Contradicciones y enredos de los que somos víctimas

La opinión de……

Emma Mendoza A.

Aunque usualmente utilizamos el vocablo contradicción como sinónimo de enredo, contrariedad, incoherencia, paradoja, antinomia, discordancia, también es concebida como antítesis, lo que supone que en un salto cualitativo pudiera convertirse en tesis, para finalizar en una resolución del conflicto o de la discordancia.

Pero cuando las contradicciones no conllevan una dinámica transmutadora, se convierten en elementos enredadores, distorsionadores del aspecto o materia a la que están vinculadas.   Algo similar ocurre en la arena política y social de nuestro país, con el gobierno del cambio, cuyas promesas de campaña comenzó por descalificar al darles cumplimiento a medias o al negarlas completamente.

Es así que la selección de los magistrados, previamente acordada con la sociedad civil, sería el resultado de un prolijo y esmerado trabajo de una comisión nombrada a iniciativa y nominación del primer magistrado de la Nación, la misma fue desestimada, agria y ofensivamente descalificada, a título de que los aspirantes (¿todos/as ?) carecían del perfil político, perdón impoluto requerido para tal fin y ¡Dios salve a la reina!, pero los finalmente “escogidos “carecían de esa luminosidad tan apetecida.

La compra del avión presidencial fue otros de los enredos que aún dejan un sabor de desconfianza e incredulidad.   Primero se prometió no comprar aviones presidenciales, obviamente al cambiar de opinión se inclinaron por la compra de uno que según las primeras versiones oficiales, procedía de una donación del gobierno de Taiwan; donación que se distraería de las encaminadas a satisfacer necesidades sociales apremiantes de la población. El enredo fue tal que aún no tenemos claro si lo paga el Fisco, o se lo regala el gobierno amigo.

El asunto de la Educación Pública tiene también mucha tela que cortar, no bastándoles con empujar una reforma curricular a la medida de un esquema de desarrollo económico que descalifica las humanidades y la formación integral de los individuos.

Con relación al combate a la corrupción, se autorizan firmas reconocidas para áuditos independientes, pero cuando aflora la ciénaga del pantano, nos apresuramos a negar la idoneidad de los contratados, ¿con qué finalidad ?

Ciertamente, muchos programas televisivos dejan mucho que desear, en aras de la formación adecuada del ciudadano, por lo que tienen que ser objeto de la intervención estatal, pues en ellos se atenta frecuentemente contra los valores éticos y morales de la población, especialmente la de criterio no formado, la más vulnerable.   Constituye un contrasentido que el Presidente las cuestione (a las televisoras)  en un momento y después les sugiera “regularse a sí mismas”.

Otra muestra del veleidoso accionar lo constituye la decisión relativa al Carnaval capitalino; o son oficiales o no lo son; o se les asigna presupuesto o se le deja en la orfandad; pero, por favor, enderecemos el rumbo con constancia y determinación.

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Publicado el 29 de enero de 2010  en el Diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que le corresponde.

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