Crisis política: Sus signos y caminos

La opinión del Jurista……

SAÚL MALOUL ZEBEDE

Fíjese el lector que hemos evitado hablar explícitamente de soluciones; no creemos que la sugerencia de recetas prefabricadas sea lo mejor, tal vez más importante sea indicar, con toda humildad, los caminos que podríamos transitar para que la crisis política que nos toca enfrentar, nos lleve a todos a buen puerto.

Lo primero es entender que el caso de la procuradora general de la Nación, es solamente un signo o manifestación de esa crisis.  Si existe duda constitucional sobre cuál debe ser el camino a seguir, las alternativas siempre las proporciona el Estado de Derecho:

1. O la propia Corte Suprema de Justicia resuelve el asunto, notificando al Órgano Ejecutivo la necesidad de que desencadene el nombramiento de un procurador o procuradora suplente, en la misma Resolución en la que resuelve la separación del cargo.

2. O alguien interpone un recurso de inconstitucionalidad en contra de alguna de las dos resoluciones, obligando a la Corte Suprema de Justicia a considerar el fondo de la cuestión.

3. O se atiende a las disposiciones del Código Judicial que establecen que es la Corte Suprema de Justicia la llamada a solucionar este aparente conflicto jurisdiccional.

Como el lector habrá observado, se trata de tres mecanismos idóneos que al final del día, hacen que la Corte Suprema de Justicia sea quien dirima el conflicto.  Llegado a este punto, me parecen irresponsables las afirmaciones de connotados políticos que descalifican a la Corte Suprema de Justicia por su específico balance de poder. Sería bueno preguntar qué estarían diciendo esos mismos políticos si el balance de poder de la Corte les favoreciera.

El fondo de la crisis es más difícil del digerir y tiene que ver con la naturaleza del gobierno que llegó al poder el pasado 3 de mayo del 2009. Primero que todo, a diferencia de ocasiones anteriores, no se trata de un gobierno que llegara al poder con el concurso previo de las fuerzas tradicionales que nos han gobernado durante los últimos veinte años.

La falta de voluntad de estas fuerzas tradicionales, crea malestar, y ese malestar se ve reflejado, en lo que ellos, no el país, siente como una crisis institucional.

El que una élite estuviera acostumbrada a gobernar y a traspasarse el poder de gobierno a oposición y viceversa, que estuviera acostumbrada a pactar borrones y cuentas nuevas cada vez que accediera un nuevo gobierno y que la administración de justicia fuera la cenicienta de este país, con la prolongación de la pretendida impunidad; es el sustrato del cual se alimenta la supuesta crisis institucional.

Este análisis solo deja dos consejos para quienes deseen escucharlo: para las fuerzas opositoras, realmente entender el signo político de los nuevos tiempos y a actuar conforme a las expectativas,   y al gobierno, a no caer en el error de la cacería de brujas, que tan solo echaría por tierra todo lo bueno que hasta ahora se ha conseguido.

De esta crisis, únicamente puede salir la oportunidad de hacer realidad evidente el principio jurídico establecido en el artículo 19 del texto constitucional, de absoluta igualdad de todos los ciudadanos y extranjeros residentes en nuestro país, frente al texto de la Ley y a la vigencia del Estado de Derecho.

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Publicado el 30 de enero en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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