Salvemos la educación panameña

La opinión de……

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Rodrigo Tomás Sang De León

El mundo entero está haciendo esfuerzos por adecuar su sistema educativo a los crecientes retos que nos presenta la globalización. Países como Chile han anunciado enormes inversiones para preparar el recurso más importante que puede tener un país, su capital humano. Solo basta con dar una mirada a los países con los más altos niveles de desarrollo y calidad de vida, para darnos cuenta de que el denominador común es que tienen una educación de primera.

Para nadie es un secreto que el actual sistema educativo ha colapsado, prueba de ello son los altos índices de fracasos al momento de hacer los exámenes de admisión para las universidades y la falta creciente de valores que observamos en muchos jóvenes hoy en día y que se ve reflejada en la sociedad cada día más violenta que tenemos.

Panamá está teniendo un crecimiento económico interesante, son muchas las oportunidades que podríamos capitalizar debido a nuestra posición geográfica, pero para que esas oportunidades se conviertan en una realidad, todos debemos aportar y estar dispuestos a cambiar lo que sea necesario para que la educación panameña responda a las verdaderas necesidades del país.

Es triste que cada vez que se plantea una reforma para mejorar el arcaico sistema educativo panameño, salen a relucir los mal llamados dirigentes de los docentes oponiéndose a cualquier cambio que podría beneficiar a los miles de jóvenes que se gradúan año tras año para encontrarse con la realidad de que nos hemos quedado atrás y, por lo tanto, nuestros jóvenes están en desventaja frente a los de otros países que han sabido adecuar sus planes curriculares.

Sabemos que los buenos educadores son la mayoría y como tales no deberían permitir que se siga secuestrando el futuro de nuestra juventud con actitudes egoístas y sin sentido como estar hablando de movimientos de presión, sin antes haberse sentado a discutir lo que se pretende lograr.

La gran diferencia entre los jóvenes que salen del sistema público y del sistema particular es que los segundos tienen más materias, mayor énfasis en ciencias y el aprendizaje de otro idioma. Si realmente pretendemos que todos tengamos un mejor nivel de vida, no podemos postergar más los cambios.

Hay que hacer una transformación curricular para que nuestros hijos sean más competitivos, nuestros jóvenes necesitan poder hablar por lo menos dos idiomas correctamente. Las deficiencias en las ciencias y las matemáticas son dramáticas, es obvio que debemos reforzar la enseñanza de valores si aspiramos a tener un mejor país.

No podemos detener esos cambios por los caprichos mezquinos de un grupo de dirigentes que parecieran más preocupados por llevar adelante una agenda ideológica que por sacar a Panamá del subdesarrollo.

Todos tenemos que manifestarnos en pro de esos cambios para recuperar el tiempo perdido, tener una educación de primer mundo, debería convertirse en una meta nacional que forzosamente debe contar con el concurso de todos(a) los(as) que amamos a esta tierra.

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Publicado el 27  de enero de 2010 en el Diario El Panamá América, a quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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