Más allá de una crisis

La opinión del Abogado….

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Arnulfo Arias O.

Desde hace meses se viene hablando de una “crisis” en el Partido Panameñista. En mi opinión, se trata más bien de diferentes posturas muy marcadas, todas con derecho a ser escuchadas, pero con el deber de encontrar el camino del diálogo, por el bien del país, del partido y de la alianza de gobierno.

Digo por el bien del país porque los problemas coyunturales de un partido, y las inquietudes de su membresía, se deben primero ventilar en la mesa interna del partido, como verdaderos hermanos de una propia convicción política, porque la realidad es que problemas de mayor transcendencia, como la pobreza, la educación y la seguridad, que afecta a todos y cada uno de los habitantes, deben necesariamente cobrar mayor importancia ante la faz del país.

Llegan momentos en la historia de un país en los que necesariamente se deben deponer los intereses partidistas, para dar paso al cause del progreso de la nación. Es por ello que la solución de los problemas internos de los partidos, especialmente el nuestro, debe manejarse responsablemente dentro de ese contexto únicamente. Si el resultado de las elecciones internas produce democráticamente una dirigencia, entonces todos nos debemos avocar a su afianzamiento, sin abandonar, por supuesto, los principios personales.

El tiempo de pugnas electorales dentro de nuestro partido ha pasado ya; así como el momento de cuestionar o no los liderazgos. A mi juicio, debemos necesariamente consolidar, unificar y fortalecer nuestra estructura actual, sin dejar de exigir, como miembros y hermanos todos en un sólo partido, el cumplimiento puntual de las obligaciones a las que la dirigencia necesariamente se ha comprometido. Ya vendrán momentos para avocarse a las sanas pugnas electorales internas, ya vendrán momentos en los que se podrá exigir, de ser necesario, los cambios drásticos y contundentes, que se consideren necesarios si hubiere lugar a tal reclamo.

En estos momentos, tratar de minar fuertemente las estructuras de nuestro partido, haciendo críticas viscerales a la cabeza de nuestro colectivo, conlleva un debilitamiento y una erosión de nuestras fuerzas vitales. Volvamos a lo básico. Nuestro colectivo, no está sentado sobre bases de arena, porque la historia lo ha querido así. Reconocer que debemos afianzar más esas bases, con el dialogo permanente, con la concertación y con la unidad, asegurará que nuestro partido continúe siendo hoy, como ayer, templo de la más sagrada doctrina nacionalista.

A lo interno del partido, como miembros responsablemente activos, estamos en derecho pleno de elevar nuestras inquietudes y la dirigencia está, a su vez, obligada a detenerse en su camino y dar curso a esas preocupaciones, brindando a toda la membresía un claro mensaje de amplitud de diálogo, de concertación y de apertura. En ese mismo canal de ideas, así como se permite elevar estas inquietudes desde cualquier ámbito, con el consecuente derecho de ser escuchado, también debe recordar todo copartidario su compromiso de promover la unidad de partido, que deberá encontrar siempre un eco en su dirigencia. Que prevalezca entonces, el espíritu de concertación, porque todos somos hermanos en una misma doctrina.

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Este artículo  fue publicado el 18 de marzo de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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