Mérito, investigación y progreso

La opinión del médico…..

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Guillermo Rolla Pimentel

El progreso del mundo se ha concretado por la creatividad de los seres humanos.   Su inteligencia, sus experiencias y su trabajo.  Evolucionamos muy lento, con cada invento y descubrimiento avanzamos cada vez más rápido. Por ensayo y error se aprendió de los fracasos. El método científico llevó a la experimentación y el análisis. La tecnología y la cibernética nos está proyectando al universo, a lo molecular, la neuropsiquiatría, al nano mundo. La filosofía madre del conocimiento guía a las investigaciones para que la sociedad, la justicia y la ética la conduzcan al bienestar de todos. Pero en ese desarrollo histórico, factores individualistas distorsionan sus efectos, polarizando los beneficios solo en sectores, culturas y países.

A veces ha sido el poder de la fuerza, lo que ha controlado las genialidades, en épocas modernas lo militar, y por sobre ellas el poder de sistemas económicos, de imperios, feudos, macrocorporaciones, hasta cumbres internacionales y diferentes G..

El hombre productivo orientado por las ciencias y las artes ha utilizado esos inventos y procedimientos para servir a otros humanos. Es el humanismo solidario, origen de muchas doctrinas e ideologías sociológicas que se aplican en pensamientos políticos, sistemas operativos económicos, corrientes artísticas o espirituales y escuelas filosóficas. Son los profesionales servidores los que socializan lo que los creativos producen. Los trabajadores de todos los niveles tienen enormes méritos que tienen que ser reconocidos. Pero son los investigadores la élite del progreso, son los operarios del motor de la modernidad.

Todos participan de una inmensa, interrelacionada, compleja y elevada estructura histórica mundial. La Ciencia, el Arte, millones de artículos y trabajos de investigación y de aplicación práctica de diferentes disciplinas, se difunden mensualmente en miles de revistas científicas, artísticas y sociológicas y por las redes de Internet.

Es cierto que existen incentivos, premios, donaciones, menciones honoríficas de niveles mundiales, continentales y nacionales. No es menos cierto que en general esas distinciones están subvalorizadas, ante otros éxitos materiales, deportivos, físicos o publicitarios. Recibir un premio regional o nacional en alguna área apenas se menciona una vez y casi pasa desapercibido.

Recientemente, un joven estudiante ganó un Premio Latinoamericano de Física. Otros profesionales han traído para Panamá importantes premios de sociedades científicas continentales. Pero la sociedad y la prensa no lo registran ni lo promueven. El incentivo del Premio y su divulgación no es realmente importante para los individuos que lo merecieron, pues habitualmente se investiga para saber, profundizar o satisfacer inquietudes u objetivos científicos, y con recursos propios, lejos de la motivación de una recompensa material o un homenaje, si no como un estímulo a otros nuevos investigadores, especialmente a despertar entre los jóvenes, la vocación y la pasión por saber algo más de Panamá y la naturaleza.

Nuestro país es pequeño, pero esa no es razón para que no se den grandes conquistas en el área del saber. Se han publicado informaciones nada favorables sobre estos aspectos. Solo tenemos 0.23 investigadores por mil de población, y en capacidad y creatividad estamos en el puesto 104 entre las naciones.

Aunque tenemos una fuga de cerebros, esta realidad lastima nuestro prestigio como país cuando actuamos ante las naciones y aspiramos al primer mundo. Está muy bien que tengamos campeones y missis de nivel mundial, un centro financiero y un canal de primer nivel. Pero nuestro presente y futuro tienen que basarse en una juventud estudiosa y en la investigación en muchas disciplinas.

La SENACYT, las universidades, el NAC, las sociedades científicas y artísticas, el Laboratorio Gorgas necesitan un mayor apoyo. La sociedad debe reconocer a nuestros distinguidos y laureados investigadores y a los futuros para llegar a alcanzar un Panamá Mejor.

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Artículo publicado el 12 de febrero de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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