Jaime Lerner, Curitiba y Panamá

La opinión del Economista……

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FLAVIO  VELÁSQUEZ

Se dice hoy de Curitiba que tiene el mejor sistema de transporte público del mundo, el Sistema de Bus Rápido, SBR; y que es además la capital ecológica de Brasil por la elevada calidad de la vida y el balance harmónico entre su paisaje natural y urbano.

Fue llamada “ La Villa de Nuestra Señora de la Luz del Pinar ”, por fundadores portugueses en 1693; asentados en tierras castellanas del Nuevo Mundo. También en lengua portuguesa se le llamó posteriormente: “ La Villa del Buen Jesús del Pinar ”. En 1721 recibió su nombre actual, Curitiba.

En Guaraní tibá significa muchos y curí , pino ; para señalar con el nombre Curitiba las solemnes araucarias que abundaron en la tierra que hoy ocupa el Estado de Paraná. Todavía existen en Misiones y en Paraná algunos bosques dispersos de esta elegante conífera, el pino Araucaria Augustifolia que es emblema de la Ciudad de Curitiba, del Estado de Paraná, cuya capital es Curitiba; y de la Ciudad de San Pedro en Misiones, Argentina.

Curitiba está edificada a mil metros sobre el nivel del mar, en una fértil y fresca meseta llamada La Sierra del Mar; distante del océano hacia el Este de la ciudad, unos 65 kms. Allí, a la orilla del Atlántico, tiene su puerto Curitiba, Paranaguá; que en lengua Tupí-Guaraní significa: “ El mar grande y redondo ”.

Desde 1870 comenzaron a llegar numerosos alemanes, polacos, ucranianos e italianos. Después vinieron japoneses, franceses y suizos. Todas estas gentes peregrinas; que abandonaron sus lares ancestrales se establecieron en estas tierras tan remotas como generosas con la esperanza de fundar una mejor vida. Y lo lograron con creces.

Porque sucedió algo extraordinario desde el mismo inicio de esta aventura poblacional: esta gente nueva y trabajadora, como los antiguos indígenas del Guairá, quienes todavía hablan melódicas lenguas Tupí, docenas de ellas hoy camino a la extinción, aprendieron a escuchar conjuntamente con respeto y con amor los halagos acogedores de la naturaleza. Y hoy, estos descendientes de etnias inmigradas y de etnias nativas, junto al mestizaje consecuente, la gente de Curitiba, han creado nuevas armonías entre población, ciudad y paisaje natural.

Con ciencia y arte, aprendieron también a diseñar de manera ejemplar la geometría de la ciudad en la del paisaje natural. ¡Porque inventaron un modelo de urbanismo que obliga a mantener una relación de 54 metros cuadrados de áreas verdes por cada habitante!

Áreas que son espacios públicos ordenados sobre las cuales modelan parques, jardinería y paseos. Y tan importante como la fabricación de esa magna obra también, hace más de 40 años, en l965, la gente de Curitiba inventó un sistema de transporte público urbano poco contaminante; utilizado hoy por el 80% de los casi dos millones de habitantes de la ciudad; que ha sido y sigue siendo fuente de inspiración de docenas de otras importantes ciudades latinoamericanas, europeas y orientales; en especial la Ciudad de Rosario en Argentina, Bogotá y Medellín, en Colombia; y, probablemente muy pronto, la Ciudad de Panamá.

Se logró todo esto cuando un grupo de jóvenes arquitectos e ingenieros sensibles a las necesidades humanas, a la conservación de la naturaleza y al progreso económico idearon un extraordinario Plan Maestro de Planificación de la Ciudad que fue discutido y consultado con todos los componentes de la opinión pública de la ciudad. Uno de esos arquitectos académicos y humanistas fue Jaime Lerner , quien, como alcalde de Curitiba y tiempo después como gobernador del Estado de Paraná —apoyado por una “ fuerte voluntad política nacional y una fuerte opinión pública favorable ”—, ejerció el firme liderazgo necesario para cumplir con los ideales de la ciudad impresos en el Plan Maestro.

“ Es en la misma ciudad que se encuentran las soluciones a todos sus problemas; pero no se pueden resolver todos al mismo tiempo, algunos retos deben ser responsabilidad de las nuevas generaciones ”, dice sabiamente Lerner. Quien ha venido a Panamá en reiteradas ocasiones para asesorar sobre las ciudades de David y Panamá.

En fin, los panameños ya tenemos casi todo: primero, tenemos ejemplos de pueblos que quisieron y pudieron, como Curitiba, Bogotá y Medellín; y segundo, en mayor proporción que esos pueblos tenemos relativamente mucho más recursos económicos.   Solo nos falta designar a esos expertos profesionales y académicos que también tenemos en abundancia y quienes eventualmente tendrán que recibir el apoyo de una fuerte voluntad política y de una opinión pública favorable para que administren la ciudad y el paisaje natural como debe ser.  Estoy seguro que podemos.

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Artículo publicado el 8 de febrero de 2009 en el Diario La Estrella de Panamá a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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