En carnavales, el conductor designado es un mito

La opinión del Escritor y Analista Político……

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RAFAEL MONTES GOMEZ

Mareos, náuseas, vómitos, rostro pálido, visión nublada, perdida de reflejos, lengua enredada, sueño. Lo último que viste: las luces del camión que venía en la vía contraria y luego La Parca que vino por ti.

O te abstienes de tomar alcohol -cosa difícil para ti en carnavales- o no manejes. Tú familia te espera y te ama. La pregunta queda ¿No se pueden divertir de una manera sana?

Las estadísticas demuestran que por más que las autoridades hagan campañas de concienciación sobre el no manejar en estado de ebriedad, las cifras de la gente que muere en accidentes de auto, producto de la intoxicación etílica, va en aumento. Lo que demuestra que el conductor designado en carnavales es un mito.  ¿Donde encuentras uno? Si todos tus amigos hacen y están en lo mismo.

La Policía de Tránsito informa en su página web, que hay 65 víctimas en lo que va del año 2010, 22 más en relación al mismo periodo del año pasado. Estas incluyen colisión, atropello, vuelco, choque contra objeto fijo, etc. Al día de hoy, se impusieron 90 boletas por exceso de velocidad, 21 por embriaguez, 26 infracciones por hablar por celular mientras conducían y 24 por no utilizar el cinturón de seguridad. Añádele al alcohol, la de por sí ya relajada y poco responsable actitud de nuestros más jóvenes.

El año pasado 2 jóvenes perdieron la vida en la carretera Panamericana, cuando el auto en donde viajaban a exceso de velocidad se estrelló y se volcó. El padre de una de las víctimas reconoció que su hijo era de los que participaban en regatas y que en esta espantosa oportunidad le correspondió a él, identificar a su hijo que perdió la vida en este lamentable accidente que se pudo evitar.

“Desde hace mucho tiempo había hablado sobre este tema, pero nadie me tomaba en cuenta”, precisó un padre de familia. Otro padre de una víctima y a la vez victimario, dijo “que a su hijo le gustaba mezclar el alcohol y la velocidad”.

La mentalidad del panameño es que si no te desbaratas la vida no te has divertido en Carnavales. Hasta entre nosotros hombres, es de machos, competir para ver cuánto aguantas de alcohol, sino das la talla “eres un marica”, por consiguiente hay que “demostrar” y en esa estúpida infantilidad se han ido varios de mis amigos, con la consiguiente pérdida irreparable para sus familiares y amigos.

No seas irresponsable, es casi un suicidio… ¡Cuida la vida que Dios te dio! (en honor y recordación de Mingo Morán, mi amigo).

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Artículo publicado el 14  de  febrero de 2010 como nota para compartir en Facebook y el 19 de febrero de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá,  a quien damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que le corresponde.

Las inconsecuencias del Poder

En la sección de Opinión del Diario El Panamá América , edición del viernes 1 de junio de 2007, Página A6, apareció publicado el artículo homónimo que a continuación nos permitimos reproducir porque consideramos  que los acreditados planteamientos del autor son de inestimable valor didáctico y mantienen plena  vigencia en el actual acontecer político latinoamericano.  El Editor.

La opinión del Jurista, Doctor en Derecho y Docente Universitario….

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SILVIO  GUERRA MORALES

El ejercicio del poder político presenta, casi siempre,  sus inconsecuencias, y ello deviene  cuando quienes lo ejercen son, igualmente, grandes inconsecuentes.

La inconsecuencia radica en la falta de capacidad y conocimiento para dar seguimiento a un programa de principios y metas y, cuando no, en la falta de voluntad para dar cumplimiento a promesas que han sido hechas a todo un pueblo.

Se es inconsecuente cuando lo dicho no coincide  con el hecho (prometer “A”  y realizar “B”) o los hchos no son tan siquiera reflejo de lo dicho (hacer “B” y haber dicho antes “A”);  o,  simple y sencillamente no hacer nada.

Los inconsecuentes todo lo justifican: “Se hizo esto porque aquello no era factible”;   “No había otra alternativa”;   “Al menos hemos cumplido con parte de lo prometido”;   “Tratamos de hacerlo de la mejor manera,  pero no resultó;  “Tenía la voluntad para hacerlo pero no fue posible”;  “Quisimos hacer las cosas bien  pero todo resultó mal”;   “Algunas cosas no salieron como esperábamos”; etc.,   y éstos argumentos son apenas algunos de los estribillos y frases que ya han pasado a formar parte del glosario de las excusas propias de los inconsecuentes.

El discurso de los tales es asombroso:  está plagado de entimemas y de circunloquios que venden creeencia a los ingenuos y a los incautos.   Ellos, los que todo lo creen, son los que beben, cuales almas sedientas de aguas dulces,  el discurso agorero,  plagado de falsas promesas, de los falsarios y filibusteros de la política criolla latinoamericana y que,  luego resultará que,  nuestros pueblos,  los de nuestra América india , terminan siendo victimizados por náuseas, vómitos, diarrea, fiebres, tanto del alma como del cuerpo, que tienen que  padecer a consecuencia de los los inconsecuentes   que facilmente pueden ser caracterizados como los que nada creen, que nada dicen de alma ni de corazón, que son viles, abyectos, sátrapas del demonio ,  que succionan la sangre de nuestros enormes contingentes de seres humanos  que viven siendo diezmados por una especie  de dictadura de millonarios que se valen del poder político para orquestar sus más caros intereses y despiadados egolatrismos.

Lo peor de todo ello:  el concubinato escandaloso de los llamados hijos del pueblo   que se convierten en los veleidosos instrumentos o herramientas  de trabajo  para aproximar a nuestros pueblos a los tales inconsecuentes con tal de cosechar las mieles del poder cuando entronizan, a costilla de falacias y de ardides rebuscados   para jugar con la falta de empleo y con el hambre de todo un pueblo,   a los que persiguen de modo anonadado, el  cetro y el básculo que ostentan los mandatarios de las naciones.

Por eso pierden visión y visual política, tanto de la la social como de la solidaridad humana.   Se vuelven seres tercos, reacios , indiferenteas a las voces y gritos de quienes militan aún en los ejércitos de la democracia.   Se envilecen, se mutan en seres llenos de vanidad, como si la vida no les demandará, cuando les acaezca la merte, una clara rendición de cuentas de cuanto hayan dicho o hecho.

Tal ha acontecido con no pocos gobernantes, caudillos, que han querido regir a no pocas naciones de América Latina, como haciendas o fincas privadas similares a los de los antiguos feudos, y para quienes el pueblo no ha sido otra cosa que la muestra palpable de un perverso vasallaje que va dejando por doquier huellas indubitables e  imperecederas de pobreza, luto , dolor, trauma por doquier, tristeza y heridas insanables.

De muchos de los casos que la historia aún no juzga con claridad pueden dar fe los cientos de expedientes de los que ha conocido la Comisión Interamericana de Derechos Humanos   y la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, la primera como ente instructor y la segunda, como ente juzgador.

Una inconsecuencia, propia de las almas que gobiernan al margen de la racionalidad, consustancial a los espíritus  que beben egolatría y vanidad en las copas del poder político,   es lo que ha acontecido recientemente en la Venezuela que queda para Bolivar y los bolivarianos:   que un medio de comunicación social, siendo que sus destinatarios son las masa populares, haya sido cerrado,  no sólo para sus dueños,  sino también en cuanto a la estructura y forma de operar, cuestión que ha hecho el gobierno de esa nación del Sur pretextando o invocando como justificante   la existenaia de un disenso que no se acoplaba a las directrices del poder del señor Hugo Chávez, es cuestión  que no nos cala a  la razón   ni nos asalta a la inteligencia.

Tal acción, negadora de todo vestigio de la democracia, no hace otra cosa que plasmar un acto material criminal contra la democracia;  se trata  de un verdadero homicidio con  la libertad de medios y de prensa,   y que trasunta por una clara violación a un derecho natural , sagrado:  la libertad del pensamiento.     Los gobiernos abyectos,  las dictaduras imbéciles, los gobernantes con máscaras de demócratas,  los que ejercitan el poder para reirse de los pueblos,  no pueden merecer otro castigo que la repulsa cruda, sin matices de pusilánime, por parte de quienes no vivimos en Babia, sino en razones.   “Cogito, ergo suum”   (Pienso, luego existo”) Descartes.

Nunca jamás, la sin razón podrá erigirse en un acto de soberanía  de nación alguna.    Se impone la civilidad y el respeto a la institucionalidad propia del Estado de Derecho.

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Artículo publicado el 1 de junio de 2007 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al Autor, todo el crédito que les corresponde.