Agua, agua, agua

La opinión del Economista y Docente Universitario……

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Juan Jované

El intenso calor que caracteriza la estación seca, agravado por la presencia de la Corriente de El Niño, junto a sus efectos negativos sobre el suministro de agua dulce, tanto para el consumo humano como para los usos económicos, son un llamado de atención que debería recordarnos que el preciado líquido es un don gratuito de vida donado por la naturaleza, el que pese a ser un recurso renovable es, a fin de cuentas, escaso. Por su parte, la forma indiscriminada con que lo derrochamos en los días del reinado efímero del dios Momo contrasta con el hecho de que debido al cambio climático y otras calamidades medioambientales la escasez del agua se perfila hacia el futuro como el reto más dramático que debe enfrentar la humanidad.

Frente a esta situación se hace indispensable que el país se comprometa con lo que Maude Barlow ha llamado, en un tono poético, el Acuerdo Azul. Es el compromiso tanto del gobierno como de los ciudadanos con tres principios básicos.

El primero de ellos, que resulta ser el que articula los otros, propone que el acceso a la dotación de agua indispensable para la vida constituye un derecho humano inalienable, por lo que la sociedad y el Estado tienen la obligación de asegurársela efectivamente a todos los ciudadanos y ciudadanas. Esto significa alejar al agua del concepto de simple mercancía, para convertirla de un satisfactor fundamental para la población.

El segundo fundamento, que complementa al anterior, se conoce como el “principio de la justicia del agua”. De acuerdo al mismo la solución de los problemas actuales y futuros de escasez llevan a la necesidad de observar una distribución equitativa en el uso del recurso agua, evitando que el derroche, que generalmente se observa entre los sectores económicamente más poderosos de la sociedad, limite la atención de las necesidades básicas de la población más vulnerable.

El tercer principio, el cual viabiliza los otros dos, se refiere a la conservación del recurso; lo cual conlleva a realizar un esfuerzo para asegurar la suficiente oferta del preciado líquido en condiciones de sostenibilidad en el tiempo. Lograr esto significa, entre otras cosas, asegurar las condiciones ecológicas que permitan que la naturaleza siga dotándonos de una oferta adecuada de agua. También conlleva observar la regla de oro de acuerdo a la que no se debe extraer de las fuentes una cantidad superior a la que la naturaleza es capaz de renovar, así como eliminar la contaminación de éstas, provocadas por las prácticas económicas y de extracción ecológicamente inadecuadas.

No menos importante será la necesidad de avanzar hacia técnicas de producción agrícola que, además de evitar la contaminación producida por los agroquímicos, se guíe hacia formas de producir en las que se logre una mayor producción por unidad de agua utilizada.

Se trata de principios fundamentales que proponen una importante estrategia de sobrevivencia para la humanidad, la cual choca directamente con aquellos que ponen por delante el deseo de lucro a cualquier costo.

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Publicado el 16 de febrero de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, al igual que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El espectacular y pobre carnaval tableño

La opinión de……

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Zoraida Rodríguez M.

Cada año en Las Tablas se presenta un espectáculo digno de alabar y presentar en los mejores lugares del mundo. Fuegos artificiales por doquier, carrozas alegóricas costosas, excelentemente trabajadas, tonadas o cantos con picardía y mucho ingenio, murgas compuestas de músicos excelentes, mucha agua, mucha diversión.

La mayoría de los foráneos disfruta de este evento durante cuatro días, sin conocer que durante todo un año un pueblo entero trabaja arduamente para presentar un show que puedan disfrutar propios y extraños.

En Las Tablas se vive el Carnaval, se respira Carnaval y se trabaja en torno a ello cada año; es toda una tradición la escogencia de las reinas, mantener el secreto del color del vestido de coronación de cada tuna, la coronación de la reina frustrada, investigar cualquier “trapo sucio” de la tuna contraria y empezar a elaborar las tonadas correspondientes para cantarlas durante estas fiestas.

Sin embargo, luego de que pasan los esperados cuatro días, cada quien vuelve a su vida cotidiana y normal sin importarle lo que sucede en este pueblo que los acoge año tras año.

A los tableños nos queda, además de la satisfacción del deber cumplido y de haber presentado el mejor espectáculo de Carnaval del país, el mal olor, la basura, los daños a los árboles y a las propiedades públicas y privadas. También nos queda la nostalgia y el cansancio normal que puede sentir un anfitrión luego de atender a sus invitados, día y noche, durante cuatro días seguidos.

¡Nada más nos queda!

El alcalde de Las Tablas ha tratado, infructuosamente, de cambiar esta situación y está en la dirección correcta, cuando anunció que se cobraría 50 centavos por la mañana, y la misma cantidad en la noche, para entrar al parque de Las Tablas –suma que consideré irrisoria tomando en cuenta las astronómicas sumas que se paga para entrar al PH o a cualquier otro lugar–, aplaudí dicha medida. Con gran decepción escuché el “horror” que tenía el resto del país por este cobro, “¿cómo era posible que el alcalde se ‘atreviera’ a implementar semejante medida?”, “que era un abuso para quienes iban a disfrutar del Carnaval”. ¡Qué ironía!

Aun con mayor decepción vi cómo ambas tunas deseaban tener parte de este cobro, alegando que ellos hacían el Carnaval. Es cierto que las tunas organizan el Carnaval, pero quien paga por todos esos carros y fuegos artificiales somos todos los que apoyamos a cada una de las reinas en las actividades durante todo un año. No estoy en desacuerdo en que se les dé un porcentaje de dicho cobro, pero pretender tomarse el 66% del mismo es definitivamente un absurdo y un insulto.

El pueblo de Las Tablas no ha cambiado en prácticamente 50 años, no hay obras sociales importantes, no hay estructuras nuevas, lo cual es contradictorio, considerando que cada año se gastan cientos de miles de dólares en ofrecer un Carnaval espectacular.

Ya es hora de que los tableños podamos decir, con orgullo, que el asilo para los ancianos, el orfanato, el comedor infantil, el albergue para animales, el mantenimiento y remodelación de las estructuras existentes, entre miles de otras cosas que pueden ser implementadas, fue realizado con el producto de este renglón.

Esperamos que el próximo año pueda haber un acuerdo entre el Consejo Municipal, las tunas y el alcalde y que el mismo sea pensado en el beneficio de la comunidad tableña, para ver si luego de esos cuatro días de libertinaje y de gran esplendor, Las Tablas logre obtener algún beneficio tangible y de gran impacto para todos los que somos parte de esta comunidad.

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Artículo publicado el 16 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Las ONG y el desarrollo de los pueblos indígenas

La opinión de……

JOSÉ  HANS  STAFF

Me he detenido a pensar acerca de la labor de algunos grupos organizados sobre las necesidades de los pueblos indígenas.   Es común pensar que estas organizaciones son importantes y que comparten un fin común, que los ayudan y protegen, que hacen valer sus derechos por considerarlos una clase débil y en desigualdad de condiciones. Ahora bien, cuando estas comunidades indígenas tienen una posibilidad de desarrollo, de mejora en su calidad de vida, salen pequeños grupos, pero que con mucho ruido se oponen e interfieren en el camino para que estos pueblos indígenas gocen de una vida más digna y de más de igualdad.

Dicen que es porque al darle desarrollo se interfiere con su cultura y tradiciones. Si se les proporciona una casa mejor, dicen que se desprecia las casas que ellos hacen; si les da acceso a nuevas escuelas dicen que no se respetan sus formas de educación, si se les da acceso a mejores condiciones de vida como agua a través de acueductos y electricidad, dicen que se interfiere en la forma como ellos se relacionan con la Tierra; si se les da acceso a una mejor salud dicen que no se respeta la forma como ellos se tratan con medicina natural.

En pleno Siglo XXI deberíamos aceptar que es posible lograr un desarrollo que respete la cultura y tradiciones de estos pueblos. Pero parece que lo que estos grupos quieren es que los pueblos indígenas sigan siendo distintos, padeciendo necesidades y siendo objeto de estudio, miembros de una especie rara.

Me pregunto porqué, si en verdad luchan de forma genuina para protegerlos, se les hace difícil verlos gozando de una mejor calidad de vida, de algo parecido a lo que los miembros de estos grupos hoy pueden disfrutar. Seamos claros, la gente de estos grupos es educada en buenos colegios y universidades, viven en zonas desarrolladas, envían a sus hijos a buenas escuelas, acceden a buenos hospitales, comen bien, tienen autos, electricidad. Pero, por qué ellos sí y las familias indígenas no.

Les pido a estos grupos que, si su objetivo es ayudar a que la vida de los indígenas sea una experiencia más placentera, digna, llena de posibilidades para un mejor futuro, que trabajen para ese fin, que es sin duda un fin glorificador. Junten fondos para apoyar el desarrollo, pues, el desarrollo y la preservación de las culturas son posibles cuando hay buenas intenciones.

Estamos en una era en la cual hemos avanzado mucho en el diálogo, la tolerancia y convivencia pacífica. Seamos hacedores de cosas buenas. Experiencias pasadas deben ser una referencia para no repetirlas más. Reconozcamos el avance de nuestra civilización como algo bueno que nos llevará a un nuevo lugar, aún más lleno de oportunidades para todos.

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Publicado el 16 de febrero de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Por qué más impuestos?

La opinión del Abogado y político independiente….

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Juan Manuel Castulovich

Aunque en Panamá hay muchísimo dinero, como puede comprobarse por las multimillonarias construcciones que no paran de escalar alturas, por los nuevos proyectos de casas de lujo con precios del primer mundo y por los signos evidentes y hasta ofensivos del derroche que practican muchos de nuestros adinerados, no somos un país rico, sino muy desigual; eso lo comprueban nuestros elevados índices de pobreza, nuestras barriadas miserables y la indigencia cada día más creciente y alarmante.

En los últimos tres gobiernos, so pretexto de “rescatar a nuestra población marginada”, se ha recurrido reiteradamente al aumento de los impuestos y también al incremento de la deuda pública; los efectos no han sido los prometidos.

Los gobiernos de Mireya Moscoso y Torrijos, cada uno en su momento, empujaron reformas fiscales y en todas las ocasiones se alegó que se perseguía una más justa repartición de la carga tributaria.   Ahora Martinelli está a punto de zamparle al país una nueva reforma fiscal, según se vuelve a afirmar, “para atender urgentes necesidades sociales y hacer justicia a quienes soportan el mayor peso de los impuestos”.

La motivación real de todas las reformas tributarias, las anteriores y la actual, nunca ha sido hacer “justicia tributaria” sino la de aumentar los ingresos del Fisco, entiéndase el gobierno. Y para venderlas, invariablemente, se ha recurrido a un subterfugio.   El que ahora se utiliza es que el aumento de la tarifa del denominado ITBMS del 5 al 7 %, es necesario para compensar el “sacrificio fiscal” que hará el gobierno al reducir el Impuesto sobre la Renta a las personas naturales. Y se le agrega una cereza: además, se “ajustarán” las tarifas del mismo impuesto a las personas jurídicas, especialmente a los bancos, líneas aéreas, etc.

Es un hecho comprobado e indiscutible que en Panamá los que menos ganan siempre han pagado, proporcionalmente, más que los que reciben las rentas más altas, quienes, además, siempre han dispuesto de incontables válvulas de escape para reducir el monto final de su renta gravable. Y nada de lo que hasta ahora hemos escuchado garantiza que en esta ocasión el resultado será diferente.

Encuentro justo que se reduzca la tarifa o la base imponible del Impuesto sobre la Renta para aliviar la carga tributaria de las personas naturales; pero no encuentro justificación para que ese supuesto alivio tenga que venir acompañado de un alza indiscriminada del ITBMS.

Y tampoco encuentro justificado que del lado de quienes administran la cosa pública no se tomen acciones concretas para ahorrar en salarios innecesarios, gastos suntuarios y otros despilfarros, como son, por ejemplo, los subsidios electorales, los abiertos que reciben los partidos políticos o los solapados como los prodigados a través del FIS.

Una reforma fiscal justa será la que alivie la carga de los que tradicionalmente han pagado más y evite los escapes y las bribonadas de quienes siempre ha encontrado los resquicios para pagar menos.

Pero, además, deberá tener el soporte moral de un gobierno que haya demostrado una voluntad firme de controlar el despilfarro y haya dado ejemplos de prudencia, austeridad y transparencia en el manejo del gasto público.

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Publicado el 16 de febrero de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, al igual que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El populismo no es el remedio

La opinión de…..

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Eduardo González

Para comprender la magnitud del problema de la calidad de la educación, basta con analizar el producto final de nuestro actual sistema educativo oficial, me refiero a los miles de jóvenes que egresan anualmente de los planteles donde se imparte la educación básica, pre-media y media.

Tal como lo muestran los resultados de los exámenes de admisión aplicados por las universidades estatales, un porcentaje importante de ellos carece de una base sólida de conocimientos indispensables para asumir correctamente el reto de obtener un grado académico o desempeñarse exitosamente en el mercado laboral.

Estas carencias van desde la incapacidad de resolver un problema de matemáticas simple, hasta la imposibilidad de analizar lógicamente una situación planteada. Y ni hablar de las habilidades para la lectura y comprensión, la expresión oral y la redacción.

Lo paradójico es que Panamá es el país latinoamericano que proporcionalmente destina más recursos financieros al sector educativo, lo que evidencia que el problema no es de escasez de presupuesto.

Los educadores al servicio del Ministerio de Educación, en términos generales, devengan salarios superiores a los de sus colegas de los colegios particulares, y las condiciones laborales de estos servidores públicos son mucho más ventajosas, destacando entre ellas la garantía de tener un trabajo de por vida.

Entonces, ¿qué ocurre?

Tradicionalmente, los gobiernos han tratado de mejorar la calidad de la educación recurriendo a opciones desgastadas, cuya ineficacia ha quedado ampliamente demostrada. Medidas como: la extensión del año escolar, incrementos de salario a los docentes, la significativa inversión en infraestructura, el regalo de costosas computadoras portátiles a estudiantes graduandos, etc., han fracasado rotundamente.

Este año, el recién estrenado gobierno de los locos que fueron más, viene con receta nueva. La innovación consiste en obsequiar gratuitamente uniformes, textos y útiles, a todos los estudiantes de escuelas y colegios públicos, independientemente de que sus padres puedan o no pagar por ellos. O sea, populismo y paternalismo estatal a su máxima expresión, lo que a mi juicio sólo ocasionará mayores erogaciones al Estado y le dará al gobierno la excusa perfecta para fijar más impuestos.

Esta es una medida innecesaria, con la que solo se conseguirá mal acostumbrar a la población, que al final terminará por no valorar el esfuerzo, incluyendo a los propios estudiantes. Como dicen por allí, “lo que no nos cuesta hagámoslo fiesta”.

Pienso que la calidad del proceso pedagógico se elevará significativamente cuando las autoridades en materia de educación se decidan de una vez por todas a realizar un verdadero proceso de selección del personal docente.

El actual método es una vulgar competencia de quién presenta la mayor cantidad de títulos académicos y certificados de cursos o seminarios, sin importar si ese aspirante posee el talento, las destrezas y la vocación necesaria para transmitir esos conocimientos que los papeles dicen que tiene.

¿Cómo es posible que se seleccionen docentes sin aplicarles pruebas de psicoanálisis, de redacción y de expresión oral? Muchas veces la cantidad de diplomas o certificados obtenidos, no asegura el grado de competencia de un profesional.

Es sabido que en la actualidad, con el surgimiento masivo de universidades que ofrecen cursos que ni siquiera requieren la presencia física del estudiante y los exámenes se hacen en casa, cualquiera obtiene licenciaturas, diplomados, posgrados, maestrías y hasta doctorados. Entonces, no debe ser suficiente mostrar estos documentos para hacerse de una vacante.

De igual forma, urge la implementación de un método de supervisión de docentes que sea objetivo y diseñado con blindaje a prueba de amiguismos e influencias.

Ojalá se rectifique el rumbo. Con simples medidas populistas se pueden lograr aplausos y el beneplácito de las masas, pero no se asegurará la formación íntegra de las futuras generaciones de panameños.

No desperdiciemos recursos.

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Artículo publicado el 16 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Carnavales del Centenario

La opinión del Ingeniero y Analista Político…..

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MARIO A. ROGNONI

El cambio ha llegado, ahora le toca al pueblo, solo que no le toca divertirse. Los que pensaron que el nuevo gobierno se iba a volcar en atender al pueblo no contaron con el hecho de que la nueva política del gobierno no incluye la diversión.   Los primeros en darse cuenta fueron los jugadores del equipo juvenil de Veraguas, provincia natal del presidente, quienes esperaban verlo en al menos un juego y por supuesto en la serie final donde lograron el campeonato.

Martinelli, en cambio, viajó privadamente a Miami a ver el Súper Bowl y a los Saints de New Orleans, aunque luego corrigió su inasistencia invitando a los jóvenes campeones a la Presidencia para la foto de rigor.

Pocos días después, los capitalinos supimos que simplemente el nuevo gobierno no cree mucho en las fiestas del pueblo. Los carnavales los puedes ver de dos maneras: una atracción turística que genera riqueza al país, como Brasil, Barranquilla, Oruro, inclusive en nuestros pueblos del interior, como Las Tablas, Penonomé, Chitré, Capira. Puedes, si no, verlo como un desahogo de tensiones populares en cuatro días de fiesta y farsa, donde tradicionalmente los gobiernos han apoyado a los capitalinos con lo que denominaban “ carnavales oficiales ”, que, aunque menos lucidos que los del interior, atraían más gente por lo populoso de la capital.

Curiosamente, al cumplir cien años los carnavales, el gobierno actual no los vio ni como posible atractivo turístico, ni tampoco como algo que el pueblo merecía para su diversión. El apoyo oficial de más de cuatro millones promedio de los últimos años, se convirtió en un apoyo de poco más de $200,000, más que nada para pagar a los músicos locales.

Los Carnavales del Centenario se proyectaban como algo sencillo y falto de esplendor, una fiesta semiorganizada por un grupo que voluntariamente tomó la iniciativa para no dejar sin carnavales la ciudad.

Cierto es, y lo acepto, que los gobiernos no deben despilfarrar dineros en un carnaval que debe organizarse de otra forma: un Patronato que recoja fondos con actividades durante el año, que busque apoyo del sector privado que habrá de beneficiarse como hoteles, productoras de licor, cervecerías, etc.   Un Patronato que con poco apoyo oficial pueda organizar un reinado y desfiles apropiados, inclusive yo dividiría la ciudad en dos bandos, como los del interior, “ los de afuera ” y “ los de adentro ”, dejando una reina “ de afuera ”, que incluí los circuitos 8-9 y 8-10 y una reina “ de adentro ” con los circuitos 8-7 y 8-8. Tendríamos la misma competencia que las calles arribas y calles debajo de los pueblos.

Los pueblos son sabios en sus percepciones.   Si ocho meses después de instalado en nuevo gobierno no pudo organizar un carnaval, si el alcalde en seis meses no pudo organizar un desfile de Navidad, si las compras siguen siendo directas, porque no logran planificar las licitaciones con tiempo, el gobierno está dando la imagen de que no tiene la experiencia para gobernar.

Quizás al final el pueblo acepte que el PRD, con sus vicios y virtudes, sí sabe gobernar y no fue tan buena idea probar con quienes son grandes y exitosos empresarios, pero sin la experiencia en el manejo de la Cosa Pública. Claro, todavía tienen cuatro años para aprender, solo que a veces los países no tienen el por qué pagar el precio de la ineficiencia.

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Publicado el 16 de febrero de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.