Incentivos de la educación

La opinión de……

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Aramís Averza Colamarco

La gran mayoría de los que lean este artículo, sentirán quizás las añoranzas que sentimos nosotros al escribirlo. Nos referimos al sistema de secuenciación escolar que se utilizaba antes en Panamá.

Ese conjunto compuesto por primaria y secundaria, la cual se subdividía a su vez en primer ciclo y segundo ciclo, contrario a la secuenciación actual sin divisiones.

Esa secuenciación a la antigua, se cimentaba básicamente en el desarrollo biológico–intelectual. Los estudiantes entraban a primaria (5–7 años) siendo niños, pero al llegar a sexto grado (11–13 años), los más grandes de la primaria, se encontraban en el proceso de la pubertad.

Posteriormente, al fin se llegaba a la secundaria con el primer año, siendo los más chicos (algunas veces los más “congos”) de los grandes, pero ya estábamos del otro lado del colegio, al fin el primer ciclo de secundaria, el cual culminaba con el tercer año (14–16), para entrar a la definición final de nuestra educación escolar (bachillerato), durante el segundo ciclo (17–19 años), fuera ciencias, letras, educación, etc. Durante el período de secundaria se alcanzaba el desarrollo biológico, definiéndose las características secundarias de los jóvenes, con sus consecuencias.

Este sistema escolar a la antigua, nos planteaba una serie de metas bien definidas (primaria, primer ciclo, segundo ciclo), las cuales se constituían en una motivación permanente por llegar a ellas y convertirlas en logros. No era lo mismo decir estoy en primaria, en tercer año o en sexto, sobre todo para los varones, durante su búsqueda de novias, producto de su evolución biológica. Todo estaba dicho, debidamente establecido y para alcanzarlo había que esforzarse.

Hoy día contamos con un sistema indefinido, de primero a 12, sin secuenciación visible, ni pautas determinadas; además que en el camino se eliminó la graduación de primaria (logro), en algunas escuelas del noveno (logro) y quien sabe si algún día, la del doceavo.

Para ilustrar lo que digo, imaginémonos por un momento, que el sistema universitario optara por este tipo de secuenciación. Universidad I, II, III, IV, etc., en vez de técnico, licenciado, post-grado, maestría, doctorado; estoy seguro de que a nadie le agradaría esto. Simplemente porque cada título define una etapa, que se constituye en una motivación para alcanzar dicha meta y una vez lograda, poderla publicitar. Esto nos empuja a continuar estudiando, para ser mejores, en un mundo que evoluciona rápidamente.

En cuanto al contenido curricular, es algo mucho más complejo e implica entre otras cosas: calidad de los educadores, calidad del contenido de las materias, salario, calidad de las infraestructura, etc. Pero de eso lo comentaremos en otra ocasión.

En resumen, estamos convencidos de que una forma sencilla, sin traumas sicológicos, ni económicos, con la que podemos ayudar a mejorar la motivación escolar de nuestros estudiantes, es devolverle a la misma la secuenciación escolar a la antigua. De manera que cada meta esté debidamente establecida; con el fin de que cada etapa se constituya en un incentivo para alcanzarla.

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Artículo publicado  el 17  de febrero de 2010  en el Diario La Prensa, a quien damos, lo mismo  que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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