A la mujer panameñista

La opinión del Abogado….

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Arnulfo Arias O.

Carmen Madrid de Arias, mi bisabuela paterna, fue un verdadero ejemplo de esfuerzo, dedicación y entrega maternal de la mujer panameña. Fue madre de nueve hijos en total, entre los cuales quiso el destino, y sin duda su propio esfuerzo personal, que contemos hoy con dos presidentes de la República que increíblemente compartieron una misma cuna. Me refiero, por supuesto, a Harmodio Arias Madrid y Arnulfo Arias Madrid. Personas que la llegaron a conocer, y cuyos relatos fueron pasados de generación a generación, se refirieron a ella siempre como una madre excepcionalmente devota y dedicada principalmente a sus hijos. En una ocasión, mi abuelo Arnulfo Arias, en respuesta a un comentario despectivo que alguien hiciera sobre un humilde puesto de venta, recordó que su madre había tenido puestos de venta, tan humildes como ese, sin perder su dignidad y que esos esfuerzos ayudaron a mantener su familia cuando él era un niño. Sin duda alguna, fue una madre muy sufrida, que hizo una entrega total de su vida a la familia. Soportó con mucho estoicismo los golpes que la vida le reservó. Mi padre me contó cómo su abuela Carmen sufrió especialmente las adversidades políticas de su hijo Arnulfo, que fueron anunciadas, en forma premonitoria, a los pocos meses de su alumbramiento, cuando en las postrimerías de la Guerra de los Mil Días, mientras toda la familia encontraba refugio en una remota caverna de las montañas de Coclé, la esquirla de una bala perdida llegó a impactar el pechito del recién nacido infante, casi hiriéndolo de muerte. Hoy en día, esa sacrificada mujer se encuentra enmudecida por la historia, en la forma modesta que, sin duda, ella misma hubiese reclamado para su memoria. Pero el sólo hecho de ser una madre abnegada, trabajadora y visionaria, que dio a este país dos Presidentes de la Nación, hará que su recuerdo no perezca y me motiva a mí en especial, como su bisnieto, a rendirle un justo homenaje. Ella personifica sin duda a la mujer Panameñista, que ama y acepta sus orígenes como hija de este suelo panameño y que consagra su vida al trabajo honesto para que sus hijos crezcan en un Panamá mejor.

Mi abuela Ana Matilde Linares de Arias, fue también un importantísimo pilar en la vida de Arnulfo Arias Madrid, como su primera esposa. Mi padre destacaba en ella, sobre todo, un coraje excepcional, que él mismo pudo ver en muchas ocasiones a lo largo de la accidentada vida política de mi abuelo. La describió siempre como madre severa, pero amorosa. Fue una mujer que, con resignación, aceptó su destino como esposa de un caudillo. A escasos cuatro años de su matrimonio, sufrió en carne propia los embates de la beligerancia política que dramáticamente se suscitaron en su vida cuando Arnulfo lidera en 1931 el Golpe de Estado como miembro de Acción Comunal. Muy grandes habrán sido sin duda sus angustias en esos momentos; pero pudo más su deber a la Nación que su miedo a la viudez. Fue comprensiva hasta el exceso al aceptar compartir su vida con un hombre que era leyenda de principio a fin. Ella misma decidió ser protagonista también de esa leyenda exponiendo su vida en muchas ocasiones, especialmente durante el golpe de 1951, cuando, en un acto de amor supremo hacia su esposo y hacia la Nación, sostiene su mano y proclama con él ese histórico VOLVEREMOS.

No menos heroicas son todas aquellas mujeres cuyos nombres hoy nutren las filas de nuestro Partido. Mujeres que, a pesar de las grandes necesidades que aquejan sus vidas y de sus obligaciones como esposas, madres y abuelas, sacrifican parte de ese sagrado tiempo para preocuparse por nuestra patria. Dignas mujeres panameñistas de lugares distantes de la capital como de los Distritos de Soná y Calobre, con quienes he tenido el honor de compartir muy recientemente. Correligionarias de una sola doctrina política panameñista; compañeras y copartidarias que reclaman hoy en día una mayor participación de la mujer en la vida política de nuestro país. Mujeres profesionales y del campo que me compartieron sus inquietudes y que no han perdido aún la fe en que la dirigencia de nuestro partido sabrá escucharlas. A esas mujeres y a todas las mujeres panameñistas dedico estas líneas, para que sepan que sus palabras encontrarán siempre un eco en nosotros y que sus reclamos justos caerán, como semillas, en terreno fértil, porque todas ellas son el espejo donde se reflejan nuestras propias madres, esposas e hijas.

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Artículo publicado el 11 de marzo de 2010 en el Diario El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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