículo se publicó  el  1 de abril de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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