Esperanza de luz tras las rejas

La opinión de…..

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YOLANDA CRESPO

En su nueva novela, Justo Arroyo, ganador en nueve ocasiones del Ricardo Miró, recrea la vida en prisión

L a novela

La otra luz del escritor panameño Justo Arroyo, quien ha obtenido en varias ocasiones el Premio de Literatura, aborda temas sociológicos y psicológicos de gran profundidad. Es la historia de un joven y su grupo de amigos, de sus años en el colegio, de su relación con un profesor que se suicida después de la muerte de su esposa y pasar un tiempo en prisión.

Entre sus amores está Elena, con la cual termina al no poder hacer frente a las deudas. El objeto de su pasión es una joven de ingenio, una mujer recursiva cuyo primer negocio fue explotar al hijo de una vecina para que le dieran dinero en la calle.

El narrador, de quien no sabemos su nombre, mantiene una relación complicada con su madre. Gracias a ella escoge la carrera de arquitectura, descubriendo que tiene afinidad para todo aquello que se relacione con la construcción. La madre enviuda y se casa luego con un gringo.

El joven, en una etapa de depresión profunda, cae preso en una cárcel llamada “El gallinero”.   Detrás de las paredes de esta institución carcelaria se topa con una serie de personajes, asesinos, ladrones, violadores y retrasados mentales, algunos de ellos hábiles con las navajas.

En esta antesala del infierno encontramos al director de orquesta: el alcaide un Lucifer moderno que controla cada movimiento en la cárcel.   Encontramos personas que están tan acostumbradas a vivir en los calabozos que no encuentran su puesto en la sociedad. Uno de los reclusos mantenían los retretes tan limpios que podía ver su reflejo en ellos.

Dentro de las mazmorras encontramos criminales de cuello blanco y maleantes. Este universo criminal es regido por una jerarquía. Las mujeres de los reclusos son codiciadas, así como las comidas y ciertos beneficios.

Cada uno tiene su historia, que es un universo aparte. Los presidiarios se rebelaron en un motín y lanzan por la ventana al doctor, incendian el pabellón hospitalario, la torre y liberan algunos presos que exhibían señales de torturas en sus cuerpos.

El protagonista mantiene una relación singular con Celeste, una codiciada viuda de manos callosas. Desempeña decenas de trabajos, entre ellos el de taxista, lo que le da un conocimiento de primera mano de las calles.

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Artículo publicado el 19 de  marzo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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