Calidad del servicio público

La opinión del Abogado…..

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Octavio Villalaz

Siempre estaré de acuerdo con las conquistas laborales y específicamente aquellas que protegen a los servidores públicos y sobre todo de aquellos que laboren con honor, lealtad, honestidad, competencia y profesionalismo. Pero esta máxima del Estado ideal a veces no es encontrada por aquellos que de una u otra manera debemos concurrir a realizar trámites en las oficinas públicas.

Muchos tenemos que soportar el carácter especial de algunos servidores públicos y estar atentos del humor con que llegan cotidianamente a sus puestos de trabajo.  Debemos tener poderes sobrenaturales para detectar si estos servidores públicos se despertaron con el pie izquierdo o derecho,  si pelearon con su esposa o esposo, o algún vecino, si ganaron o perdieron en la lotería u otras posibles razones y así estar preparados contra cualquier acto tendiente a recibir una humillación gratuita.

Ahora tienen un nuevo horario de trabajo pero no importa a la hora que entren siempre encontrarás alguno de ellos comiendo su respectiva empanada y su chicha de limón con raspadura.

Tendremos que esperar igualmente a que terminen de leer su periódico y, que no se nos ocurra interrumpirlos ya que podríamos desatar su furia apocalíptica en nuestra contra. En consecuencia, los trámites serán demorados en forma intencional siempre buscando hasta el más mínimo detalle para decir con sonrisa maliciosa y sin quitarle la mirada a la empanada mordida que reposa en su deteriorado escritorio atarugado de papeles, un rotundo “No se puede”. Debemos aclarar que son pocos casos por lo que no estamos generalizando.

Si el gobierno central, descentralizado o autónomo, desea realizar algunas mejoras al servicio público brindado a los contribuyentes tiene que empezar a gestionar seminarios de relaciones públicas tendientes a mejorar la atención hacia las personas que acudimos a las diferentes instituciones.

Además, debe proporcionar todas las herramientas que sean necesarias para que se dé un servicio de primera. No podemos proteger ni amparar, so pretexto de derechos adquiridos, a funcionarios que por estar 10 ó 20 años en un puesto, se consideren indispensables e inamovibles y que a pesar de su experiencia tengan el derecho de tratar a los contribuyentes como si fuéramos a pedir de rodillas algún préstamo bancario.

Mucha culpa de esto la tienen los superiores jerárquicos que, a sabiendas que muchos provienen del sector privado, no hacen nada para arreglar el sistema, ni están pendientes de velar que todos los procedimientos existentes cumplan con los más altos estándares de servicio público.

Su responsabilidad primaria es detectar a los servidores que cumplen con su labor y premiarlos y aquellos que por alguna razón se sientan protegidos por el paternalismo gubernamental, se les haga saber que no hay cabida para holgazanería ni conductas alejadas de la ética que perjudique al sistema.

Todos aquellos que de manera temporal ocupan un alto cargo en el gobierno, deben siempre hacer los cambios necesarios y procurar dejar un sistema prístino con personal de calidad y competencia al frente de las instituciones, a sabiendas que ellos mismos serán beneficiados cuando ya no estén en dichos puestos y estén del otro lado de la calle.

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Publicado  el 15 de febrero de 2010 en el Diario El Panamá América, a quien damos, al igual que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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