Panamá requiere un plan vial

La opinión de….

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Humberto R. Leignadier

Una red vial bien planificada, segura y bien mantenida, es una necesidad urgente para el desarrollo del país. En la actualidad, los medios anuncian carreteras y puentes que construirá el Gobierno. Se habla de una carretera transístmica que uniría a Boquete con la provincia de Bocas del Toro; de una carretera por el litoral Atlántico para comunicarnos con Colombia y Bocas; y de un puente a través del Canal en el Atlántico, sin explicar cómo encajan estas obras dentro de la red vial existente. Y, más importante, sin decir cómo afectarían estas construcciones la economía del país y la calidad de vida de los moradores.

Tal ausencia de explicaciones delata la falta de un plan vial racional, la carencia de un programa que indique cuáles son las prioridades en lo referente a carreteras, con costos razonables, sin menoscabo de los moradores de las áreas en las que se penetra, incluyendo medidas para mitigar el deterioro ambiental y, sobre todo, para el mantenimiento de las obras.

Una planificación seria crearía un sistema eficiente con mucha fluidez en el tránsito de largas distancias, descongestionamiento del tránsito en las zonas urbanas, reducción en los costos de transporte innecesariamente altos, y una mejor calidad de vida de los ciudadanos.

Aunque sea de pasada, y a pesar de las voces actuales que reniegan de la historia, soporte seguro para levantar el futuro, doy fe de lo siguiente: los primeros gobiernos de la República crearon leyes y destinaron fondos para dotar al país de una red de carreteras que conectara las áreas urbanas con distintas regiones. Así, se construyó una carretera de pavimento asfáltico que unió la ciudad capital con Coclé, Herrera, Los Santos y Veraguas con Chiriquí. Luego se creó la Junta Central de Caminos que se encargó de construir nuevas vías y caminos de penetración y, muy importante, una organización para su mantenimiento.

En 1958 se formalizó la planificación gubernamental con la creación de la Dirección de Planificación de la Presidencia de la República y la Comisión de Planificación Vial en el Ministerio de Obras Públicas que produjo lo que llamaron el Primer Plan Vial. Se seleccionan entonces y construyen 10 carreteras que incorporan áreas antes incomunicadas a la economía del país. Aunque se han construido importantes vías desde entonces, y se han mejorado grandes tramos de la carretera Interamericana, actualmente todavía Panamá no cuenta con un verdadero plan vial, como sí lo tienen los países vecinos.

En el cambio que propugna el Gobierno es impostergable la planificación y ejecución de un plan vial. De no hacerse así, continuaremos con la improvisación y el desarrollo caótico de la infraestructura, cuya atención es impostergable.

El plan debe consultar las necesidades de todas las regiones del país y en su confección deben participar todas las entidades públicas y privadas técnicas que puedan contribuir. Si no se hace así, continuaremos haciendo puentes importantes sin los accesos adecuados, y seguirán las vías de alta prioridad que no se construyen porque se les da preferencia aotras que no la ameritan.

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Artículo publicado el 13 de marzo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El ayer y hoy del 13 de marzo de 2010

La opinión del Periodista….

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Gil Moreno

En los gobiernos totalitarios, casi siempre aparece la figura del esbirro.   El esbirro es el que sirve a una persona o a una institución para ejecutar actos de violencia, desafueros y amedrentar a todo el que protesta. También podría interpretarse esta palabra para definir a todo el que se presta a una causa innoble.   De lo que se desprende que no sólo es esbirro el que esgrime una varilla o un garrote para intimidar al inconforme, sino también el funcionario servil que da la orden para que se ejecuten represalias y actos de persecución contra determinadas personas.

También esbirro es el que aplaude y justifica todos los excesos y abusos en que incurre un gobierno. En el mundo existen esbirros de todas las categorías: el que se vende por una vil peseta y el que se entrega por un contrato jugoso o una alta posición.

En definitiva, todos son dañinos a la sociedad y todos merecen ser repudiados porque carecen de principios. Por eso es que los regímenes de fuerza los requieren: unas veces en forma permanente, y otras, cuando se presenta una situación difícil, que ellos no pueden controlar por los medios normales.

En este sentido, podemos decir que todos los dictadores de la tierra, que en el mundo han sido, sino hubiera sido por estos elementos, que le sirven, no habrían podido construir su imperio.

Muchos gobiernos totalitarios reclutan maleantes y elementos del hampa para que se infiltren en las protestas callejeras, con la única finalidad de fomentar grandes molotes, incendiar automóviles, romper vidrieras para justificar la intervención de sus fuerzas de choque en estos movimientos populares.

En los años 60, los liberales tenían a su servicio los llamados “Pie de Guerra”, que no eran otra cosa que esbirros, al servicio del gobierno de turno, que se introducían en las manifestaciones arnulfistas, y armados de cachiporras, iban rompiendo cabezas… En los tiempos de la dictadura, cuando se quería sofocar una protesta, se recurría a estas mismas prácticas, con la complicidad de dirigentes importantes del PRD y de otros elementos peligrosos, que se mantenían agazapados (como ranas en una charca) para que nadie los pudiera identificar.

¿Qué es corrupción? Según el diccionario es acción y efecto de corromper. -Alterar, trastrocar la forma de una cosa. De lo que se desprende que un gobierno no sólo es corrupto cuando utiliza toda clase de recursos para apropiarse indebidamente de los fondos públicos, sino también el que abusa del poder, valiéndose de medios que no son normales.

¡Arnulfo… qué abandonado te tienen! Me causó mucha sorpresa ver el monumento al Dr. Arnulfo Arias (en Balboa), en completo abandono. Durante el gobierno pasado, se explicaba, no ahora que el partido está en el poder.

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Publicado el 13 de marzo  de 2010 en el Diario El Siglo, a quien damos, lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Las dos caras del Carnaval

La opinión de….

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Priscilla Delgado

Transcurrido un mes del Carnaval, reflexiono sobre lo que ha sido y es hoy el Carnaval tableño y distingo dos caras antagónicas, por un lado está la cara de la tradición y el folclore, y por el otro, la de la falta de transparencia en su organización y en el manejo de los fondos que genera.

En Las Tablas, lo primero que aprenden las niñas es a mover las manos como reinas, porque todas aspiran a serlo, ya sea en Calle Arriba (La Bolívar) o Calle Abajo (Punta Fogón). Este Carnaval tuvo sus inicios con la tuna de Calle Arriba, hace 60 años.    En Las Tablas cada calle tiene su reina, modelo que ha sido copiado en el resto de los pueblos del interior que también han adoptado sus “Calle Arriba y Calle Abajo”, aunque estos registros no son muy claros.

Sin la menor duda, el Carnaval tableño ha sido la ruta más codiciada de diversión de los panameños y de muchos extranjeros, en donde el lujo, la estética y la belleza física de las reinas son los elementos que empujan a muchos a carnavalear en este pueblo.

Otro elemento que adorna los carnavales de Las Tablas son las murgas, además del tamborito.   Quién puede olvidar la famosa Murga de Consuegra, que alegró por muchos años el Carnaval de Calle Abajo, manteniendo vivo el folclore sin salirse de los ritmos típicos e impidiendo que ritmos nuevos, que nada tienen que ver con nosotros, se alojaran en las tonadas propias del Carnaval.

Hoy día las murgas son otras, pero vemos renovado este entusiasmo por la música en niños que ya las integran y que aprenden a tocar sin escuela de música, solo a base de prácticas que comienzan en noviembre y terminan una semana después de los carnavales, con los carnavalitos.

Todo parece perfecto a la luz del visitante, porque el jolgorio no permite mirar más allá de la mascarada de lo que es esta fiesta en Las Tablas, como en muchos pueblos del interior. En casi todo el país el Carnaval es un negocio, en donde una o dos personas se quedan con el dinero de todos. Esto queda en evidencia en Las Tablas, en donde diferentes empresas ponen su sello en el parque, a fin de promocionar sus marcas, que van desde compañías de seguros y licoreras hasta empresas de telefonía celular.

Nadie da cuentas del dinero que ingresa porque no hay supervisión de ninguna clase y cada tuna tiene sus representantes, que parecen ser los mismos de siempre, ellos son los que reciben y manejan los fondos.   Tan serio es esto que en la tuna de Calle Arriba no se pone de acuerdo y hay dos directivas que se disputan la organización.   Este fenómeno llama la atención porque se viene dando desde los inicios del Carnaval, sin que la sociedad exija rendición de cuentas.   No hay un patronato ni una fundación ni una organización que presente cuentas ni siquiera a la familia de las reinas, esto se repite en casi todos los festivales y ferias del interior, en donde casi no existe una organización que permita al ciudadano ver los resultados con claridad.

Al Estado debería fiscalizar una actividad como esta, porque al fin y al cabo el grueso del dinero que se recauda proviene de ciudadanos panameños y no se puede desconocer que el Carnaval, con todos sus elementos, es parte del nuestro patrimonio cultural. En otras palabras, el Gobierno debe involucrarse pero, siempre y cuando, se reconozca el Carnaval como actividad cultural. Solo de esta manera puede supervisar el buen uso de los fondos que provienen de la empresa privada.

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Artículo publicado el 13 de marzo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Medidas cautelares improcedentes y con visos personales

La opinión del Periodista……

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Carlos Camarena Medina

Mucho se ha dicho en medio del debate mediático y legal, con ingerencia de poderosos sectores políticos, en torno a la medida cautelar dictada contra el expresidente Ernesto Pérez Balladares.

Pero ahora, que pareciera que ha bajado el calor, luego del espectáculo montado por un medio de comunicación y el Gobierno, ambos a la caza de un trofeo de guerra (con rabieta incluida en la primera y fallida intentona), vale la pena valorar los aspectos jurídicos de dicha decisión.

En ese sentido, las medidas cautelares personales contra Pérez Balladares son improcedentes, debido a que la diligencia sumarial del 14 de enero de 2010 violó el Código Judicial, además de carecer de fundamento, porque no se acreditó la existencia de un delito precedente, mucho menos el blanqueo de capitales.

Igualmente, un fiscal no puede especular de que no se desea colaborar con una investigación e instrucción de un sumario, solo porque la persona indagada decidió acogerse a un derecho constitucional.

Por ello, la decisión del fiscal de dictar medidas cautelares contra Pérez Balladares, no tiene ni pies ni cabeza, pues se le ha querido dar una argumento de legalidad, a pesar que el fiscal ni siquiera leyó el expediente en el cual no existen pruebas que acrediten el hecho punible.

En Panamá las leyes con claras y señalan tres razones para otorgar medidas cautelares privativas o restrictivas de la libertad personal:

La primera razón no aplica a Pérez Balladares, porque la adquisición o autenticidad de las pruebas no están en peligro, porque el expresidente no es funcionario público, ni tiene ningún grado de cercanía familiar o política con los actuales gobernantes para pensar que su libertad corporal podría hacer peligrar la adquisición de las pruebas en su contra.

También hay que destacar que Pérez Balladares no es una persona que se vaya a dar a la fuga y prueba de ello fue que cuando se ordenó su conducción para la indagatoria, se presentó voluntariamente ante la agencia de instrucción.

La tercera razón mucho menos, porque no existe peligro o indicios que sugieran que Pérez Balladares cometerá delitos graves, ni que su personalidad denote tendencias hacia la violencia personal y en contra de terceros.

Por todo lo anterior, queda demostrado que el hecho de que Pérez Balladares no haya declarado en el proceso que se sigue en su contra, no es más que un argumento traído de los cabellos por el fiscal Ayú Prado, para decretar medidas cautelares graves y diversas contra Ernesto Pérez Balladares. Estamos pues, ante una realidad y muestra de que tras esta decisión, existen muchos hilos entrelazados, no necesariamente con los fundamentos de las leyes y la justicia.

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Este artículo  fue publicado el 13 de marzo de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Reflexiones ante el nuevo año escolar

La opinión del Educador y Ex Legislador…..

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VICENTE CABALLERO

Consciente del desafío de nuestros tiempos en el ámbito educativo y que, por ende, involucra a los actores pedagógicos e implica la acción de la Escuela ante su rol de integración del niño en el medio físico y social, elaboro estas reflexiones desde mi esquina de educador jubilado. No podemos tapar el sol con la mano. Existen “Conflictos educativos”, motivados por intereses, por la crisis de arrastre en la educación o por posiciones de liderazgo.

Es vital el aporte de los educadores ante la necesidad de un cambio de actitud en su misión para contribuir al éxito escolar. Se ha afirmado que los responsables de la educación del niño y jóvenes son los padres de familia, docentes y directivos. Si ello es así, cada estamento debe asumir su rol.

La función orientadora de los padres y del docente constituye peso específico y se transforma en columna vertebral. Esto implica mayor preocupación por comprender al alumno y la problemática que lo rodea, para que encuentre salida a sus dificultades, y así pueda lograr plena incorporación a la sociedad que demanda una conducta digna y responsable.

Esta fórmula encuentra escollos debido a conflictos matizados por las emociones. Conflicto entre docentes, entre docentes y alumnos, entre docentes y padres de familia, entre docentes y directivos, entre alumnos, entre padres de familia y, finalmente, entre la escuela y la administración de la educación nacional.

Es un tema complejo que amerita abordarlo con objetividad de parte y parte, de tal suerte que los triunfadores sean la educación nacional, el bienestar de la niñez y el progreso de la Nación. Por ello es necesario afrontar el conflicto y no dejarlo que prospere por temor, pues ello conduciría a una debilidad que perjudicaría las relaciones en la enseñanza.

Debemos afrontar los casos democráticamente, para generar un diálogo abierto y ameno que genere críticas constructivas y prácticas liberadoras de prejuicios y egoísmos. Sin lugar a dudas en la mayoría de los Centros Educativos los conflictos destruyen el éxito de la labor, que perjudica el funcionamiento de la organización escolar.

El docente y los directivos están en el deber de analizar y llevar a la práctica medidas para minimizar las causas conflictivas y abordar las soluciones. Evitar el conflicto no es sinónimo de sometimiento férreo, sino de eficacia en la conducción de la Institución, por parte de la Organización educativa, que debe aspirar a ser modelo en la vida escolar.

El ministro de turno, tiene que rodearse de un equipo humano que empuje de verdad, con autoridad profesional, el carro del progreso. La tarea, finalmente, deben abrazarla los medios, la Iglesia, grupos cívicos, las autoridades, los padres de familia, directivos, educadores y estudiantes, teniendo como faro el Rector de la Educación Nacional.

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Este artículo  fue publicado el 13 de marzo de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.


Partidos y constituyente

La opinión de….

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Antonio Saldaña

El referente histórico de los partidos políticos de Panamá se puede situar en los programas de los partidos Liberal y Conservador de 1848 y 1849, respectivamente. Partidos, que al decir del doctor Bonifacio Pereira, citado por el jurista Juan Materno Vásquez, “son estos, por así decirlo, los partidos históricos” y existieron en nuestro país desde los tiempos de unión a Colombia.

En general el partido Conservador –según el historiador Andrés Celestino Araúz– era el representante de la clase de los terratenientes, de los dueños de los esclavos, de burócratas civiles y militares, de religiosos, y en menor medida de los comerciantes. Es por ello que los conservadores defendían el statu quo, las políticas fiscales proteccionistas, la educación religiosa y el régimen de esclavitud.

Por el contrario, el Liberal era el partido del cambio, que se proponía transformar el Estado colonial en función de la burguesía emergente. Proyecto que implicaba “modificar la reglamentación particularista y sustituirla por leyes de carácter general, convertir la tierra en mercancía y darle libre circulación; [suplantar] un Estado omnipresente por otro que sin trabas permitiera comerciar, [relevar] los monopolios y dejar que las actividades reglamentadas se movieran al impulso de la libre [competencia]; suprimir las jerarquías ante la ley y poder llamar ciudadano al desigual; [eliminar] el ejército de caudillos y sustituirlo por una milicia de ciudadanos pudientes, liberalizar la enseñanza, es decir, quitar a la Iglesia el privilegio de impartir el saber”.

Estas diferencias ideológicas entre los partidos Liberal y Conservador en el istmo se mantuvieron vigentes, probablemente, hasta la Guerra de los Mil Días, ya que éstos se unieron para apoyar la independencia de 1903. A partir de entonces “no se organizaron como partidos separados y la diferencia más importante entre ellos era formar parte del Gobierno o estar en oposición”. ¡Cualquiera semejanza con los partidos de la actualidad es pura coincidencia!

Hasta 1925, el puesto de presidente de la República y el de otros altos cargos del Gobierno debía contar con el visto bueno del poder estadounidense, a tal punto llegaba la subordinación política de los istmeños, que los funcionarios diplomáticos y de la Zona del Canal actuaban como verdaderos procónsules. Situación que tenía como fundamento jurídico el tratado Hay–Bunau Varilla de 1903 y el ignominioso artículo 136 de la Constitución de 1904.

De manera que desde los umbrales de la República, el caudillismo y la formación de partidos personales fue la tónica. Así surgen en la segunda y tercera década del siglo pasado, verbigracia, los porristas del doctor Belisario Porras y los chiaristas de don Rodolfo Chiari. Al respecto indica el doctor Juan Materno Vásquez que,   “hasta 1932 no existió partido político en Panamá, solo funcionaron grupos políticos organizados en torno a patricios liberales”.

Después de 1932 surge un enjambre de partidos políticos, en su mayoría de carácter oligárquico, con la excepción del Partido Socialista del doctor Demetrio Porras, el Partido Comunista (Partido del Pueblo) y el Partido Demócrata Cristiano fundado a finales de la década de 1950. Los partidos políticos alcanzan personalidad jurídica en las Cartas de 1946 y 1972, respectivamente. Con ocasión del golpe militar de 1968 y por disposición del Decreto de Gabinete No. 58 de 1969, fue suspendida la actividad de los partidos políticos, 10 años después fue dictada la Ley No. 81 de 1978 que estableció las reglas de la formación, funcionamiento y subsistencia de los partidos políticos.

Hace 20 años –después de la invasión militar estadounidense– las colectividades políticas volvieron a florecer, aunque menos que en el pasado demoliberal, sin embargo, como ocurrió con anterioridad, no han sabido jugar su papel de “órganos funcionales de la nación” y mucho menos de ser expresión del pluralismo político e instrumentos fundamentales para la participación política. Hoy, como ayer, los partidos políticos son organismos carentes de ideología que se caracterizan por el liderazgo personal, las agendas ocultas y el clientelismo político.

De modo que la verdadera crisis institucional que vive el país es la miseria de los partidos políticos y, a nuestro juicio, el fortalecimiento de la democracia, entendida “como la forma de Gobierno con la mayor participación posible del pueblo en el Gobierno”, pasa inexorablemente por el tamiz de la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, modernizadora e ideologizadora de la institucionalidad política del Estado. ¡Así de sencilla es la cosa!

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Artículo publicado el 13 de marzo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El cambio es responsabilidad de todos

La opinión de…..

RAFAEL MONTES G.

Lo dicho por el Presidente Martinelli como “Un llamado a la Unidad” es la expresión misma de la ideología del Cambio.   Por eso el mandatario en un mensaje a la Nación, pide a los padres de familia, comunidad, Iglesia y clubes cívicos, trabajar unidos por Panamá.

En un sentido práctico expresa que “el cambio no lo puedo hacer solo, cada uno de nosotros debe hacer su parte”, comprendiendo que cuando manifestó su preocupación sobre la transmisión de telenovelas para adultos a tempranas horas de la noche, no escuchó las voces de nadie apoyándolo en el cambio de horario de este tipo de programas que incitan a la violencia, pandillerismo, narcotráfico y corrompen los valores morales de la sociedad.

¿Puede el ciudadano exigir mano dura contra la corrupción, mientras “ en privado ” no se sonroja al “ coimear ” a un policía de tránsito? ¿Tiene sentido reclamarle la falta de seguridad al gobierno de turno como único responsable de la escalada de violencia, mientras desatendemos nuestras responsabilidades como padres y nuestras televisoras “ educan ” a nuestros niños con programas cargados de violencia, inmoralidad y falta de valores?

En ese sentido el mandatario expresa que “ estamos trabajando para darle a los panameños educación, seguridad, transporte y la salud que se merecen.   Pero solos no lo podemos lograr. El país es responsabilidad de todos, cada uno de nosotros debe hacer su parte…, que la Iglesia y la sociedad civil promuevan los valores para acabar con el juegavivo ”.

Como hemos manifestado en nuestro programa de radio “ Hablemos con Panamá ”, el cambio debe empezar por nosotros mismos. Un cambio de mentalidad que permee la cultura del juegavivo y que nos transforme en personas honestas y productivas, artífices de nuestro propio desarrollo como individuos y en nuestras comunidades.

El cambio al que se refiere el presidente no puede enmarcarse en la simpleza política de derecha o de izquierda.   El cambio, aunque es evidente su tendencia a centro derecha, está imbuido de una fuerza popular que lo sostiene y la alianza con el panameñismo le da un comprometido contenido social en su expresión política.

Todos sabemos el poder omnímodo que ejercían unas pocas familias privilegiadas que antaño ponían y quitaban presidentes en Panamá. El presidente Martinelli y el vicepresidente Varela, con valentía, han enfrentado ese reto y saben que la lucha ha sido planteada en su campo y están dispuestos a enfrentar los costos que eso implica, con tal de darle a nuestro pueblo el cambio y desarrollo social que se merece.

No ignoramos las maquinaciones detrás de imponer los viejos esquemas de clanes familiares que inciden en lo económico y político, para su propio provecho y que movilizarán con fuerza su raído disfraz de falsa democracia. Son esas élites sociales aliadas de pequeños resabios izquierdistas oportunistas, quienes plantean esquemas de resistencia. No obstante, el mandatario confía en los aciertos de su política social y el mayor beneficio del cambio trabaja a favor de los que nada tienen, sabiendo que en la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos está el futuro de nuestra nación.

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Este artículo  fue publicado el 13 de marzo de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.