Dolor, vergüenza y desafío

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La opinión del Ex Banquero….

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Luis H. Moreno Jr.

Bajo este título podrían escribirse diferentes temas de actualidad nacional: justicia, delincuencia, seguridad pública, salud, transporte, morosidad.  Me refiero, en esta ocasión, al agudo problema que, desde hace ya varios años, confronta la excepcional región occidental chiricana, especialmente los distritos de Barú y Alanje, sede de la, en otros tiempos, pujante industria bananera, hoy paralizada por su peor crisis con los consabidos efectos económicos y sociales.   Y lo hago con el sincero sentimiento de chiricano de corazón, que conoce el área y la altiva población que la ocupa.

Las noticias no pueden ser más dolorosas: desempleo que humilla hasta el hambre a muchos de los tres mil trabajadores y familias que piden ayuda estatal, niños que padecen enfermedades letales, desnutrición, ausencia de electricidad, de agua potable, de servicios de salud y educación, alta tasa de deserción escolar, penurias y dependencia de exiguos recursos gubernamentales para cubrir necesidades básicas.

En fin, una situación de indignidad que no alcanza a cubrir el orgullo en que los embarcaron hábiles políticos e ideólogos trasnochados.  Porque durante los tiempos de la “frutera”, de “mamita yunai”, sin dejar de ser panameños dignos y honestos, pudieron atender y educar varias generaciones que hoy prestan sus servicios al país como profesionales distinguidos de la medicina, del derecho, de la ingeniería, del comercio, de las ciencias y las artes.

Tal como lo hicieron otras empresas extranjeras. Como lo hizo, por más de 80 años, un amplio grupo de panameños responsables, leales y esforzados, a través de los recursos, la tecnología y la cultura ética de un Chase Manhattan Bank, para servir al financiamiento de la inversión y el ingenio empresarial del panameño. Ese, que fue una escuela de trabajo y de reconocimiento, no encontró en ninguno de sus empleados dobleces de ninguna naturaleza, ni merma de su orgullo panameño. Y hay gratitud de parte de todos.

En ninguna forma tratan estas líneas de soslayar o desconocer los abusos cometidos por la United Fruit, por la Chiquita Banana, sus nefastas ingerencias en la política local, y los daños causados por peligrosos métodos de cultivos. Pero bien sabidas son las componendas, los contubernios facilitados por intereses inconfesos de los propios nacionales. Tal como, en muchas formas, fue la indignidad y la sumisión de panameños, la causa de la pérdida del respeto y la consideración de autoridades y empresarios extranjeros.

Pero eso no ocurrió en la mayoría de las empresas que enhorabuena se establecieron en nuestro medio. Hoy, el sufrido trabajador que no encuentra solución, y ni siquiera alivio a sus penurias de parte del Estado, tampoco puede buscarla en los líderes políticos y sindicales que plantaron infundados resentimientos estériles en su ignorancia, e ideologías que han fracasado en su intento de reivindicación social.

La vergüenza es que en Barú y Alanje, en unas de las mejores tierras del mundo, como se afirma, desde la década de 1920, en el sabio y documentado Informe Roberts –el más completo estudio y análisis económico del Istmo– en esos ubérrimos suelos hay tal grado de desnutrición que por su causa mueren niños y enferman adultos.

Me imagino lo que podrían producir otros pueblos en estos lares; lo que podríamos exportar nosotros, como nos exportan, de lugares menos afortunados, mangos y otros productos que aquí se pierden y que pagamos a precios vergonzosos para nuestra capacidad, facilidad y esfuerzo.

El Gobierno tiene la obligación de apoyar e incentivar al humilde productor, hacer efectiva y accesible la tecnología, asegurarle crédito supervisado, ordenar las reglas y las condiciones justas para la comercialización sin intenciones ni manipulaciones políticas.   Pero el productor tiene el deber primordial de producir con eficiencia y dedicación, sustraído del paternalismo que emascula y del parasitismo que humilla.

Mientras Panamá ha perdido su producción y sus mercados, México despunta en su exportación de bananos, y Ecuador, Costa Rica y Colombia siguen asegurando divisas y bienestar para los productores chicos y grandes.

¡Ese es el desafío! El cumplimiento cada cual de su deber, la generación de la confianza a través de los valores que fortalecen, lo verdadero, lo justo, lo honesto. Esta es una labor que debe involucrar a todos: empresarios, funcionarios, organismos nacionales y locales, todos en busca de un rescate digno para el panameño humilde en necesidad; sin políticos mal intencionados ni administradores corruptos e impunes, sin acuerdos que favorezcan a empresas ni individuos por encima de lo correcto, de lo prudente, de lo legal.

Las entidades cívicas y profesionales de la región deben seguir de cerca los procesos de concesión que se plantean, y denunciar sin timidez ni conveniencias las maniobras que tarde o temprano afectarán al trabajador más de lo que hacen sus propios sindicatos, sus líderes profesionales con esquemas y consignas políticas que los someterán al infortunio.

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Publicado  el   12  de  enero  de 2010  en   el  Diario  La  Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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