El acceso a la judicatura

La opinión de….

..

Raúl E. Olmos E.

La justicia panameña enfrenta diversos retos, uno de ellos el de alcanzar altos niveles de excelencia y adecuada prestación del servicio público que brinda a la sociedad panameña. Entre esos temas pendientes se encuentra el referido al acceso a la judicatura o al cargo de juez.

Y es que me resulta preocupante que, en pleno siglo 21, aún se mantenga como criterios orientadores para el acceso a la categoría de juez un reglamento de carrera judicial adoptado en el año 1990, el que aparece desfasado, obsoleto y alejado a las modernas corrientes que orientan la forma de ingreso a una posición tan sensitiva como la de juez.

Las 40 posiciones anunciadas a concurso en la página web del poder judicial serán tramitadas, substanciadas o atendidas con el manual actual de carrera judicial, el que se funda en un concurso al que denomino “titulitis”,  el cual consiste en una competencia de papeles, diplomas y seminarios, sin que sea el medio adecuado o eficaz para conocer la verdadera capacidad del aspirante a juez.

Es lamentable que el esfuerzo realizado por la Unión Europea, que financió un proyecto para levantar un proyecto de ley de carrera judicial, el que fue debidamente consultado, consensuado y debatido por los jueces y magistrados en el ámbito nacional y ajustado a las exigencias actuales que marcan la forma de acceso a la judicatura, se encuentra hoy engavetado en los dispensadores de la Asamblea Nacional, perdiéndose una linda oportunidad de utilizar esa moderna herramienta jurídica a las 40 posiciones que hoy se anuncian en concurso y que serán sometidas a un esquema anacrónico y el cual dista de permitir conocer el verdadero conocimiento del aspirante al cargo de juez.

En España, los aspirantes a dicha posición judicial deben superar una difícil oposición para luego ingresar a una escuela judicial, donde son formados y perfeccionados por espacio de dos años en la tarea de decidir conflictos y cuyo modelo ha sido emulado por países como: El Salvador, República Dominicana y Chile, para citar algunos.

No es posible que el mejor juez es aquel que tiene el más alto puntaje a partir de la presentación de un sinnúmero de seminarios, diplomados, maestrías y doctorados, este no debe ser el factor medible, sino a partir de una exacta y precisa formación en el derecho, sostenida en un escenario donde los nominadores puedan comprobar la capacidad y el conocimiento del aspirante, comprendida en una prueba oral aplicada en la que se logrará establecer si posee las destrezas necesarias para desempeñar el cargo.

Aún estamos a tiempo para rectificar el rumbo en tal sentido.

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Artículo publicado el 16 de marzo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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