Panamá sobrada en divorcios

La opinión de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana….

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GERALDINE  EMILIANI

Según nota periodística del diario La Prensa del 8 de marzo de 2010: “Los divorcios en Panamá aumentó casi el doble de 2008 a 2009. Así, en 2009 se reportaron 5 mil 674 divorcios, mientras que en 2008 la cifra fue de 2 mil 997”.

Al comienzo de una relación de pareja, todo es ilusión y detalles, un te amo, entrega, y pasión. “ Te amaré hasta que me muera ”, “ eres mi vida ”, “ no concibo el mundo sin ti ”.. si fuera un cuento de hadas acabaría diciendo: “ se unieron y fueron felices ”.. pero no, el final del cuento es otro: “ se unieron y comenzaron a enfrentar amarguras que les pusieron por delante obstáculos para alcanzar la felicidad ”.

Al convivir juntos la vida diaria comienza a marchitar ese fuego inicial por discusiones constantes, estériles, palabras hirientes, infidelidad, resentimientos y violencia. Llegan los hijos y la madre vuelca su dependencia emocional en ellos y el papá desaparece como marido y autor de los días de sus propios hijos. Esta es la vida de miles de parejas en mi país. Hay muchos otros problemas que afectan a la familia panameña y el divorcio lo es también y debe ser clasificado como un problema de salud pública.

Los hijos son las víctimas olvidadas del divorcio. Y, si de hogares resquebrajados hablamos, muchas veces los hijos ni siquiera conocen a su padre y con fortuna pueda que tengan una madre que sale a buscar la manutención. Y, se convierten en los llamados “ hijos e hijas de la calle ”.

Un lector de mis artículos destaca lo siguiente: “ Suelen crecer sin vigilancia, sin protección ni cariño maternal y apenas llegan a la adolescencia entran en grupos que les enseñan que para ser hombre hay que delinquir, drogarse y pelear contra las pandillas adversarias y el único modo de probar su hombría está asociado no con las buenas calificaciones ni con la ayuda en tareas comunitarias ”.

Y, qué decir de las niñas que venden su cuerpo como soporte a su alma perdida. Amén de un embarazo no deseado y del aborto, y si nace la criatura corre el riesgo de cobijarse en las mismas desgracias que sus progenitores.

Quiero ligar lo anterior con lo siguiente: hace un par de años hice un estudio de menores infractores y su relación afectiva con los adultos a su cargo. En la investigación sobresalió, que si bien algunos vivían como nómadas, al momento de su arresto y en su defensa es cuando aparecía el papá o la mamá, la hermana o tíos, o la abuela, en fin, hasta los vecinos. La mayoría gente de mal vivir, alejada de Dios, y que no sabe tratar a estos muchachos, porque no se les enseña cómo hacerlo y con comportamientos inadecuados que pasan de generación en generación.

El tiempo no se detiene, y la situación se torna cada vez más difícil y mientras nos enfoquemos en la mediocridad y falta de capacidad para resolver estos y otros problemas estaremos a la deriva en un mar de desilusiones y con el agravante de ahogarnos en los elementos contrapuestos a los valores humanos y espirituales.

Urge crear espacios de reflexión para padres y futuros padres con programas que alfabeticen en el amor, en la sensibilidad social y en la búsqueda de Dios.

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Artículo publicado el 21  de marzo de 2010 en el  Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

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Ciudadanos bajo secuestro

La opinión de…….

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Bertilo Mejía Ortega


Estamos de acuerdo con quienes sostienen que “el único que debe disponer de la vida de los seres humanos es Dios”, pero en nuestro país es y no es así, porque la vida de los panameños depende del accionar de los pandilleros que, pareciera, se han tomado los barrios y calles de las principales ciudades. Y de estos recodos han pasado a las residencias particulares, sometiendo a sus dueños para robarles y llevarlos, inclusive, hasta el asesinato.

No hay hora ni día en que estos desalmados, torcidos y renegados seres, que han perdido la calidad de humanos, no estén atentando contra el derecho a la vida de niños, jóvenes y adultos, promoviendo inquietud, temor y desasosiego, en una población que, por escasa en número, debiera estar debidamente segura y protegida.

Esta indiscutible realidad ha obligado a la inmensa mayoría de los jefes de hogar a vivir tras las rejas en sus domicilios con la intención de lograr mayor seguridad para su familia. Sin embargo, el campo de acción de los delincuentes ha rebasado los muros y las verjas y, en razón de ello, han segado la vida de inocentes y promisorios connacionales.

La Policía Nacional, a pesar de sus esfuerzos, no ha logrado parar la ola de violencia. La juventud envenenada con y por sustancias ilícitas, más que cualquier otra causa, sigue actuando sin temor alguno, por lo que urgen correctivos que sometan a quienes se niegan a vivir en sociedad y a respetar las reglas de convivencia.

Por ello, estaríamos de acuerdo con el establecimiento de la pena de cadena perpetua para quienes violen a menores de edad y para quienes roban y asesinan con premeditación y alevosía. Las autoridades deben legislar sobre la materia, pues sería una alternativa para enjaular a la potencial y declarada maleantería que no nos deja vivir en paz y seguridad.

Urgen medidas para acabar con la violencia. Ya no es fácil prevenir ante el “gran ejército delincuencial” que actúa en nuestro medio; hay que reprimir, encarcelar para siempre a ese desecho humano que atenta contra la vida, honra y bienes de los panameños y panameñas, y de los extranjeros que visitan a nuestro gran país. Las medidas de prevención hay que considerarlas, pero estarán inmersas en las políticas que promuevan el respeto a los seres humanos decentes y en una educación con docentes de calidad, bien remunerados y con permanente actualización. “Si educas al niño, no castigarás al hombre”.

El Estado debiera crear un centro de educación para la juventud descarriada; esa que no ha tenido la fortuna de contar con padres y madres responsables y que se convierten en caldo de cultivo para las bandas organizadas. Allí con psicólogos, docentes con vocación e idóneos, psiquiatras y orientadores en la fe, se podría sentar las bases de un mejor país y de una patria con grandes esperanzas.

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Artículo publicado el 21 de marzo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Punto de Vista La acumulación de poderes y la Constitución (III)

La opinión del Abogado….

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Alberto E. Fadul N.

El egoísmo de algunos partidos políticos, representa un pozo sin fondo, rodeado de tierra movediza. Situación que, como ciudadanos educados o no, observamos sin capacidad de contener.

El partido más grande de la oposición, sin solvencia moral alguna, formula ataques al gobierno de turno, olvidando que sus gobiernos siempre lograron controlar los poderes del Estado para su beneficio y buscó, sin lograrlo, la primera reelección al cargo presidencial.

Que éste, ha sido incapaz de gobernar frente a las necesidades de la patria procurando, organizadamente, ser mercado de venta de influencias, aplicando el clientelismo político, el enriquecimiento ilícito y, para quedar exentos de culpa, protegerse de sus desvergonzadas acciones al amparo de la Procuraduría General de la Nación donde, descaradamente, con elevados niveles de éxito, arropan su corrupción con el manto de la impunidad.

Con parte de la Sociedad Civil confusa y los medios de comunicación proporcionándoles relevancia diaria a voceros de dudosa credibilidad, brindándoles apoyo indirecto al lanzamiento de acusaciones inciertas; la oposición partidista y un segmento de la alianza de gobierno, nos están llevando, encapuchados, hacia el camino incierto de una ingobernabilidad rampante o la potencialidad de un golpe de Estado.

Por primera vez en nuestro acontecer político, los dos partidos grandes enfrentan fragmentación en sus estructuras. Uno por perder la cabeza de su centro de impunidad, la Procuraduría General de la Nación y el otro, por haber negociado con el CD, probablemente, en desventaja.

El futuro de la patria está por encima de tan panorámico desastre. La alianza de gobierno debe efectuar oportunas negociaciones internas.

Los principales objetivos de los partidos políticos son: alcanzar el poder y lograr su reelección. Aceptando lo expuesto, debemos comprender que los artículos 177 y 178, de nuestra Constitución, favorecen la acumulación del poder; de tal manera, éstos deben sufrir modificación: En el primero, reducir el periodo a 4 años y en el siguiente, la reelección debe ser inmediata y por una sola vez.

El cambio no favorecerá al presidente actual. Aducir que tal se desea, es falso y carente de sentido. Saldríamos, en 4 años, del que no resulta y en 8, nos liberamos de una reelección.

Modificar el 203, eliminando la participación del gabinete en la selección de los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia y limitar la fuente de escogencia, mediante carrera judicial efectiva. El 204, debe sufrir modificaciones importantes en cuanto a los requisitos y la necesaria consulta ciudadana.

El 221, debe modificarse para que el Presidente electo nombre a los procuradores, por la duración de su periodo, dándose un proceso de traspaso y auditoria efectivo. Sólo así iniciaremos la guerra anti corrupción e impunidad.

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Este artículo  fue publicado el 21 de marzo de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La cultura de la dependencia

La opinión de…….

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Roberto Motta


Con gran preocupación observo que durante los últimos gobiernos se ha instituido la equivocada política de subsidios a los más necesitados. El criterio utilizado procura aliviar la carga del creciente costo de la vida. Lo que, deliberadamente, se ignora es que los subsidios, una vez otorgados, difícilmente se pueden quitar ya que la mente de quien lo recibe lo considera como un derecho adquirido.

La errónea tendencia de los subsidios crea una peligrosa cultura de la dependencia que es a todas luces perniciosa, pues genera una cadena de concesiones que afectan al erario público. Para los gobernantes de turno resulta muy cómodo dar sin límites los recursos del Estado con el pretexto de que así se hace una mejor distribución del ingreso, es una acción populista en contra de la visión de un estadista que organiza planes justos con metas realizables, al utilizar eficazmente los bienes de la hacienda pública en busca de un desarrollo social sostenible y funcional. Lo correcto es invertir en la producción agropecuaria e industrial, en una red vial y empresas que generen riquezas para todos los panameños.

Lo que falta es una coordinación efectiva de los distintos ministerios y entidades autónomas que las oriente hacia un gran proyecto nacional con metas precisas y competencias debidamente evaluadas.

A mi juicio cualquier subsidio y ayuda debe incentivar la mejor calidad de vida de la sociedad panameña. Así se debe premiar al estudiante que se distingue, a los padres que hacen un esfuerzo para educar a sus hijos, a los maestros que se superan para ser más competentes. Nunca se obtendrán resultados positivos cuando el subsidio o ayuda se da gratis, sin que medie un compromiso o responsabilidad adquirida. Como dice el proverbio chino, no hay que dar el pescado al que tiene hambre… hay que enseñarlo a pescar…

Toda actividad gubernamental debe estar precedida de un estudio objetivo y minucioso que valore las urgencias de las familias más afectadas, una vez seleccionadas se deben establecer los mecanismos de control para favorecer, únicamente a las personas realmente necesitadas. Es preocupante escuchar que en el programa 100 a los 70 se detectaron numerosas irregularidades que obligaron a suspender la entrega por varios meses, así mismo ha sucedido con el bono escolar de 20 balboas y ni se diga con la Red de Oportunidades y el FIS.

La verdadera función de un gobierno debe ser la de servir en la forma más honrada y efectiva para que los recursos del Estado sean consecuentes con la dinámica social, eliminándose la práctica de despilfarrar y robar los mismos. De esta situación podemos mencionar innumerables casos por todos conocidos. Ya los subsidios pasan de 600 millones, al paso que vamos pasará la anualidad del Canal con creces. Estoy seguro de que los calificadores internacionales que evalúan el grado de inversión de Panamá, de seguro tomarán muy en cuenta los altos niveles de subsidio otorgados por el Gobierno panameño.

El reto que los gobiernos tienen para impulsar integralmente el desarrollo del país es considerar, prioritariamente, la educación como vía para concienciar a los ciudadanos en sus responsabilidades, derechos y deberes, a la par de una honesta administración de la justicia y de respeto a los derechos humanos, solo así se podrá fortalecer la auténtica democracia que todos los panameños anhelamos.

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Artículo publicado el 21 de marzo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El individuo en su laberinto

La opinión de….

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Juan Carlos Ansín

Las ideologías no han muerto, sólo han cambiado de ideas y de referentes. El cisma capitalista sobre la función del Estado fue provocado por la crisis de 1930. Para el neoliberalismo, el Estado debe intervenir mínimamente y permitir la máxima libertad posible del mercado. Para el neocapitalismo de Keynes las crisis cíclicas del mercado deben ser previstas y solucionadas por medio de la intervención estatal. La crisis actual parece darle la razón a Keynes, por más que los seguidores de Friedman no cejen en darle vuelta al asunto hasta transformarlo en una tautología.

Sobre el individualismo -corazón del liberalismo económico- Hayek (1) dice que “se trata de una teoría de la sociedad”, es decir, “del conjunto de individuos cuyos aportes la transforman”. La masa o la multitud se comporta con una psicología propia, diferente a la suma de las individualidades que la integran (Canetti, Crawds and Power). Hayek refuta la creencia vulgar –la de muchos mercantilistas de nuestro medio- del falso individualismo que supone “la existencia de individuos autónomos y aislados, en lugar de entender que el carácter y la naturaleza de los hombres están determinados por su existencia en la sociedad”. Afirmación ésta más cercana a la concepción humanista de la social democracia ordoliberal alemana (Friburgo) que al liberalismo despótico de una economía pulsional.

Hayek estudió psiquiatría y genética, hecho que por inclinación propia o por influencias freudianas en boga lo lleva a la conclusión siguiente en su planteamiento antirracionalista (del individualismo verdadero) “los errores individuales son corregidos sólo en el curso de un proceso social”. Comportamiento contrario al “racionalismo cartesiano basado en el individualismo autoritario, donde las teorías estructurales (racionalistas) conducen necesariamente a que los productos sociales pueden ser hechos para servir a los propósitos humanos solamente si están sujetos a la razón humana individual, conduciendo de esta forma directamente al socialismo”. Conclusión contradictoria, pues es esta misma teoría racionalista y antidemocrática la que conduce al autoritarismo personalista y populista de derecha o de izquierda. El neoliberalismo en la práctica utiliza y acepta de buen grado las dictaduras militares. Esto no sucede bajo el socialismo democrático europeo, al cual Hayek pareciera inconscientemente contribuir con esos pensamientos. Aquellos “equívocos” que revelan lo que en verdad se piensa. Los instintos y deseos individuales (poder, riqueza, etc.), en el sujeto normal, no pueden dejarse en libertad sin pasar por el tamiz de la conciencia racional. De otra forma dejaríamos de ser humanos para convertirnos en lobos (Hobbes), como sucedería si aceptamos esta otra afirmación del padre del neoliberalismo: “Debemos enfrentar el hecho de que la libertad individual es incompatible con una total satisfacción de nuestros propósitos de justicia distributiva”.

(1) Individualismo: el Verdadero y el Falso. University College, Dublín, 1945.

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Este artículo  fue publicado el 21 de marzo de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Una sed de linchamiento

La opinión de…….

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Betty Brannan Jaén


CONTADORA, R.P. –Nadie cree más fervientemente en la democracia que yo, pero hay algunas cosas que no se pueden decidir por voto mayoritario. Si así de simple fueran las cosas, no necesitaríamos ni Constitución ni leyes para proteger contra esa mentalidad de turba que poco valora los derechos humanos, el debido proceso, y los derechos de las minorías. Por el contrario, reconocer el peligro de la mentalidad de turba y establecer leyes que la frenen es uno de los atributos de las democracias avanzadas, además de ser un indicio de altura filosófica y moral.

Pero cada vez que pienso que Panamá podría estar acercándose a ese nivel de altura, algún hecho deprimente me devuelve dolorosamente a la realidad.

Esta semana, el hecho deprimente fue el resurgimiento de un esfuerzo por aprobar la pena de muerte en Panamá. Me opongo a eso no por razones filosóficas o religiosas sino por razones jurídicas y prácticas. La simple realidad es que no podemos tener pena capital en un país donde no hay justicia.

No podemos entregar el poder de matar a sus ciudadanos a un gobierno que todos sabemos tendrá que avanzar mucho, mucho, mucho antes de superar la corrupción, la estupidez y la bajeza política.

No podemos ni hablar de ejecutar presos hasta tener una Corte Suprema que no nos repugne. Una pregunta: Si el preso fuera hijo suyo, ¿a cuál de esos flamantes magistrados entregaría usted el poder de vida o muerte?

Peor aún, tengo buenas razones para pensar que el porcentaje de panameños que quiere instalar una pena de muerte (59%, según he visto) es igualado o superado por el porcentaje de panameños que admite que Panamá no tiene justicia.

En 2004, por ejemplo, cuando también se propuso la pena de muerte en Panamá, las encuestas señalaban que 80% de los panameños respaldaba la “mano dura” e igual porcentaje reconocía que en Panamá “no hay justicia”. ¿Qué nos dice eso, en 2004 y ahora?

Que una sed de linchamiento se ha apoderado del país, porque la turba sabe –pero no le importa– que nuestro sistema de justicia es incapaz de distinguir entre culpables e inocentes. (Ver columna del primero de agosto de 2004).

Se nos dice que esta sed de linchamiento se debe a la frustración ciudadana frente a la creciente criminalidad, pero esa frustración no es excusa para tirar toda aspiración de justicia a la basura y rebajarse a la irracionalidad primitiva.

Lo racional –como sociedad– sería exigir punto final a la impunidad a todos los niveles, trabajar juntos hacia un país menos desigual, y construir un sistema de justicia que de verdad funcione en vez de la maraña medieval y corrupta de conceptos obsoletos y procedimientos absurdos que tenemos ahora.

Todos los años, el informe sobre derechos humanos del Departamento de Estado señala que en las cárceles panameñas, entre 58% y 65% de los presos no han recibido juicio.   Entonces, si ni siquiera podemos enjuiciar a los presos que tenemos en calabozos infernales, ¿cómo vamos a ejecutarlos?   ¿Por linchamiento, como en las viejas películas de vaqueros?

Si es así, les ruego recordar que en esas películas viejas, muy frecuentemente el tipo que la turba quería linchar era un pobre diablo que parecía culpable a primera vista pero era inocente en verdad. Si aun en países con sistemas de justicia más avanzados que el nuestro –Estados Unidos, por ejemplo– las pruebas de ADN han comprobado un índice escalofriante de personas condenadas erróneamente, el argumento más poderoso en contra de la pena capital es el potencial de error irreparable.

Tengo entendido que la Presidencia, felizmente, ha rectificado la idea de someter la pena capital a referéndum popular, para proceder con el tema en base a un proceso de consulta. Pero digan lo que digan las encuestas, los panameños pensantes deben darle un rotundo no a la propuesta. Linchamientos no son la solución.

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Artículo publicado el 21 de marzo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿La tecnología nos resuelve o no?

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado….

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MARIELA SAGEL

En los últimos años, la dependencia que hemos desarrollado hacia la tecnología no solo ha ido en aumento, sino que la velocidad con que vamos adoptando diferentes gadgets es exponencial a cualquier otro implemento que exista en nuestro entorno, como puede ser una plancha, una aspiradora o un aire acondicionado.

Ya no podemos vivir sin un ordenador o como decimos en el patio, una computadora. Y no necesariamente para las labores más loables, como son el producir en nuestro trabajo, sino para “ chatear ”, para estar unidos a una red social y, en el peor de los casos, para meternos a ver páginas de contenido libidinoso. Cuando yo me inicié en estos avatares del uso de computadoras era el año 1987 y utilizaba un procesador de palabras y la hoja electrónica popular de ese entonces, que solucionaba las proyecciones que se hacían en precios, cotizaciones y cálculos de impuestos.

Hoy en día existen pocos hogares urbanos donde no se encuentre un ordenador y si no existe, por lo menos se visita un café internet y casi todo el mundo, de cierta edad (jóvenes y no tan jóvenes), tiene una cuenta de correo electrónico y desde su propia computadora o utilizando los servicios de un sitio público, se está en contacto con personas y se hacen trámites a través de los servicios que se pueden acceder mediante la tecnología computacional.

Los jóvenes están seriamente involucrados en los temas de redes sociales y los usuarios de Facebook, Twitter y otras suman millones en todo el mundo y van en aumento. No debería decir jóvenes, porque otros, con espíritu joven, pero con sus añitos (como mi madre, que va a cumplir 85 años) también han adoptado con mesura esta participación en las redes sociales y disfrutan de encontrar viejas amistades o compartir a través de su página aquellos temas que les parecen relevantes.

Hay que tener cuidado en el manejo de estos instrumentos. En mi caso particular, la dedico a temas literarios, publicar mis artículos semanales y cualquier noticia que mi estrecho vínculo de amigos pueda disfrutar sin sobresaltos, especialmente buenas noticias, porque los noticieros y los periódicos generalmente carecen de ellas.

Con el celular la historia es otra, y ese tema le he dedicado ya demasiado tiempo. El uso de ese aparato epitomiza una sociedad sin rumbo y sin norte y la competencia es feroz para capturar clientes, pero en mantenerlos es un desastre. Y las instituciones que se crearon para velar por la protección del usuario, en una sociedad abierta de consumo, miran hacia otro lado cuando de ejercer su autoridad se trata —especialmente si es un pinche consumidor y no la empresa telefónica la que pone la queja— y no cumplen con su deber de informar cuáles son los derechos de esos mismos consumidores.

Lo peor de todo es que cuando una ya se familiariza con un nuevo lenguaje, un nuevo software, una nueva tecnología, sale otra que echa por tierra todo lo que uno cree que domina. La tecnología está supuesta a hacernos más fácil la vida y hacia ella tenemos que adoptar un enfoque filosófico: uno diseña SU funcionalidad de acuerdo a una nueva tecnología y es muy perjudicial privarnos (o que se nos prive de ella por mal servicio) cuando un gran porcentaje de la eficacia familiar, profesional y social depende de la misma.

Pero, ¿nos imaginamos hacer nuestras labores sin hacer uso de la tecnología? Pensemos estar sin teléfono celular —aunque no sea un BlackBerry—, y un ordenador por una semana. En mi caso, podría prescindir del teléfono celular, porque todavía creo mucho más en las líneas fijas, pero no podría ni escribir una cuartilla a mano ni mucho menos prescindir de revisar mi correo electrónico, porque de él depende mi trabajo.

Vamos entonces dominando toda esta tecnología que nos debe resolver sin que nos esclavice y a la vez, permeando a los que nos rodean con el enfoque filosófico que señalé arriba, sin que nos estrangule ni nos lleve al despeñadero cuando no contamos en determinado momento con alguno de estos elementos tecnológicos.

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Artículo publicado el 21  de marzo de 2010 en el  Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.