Entre excusas y saludos pesimistas

La opinión de……

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Ileana Gólcher

El inicio del año es propicio para reflexionar sobre nuestra forma de enfrentar un mundo en crisis, con noticias poco halagadoras que, lejos de motivarnos a la acción y la creatividad, nos retraen y nos sitúan en la clásica actitud del avestruz: mejor esconder la cabeza y esperar a que la tormenta pase.

Cuando se presenta un proyecto creativo o una idea innovadora, por lo general pronunciamos frases paralizantes que alejan la idea innovadora.   Se le rechaza de antemano, incluso antes de ser analizada si conviene o no adoptarla o adaptarla al país, a la empresa, a una institución o a nuestra vida cotidiana.

En la práctica se usan para inhibir, para impedir, retrasar, colocar en la gaveta ideas y proyectos, y postergar decisiones. De hecho, nuestro coeficiente de invención y patentes es uno de los más bajos del continente: 1.06% por cada 100 mil habitantes (Senacyt 2003:115).

Tienen una estrecha relación con la baja autoestima, la dependencia y el concepto que cada quien posee de sí mismo y de los demás. Son patrones de conducta inculcados desde el hogar, se refuerzan luego en la escuela, y los medios de comunicación se encargan de reforzarlos a través de la publicidad y de una variedad de estrategias. Algunos sociólogos consideran que el fenómeno del transitismo, que vivimos por cerca de cien años, consolidó una cultura de la dependencia.

Esta situación ha colocado a Panamá en una especie de país en “lista de espera” o de piloto automático, ante los desafíos de las nuevas tecnologías y los avances de la ciencia, la tecnología y de la globalización. Los panameños postergamos tomar decisiones; se prefiere concertar fechas; muchos estudios, decenas de diagnósticos, pocas ejecuciones.   Los gobernantes, los directores, los ministros, los ciudadanos en general, padres y madres de familia más temerosos de enfrentar retos y aprender de los errores y aciertos, optan por evadirse, por conformarse y por decirle NO a todo.

Esta actitud derrotista explica con claridad por qué ocupamos siempre el último o antepenúltimo lugar en la marcha acelerada del cambio.   Por supuesto, los intereses políticos son otro factor de desequilibrio.

Es así como al revisar la lista del ingreso de Panamá a la telefonía celular, el uso de la televisión por cable, el ingreso a la Organización Mundial del Comercio, la aplicación del Libro Tercero del Código Procesal Penal, la educación inclusiva, la constituyente, los derechos de las minorías étnicas, el derecho al voto para las mujeres, el Tratado de Libre Comercio, el sistema de pesos y medidas, y decenas de iniciativas más, siempre ocupamos un sitio preocupante.

Surge un nuevo proyecto, repasemos las frases más escuchadas: “Es una locura”; “No se acostumbra”; “No te arriesgues”; “Nadie lo ha hecho antes”; “No va a funcionar”; “No tenemos personal”; “No entra en el presupuesto…”; “¿Y eso qué tiene de nuevo?”;  “Va a costar una fortuna”; “No es necesario en este momento”; “No estamos preparados”; “Esa idea ya se probó en otro país y fue un fracaso”; “Los jefes no lo van a aceptar”; “El manual no lo menciona; “La ley no lo permite; “Una sola golondrina no hace verano”; “Hace falta primero que…”; “Dedícate a vivir sin problemas”;  “No levantes olas”;  “Este país no lo compone nadie”.

“Cuesta un ojo de la cara”; “No se puede”; “Es gastar pólvora en gallinazos”; “Vamos a crear una comisión”; “Nombraremos una comisión de garantes”; “Necesitamos algo menos atrevido”; “Nos acusarán de insubordinados”; “No es tu problema”; “Eso lo tiene que atender otro departamento”; “¿Se le habrá ocurrido algo así a la competencia?”; “Demasiado simple para ser bueno”; “Jamás encontrarás patrocinadores”; “Seamos realistas…”

“Hace falta (a, b, o c)”; “Se reirán de nosotros”; “Mejor espero a que otro lo proponga”; “¿Y tú crees que los clientes pagarán?”;  “Eso es una locura”; “Somos un país pobre”; “No podemos darnos el lujo de fracasar”;   “Eso no es rentable”; “Tiene más desventajas que ventajas”;   “¿Tú piensas vivir de eso? ”

“¿Cómo reaccionará la competencia?”; “Estoy muy viejo para eso”; “Quedaré como un tonto si fracaso”;  “Es como arar en el mar”; “¿Estamos realmente listos para esa idea/ propuesta?”

Y, finalmente, no puedo dejar de mencionar los saludos de “casi todos los panameños” que son el equivalente a vernos siempre en letras minúsculas, en blanco y negro, una especie de “síndrome del padrino” para que otros nos solucionen los problemas .

Recordemos: “Bueno… aquí en la lucha”; “Bien, por lo conforme”;   “Medio medio… “Llegando a real”;   “Aquí como cuando tú eras pobre”;   “Tratando;   “Me queda sólo un año para jubilarme”;   “Esperando a que baje la marea”.

“Estás más delgada”; “Viendo los toros desde la barrera”; “Sobreviviendo”; “Aquí… respirando”. En fin… la lista es larga y penosa.

Urge, entonces, la necesidad de promover una cultura del optimismo, de la innovación, del pensamiento crítico, de un sistema familiar y educativo que inicie y se comprometa a modificar las estructuras arcaicas que nos colocan en el último vagón de la historia. Sólo así comenzaremos a vencer el miedo a aprender a emprender.

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Publicado  el   21  de  enero  de 2010  en   el  Diario  La  Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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