Mi cambio, tu cambio, nuestro cambio

La opinión de……

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Luis Eduardo Camacho


Desde que ganamos las elecciones de mayo de 2009 fui consciente de que ese triunfo solo implicaba el haberle ganado la primera batalla a la frustración, al devolverles a los panameños la esperanza de que era posible darle a nuestro país un cambio de rumbo positivo.  También era consciente de que el siguiente paso era lograr que la esperanza renovada se convirtiera en determinación para avanzar y que los discursos le cedieran el paso a las acciones concretas; que convencieran a todos de que había empezado el cambio que todos anhelamos.

Aunque todos queremos un cambio dirigido a darnos mejor calidad de vida fue necesario definir con claridad que, bajo nuestra visión, su impacto positivo tenía que ser mayor en aquellos sectores que han vivido tradicionalmente marginados de las riquezas que genera nuestro país.   Esa definición fue claramente expresada en la frase “Ahora le toca al pueblo”.

Esta frase está encarnada en “100 a los 70”, el aumento a los policías, las becas universales, las mochilas con cuadernos, libros y útiles escolares, los subsidios de 5 mil balboas para la compra de viviendas y muchos otros proyectos y programas de interés social que adelanta mi gobierno.

También en los más de 15 mil millones de dólares para obras de infraestructuras que le cambiarán favorablemente la vida a miles de panameños y que hemos planificado desarrollar en los cinco años de mandato. Cobra vida, también, en la decisión que tomamos de darle continuidad, sin egoísmos, a las Granjas de Desarrollo Sostenible y a la Red de Oportunidades, proyectos ideados en otras administraciones y que hemos revisado y perfeccionado para garantizar que los recursos lleguen realmente a quien los necesita.

También quisimos dejar claro desde el inicio que el cambio radicaba en que los recursos que se necesitaban para todos estos programas y proyectos sociales salieran de los bolsillos de quienes más ingresos tienen y no de los bolsillos de los propios necesitados, de los pequeños y medianos empresarios o de la capa media profesional, como tradicionalmente ocurría.

Sabíamos que ese cambio era el que más resistencia iba a generar. En la mayoría de los casos, esta es motivada por el egoísmo que les impide desprenderse de los privilegios, así como también por la avaricia y el no me importa que los hace ciegos e indolentes ante la pobreza que produce la mala distribución de las riquezas. En otros menos la resistencia es producto de la confusión que han producido las campañas de ataques provenientes de aquellos sectores a los que el Gobierno les ha exigido contribuir o contribuir más en proporción a sus ingresos.

El pueblo, los empresarios con conciencia social y los políticos que luchan contra la corrupción y la pobreza nada tienen que temer. Las medidas de orden y de carácter social que impulsa nuestro gobierno solo golpean los intereses políticos y económicos que quieren mantener en firme las barreras que nos impiden avanzar hacia un país con igualdad de oportunidades para todos.

Asumimos conscientemente el costo de nuestras acciones. Eran necesarias; ahora ya nadie duda de que el cambio está en marcha.

Ahora, el pueblo debe entender que el verdadero cambio solo será posible cuando políticos, empresarios, profesionales, obreros, estudiantes y amas de casa, reconozcamos la necesidad de cambiar nuestras malas aptitudes, practicando la honradez, los valores cívicos y morales, las buenas costumbres.

Un futuro mejor está en la educación. Por ello hemos destinado esfuerzos y recursos para tratar de cubrir las innumerables necesidades de ese sector.   Pero necesitamos, igualmente, que más docentes vuelvan a hacer de la educación una profesión con vocación, que los estudiantes se entreguen al estudio y al deporte para alcanzar su desarrollo integral, que los padres de familia entiendan que los colegios no son guarderías, que ayuden a sus hijos en los estudios y que presten atención permanente a sus conductas.

Es ya tiempo de estar juntos haciendo un mejor Panamá. Nuestros serán los beneficios del cambio y nuestros son los deberes y responsabilidades para que este se produzca.   El pueblo somos todos, por eso todos somos indispensables para el cambio; es mi cambio, tu cambio, nuestro cambio.

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Articulo publicado el 9 de marzo de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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