El cristal entre la luz

DEMETRIO  OLACIREGUI  Q.

Como uno de los más grandes poetas iberoamericanos, Manuel Orestes Nieto acaba de ingresar en el sitial privilegiado de la reducida elite que posee múltiples premios Casa de las Américas.

El Premio Honorífico José Lezama Lima 2009 reconoce cuatro décadas (1968-2008) de la obra poética de Manuel Orestes y, a través suyo, se rinde también un homenaje a Panamá.

El Premio Casa de las Américas, el galardón con mayor historia, prestigio y convocatoria en Latinoamérica, eligió este año dentro de las 436 obras que concursaron a El cristal entre la luz, de Manuel Orestes, como el mejor libro de poesía publicado en el 2008.

El libro de libros, como lo define el poeta panameño, ilumina en sus 512 páginas verdades esenciales. La figura de un cristal descomponiéndose dentro de la luz, es un hermoso símbolo de su compromiso existencial. Su poesía no reinventa la historia nacional, la alumbra, la visibiliza y, al colocarla en la perspectiva de sus vivencias íntimas, la hace comprensible.

La forma particular de repasar aquellos tramos en que los hechos superan la racionalidad del análisis, es un aporte para que los panameños se comprendan a sí mismos. De su pluma nacen destellos luminosos que desnudan el material del que está hecha la naturaleza humana.

Manuel Orestes había ganado antes con Dar la cara, el Premio Casa de las Américas 1975, Sección Poesía, y en 1973 una mención por el poemario Adentro reconozco que me duele todo.

Homenajeado por el gobierno de Chile, galardonado en Guatemala, finalista en Barcelona, cuatro veces ganador del Premio Ricardo Miró, reconocido por el Instituto Panameño de Cultura por su excelencia literaria, su consagración definitiva es El cristal entre la luz.

Desafiante, desbordante, vigorosa, lúcida, contundente y convocante, esta obra es un avance vivificante de la poesía sobre los diferentes costados de la existencia.

El cristal entre la luz, es el descubrimiento de los pliegues de la multiplicidad étnica, racial y cultural que conforman el tejido de la nacionalidad panameña. Aunque se traslucen distintos estados de ánimo, propios de la disímil historia nacional, hay armonía a lo largo de toda su producción literaria. No puede ser de otro modo porque la suya es una obra humana que identifica las largas tristezas y las cortas alegrías de la Nación y del hombre y la mujer panameños.

Manuel Orestes entrega sus versos con un realismo desgarrador. Está presente, junto a los orígenes de la Nación, la temática de la ocupación estadounidense, los sucesos de enero de 1964 y la invasión de diciembre de 1989. Con una soberanía nacional degollada, ante quienes celebraron este mar de sangre, se pregunta: ¿Dónde queda la patria de los apátridas?

Como alquimista de virtudes, Manuel Orestes posee el poderoso don de la antelación. Los tiempos de la tranquilidad han terminado,/en que a la hermosa vida se le ha opuesto/la triste canción de los depredadores. Cual alma sensible que lleva el país en la memoria, no acalla su conciencia ni su compromiso literario.

Frente a Manuel Orestes se está ante uno de los faros del pensamiento poético panameño de la segunda mitad del siglo XX.   Se comprometió a escribir y del escribir forjó un oficio en el que trabaja cual orfebre que pule el metal hasta darle forma, en la excelsa tarea que consume el palpitar de su corazón y su vida misma.

Para Manuel Orestes lo que siempre será inadmisible/es que muera lo que nos alentó a vivir. Esa es una de las enseñanzas básicas de El Cristal entre la luz.

<>

Publicado el 11 de febrero de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Los derechos del paciente

La opinión del Médico…..

.

Julio Toro Lozano

La relación médico-paciente ha cambiado. La existencia de los derechos del paciente permite que esta relación, que fue de autoritarismo y paternalismo, ahora sea de colaboración y de adherencia a las recomendaciones de su tratamiento. Los tiempos modernos permiten que el paciente se encuentre más informado sobre sus derechos, y sobre las diferentes opciones de tratamientos, a través de una segunda opinión, por la internet o por promociones de medicamentos dirigidas directamente a los potenciales consumidores, o sea, a los pacientes.

Pueden considerarse como principios básicos de los derechos de los pacientes, el derecho a su intimidad, a la información, que incluye el acceso a su historia clínica y a recibir una explicación comprensible sobre el tratamiento, a decidir libremente y que se respete su autonomía y voluntad, de tal forma que sean ellos los rectores de las actividades relacionadas a su tratamiento y potencial curación.

Los pacientes tienen derecho a conocer toda la información disponible sobre cualquier actuación en el ámbito de su salud, salvo alguna restricción específica; también tienen el derecho a no querer ser informados. Como regla general esta información se brinda verbalmente y el hecho se deja registrado en el expediente clínico del paciente; la información será verdadera, comprensible y adecuada al paciente a fin de ayudarlo a tomar su decisión.

Todos tenemos el derecho de que se respete el carácter confidencial de los datos referentes a nuestra salud y nadie puede tener acceso a esos datos sin previa autorización de las autoridades legales correspondientes. Aquí se combina la orientación permanente que deben recibir tanto los trabajadores de la salud en lo que respecta al manejo de los datos de los pacientes, como la información que reciban los pacientes sobre la razón de la obtención, registro y archivo de sus datos.

El paciente tiene derecho a tener acceso a su expediente clínico, documento en el que se registra su respectiva situación y evolución clínica, y que busca asegurar una adecuada asistencia. En Panamá hay leyes que aseguran este derecho.

El paciente tiene derecho a recibir una explicación comprensible de su tratamiento, que le permita entender y estar claro de los propósitos del mismo; luego de este proceso, él está en condiciones de brindar su consentimiento informado, que puede expresar verbalmente, lo que quedará registrado en el expediente. En el caso de tratarse de un consentimiento escrito, el mismo debe estar redactado en un lenguaje claro y comprensible. El paciente tiene derecho a no querer ser informado, y también a retirar, por escrito, el consentimiento previamente otorgado.

Finalmente, el paciente tiene derecho a que se respete su voluntad, máxime si la misma la expresa a través de un documento escrito en el que se dejan instrucciones en caso de que, por las circunstancias, pudiese llegar a no ser capaz de expresar personalmente sus deseos; siempre y cuando no se violente el ordenamiento jurídico existente.

<>

Artículo publicado el 11 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa, a quien damos, al igual que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Una trampa de muerte llamada ‘diablo rojo’

La opinión del Ingeniero Agrónomo…..

.

PEDRO RIVERA RAMOS

Desde hace mucho tiempo nuestro sistema de transporte público en la capital (selectivo o colectivo), se debate en un constante y creciente caos, anarquía y mafia, que convierte a los “operativos” y “campañas”, (dispositivos que solo las tragedias impulsan con algo de fuerza y mucho de publicidad), en paliativos realmente intrascendentes.

Este sector está reclamando con urgencia cambios profundos e irreversibles que van más allá de las “licencias y semáforos inteligentes”; las estrategias manu militari que prometió alguna vez eficaz, un ex milico del gobierno pasado o la desventurada iniciativa de pagarles seminarios de conducta por tres meses y B/.1500 para cada conductor.

Es preciso que la problemática del transporte público sea analizada y revisada desde una perspectiva tan amplia e integral, que no excluya un examen objetivo y riguroso de las principales concepciones que han venido imponiéndose en nuestra sociedad, donde el “ juegavivo ” y la impunidad a todos los niveles y en todas las clases sociales sin excepción alguna, no solo son sus soportes más representativos, sino que además, guardan una correspondencia y una complementación tan vergonzosa como inmoral.

Aquí hay un sistema que debe ser erradicado de raíz y para siempre, porque al final no se trata únicamente de eliminar a los llamados “ diablos rojos ” mediante una generosa e indigna indemnización de B/.25,000; sino de prescindir completamente de chóferes, “ pavos ”, chequeadores de paradas y propietarios de autobuses, principales responsables de todo el desastre que envuelve al transporte público colectivo en la ciudad capital y que le ha costado a la sociedad, sobre todo a sus sectores más humildes, instantes profundamente dolorosos, pérdidas de seres queridos, lesionados de por vida, traumas psicológicos, daños irreparables, sangre noble derramada sin consideración alguna.

A ellos se unen el casi permanente contubernio entre autoridades, politiquería y mafia transportista, que incitan exoneraciones y subsidios diversos, cínicos arreglos de pago de sanciones y boletas, flexibilizan normas, se resisten a otras más severas y mediatizan y comprometen el alcance de muchas leyes, ya existentes sobre el transporte.

Este injustificable e incomprensible cuadro que tiene en la población de a pie a su rehén obligado y desafortunado, no estaría completo si no le añadimos la falta evidente de mantenimiento y reparaciones necesarias de los “ diablos rojos ”; a los agentes del tránsito que hacen de la coima, una forma de contraprestación tan inmoral como generalizada y a los funcionarios que por una suma seductora, limpian asombrosamente el récord de infracciones de cualquier conductor.

Hay un nuevo gobierno y hay nuevas promesas. Hay también tiempo suficiente para darle a este país y principalmente a su región metropolitana, el sistema de transporte colectivo que se merece, que aguarda y que no puede esperar más.

Los 18 calcinados del bus 8B-06 del 23 de octubre de 2006, los sobrevivientes, sus familiares; todas las otras víctimas que durante muchos años han sido responsabilidad directa y exclusiva de este cavernícola sistema de transporte y todos los que aún seguimos vivos, exigimos, demandamos, que “ seguro, cómodo y confiable ”, no termine siendo un eslogan embaucador más de la politiquería criolla.

<>

Publicado el 11 de febrero de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Responsabilidad en el problema del transporte

La opinión de……

.

Luis  C. Vargas

¿Tiene el Gobierno responsabilidad por esperar a que sucedan las tragedias para tratar de buscar una solución temporal, y así volver a adormecer sus consecuencias y tratar de apaciguar el clamor del pueblo?

La inconsistencia en hacer cumplir las leyes es otra razón, pues muchos panameños hemos visto cómo con tanto ímpetu las autoridades del tránsito quitaban radios, y bocinas de los buses, para después seguir con la indiferencia ante el sufrimiento del usuario. Prueba de ellos es que los buses siguen con sus equipos de sonido en sus regatas y pasando por encima de muchas otras normas y también los conductores con múltiples infracciones, manejando, y uno se pregunta dónde están las autoridades que tienen que ver con estos controles.

Todo policía de tránsito que se deja proponer el soborno, está colaborando con esta crisis del transporte. Todos debemos recordar que tenemos familiares y amigos que usan el servicio público de transporte, y pueden ser víctimas en un momento de un manejo irresponsable y que aún los panameños que no utilizan los buses, pueden sufrir las consecuencias.

El Gobierno de turno debe entender que esta es una crisis que ha llegado a su clímax y que es la hora de tomar decisiones firmes y concretas que lo lleven a la solución del mismo.

Las decisiones no deben ser influidas por intereses económicos, políticos, ni por el amiguismo que tanto ha afectado este país.

A los ciudadanos que van a participar en la modernización del transporte debe brindárseles, y exigirles a la vez, capacitaciones permanentes acompañadas de su respectiva evaluación. También apoyo médico y psicológico constante, para asegurarse de que gocen de buena salud física y psicológica para su delicada labor pública.

Debe garantizarse por ley una remuneración digna a los choferes para que no tengan que competir con sus compañeros por los pasajeros.

Es necesario redoblar la vigilancia, aumentando el número de agentes en avenidas, calles, piqueras y dentro de las mismas unidades, constantemente, para que tanto el transportista como los usuarios acaten las leyes del transporte público, y lleguen a un punto en que forme parte de la cultura panameña.

Se deben agilizar los medios de comunicación y asistencia, para que una llamada de auxilio ya sea de un usuario o transportista, sea atendida rápida y eficientemente por parte de las autoridades del tránsito, o cualquier otra competente, ya sea la policía o bomberos.

En los últimos meses hemos visto cómo la deficiencia del transporte público ha llenado de luto y dolor a la familia panameña. Creo que así como todos somos responsables, también podemos aportar para la solución de este problema.

Los transportistas deben sentarse a negociar con el gobierno, y los usuarios brindar su participación a la modernización del transporte público, sin egoísmos, buscando el bienestar del pueblo.

Los transportistas han hecho huelgas sin importarles ese humilde panameño que con el pasaje mantiene su empresa.

En una ocasión un transportista del interior no quiso transportar a un ciudadano porque llevaba varios niños. Días después, los transportistas de esa comunidad trancaron las calles y no me querían dejar entrar en mi barrio, aunque les pedí que sólo me dejaran entrar a guardar mi auto, ya que, mi casa está cerca. Más bien, me expresaron que necesitaban el apoyo de la comunidad. Irónicamente eran los mismos que días antes no habían querido transportar a mi amigo y hermano. Me pregunto ¿Qué regla de oro siguen estos señores? “Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas” (Mt. 7:12) ¿Qué se creen, dueños de las carreteras, que cada día humillan a los usuarios?

Siempre me he preguntado: ¿Qué harían los transportistas si un día los usuarios hicieran una huelga general?

<>

Artículo publicado el 11 de febrero de 2010 en el diario El Panamá América, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.