Periodismo, drogas, ludopatía y alcoholismo

La opinión de……

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JAMES  APARICIO

UNA COLEGA ME DIO LA ALERTA. Me habló de su preocupación y preguntando aquí y allá he descubierto una realidad sorprendente, que mete miedo y obliga a reflexionar.   La prensa panameña no escapa de varios males sociales, enfermedades y vicios que afectan a miles de ciudadanos: el consumo de drogas, el alcoholismo y la ludopatía.  Es un secreto a voces del cual nadie quiere hablar ni debatir, pero que pone en riesgo y peligro a muchos comunicadores sociales.

Los casos van desde el consumo de piedra, cocaína y marihuana; consumo excesivo de licor durante toda la semana y las apuestas sin control en salas de juego de todo el país. La situación es grave. En los medios de comunicación miran hacia un lado, en los gremios no miran y entre los periodistas se comenta como cualquier chisme, sin que exista un gesto de solidaridad, que vaya más allá de la inacción actual.

La adicción al juego, el alcohol y la drogas son un mal social cada vez más creciente. Sin embargo, no existen planes en el país para combatirla. Ocasionales pruebas antidopings se realizan con el único propósito de meter miedo y poner en jaque a quienes consumen alguna sustancia alucinógena.

Hay un caso que ronda entre los comentarios de los periodistas: una destacada colega periodista que vive en una rampa cercana al Club Unión, devorada por las drogas y olvidada como un paria por amigos, parejas sentimentales, gremios y la propia familia. La colega Castalia Pascual ha intentado mover la conciencia de los periodistas que la conocen, para rescatarla y en lugar de solidaridad se han promovido chismes.

Hay casos de comunicadores sociales cuya adicción es rutinaria, pública y hasta tema usual de conversación en reuniones no solo de periodistas, sino también de políticos, empresarios y particulares. El comunicador, locutor, periodista, comentarista, camarógrafo o presentador de música es entonces, vulnerable a la crítica, al chantaje y a la manipulación.

Pero, como se trata de una enfermedad, tiene cura. Sin embargo, tiene que existir un propósito de las empresas, los gremios y de los mismos comunicadores sociales y periodistas, en reconocer que muchos colegas, con talento profesional, cayeron garras del juego, el alcohol y las drogas.

Otros comunicadores sociales han perdido familias, propiedad, amistades y hasta el empleo por el juego en casinos y la adicción a las máquinas tragamonedas. En el caso del licor, la mejor excusa en una reunión después del arduo trabajo en la redacción, o la rutina de “ chupar guaro desde el martes hasta el domingo ”, tomando uno o dos días de descanso.

Es una antigua tradición del periodismo pensar que cuatro tragos inspiran, cuando el efecto es el contrario. ¿Serán comunicadores sociales lúcidos para hacer el trabajo de orientar a la opinión pública?

Son tres enemigos que están minando a un número importante de periodistas, fotógrafos, camarógrafos, editores, locutores y hasta técnicos, que tarde o temprano habrá que enfrentar. En las últimas cuatro semanas he conocido historias, que debo verificar a profundidad, de profesionales víctimas de esta destructora vorágine.

Es triste, pero es la realidad.

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Publicado el 26 de febrero de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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