Héroes de hoy día

La opinión de….

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Yolani Rognoni Arias

En días pasados no nos sorprendió escuchar advertencias sobre el 9 de enero: “no olvides comprar guaro el viernes, recuerda que el sábado no se puede”. Tras 46 años transcurridos del día en que nuestra ciudad se tiñó de sangre, es fácil olvidar qué se conmemora.  Con exagerada facilidad, olvidamos que la generación de nuestros padres y abuelos compartió una causa en común; olvidamos que el 9 de enero de 1964 el que no luchaba en una gesta desigual contra militares, el que no atendía las heridas fatales de jóvenes en edad colegial, seguía los eventos cerca de un medio de comunicación, horrorizado.

De hecho, las nuevas generaciones ni siquiera conocen lo que fue la Zona del Canal.  Peor aún, gracias a acciones de una ministra de Vivienda y de un ingeniero municipal lo que se ve hoy día en esa franja, antes prohibida, son edificios que se erigen como hongos gigantes y contrastan con esa selva cada vez más débil.

Por lo antes expuesto, es nuestro deber educar a nuestros hijos, enseñarles la historia que nuestras familias han guardado; escuchar a nuestros padres y abuelos mientras los eventos del 9 de enero aún palpiten en su memoria.  También es nuestro deber actuar como ciudadanos conscientes, porque gracias al sacrificio de algunos panameños excepcionales, tenemos derechos y deberes que en otros países no están disponibles.

Un deber de todo ciudadano es mantenerse informado, y un derecho de todo ciudadano es manifestar su opinión con libertad. Hay ciudadanos que toman estos derechos y deberes muy en serio. En estos tiempos de paz aparente en nuestro país, es importante seguir la pista a estos ciudadanos. Me refiero a los que cuestionan las acciones de quienes ejercen un poder que no les corresponde.

De hecho, no necesitamos remontarnos muy atrás en nuestra historia para encontrar un momento en que gran parte de los panameños nos unimos en otra causa común. Hace poco más de 20 años no vacilábamos en vestirnos de blanco –como los santeros del Man– y tocar pitos, pailas y pañuelos hasta que los pitufos nos dispersaran.

Admito que la causa era más extrema y las acciones del Man aparentaban ser más escandalosas que lo que ventila en los medios de comunicación hoy día. Sin embargo, ahora se presentan situaciones que no tienen ni pie ni cabeza. Para muestra un botón: un funcionario acusado de solicitar y recibir dinero como soborno pone en peligro el puesto de la procuradora de nuestra Nación.

Quisiera pensar que no es necesario que nuestro país sufra una dictadura para que seamos capaces de tomar las calles y manifestar nuestro desacuerdo con lo que acontece. Estoy casi segura de que no es necesario contar con una quinta frontera para que seamos capaces de decir “¡basta!” y abrazarnos a una causa.

Por esto nos invito a reflexionar sobre cuánto estaríamos dispuestos a sacrificar por la democracia que tanto costó a otros. Antes de apresurarnos a comprar licor para un fin de semana, preguntémonos cuánto estamos dispuestos a aportar en honor a una causa.

Hay ciudadanos, entidades y organizaciones que se dedican en cuerpo y alma a resaltar aquello que las autoridades hacen incorrectamente. Estos ciudadanos, entidades y organizaciones también tienen la disposición para dialogar con las autoridades y darles a conocer alternativas, pero a menudo sus palabras caen en oídos sordos. Si nosotros estuviéramos dispuestos a sacrificar un poco de nuestro tiempo podríamos respaldar su causa.

Por esto nos exhorto a saber de antemano qué causa amerita nuestro tiempo: la destrucción de nuestro medio ambiente, el desorden arquitectónico, el abuso de poder, la violencia descontrolada, la mala distribución de la riqueza, la mala administración estatal, la corrupción, el desorden vial, la violencia familiar, todas las anteriores… Las causas están presentes, los héroes están listos, ¿estamos dispuestos nosotros?

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Publicado  el   11  de  enero  de 2010  en   el  Diario  La  Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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