Cerrando las válvulas

La opinión del Periodista…..

ANTONIO GRAELL FLORES

Luego de la invasión a nuestra tierra istmeña por parte del Ejército de Los Estados Unidos de Norteamérica el 20 de diciembre de 1989, la seguridad en nuestro país brilló por su ausencia.

La secuela post-invasión, nos dejó a una Policía desmoralizada, armas de fuego por doquier, los asaltos a los Bancos eran el pan nuestro de cada día, le siguieron los secuestros, la narco mafia se apoderó de las calles, principalmente en los sectores marginados, se hace obligatorio la creación de Agencias de Seguridad Privadas, surgen las bandas juveniles y la violencia se enseñorea a lo largo y ancho de la capital, Colón y San Miguelito, Arraiján y La Chorrera.

Esta realidad a algunos no les gusta escucharla, porque en su momento aplaudieron la invasión bajo el cínico lema “Causa Justa”. Pero bueno, el daño ya estaba hecho.

¿Qué hacer ante esta creciente ola de crímenes que se extiende en todo el territorio nacional hoy día?.

Algunos apelan a elevar la pena a los delincuentes, sean menores o mayores de edad. Otros opinan que debe armarse a la Policía con mejores equipos para combatir el crimen. Hay quienes son del razonamiento que mejorando el sistema penitenciario se pudiera disminuir la inseguridad en que vivimos.

Señores, aquí se inició en el año 2007 un programa “Iglesias-INADEH por una comunidad mejor”, iniciativa que tuvieron los ingenieros Vladimir Herrera, por parte de las iglesias cristianas evangélicas y Juan Planells por el INADEH. El programa inicia con reuniones entre los Pastores y las diferentes bandas que operan en Santa Ana y El Chorrillo para explicarles el plan de capacitación en las instalaciones del abandonado colegio Bonifacio Pereira ubicado en la Calle 26 de El Chorrillo (área roja); que les daba la oportunidad de capacitarse en Construcción Civil, Mecánica Automotriz, Electricidad y Soldadura en una primera fase, que les permitiría estar capacitados para ingresar en el mercado laboral o bien ser dueños de sus propios talleres. La tarea de estos Pastores no fue fácil, lo cierto es que con la predicación de la palabra de Dios y brindándoles una oportunidad de poder salir adelante, luego de convencer a los ”Capos” de permitirle a estos jóvenes que labrasen su futuro con esta oportunidad que les brindaba el INADEH, el Bonifacio Pereira abrió sus puertas con el compromiso de parte de los diferentes grupos de garantizar la paz y seguridad a los participantes, facilitadores y personal administrativo del “Bonifacio Pereira”. Lastimosamente la politiquería afectó este proyecto y lo poco que se consiguió para disminuir la delincuencia en el 2008, se fue al traste porque más importante eran las elecciones presidenciales que la seguridad ciudadana.

En cuanto a la deserción del estudiantil, que luego se convierten en semilleros para el hampa, las estadísticas demuestran que el principal motivo de deserción es la falta de una buena alimentación. Es por ello, que muchas iglesias han creado comedores infantiles que muchas veces no reciben ayuda de los gobernantes, pero que llevan a cabo su labor de acabar con los bolsones de miseria que existe en la Capital y San Miguelito. No basta la represión, sino que hay que cerrar las válvulas que alimentan a las pandillas, como lo son: la falta de oportunidades, exclusión social, deserción escolar y la falta de participación política de los jóvenes.

Sería saludable que este gobierno que preside Ricardo Martinelli, aprovechara los cinco (5) millones de dólares provenientes de la ONU y del Sistema de Integración de Centroamérica (SICA) para programas de prevención de la delincuencia y los volcara en retomar el proyecto “Iglesias-INADEH por una comunidad mejor” e involucre a las iglesias católicas también, como la Fátima en El Chorrillo, la de Santa Rita de Casia en Bello Horizonte en el corregimiento de Juan Díaz y tantas otras que en conjuntos con las Juntas Comunales, las Alcaldías y algunos planteles que luego de las 5:00 P.M. están vacíos, pudieran utilizarse para dar capacitación a la comunidad.


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Este artículo se publicó el 2 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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