El desafío integral de la seguridad

La opinión de……

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Fernán Molinos Delaswsky

A falta de profundidad y seriedad, la frivolidad suele ser elemento socorrido de algunos medios y periodistas en el abordaje de asuntos de interés público. Como si al ciudadano le preocupara más las afiliaciones y costumbres, que las ejecutorias mismas de los protagonistas de la noticia. A qué, si no, preguntarle al director de la Policía si es masón, como si de su respuesta sobre ese punto específico dependiera la credibilidad de todo lo que el entrevistado pudiera decir sobre tema tan complejo como la seguridad pública. ¿Qué tiene que ver la confesión de judíos o de seguidores del Opus Dei con su capacidad para servir al Estado? De salida se puede contestar que nada. Porque una cosa es una cosa, y otra es una distinta.

El hecho de que aparezca en todas las encuestas a la cabeza de las preocupaciones de los panameños, convierte a la seguridad en una cuestión de prioridad que demanda un tratamiento consecuente con su dimensión nacional. En ese sentido, la seguridad es un desafío para el Gobierno y la sociedad civil, así el primero esté llamado a jalonar el esfuerzo con un compromiso decidido y una voluntad política con visión a largo plazo.

Mucho de lo que hoy nos sucede tiene que ver con que siempre nos hayamos creído bendecidos por el hecho (cierto) de tener el mejor país del mundo, dándonos cuenta (tarde) que dejamos bastante por hacer para conservarlo como tal. Entre nosotros siempre fue barato ser rico porque aquí la riqueza (sin importar su escala) no estaba gravada por el costo de la seguridad para enviar la esposa al supermercado o los hijos al colegio. Ni había que electrificar las cercas de las casas, ni contratar escoltas para ir los domingos a la misa. El crimen más horrendo del que llegamos a tener noticia (y que paralizó al país) fue el de un odontólogo que asesinó a su esposa.

Pero todo se nos vino encima; de repente. Sin cálculo ni medida. Como si nos hubiera sido represado para el futuro a manera de castigo divino. Y con el progreso y la posibilidad de saltar hacia el pleno desarrollo en apenas unos pocos años, nos llegó –de la mano del consumismo voraz de zapatillas y celulares de marca– la violencia. Una violencia que no reconocemos como nuestra porque no está en nuestra naturaleza, como panameños. Pero que está en nuestra sociedad, o en aquellas porciones de nuestra sociedad que no encuentran respuesta porque sus urgencias, vitales en unos casos, simplemente consumistas en otros, no pueden aguardar; no esperan. Como no esperan en Roma o en Madrid, en Mumbai o en México.

La violencia y el crimen son globales, es cierto. Pero las soluciones no vamos a conseguirlas de la OMC, ni en Davos. Tenemos que comenzar por ponerle cara a los diversos y complejos aspectos que hacen el problema dramático de la inseguridad. Y todo en esto es tan integral que, por ejemplo, en algún momento no podremos aplazar más el debate, ya iniciado con seriedad por algunos países, en torno al consumo personal de la marihuana.

La defensa de la seguridad implica necesariamente políticas y acciones en distintos frentes que, a mi manera de manera ver, necesitan dos actores fundamentales: una ciudadanía consciente de que en esto va en juego mucho más que la tranquilidad de cada cual, y una fuerza pública consciente del servicio que presta a la comunidad. Ambos estamos llamados a dar el salto cultural de sabernos parte del todo que llamamos sociedad. Entiendo que nuestra actual policía está en la tarea y que ya mismo se forja en ella una actitud y una disposición consecuente con el espíritu y los principios que rigen la institucionalidad de nuestro país. Esto tiene que ser fortalecido con políticas que reconozcan la contribución del policía a la consolidación democrática del país y que hagan justicia, en cuanto a salarios y valores agregados, a su esfuerzo y sacrificios. Tal contribución debe tener contrapartida en una actitud ciudadana que reconozca en el policía a un amigo y a un aliado; alguien con quien se comparten comunes aspiraciones: trabajo y viviendas dignas; la educación de los hijos; superación profesional.

Difícil librar la guerra que tenemos por delante, y mucho más ganarla, si no tenemos claro quiénes están de nuestro lado. Y qué es lo que enfrentamos.

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Artículo publicado  el 18 de febrero de 2010  en el Diario La Prensa, a quien damos, lo mismo  que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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