La cotorra de la vecina..

La opinión de…….

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ALEXIS CHARRIS PALACIOS

En el viejo edificio de calle 7, avenidas Bolívar y Herrera, en la ciudad de Colón, donde vivían mis abuelos maternos, una vecina tenía una lora, versión lugareña y común de lo que llamamos cotorras.   Para aquellos días no alcanzaban mis calendarios la docena y recuerdo bien que Parchita, la lora de la vecina, solía emprender poco antes del ocaso un recital de vulgaridades con sus alaridos característicos.

El espectáculo de Parchita era diario, escandalizaba el edificio en la neurálgica esquina. Los vecinos llegaban a perturbarse con el obsceno rosario de gritos. “ Abuelita, ¿por qué la lora dice tantas palabras sucias? ”, pregunté una tarde. “ Ella solo dice lo que oye ”, fue la sobria respuesta de mi abuela.    En su teoría, los defectos de Parchita no eran nada más que un espejo de los defectos de la casa donde habitaba.

La anécdota me regresó a la mente como una imagen fresca el día que en la Asamblea Nacional una diputada, dotada de un tono hostil y enmarcada en una ola de agresividad por los medios de comunicación, que nace en las turbias aguas del actual partido de gobierno, aseguró, con intenciones que, al parecer, ni para ella están muy claras, que los periodistas y los medios actuamos como “ cotorras ” repitiendo la corrupción que rodea el sistema y la sociedad en la que vivimos.   Lo que quizás olvidó la diputada ahora que pertenece a las filas adosadas por el poder, es que los medios son solo un reflejo de lo que la sociedad vive a diario.

Para la diputada Dalia Bernal la explicación de una humilde mujer, en un viejo edificio de la ciudad de Colón, es vigente 30 años después.   Diputada, los medios, como las cotorras, repiten en alaridos lo que les enseñan a decir y esas aves aprenden por imitación de sonidos, las cotorras no hablan, repiten los sonidos que escuchan.

Si fuese cierto que los periodistas somos “ cotorras ”, como sugiere la diputada Bernal, entonces no estaríamos más que divulgando a la vecindad la realidad de lo que pasa en casa, lo putrefacto de nuestra clase política y su escasa manera de actuar, su insuficiente lenguaje abstracto carente de contenido real y divorciado de las necesidades de la población. Claro, qué podríamos esperar, si en la política lo último en la lista es la ciudadanía.

Si hubiese una lora en los pasillos de la Asamblea Nacional, ¿qué aprendería a decir?, ¿qué repetiría después en alaridos al atardecer?   Diga usted, diputada, qué deberíamos decir los medios, o más bien, qué pretende que callemos.

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Artículo publicado el 8 de febrero de 2009 en el Diario La Estrella de Panamá a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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