La muerte y los impuestos

La opinión de la Ex Diputada de la República….

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MIREYA LASSO

No hay ser humano que disfrute pagando impuestos. No es algo agradable y a pesar de ser un trago amargo, se dice que lo único seguro en la vida son los impuestos y la muerte. Lo que ya se está convirtiendo en un ritual cada cinco años, en esta época vemos nuevamente cómo un gobierno que se inicia se ha dado cuenta de que la plata no le alcanza y que, por mucho que estire la sábana, los recursos estimados no dan para todo lo que quiere hacer.

Cada cinco años volvemos a lo mismo: una reforma tributaria que, no importa cómo se quiera vender, tiene como propósito aumentar los ingresos estatales para poder financiar las obras que se propone ejecutar el gobierno de turno. Pero como el bocado es difícil de tragar por su naturaleza, se hace necesario “ empaquetarlo ” adecuadamente para enfatizar las buenas cualidades que lo adornan, soslayando los aspectos dolorosos. Por supuesto que como todo gobierno, el actual está consciente de que la medida implica un alto costo político a corto plazo, pero espera que el rechazo inicial se revierta más tarde cuando se puedan ver sus beneficios.

Como miembro de la Asamblea Nacional, en el 2004 recibimos el paquete de medidas que el Gobierno Torrijos denominó “ de responsabilidad fiscal ”. Bajo esa bandera se anunció la nueva época de un manejo serio de las finanzas públicas, para enderezar los desatinos financieros del gobierno anterior. Los primeros artículos de esa propuesta no trataban sobre el aumento de impuestos, sino sobre medidas de austeridad, con lo cual el gobierno intentaba persuadir a la opinión pública de que estaba dispuesto a hacer sacrificios antes de solicitarles a los contribuyentes que aportaran más. Pero nadie dudó de que el fin primordial que se perseguía fuera el au mento de la recaudación, la cual se produjo —y con creces.

El actual paquete tributario enviado a la Asamblea Nacional también tiene una envoltura seductora. Nadie podría oponerse a las altruistas medidas de carácter social que parecen posibles gracias al aumento de ingresos que se persigue. Las becas, las exoneraciones y los subsidios a favor de quienes menos tienen y los justificados aumentos salariales a la Fuerza Pública, son disposiciones loables.

Pero con todas esas cosas buenas y bonitas, existe una realidad insoslayable: los cientos de millones de balboas necesarios para financiar aquellas medidas tienen que salir que quienes producen y mueven la economía. Lo preocupante es que el gobierno no hará, ni querrá hacer, nada para impedir un aumento general de precios que sea cargado a todos los consumidores.

Si la redistribución se hace con justicia, y sobre todo con eficiencia, muchos estarían de acuerdo en soportar la carga adicional. Si con esa acción se logra mantener la paz y la tranquilidad social, que es factor importante para seguir avanzando en democracia y en desarrollo económico, la carga será soportable. Pero si sucede lo contrario: que los nuevos fondos se despilfarren en gastos superfluos y se derrochen con criterio politiquero, entonces no habrá forma de condonar lo que será tenido como un asalto imperdonable a la estabilidad económica de los hogares panameños.

Es la sensación que quedó por los atracos vergonzosos a los fondos públicos que fueron producidos por las reformas fiscales que gobiernos anteriores impusieron.

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Publicado el 3 de marzo de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.