Cargos públicos, a merced de los políticos

Guillermo Roca Rivas

Los cargos públicos, desde el más alto hasta el más bajo dentro de la administración del Estado, están bajo la merced de los políticos, inclusive, el de Presidente de la República, al que se llega mediante el voto popular.

Todos los cargos de elección popular y los del resto de los funcionarios de engranaje estatal son dependientes de los políticos, es decir, los políticos tienen sus ponzoñas en todos los estamentos del gobierno central, en los municipios y en la asamblea de representantes de corregimientos y de diputados.

El Ejecutivo, de hecho, está comprometido con los partidos políticos y sus líderes más representativos, mediante los pactos electorales, aportes económicos y los acuerdos en sus campañas electorales.

También influyen en el poder Judicial y en el Ministerio Público. Aunque se diga que su procedimiento se basa en la Constitución Nacional, en la elección de sus representantes o en sus nombramientos se filtran el poder y las influencias de los políticos. Esto queda en evidencia cuando contradicen lo que dicta la Constitución para cumplir con los compromisos personales políticos.

Es decir, es la manipulación de los políticos en la administración pública, en donde se observa la corrupción en los diferentes órganos del Estado, con nombramientos no idóneos, con el tráfico de influencias, con la incapacidad profesional y con la falta de respuestas a la sociedad.

A pesar de que la política es el ente más importante e imprescindible en la vida de la Nación, los males y vicios de sus protagonistas han deformado su filosofía, a tal grado, de explotarla para su conveniencia, poniéndola a nivel del negocio de las drogas y del lavado de dinero.

Por otra parte, algunos de esos malos políticos en su época de poder se creyeron que la Nación era un patrimonio de familia, creando grandes fortunas a costa del Estado e imponiendo una personalidad arrogante, prepotente y poseída, cuestionando y amenazando al semejante sin contar con una autoridad personal, moral y política en el seno de la sociedad.

Cuando en Panamá, tanto el hombre como la mujer en calidad de funcionario público entiendan que su deber primario debe ser con Dios, su conciencia y con la patria, entonces los políticos buscarán su lugar.

Ojalá los malos políticos saquen su personalismos de la administración pública, para el bien de la sociedad y la patria.

<>

Artículo publicado el 16 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Anuncios

El CRU de Colón: Crisis

La opinión del Docente Universitario……

.

Jorge Luis Macías Fonseca

La educación universitaria en Colón tuvo su origen a fines de la década del 50 del siglo pasado. Fue el producto de las serias diligencias de educadores colonenses que se empeñaron porque los efectos de la educación universitaria se sintiera en este lugar del país. La jornada fue dura y hubo que enfrentar posiciones adversas que, como siempre, se oponen al desarrollo de la sociedad colonense.

Así la Extensión Universitaria de Colón surgió y con ella la esperanza de una población que aspiraba hacer de la educación superior un instrumento eficiente para la superación del hombre y consecuencialmente de todo el conjunto social.

Fue una época interesante de la educación colonense, diríamos la más importante, después de la creación del glorioso Colegio Abel Bravo. Con la Extensión Universitaria de Colón se sentaron las bases de la educación superior colonense. Diríamos además que con celo fue desarrollada esta primera fase.

A partir del 11 de junio de 1981 con la Ley Universitaria se crea el Centro Regional Universitario de Colón, y con ella aparece otro momento importante, principalmente por el conjunto de excelentes docentes provenientes del campus universitario que sirvieron con mucha eficiencia, responsabilidad y profesionalismo, y que por ello contribuyeron a impulsar con alguna fuerza esta nueva realidad de los estudios universitarios en Colón.

Las administraciones de los profesores Pedro Anderson (q.e.p.d.), Humberto Zárate (q.e.p.d.), Eusebio  A. Salazar, Diomedes Barrios (q.e.p.d.), Dorindo Cortez, Pedro Alexis y actualmente la de Alejandro Salazar, han asistido a un transitar traumático, que si bien por un lado, lograron algunos avances, principalmente en lo que al incremento de carreras y de edificaciones respecta, por el otro, la presencia de una concepción pobrísima de algunos sectores a lo interno de la institución en lo que se refiere a la comprensión  cabal del ser universitario, ha llevado a no guardar ni conservar la verdadera posibilidad universitaria de la población universitaria colonense.

Desde los sectores docente, administrativo incluyendo el estamento estudiantil, no se ha podido construir una concepción que defina la universidad a la que aspiran los colonenses. La voluntad está ausente y sí presente comportamientos antiuniversitarios que en nada contribuyen al desarrollo institucional.

Precisamente la acumulación de desaciertos, incomprensiones, desconocimientos de procesos y normas, irresponsabilidades, y lo que es peor aún, la afectación al patrimonio universitario de Colón -como ha sido práctica común- se han convertido en elementos eficientes de la crisis, lo que está conduciendo a la pérdida de la confianza de parte de la comunidad.

Con marcada regularidad, y a pesar de los esfuerzos de la administración central de la Universidad de Panamá, que ha aportado grandes recursos económicos y de bienes al CRU de Colón, los mismos se trastocan, porque no son salvaguardados por la actitud de propios y extraños.

Los robos sospechosos que se han dado merecen una seria investigación que conduzca a establecer responsabilidades, y lo que es mejor aún, aprovechar el momento para verdaderamente establecer los perfiles de los que deben servir en la institución, pues tal y como dijera el Dr. Humberto Zárate (q.e.p.d.), “Si la universidad es de todos, no es para todo”.

<>

Publicado  el 16 de febrero de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, al igual que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Quién le metió candela al rancho?

La opinión del Abogado….

.

ROBERTO RUIZ DIAZ

Siempre lo he mantenido en anteriores artículos que he escrito, de los cuales no puedo ahora renegar, cuando aceptamos cargos públicos nos debemos someter al escrutinio ciudadano y especialmente al que se proyecta en los medios de comunicación. No puede ser que sea bueno algo cuando nos conviene y que al momento en que nos son adversos reneguemos de ello.

Panamá, visto desde afuera, y mirando por el ojo ajeno, se ha ido mezclando en una serie de posiciones e interpretaciones jurídicas, que van de lado y lado, pero detrás de todo esto tenemos que ver cómo nacen las cosas y quién realmente mantiene una mayor responsabilidad en las actuaciones que se han dado.  Ojo, trataré de ser objetivo y sabiendo de ante mano que muchos no coinciden conmigo, pero gracias a esa libertad de expresión que tenemos es que podemos hacerlo así.

¿El proceso contra la procuradora quién lo inició y en qué tiempo?    No había asumido el gobierno Ricardo Martinelli, cuando ya la Procuraduría de la Administración había asumido la investigación, producto de una denuncia presentada por un ex fiscal, que fue sorprendido in fraganti recibiendo una coima, eso dicen que aparece en el expediente principal.   El procurador Ceville, figura muy activa en el PRD, se declara impedido. Allí asume Nelson Rojas, que ha trabajado casi toda la vida con Ceville y solicita la separación del cargo de quien es la jefa del que ordenó la detención domiciliaria de Pérez Balladares (ex presidente PRD).

No fue Martinelli quien denunció a Ana Matilde Gómez y mucho menos solicita la separación, eso lo hacen los denunciantes.   Ahora bien, ¿quién ordena la separación?   Es el pleno de la Corte Suprema quien se pronuncia, con cuatro salvamentos, caso raro. Pero así es y son ellos mismos los que en el fallo indican u ordenan que el Consejo de Gabinete designe un procurador suplente. Si la orden viene de un Tribunal toca acatarla, sino estás en desacato. De allí que cualquier responsabilidad futura no se le puede exigir al presidente de la República, pues, es el máximo Tribunal del país quien está ordenando lo actuado.

Todos podemos tener una interpretación de la Ley, pero ojo, por disposición constitucional solo la Corte Suprema puede dirimir las controversias en esta materia, por esto siempre me he inclinado en la creación de una Corte Constitucional. De allí que la Institucionalidad de que tanto se habla comienza por acatar las leyes y los fallos de los tribunales. Que algunos fallos no nos gusten ni modo, pero sí debe existir un debido proceso, es necesario recordarlo siempre. Pero fue precisamente la Corte Suprema la que emitió un fallo que dio paso al posterior proceso contra la procuradora.

De allí la pregunta, ¿quién le metió candela al rancho?   El que lo hizo, que asuma su responsabilidad histórica, no busquemos culpables ni responsabilidades donde no las hay y que la Corte al final resuelva lo que ella solita han iniciado. Así veo las cosas y así las cuento.

<>

Publicado el 16 de febrero de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Panamá, una economía globalizada

La opinión de…..

.

Marietta Díaz de de la Fuente

Históricamente, Panamá ha sido un país abierto al comercio mundial y receptor de muchas influencias culturales y artísticas.  A suelo istmeño llegaron desde el descubrimiento de América, luego del descubrimiento de las minas de oro en California y de la construcción del Canal, hombres y mujeres de muchas naciones.

La globalización, los avances tecnológicos y de las comunicaciones, en particular la internet, han producido cambios sustanciales en el campo laboral. Donde el ejercicio de una profesión no está limitado por las barreras geográficas de los países. Ello representa un formidable desafío para los profesionales panameños que tienen leyes que los norman y amparan frente a la competencia extranjera.

Muchas de estas leyes están vigentes y ante la llegada de profesionales de otras latitudes a suelo patrio, los gremios y profesionales, en particular, claman respetar dichas normas. Sin embargo, hoy desde una oficina en casa cualquier profesional puede ser parte de una multinacional u ofrecer sus servicios al mundo.

Es de orgullo para el país que los panameños se destaquen en el extranjero por su capacidad y profesionalismo, un Mariano Rivera con los Yanquis de Nueva York, y un Ignacio Mallol, presidente del grupo Mallol & Mallol Arquitectos, cuya firma ha diseñado y construido urbanizaciones y torres en Panamá, además de palacios en los Emiratos Árabes Unidos.

No hay duda de que el desafío de los profesionales del presente siglo es grande, al ver que el horizonte de oportunidades no está circunscrito a las fronteras físicas de los países y a leyes que inhiben la competencia externa.

La nueva presidenta de la Asociación de Arquitectos e Ingenieros de Panamá (SPIA), Miriam Estela Tejada, en su discurso de toma de posesión solicitó a las autoridades panameñas respetar la Ley 15 de 26 de enero de 1959, por la cual se regula el ejercicio de las profesiones de ingeniería y arquitectura.

Igualmente, pidió mayor participación de la junta técnica de ingeniería y arquitectura en revisar los diversos proyectos de bienes raíces que se desarrollan en Panamá, torres y urbanizaciones. Y recordó que la Ley 15 establece los requisitos cuando es necesario y urgente la contratación de profesionales extranjeros.

Concluyó, atinadamente, al señalar que “en un Panamá cada vez más integrado al mundo de nada vale la defensa del profesional panameño, si actuamos sin una ética profesional que nos obligue a mantenernos constantemente actualizados e innovando para demostrar que somos ingenieros y arquitectos competentes y competitivos”.

Mas, corresponde a las autoridades gubernamentales que los proyectos de bienes raíces cumplan con la calidad de materiales y especificaciones, así como de las normas antisísmicas y de seguridad, en beneficio de las familias de panameños y extranjeros que adquieren estas propiedades.

Y a los profesionales de todas las ramas del conocimiento, corresponde admitir que hoy el mundo es nuestro mercado de trabajo donde se valora la creatividad, profesionalismo y honestidad.

<>

Artículo publicado el 16 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Tiempos de nada

De la inspiración de la estudiante de periodismo y poetisa panameña….
.
PAOLA BRUGIATTI GOYEZ
.

Tiempos de nada

A veces me pregunto qué es realmente mío,
por qué aunque me rodeen tantas flores,
todavía encuentro este vacío.

Veo a todas direcciones y no encuentro mi norte.
A través de los soles, a través de los cielos,
he olvidado qué es está cerca y qué está lejos.

De lo que siento, de lo que quiero,
no hay nada afuera   ni nada adentro.

Daré vueltas en tus círculos
para no pensar,
para vivir,
para amar.

Pero aun así,
llegará el día en que me encontraré
sólo para saber
cuán perdida estaré.

No es culpa de nada,  no es culpa de nadie,
sólo me enfrento a mi imposibilidad de entender
por qué he empezado a ver.

Tal vez, alguna vez soñé:
desperté y olvidé cómo hacerlo.

Triste es la vida de quien ha dejado de ver obstáculos,
porque ya no tiene razones para existir.

Romperé el silencio,
imaginaré el proceso
para construir el progreso.
Pintaré mi esencia,
diseñaré mi regreso.
Cuando quiera el destino,
cuando decida yo.

Sin ofender a tus manos,
ni con la intención de lastimar tus ojos,
sólo quiero recordar lo que he olvidado recordar
para volver a sentir mi tacto.

<>

Publicado el 18 de febrero de 2010 en Facebook por la autora a quien damos todo el crédito que le corresponde.


El examen de conciencia

La opinión del Empresario……

.

RAFAEL  CARLES

Aunque se diga que el panameño es de naturaleza religiosa, sus rasgos más bien son de una persona violenta y agresiva, con tendencia hacia el exceso y la confusión, al relajo y la dejadez, al pecado y la omisión. Se palpa en las calles, oficinas, casas y avenidas; igualmente, se observa en la TV, se escucha en la radio y se lee en los periódicos. En general, la población es arisca, intolerante, impaciente e irascible, y cada día es más parecida a un fósforo: requiere de muy poco para encenderse. Mi opinión es que padece una enfermedad del alma y su tratamiento se llama examen de conciencia.

En los tiempos antiguos, la Ley disponía para que se cumpliera el mandamiento del diezmo, la décima parte de la cosecha para el sostenimiento del Templo y para el servicio del culto. Los fariseos, rigoristas sin amor, hacían pagar el diezmo de la hierbabuena, el eneldo y el comino, plantas que por sus propiedades aromáticas se cultivaban a veces en los jardines de las casas. Posteriormente, el Evangelio recoge unas palabras de gran dureza, dirigidas a la hipocresía de los fariseos y a su falta de unidad de vida: ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas!, que pagan el diezmo de la hierbabuena, y del eneldo y el comino, y abandonan las cosas esenciales como la justicia, la misericordia y la buena fe. ¡Ciegos!, que cuelan un mosquito y se comen un camello.

En la vida corriente, podemos ver cómo, por una parte, tenemos una minuciosidad agobiante por cosas insignificantes y, por otra, observamos una gran laxitud en las que verdaderamente son importantes y abandonamos las cosas más esenciales de la Ley.   Para evitar esta situación, se nos sugiere practicar un examen de conciencia para no detenernos en cosas que en el fondo son accidentales y dejamos escapar lo verdaderamente importante. Si nos acostumbramos a un examen de conciencia diario —breve, pero profundo— no caeremos en la hipocresía y en la deformación de los fariseos y veremos con claridad los errores que alejan nuestras emociones de las cosas vitales y sabremos reaccionar a tiempo.

El examen de conciencia es como un ojo capaz de ver los íntimos recovecos de nuestro corazón, sus desviaciones y apegamientos. Por él se ven los pensamientos, evitan los peligros, corrigen los defectos y enderezan los caminos. Por medio del examen y sirviendo de antorcha, se registran y ven todos los aspectos del interior de las personas y de este modo no permanecen en el mal, sino que se ven obligadas a practicar la verdad y adelantar en la piedad.

Si por pereza descuidáramos nuestro examen, es posible que los errores y las inclinaciones echen raíces en el alma y no sepamos ver la grandeza a la que hemos sido llamados, sino que, por el contrario, nos quedemos en el eneldo y en el comino, en pequeñeces que nada o poco importan para la vida.

La finalidad del examen es conocernos mejor a nosotros mismos, para que podamos ser más dóciles a las continuas situaciones que se nos presentan en el diario vivir. Quizá una de las primeras preguntas que pueden darnos abundante luz es: ¿Dónde está mi corazón? ¿Qué es lo que ocupa más espacio en él? En el instante mismo en que me pregunto eso tengo la contestación dentro de mí. Esta pregunta me hace dirigir un golpe de vista rápido sobre el centro más íntimo de mí mismo, y enseguida veo el punto saliente; presto el oído al sonido que da mi alma, e inmediatamente recojo la nota dominante.

Es un procedimiento intuitivo, instantáneo. Es un golpe de vista. Unas veces veré que la disposición que me domina es el ansia del aplauso o el deseo de alabanzas, el temor de una censura; otras veces, es el desabrimiento, nacido de una contrariedad, de una conversación o de un proceder que me ha mortificado, o bien el resentimiento procedente de una represión agria y dura; otras veces es la amargura producida por la suspicacia o el malestar mantenido por una antipatía, o tal vez la cobardía inspirada por la sensualidad, o el desaliento causado por una dificultad o un fracaso. Otras veces, es la rutina, fruto de la indolencia, o la disipación, fruto de la curiosidad y de la alegría vana.

Buena o mala, lo que urge averiguar es cuál será la disposición principal y dominante, porque hay que ver el bien lo mismo que el mal, pues, lo que se trata de conocer es el estado del corazón: es preciso que uno vaya directamente a examinar el gran resorte que hace mover las piezas del reloj de la vida.

Podemos preguntarnos, al hacer el examen de nuestra conciencia, si ese día hemos cumplido la voluntad de Dios, lo que Él esperaba de nosotros, o si hemos ido más bien a lo nuestro. Y descender a detalles concretos acerca de nuestro trato con los demás, del cumplimiento de nuestros deberes para con el resto de la humanidad, del trabajo, de nuestras relaciones personales. Examinaremos con qué empeño luchamos contra la tendencia a la comodidad o a crearnos necesidades; qué esfuerzos ponemos, por ejemplo, para llevar una vida sobria en las relaciones sociales, en la comida y bebida, y en el uso de los bienes de la tierra. Hemos de ver si ese día lo hemos dejado llenado de amor o si por desgracia lo hemos dejado vacío para la eternidad. Es como un pequeño juicio adelantado que nos hacemos nosotros mismos.

Y terminamos siempre con un acto de contrición, porque si no hay dolor, es inútil el examen. Haremos un pequeño propósito, que podemos renovar al iniciarse el nuevo día, en el ofrecimiento de obras, en la oración personal o en la meditación. Y al acabar, daremos gracias a Dios por todas las cosas buenas con las que hemos cerrado la jornada.

El examen de conciencia nos ayuda a ser mejores personas, mejores ciudadanos y mejores seres humanos. Es una herramienta para el mejoramiento de las costumbres y el perfeccionamiento del carácter. Sería una buena idea que, así como se enseñan en las escuelas y universidades las artes y las ciencias, también se instruya a las personas sobre la temática de examinar la conciencia. Es allí en donde se curte al individuo y se produce el desencadenamiento de los pensamientos y acciones. Es allí donde hay que poner énfasis, y no en seguir en asuntos minúsculos o perdiendo tiempo con el eneldo y el comino.

<>

Publicado el 16 de febrero de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¡Adiós Unicef!

La opinión de……

.

Paco Gómez Nadal

Si Unicef pudiera ser coherente retiraría de inmediato de Panamá su sede regional para América Latina y el Caribe. Haría las maletas, daría una tumultosa conferencia de prensa y dejaría de editar informes y estudios sesudos ante la incontrovertible dureza de la realidad panameña.

¿Acaso es coherente seguir haciendo incidencia a favor de la infancia en un país que va a rebajar la edad de imputabilidad a los menores de edad de los ya escandalosos 14 años a los inconcebibles 12 años? ¿Acaso pueden seguir trabajando Christian Children’s Fund o Casa Esperanza o las decenas de organizaciones nacionales que tratan de ayudar a los niños, niñas y adolescentes excluidos de este sistema excluyente?

Los argumentos a favor de esta decisión del Cambio y seguida a rajatabla por los corifeos parlamentarios son tan ridículos como populistas.

Los crímenes cometidos por menores de 14 años son tan escasos como lamentables. El síntoma de una enfermedad social que comienza con la injusticia y la brecha social y termina en asesinato o violación. Pero, insisto: son anecdóticos en las estadísticas criminales y no son una enfermedad sino el síntoma de ésta.

Claro que para los políticos es mejor hacer esta bulla, aplaudida desde algunas radios y televisoras, que encargarse de la inseguridad.   Hace unos días, el diario El Siglo publicaba un interesante análisis de las estadísticas de homicidios en Panamá durante el mes de enero de 2010.  El texto revelaba que ni es el narco ni son los menores de edad ni las pandillas las que elevan las estadísticas de sangre.

No, estimados lectores y lectoras, se trata —en el mayor porcentaje— de riñas de borrachos o de crímenes por peleas entre vecinos y amigos. Una pequeña deuda por saldar, un quemado con poca paciencia, unos tragos de Seco Herrerano (el que enriquece al beato vicepresidente) mal encarados…

La mayoría de muertes violentas se dan por el terrible ambiente en que vive la mayoría de nuestra sociedad, en la que solo un 20% de familias cuentan con papá y mamá, que subsiste en barrios agresivos en lo arquitectónico y lo económico, con cero oferta cultural, con pocas opciones de futuro. Y cuando no hay futuro se ataja el camino hacia la muerte.

Criminalizar a la infancia es una apuesta perdida y una hipoteca a futuro. Podemos seguir bajando la edad de imputabilidad hasta los cinco años y no cambiará nada, porque ver el fenómeno de la inseguridad desde la única óptica de la coerción es un error clásico de los gobiernos autoritarios que jamás ha conducido a nada bueno.

Y no se ha escuchado la voz de la llamada sociedad civil organizada manifestándose en las calles o en los foros públicos. Es cierto que tampoco ha sido consultada por este Gobierno de hechos que ya anunció, que no piensa cogobernar con organizaciones no gubernamentales y similar calaña.

Pensándolo con frialdad, quizá es que nos importe poco a que a los niños de 12 años (normalmente de origen afroantillano y pobres) los metan a La Joya o a La Joyita. Primero, porque se está reforzando la valla perimetral, así que estarán a buen recaudo, cuidado por criminales mucho más expertos que los formarán en las lides del delito refinado. Segundo, porque si normalmente tomamos café recolectado por menores ngäbes, si podemos dormir con el alto índice de abuso sexual y maltrato que sufren niñas y niños en los hogares, si no nos importa que nos empaque el mercado un menor a cambio de unos centavos con los que pagarse los estudios… ¿por qué nos tenía que perturbar esta nueva ley del Gobierno?

Sería interesante ver algún día al hijo de 15 años de un ministro encarcelado por manejar ebrio la Toyota Prado de la familia o quizá tan solo ver al padre encarcelado por robar dinero público. Pero eso no ocurrirá.

Este sistema está pensado para criminalizar a los pobres que, al mismo tiempo, son los que más sufren los rigores de la violencia. Los mismos pobres que, en algunos casos, apoyan esta ley y que cuando vean a unos linces deteniendo a su hijo de 13 años y comience la cadena de represión se lamentarán de haber creído en esta medida tonta, populista y vergonzosa para un país que dice querer ser del primer mundo.

Nos toca esperar que todas las organizaciones que trabajan con menores se larguen corriendo, denuncien el abuso, se indignen al menos con lo que está ocurriendo a su alrededor.

Que alguien lo haga, porque mientras en la Asamblea se da un golpe certero a los derechos fundamentales de la infancia, el resto la pasamos carnavaleando, que parece mejor emborracharse y olvidar que presenciar esta inacción ante los atropellos.

<>

Artículo publicado el 16 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.