Periodismo, libertad y responsabilidad

La opinión de…..

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I. Roberto Eisenmann, Jr.


Al presidente Martinelli se le acabó la luna de miel debido a errores cometidos, iniciando con el nombramiento de dos conocidos a la Corte Suprema de Justicia, y el secreteo del lío del FIS (entidad que va –correctamente– a cerrar), y las increíbles metidas de pata con lo de la Procuradora.

La terminación de la luna de miel y la avalancha de críticas produce angustia en los gobernantes, porque repentinamente sienten que nadie publica lo bueno que hacen en su brutal trabajo de 24 horas, y que multiplican geométricamente lo malo. Desafortunadamente, esta angustia mueve el péndulo de los gobernantes de la actitud proactiva, a la reactiva; se filtra la emoción y salen declaraciones impropias que solo complican más su situación respecto a noticias negativas.

Tal es el caso de sus recientes y poco atinadas declaraciones respecto a los medios, sobre todo los televisivos.

Primero contesta una crítica válida respecto a compra de camisas a parientes, por contratación directa, diciendo “¿y el millón de dólares que el Estado contrata directamente con TV2, TV4 y TV13? … ¡Ah, ah!”; todavía nadie entiende qué tiene que ver una cosa con la otra. A las televisoras les está comprando un servicio que él considera necesario para el Estado; no puedo creer que él considere que la publicidad compra adhesión editorial… pero por si las moscas, entiendo que La Prensa no aceptó una pauta por $1 millón por contratación directa del Gobierno, siguiendo su tradición de total independencia de los gobiernos.

En segunda instancia, acusa a las televisoras respecto a que por el “vil metal” y los ratings en sus noticieros “de pacotilla” sólo hay muertos y violencia.

Hace meses escribí sobre este asunto sugiriendo a mis buenos amigos de las televisoras que se reunieran (lo hacen a menudo para otras cosas) y acordaran pasar para las 11 de la noche la crónica roja y policiales, y las sacaran de los noticieros; les di ejemplos que comprueban que sus periodistas, sus audiencias y la sociedad se lo agradecerían. Hicieron un esfuerzo light pero no fue suficiente. Les pronostiqué que si no se autorregulan vendrán serias amenazas del sector político, para desgracia del país entero.

Bueno, ya el presidente Martinelli puso el grito en el cielo –aunque por razones equivocadas– ya que el deseo político siempre tiene la agenda de tapar la realidad, cosa que es un ataque directo a la libertad de expresión. La seguridad, una de las fundamentales promesas electorales, está muy mal parada. Todos los machísimos y militarísimos “mano dura” han fracasado por otras razones que no quieren aceptar porque no van a “cogobernar con nadie”. Obviamente la solución no es tapar la realidad sino que los noticieros sean noticieros, y la crónica roja vaya en programas dedicados a policiales, a otra hora.

Yo puedo criticar a mis colegas por su estilo periodístico, pero si esa misma crítica proviene del gobernante, se convierte en una amenaza inaceptable a la madre de todas las libertades.   Un presidente que pierde las chavetas solo va a traer más reacciones negativas hacia su gobierno.

Y, ya que tocamos el tema, quiero volver a felicitar al Consejo Nacional de Periodismo y su Comité de Ética pues es de allí de donde debe emanar la autorregulación de las televisoras que están allí representadas.

La respetada periodista Flor Ortega acaba de editar la memoria del Comité 2006–2009 titulada Lecciones de autorregulación periodística, que es un documento valioso para conocer la importante labor del Comité de Ética dentro del Consejo; además, incluye al final una autocrítica que apunta hacia el futuro, con recomendaciones valiosas.

Esta es la ruta a seguir y ofrezco mi continuo apoyo en lo que les pueda servir. En el periodismo lo único que hay que asegurar es el derecho del lector, radioescucha o televidente… y el periodismo nacional –junto a los dueños, los académicos y la sociedad civil– está dedicado precisamente a esto en el Consejo Nacional de Periodismo y su Comité de Ética.

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Publicado el 26 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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