Con 10 años de retraso alcanzamos el grado de inversión

La opinión de…..

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Víctor J. Juliao T.


Me siento orgulloso de que hayamos alcanzado el primer escalón del grado de inversión.  Hay varias razones que me motivan a expresar estas palabras; la principal radica en el esfuerzo que hizo mi padre cuando ocupó el cargo de ministro de Economía y Finanzas entre septiembre de 1999 y agosto del año 2000.

En aquella ocasión le propuso al país un plan de desarrollo sostenible con énfasis en el capital humano.   ¿Qué perseguía con esta ambiciosa propuesta? Bajar la abultada deuda de la Nación a un poco más de cinco mil millones de dólares… ¿Cómo lo conseguiría? … Aprovechando la compra de los bonos Brady que estaban a precios muy competitivos.   En pocas palabras, con la inversión de unos mil millones de dólares, obtendríamos la disminución de la deuda en casi dos mil millones de dólares. ¿Qué ventajas tenía esta operación? … Al bajar la deuda a unos cinco mil millones, tendríamos más dinero para inversión, ya que el Estado destinaría menos recursos para pagar los intereses que ella genera.   En pocas palabras, el Gobierno iba a obtener más de 180 millones, por año, gracias a la disminución de la deuda. Además, en la ley que se hubiese aprobado, condicionaríamos la capacidad de endeudamiento del país al crecimiento del producto interno bruto. Este dinero le iba a permitir al Gobierno atender los problemas de inversión en el campo social, sin tener que endeudarse.

En buen panameño eso quería decir que si crecíamos, económicamente, así mismo podríamos buscar financiamiento de ser necesario.   Se le estaba poniendo un tope al endeudamiento.   Además de obtener los beneficios, ya señalados, hubiésemos gozado, desde el año 2000 del famoso grado de inversión.

Para los que me ven, para los que me escuchan, grado de inversión es una calificación que dan los organismos internacionales.   ¿Y qué significa eso?  Que el Estado está fuerte, que es confiable invertir en Panamá, por lo tanto el acceso al dinero fresco será expedito, con ventajas de largo plazo y a intereses más cómodos, no solo para el Gobierno, también gozarán de este beneficio los empresarios, industriales y comerciantes que buscan préstamos internacionales.

Algo que no sabe la Nación es que en aquella oportunidad mi padre, Víctor Nelson Juliao Gelonch se reunió dos veces con quien fungía como secretario general del Partido Revolucionario Democrático. Fue a puertas cerradas, sin medios de comunicación social. La intención era convencer a Martín Torrijos para que su bancada se uniera a esta iniciativa de Estado. Lamentablemente la miopía de ese momento impidió que gozáramos, desde aquella época, del grado de inversión.

Mi padre le dijo que de no aprobarse ese plan de desarrollo sostenible, irremediablemente el gobierno de la señora Moscoso y los que vinieran tendrían que recurrir al endeudamiento y a la aprobación de leyes fiscales que iban a afectar el bolsillo de todos.   La señora Moscoso aprobó una reforma tildada por el PRD como la saca plata, Torrijos hizo lo propio y fue calificado como el padre de la reforma saca todo y ahora, el presidente Martinelli aprueba la que dice que el que más gana y más gasta pagará más.

Si Torrijos y su bancada le hubieran dado el voto favorable a ese plan, presentado a finales de 1999, todos estuviéramos gozando de un país más próspero y sin tener que recurrir a tantas reformas fiscales. El tiempo le ha dado la razón a mi padre y hoy alcanzamos el primer escalón del grado de inversión.

Felicito al ministro Alberto Vallarino y al presidente de la República, Ricardo Martinelli, por el logro alcanzado y sé que lo hacen motivados por ese deseo supremo de dejarle, a ésta y a las futuras generaciones, un país estable donde la riqueza se distribuya de manera equitativa y donde el inversionista sepa que su capital está seguro y de que aquí existe un pueblo deseoso de trabajar por los mejores intereses de la Nación.

Quiero pedir disculpas, porque para algunos mis palabras pudieran ser mal interpretadas o porque estoy haciendo demasiada alusión a mi progenitor, pero, la verdad es una sola y hay que decirla en el momento preciso. Hoy llegó ese día y por esa razón no podía guardar silencio ante un esfuerzo que se hizo, pero que no prosperó por las razones expuestas con anterioridad.

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Este artículo se publicó  el  27 de marzo de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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