La Constitución Nacional y Martinelli

La opinión del Jurista…..

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Carlos Eduardo Rubio

El brillante y polémico político inglés, Winston Churchill, definía al estadista como aquel “que piensa en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.”   El Dr. Arias Calderón nos distingue al estadista del político, entre otras razones, a que el estadista tiene que estar dispuesto, si fuera necesario, a pagar el más alto precio que ningún otro contribuyente a la sociedad política; es decir, tiene que estar dispuesto a sacrificar su propia aspiración a asumir la dirección más alta de dicha sociedad. Todo estadista, como propulsor de mejorar el funcionamiento del Estado, debe conocer la Constitución Nacional, hacerla respetar, y proponer cambios pertinentes a fin de tener un Estado funcional, moderno y a favor de los principios democráticos y las garantías fundamentales.

Veamos en qué se ha equivocado, el Señor Presidente:

1. Violentó el artículo 300 de la Constitución Nacional, en una acción innegablemente proveniente del Ejecutivo, modificando la Ley de Carrera Administrativa quebrantando el sistema de méritos y pensando en las próximas elecciones, tratando de reforzar los partidos políticos de gobierno, debilitando los de oposición. De igual manera, violenta, por omisión, el artículo 305 Constitucional, al desnaturalizar el espíritu de la Carrera Administrativa.

2. Violentó el artículo 201 Constitucional, al suspender el Sistema Penal Acusatorio, dando a Panamá el poco honroso título de tener un sistema de justicia punitiva contraria a lo que lee la Carta Magna, que reza que es: “Gratuita, expedita e ininterrumpida”, quizás con el objeto de facilitar la persecución política.

3. Violentó el artículo 279 Constitucional, que nos establece que la Contraloría es un organismo estatal independiente, al imponer como Contralora a una ex trabajadora de sus empresas personales, quizás desconociendo que es la Asamblea Nacional la que, autónomamente, debe nombrar a esta importante funcionaria, siguiendo las teorías políticas y democráticas de que el órgano parlamentario debe ser el contrapeso del Ejecutivo.

4. Violentó el artículo 233 Constitucional, que establece la descentralización municipal, al suspender, proveniente también por órdenes del Ejecutivo, la Ley de Descentralización Municipal.    Quizás, dicen algunos, esto se debe a que Martinelli no cree o en su defecto, no acepta, la Democracia como un sistema de pesos y contrapesos entre los órganos de Estado, y por el contrario, le motiva la concentración de poder.

5. Violentó el artículo 4 Constitucional, que nos dice que Panamá acata las normas de carácter internacional, con su salida “a la fuerza” del Parlacen.   Esto no es un debate si el Parlacen es bueno, malo o feo para el país.   Si no que se trata de un tratado internacional, cuya salida, según las normas de Derecho Internacional Público, tiene sus métodos, contrario a lo que hizo el Ejecutivo y Legislativo, y que nos daría –si cumpliéramos con la Constitución y la Ley- legitimidad en el futuro de poder reclamar ante tribunales el posible desconocimiento o irrespeto de Tratados en que Panamá forma parte.

6. Violentó el espíritu del artículo 2 Constitucional, que habla de la armónica colaboración de los poderes del Estado, al tener un control absoluto del Ejecutivo y Legislativo, controlar el Judicial y ahora buscar el del Ministerio Público, incluyendo a la Procuradora General.

7. Violentó el preámbulo de la Constitución, al igual que su artículo primero, olvidando principios democráticos al manifestar pública y privadamente que quiere destruir al opositor Partido Revolucionario Democrático, al fusionar partidos políticos de su propia alianza, irrespetando por omisión el pluralismo democrático, a lo cual une su intención de reformar la Carta Magna a su medida, al promover la reelección presidencial. Martinelli y su equipo ignora, convenientemente, que el rol fiscalizador de la oposición es esencial, que el bipartidismo a mi juicio es nefasto (salvo EE.UU.) y que la Constitución es para un país y no una persona.

El doctor Ebrahim Asvat, en reciente Bitácora del Diario El Siglo, fue claro. “Su estilo de administración es impulsivo y cuando los efectos no se producen a la velocidad de sus expectativas, nada lo detendrá en eludir la ley o extralimitarse en sus funciones. Martinelli es voluntad y acción. La razón y el Estado de Derecho juegan un papel marginal en la toma de decisiones”.

Pareciera que Martinelli quisiera hacer suyas las palabras imborrables de la historia pronunciada por Luis XIV, “L”État, c”est moi”, o el Estado soy yo.   Ahora sí es hora de un cambio, para darle paso a un estadista, contrario al político empírico, pero que crea en la razón, el Estado de Derecho, y añadiría yo, principios democráticos.

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Publicado el 29 de enero de 2010 el Panamá América Digital. a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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