De milagros y expedientes…

La oponión de….

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Daniel R. Pichel


Como es evidente que la horda de descarados de nuestra Asamblea de diputados están empeñados en poder pelechar a manos llenas sin que nos enteremos los ciudadanos es mejor no hablar de ellos porque su deshonestidad recuerda al alacrán de la fábula… parece “ser su naturaleza”.

El descaro de esta gente es tal que ni siquiera los pocos que parecieran creer en la decencia como credencial para ocupar cargos públicos pueden escaparse de las injustas y casi merecidas generalizaciones. Mientras no escojamos mejor a estos “honorables por protocolo”, vamos mal…

La Operación Milagro sigue de moda ahora que fue suspendida. Desde su inicio, esto se manejó “con las patas”… Los supuestos especialistas (entiendo que nunca revalidaron credenciales), llegaron a nuestro país con demasiados bombos y platillos, como para creer que esto era puro “amor al prójimo”.

Su asociación con Venezuela como financiadora del programa generaba suspicacias. Igualmente, la negativa de Chávez de aportar insumos para que operaran médicos panameños idóneos hacía pensar que había “gato encerrado”. Ahora resulta que el programa “filantrópico” de los cubanos nos costaba más de 80 mil dólares al mes.

A esos precios, seguramente un programa con médicos locales, sería más costo-efectivo.

Pero el pecado más grande de todos los que pueda haber en relación a la Operación Milagro es la poca claridad con que se han manejado a los pacientes.   Aunque es posible que haya muchos otros datos turbios, menciono los tres más evidentes. Supuestamente estos señores venían a “devolverle la vista a los panameños”, lo cual sería cierto si hubieran operado solamente cataratas tal cual se anunció. Sin embargo, resulta que operaron patologías que no producen ceguera (lo cual tampoco es malo).   Pero es falso que le “devolvieran la visión” a casi 50 mil panameños.

Peor aún es decir que en un programa con una duración de mil días aproximadamente (tomando en cuenta fines de semana y días feriados), se operaron más de 45 mil personas.

Estos señores contaban con un solo microscopio quirúrgico. Por muy eficiente que fuera su “línea de producción”, los limitaría la disponibilidad de la pieza de equipo más importante para realizar cirugías oftalmológicas en el siglo XXI.   Así, por muy rápido que opere un cubano, si calculamos 30 minutos de cirugía y 15 para limpiar el equipo (que suponemos lo hacían), se operarían, como máximo, 32 pacientes diarios si el quirófano funciona 24 horas.  Entonces, las cifras son falsas.

Por último, al no entregar expedientes de los casos operados se comete una de las faltas más graves en medicina.   Los archivos clínicos de las personas evaluadas y operadas durante el programa son aún un misterio. He escuchado explicaciones tan disímiles como que “se los llevaron a Cuba”, “los metieron en bolsas de basura y los quemaron” o “los dejaron en la embajada y allí no los han entregado”.

Desde el punto de vista de estándares de buenas prácticas clínicas, las tres opciones son inaceptables. Lo que no puedo entender es cómo, a estas alturas, las autoridades panameñas del Ministerio de Salud y la Cancillería no han exigido una aclaración, denunciando la violación de los derechos del paciente que constituye esta irregularidad.

Si la ley panameña (y de cualquier país civilizado del mundo) establece que debe existir un expediente completo, tiene que obligarse a cumplir con ese requisito a todo aquel que venga a realizar procedimientos médicos a Panamá, especialmente si son operaciones y tratamientos con potenciales complicaciones a largo plazo. Y entiendan que entregar un montón de folders dos meses después de terminado el programa no es la forma como un sistema de salud responsable debe actuar.

Esta opinión no tiene nada que ver con que estos señores vinieran de Cuba, de Australia, de Groenlandia, de Japón, de Hawaii o de la isla que se les antoje. Estamos hablando de atención de salud y no de un programa de “capacitación deportiva” o “adoctrinamiento ideológico” (¿o sí?).

Si Estados Unidos, Suecia o España hacen un programa de asistencia que incluya atención médica especializada, tienen que dejar expedientes. Ese fue el caso de los pacientes del Hospital Gorgas, a quienes se les entregó su información clínica una vez cerró operaciones aquella institución, para que se lo hicieran llegar a quien se hiciera cargo de su atención posterior.

Ante todas estas irregularidades, llama la atención el silencio de los gremios médicos que tanto chillan cuando se comete el exabrupto de sugerir que trabajen las ocho horas que cobran.

Y no me vengan ahora con que denunciaron a una doctora en San Miguelito… estamos hablando de los problemas del programa en su conjunto… Yo no sé cómo esta gente lo defina pero pagar 88 mil dólares al mes por cirugías de pacientes que el Estado debía incluir en su programa de atención… ¿no califica como “privatización”?

No quiero pensar que este silencio se deba a que absolutamente todo lo que haga Cuba y especialmente si es apoyado por el mamarracho que gobierna Venezuela tenga que ser aceptado ante sus amiguitos de Frenadeso, con quienes seguramente no pretenden pelearse…

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Publicado el 28 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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