Hoy

La opinión de…..

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I. Roberto Eisenmann, Jr.

Hoy Viernes Santo paso el día pensando en ese admirado hombre crucificado en una cruz de palo.

Procuro analizar su existencia y preguntarme hasta qué punto he podido lograr imitarlo y cuántas veces –y por qué– he fracasado en el intento. Termino siempre en lo que algunos llaman “oración” y que yo procuro sea una privada conversación con mi Dios y conmigo mismo. Las oraciones institucionales de mi Iglesia tienden a repetirse de memoria una y otra vez sin mayor pensamiento o comunicación con nuestra espiritualidad; por eso, yo prefiero “conversar”.

Inicio siempre con un sincero y profundo agradecimiento por todo lo bueno que nos ha ocurrido en toda –toda– la familia. Luego analizo los percances, tropiezos y tragedias, y lo que aprendimos de ellas que nos permitió ser más humanos, más solidarios, más desprendidos… en fin, más seguidores de Cristo.

Procuro nunca pedir. Sobre todo, jamás pido a mi Dios que dos más dos sean milagrosamente cinco. Es una señal de egoísmo que siempre termina en desilusión y reclamo. No; por allí nunca es la cosa.

Entre los escritos de Paulo Coelho encontré que para él la oración también es conversación, y hay algunas cosas en que coincidimos. Por ejemplo: él le pide a Dios que proteja nuestra dudas, porque la duda es una forma de rezo, de oración. Ella (la duda) es la que nos permite crecer porque nos obliga a mirar sin miedo las muchas respuestas a una sola pregunta.

Coelho pide al Señor que proteja nuestras decisiones. Después de dudar, pide valor para que seamos capaces de elegir un camino. Que nuestro “sí” sea siempre “sí”, y nuestro “no” sea siempre “no”; que una vez elegido el camino nunca miremos hacia atrás ni dejemos que nuestra alma sea roída por el remordimiento.

Que el Señor proteja nuestras acciones porque la acción es una forma de oración. Que mediante el trabajo y la acción podamos compartir un poco del amor que recibimos. Que el Señor proteja nuestros sueños y que, independientemente de nuestra edad o nuestras circunstancias, seamos capaces de mantener encendida en el corazón la llama sagrada de la perseverancia, la esperanza y el entusiasmo.

Para aquellos que estamos en la “Tercera Edad”, que nunca nos deje en la soledad.   Que siempre tengamos un plan de vida.   Que jamás permitamos pensar en morir antes de morir, porque la vida es la única forma de manifestar su milagro. La vida –en todas sus etapas– es una maravilla… una belleza que tenemos que agradecer.

… y que gracias a su sacrificio como hombre crucificado en esa cruz de palo, sabemos (porque lo sabemos) que la muerte no existe. Lo que existe es una transición (tan traumática como el nacer) de una vida terrenal… hacia otra por conocer. Así, con la ayuda de Paulo Coelho, ha sido hoy mi conversación (u oración) con ese hombre que tanto admiro y a quien trato –sin éxito– de imitar… llamado Cristo.

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Este artículo se publicó el 2 de abril de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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