Las semillas y El Arca de Noé (II)

La opinión del Ingeniero….

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PEDRO RIVERA RAMOS

No hay duda de que por su impresionante y avanzada complejidad técnica, su esplendorosa belleza estética, sus medidas de contingencia y de seguridad y su objetivo de garantizar hasta por miles de años, la conservación de la diversidad cultivada del mundo, la Bóveda Global de Semillas debiese despertar en todos, en este su segundo aniversario, un sentimiento de seguridad alimenticia y de justificada felicidad universal.

Para los apasionados defensores de este proyecto, ahora los seres humanos podemos dormir más tranquilos, sabiendo que ante un desastre colosal en la producción mundial de alimentos, estaremos en condiciones virtualmente de recomenzar. “ Al menos la humanidad ahora tiene un Plan B ”, afirmó exageradamente hace algún tiempo Caryl Fowler, director ejecutivo de esta obra y del Global Crop Diversity Fund (Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos), entidad de carácter privado fuertemente financiada por las grandes transnacionales de las semillas y los plaguicidas, y que junto al Ministerio de Agricultura y Alimentación de Noruega y el Banco Genético Nórdico, constituyen los responsables principales de las políticas y las decisiones que se adopten, con relación a las muestras depositadas en esta bóveda.

Naturalmente que toda medida o toda acción dirigida a frenar realmente la erosión genética de los recursos vegetales, proceso que empezó a acentuarse en la década del 50, junto con la llegada de la Revolución Verde, debe recibir nuestro respaldo y estímulo sincero. No obstante, para alcanzar resultados verdaderamente alentadores en la protección y conservación de los recursos genéticos, es preciso que le concedamos a la conservación in situ , es decir, al mantenimiento de la diversidad en los propios campos y parcelas de los campesinos y pueblos indígenas, el lugar preponderante y esencial que se merece y urge. Allí reside la verdadera seguridad y soberanía alimentaria que la Humanidad necesita y reclama.

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Publicado el 3 de marzo de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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