Coppola, el Tigre y 2012

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La opinión del Profesor de Filosofía….

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Charlie Del Cid

La familia es más valiosa que todo. En una frase que me pareció lapidaria, más o menos eso decía el director de cine Francis Ford Coppola. Algo así como que él no dirigía por gloria o dinero; sería capaz de dejar el cine por su familia. “Picasso era un gran artista, pero un pésimo esposo y padre de familia; yo prefiero ser un tipo sencillo…” Qué frase tan verdadera, lástima que el mundo de hoy no valore eso.

En nuestra cultura postmoderna, la vida familiar no pesa tanto como el éxito, la fama, los triunfos. Para los esquemas del mundo lo que cuenta son tus ejecutorias, tus premios, los óscares, grammys, etc.   La familia es algo privado que no tiene tanto peso.  El asunto es que cuando la familia falla, la persona, el ser humano, tiene muchas probabilidades de ser inestable y tener una vida problemática.

La familia es lo más grande que tenemos. De qué valen nuestros diplomas, doctorados, cuentas bancarias si nuestra familia está destruida. El caso de Tiger Woods es ejemplar. ¿Podrá levantarse de esta situación? La debilidad lo llevó a destruir su familia. Claro que todos merecemos una oportunidad y no pocas veces muchas oportunidades. Seguro la vida se la dará. Para él ha llegado el Apocalipsis; por cierto Coppola dirigió una película llamada así.   Para el Tigre del Golf llegó el 2012 antes de tiempo.

Cuidar una familia es un arte. Hoy los padres de familia dormimos, mientras los enemigos de la familia, así como el Herodes bíblico, acaban con nuestros hijos.   Sin duda que hay que sacrificar algunas cosas para poder salvar la familia. En un libro que leí hace años saqué una frase memorable: “Para decirle sí a algo o a alguien, tienes que decirle no a otras cosas u otras personas”.

Para tener tiempo para nuestros hijos y parejas, tendremos que decirle no a otras cosas que tal vez son buenas, pero no son prioritarias. Ya dice el refrán:”Lo bueno es enemigo de lo mejor”. Es bueno ver tele, es bueno ver los deportes, ir a los conciertos, ir a las rumbas, pero lo mejor es ir en familia y con nuestra familia.

Hace unos años un amigo decía que el no podía salir a pasear sin sus hijos y su esposa. ¿Cuántos de nosotros pensamos como él? Este domingo que acaba de pasar era la Solemnidad de la Sagrada Familia. En un mensaje a la humanidad el Papa decía: la familia “es el camino seguro para encontrar y conocer a Dios”. En un mundo que se olvida de Dios cuán verdadera es esa invitación. Ya decía el padre Peyton: “La familia que reza unida, permanece unida.”

Salvemos nuestras familias del Apocalipsis, que no llegará en el 2012, sino que está en el bombardeo que recibimos a diario. La iglesia doméstica es más importante que cualquier éxito humano. Parodiando al Maestro diríamos: De qué le sirve al hombre ganar el mundo, si pierde su familia.

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Publicado en  1 de enero de 2010  en el diario El Panamá America, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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No es la riqueza de pocos, sino la pobreza de muchos

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La opinión del Empresario…..

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John A. Bennett Novey

Algunos piensan que la acumulación de ingresos y riquezas en manos de pocos es la madre de los males sociales, ¿será cierto?  ¿Acaso en un equipo de fútbol lo bien que juegan unos cuantos es perjudicial para el equipo?  Pensar que todos los integrantes de un equipo o comunidad puedan ser extraordinarios en lo que hacen es utópico.   Si un equipo estuviese constituido por dioses, por supuesto que sería el mejor, pero el gran reto de este mundo es hacer cosas extraordinarias con gente ordinaria.

Es menester diferenciar entre ingresos y riquezas mal habidas y bien habidas. El problema existe cuando el sistema político es tan corrupto y disfuncional que se promueven y facilitan las riquezas mal habidas, y esa es nuestra realidad.  No hay más que fijarse en nuestro inmenso sector informal para percatarnos de que algo lo favorece esa situación; se llama pobreza por decreto.

Los sistemas políticos se corrompen cuando los ciudadanos no entienden cuál es el verdadero rol del gobierno. Analógicamente vemos que un vaso de cristal no sirve como martillo y un gobierno no está para la mayoría de las tareas que le hemos delegado.  Nuestros gobernantes, a través del tiempo, se han adjudicado funciones que nos son propias de una entidad gubernamental. A esto se le conoce como corrupción institucionalizada; es decir, cuando las instituciones de gobierno no tienen el menor chance de lograr buenos cometidos porque parten de premisas descarriadas.

Por ejemplo, Martín Torrijos, en su discurso inaugural dijo que iba a eliminar la pobreza, denotando así su inmensa ignorancia de la tarea que le había sido encargada. No lo elegimos para eliminar la pobreza, sino la corrupción. Los ciudadanos son capaces de salir de la pobreza por cuenta propia, una vez que se les quita de encima el abrumador fardo de la corrupción institucionalizada.

Si para personas nacidas en cuna de oro no es fácil triunfar en los negocios, y de ello abundan los ejemplos, ¿qué será para los nacidos en desventaja, que no sólo tienen que superar las barreras de su situación social y cultural, sino también las casi infranqueables barreras impuestas por el Estado?

Los servicios públicos juegan un rol de desarrollo social siempre que dichos servicios sean propios de la función centralizada estatal; y a decir verdad, son pocos o inexistentes los servicios públicos que no puedan ser desempeñados por la misma población.

Son los pueblos estropeados por la ineficiencia del  gobierno, que de tanto abarcar, ya no aprieta nada, los que se vuelven dependientes de las migajas que derraman sus políticos de la mesa del banquete  provisto con el erario público. Y, tristemente, demasiados son los políticos corruptos que, de forma consciente o no, se constituyen en defensores del statu quo.

La riqueza bien habida debe ser un ejemplo y no un estigma y nada de bueno saldrá de ir por allí maldiciendo lo exitoso y ensalzando fracasos.

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Publicado en 1  de enero  de 2010  en el diario La Prensa a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

¿Cuánto gobierno?

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La opinión del empresario….

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JOHN  A.  BENNETT  N.

El asunto no es si necesitamos gobierno, sino cuánto, y la respuesta es vital, pues una vez que sobrepasamos el punto de caramelo el gobierno se convierte en una inmensa maquinaria productora de pobreza.

Pero para poder abordar el cuánto, es imprescindible saber el “para qué”; es decir, ¿cuál es la función de gobierno?

En reciente entrevista por Flor Mizrachi al presidente de la Asamblea, José Varela, este manifestó que ese órgano podría trabajar con la mitad de la gente. ¿No será lo mismo para el resto del gobierno?

La discusión de para qué y cuánto no es cosa nueva y ya en la China en la era de Confucio, 551-479 AC, el debate era acalorado. Confucio, cuyo nombre era Ch”iu Chung-ni, era un erudito de una familia aristocrática empobrecida de la dinastía Yin y llegó a ser algo así como el procurador del Estado de Sung. En esos tiempos existían tres corrientes de ideología política: los legalistas, taoístas y los confucianos. Los legalistas abogaban por mucho gobierno y poder; los taoístas creían en la libertad individual; y los confucianos eran como los partidos políticos nuestros; es decir, ni chicha, ni limonada, sino buco chirrisco.

Lao Tzu era amigo de Confucio, aunque este último era legalista. Para Tzu la felicidad dependía de la persona y no del Estado; siendo el individuo la clave de todo ello, porque la intrusión excesiva del gobierno obstaculizaba la creatividad de los ciudadanos. Tzu proclamaba que cuando una institución no servía su propósito, esta debería simplemente clausurarse; algo así como lo que debemos hacer con muchas instituciones en el país. Tzu señalaba que las leyes y regulaciones de su gobierno superaban los pelos en un tigre y que eran mucho más peligrosas que el tigre. Y es que en la medida en que el gobierno hace, los ciudadanos dejan de hacer.

No existe mayor testimonio de las realidades señaladas, que el inmenso tamaño de nuestra economía informal; esa que existe en proporción directa y opuesta al tamaño del Estado.

¿Queremos disminuir la corrupción estatal?, disminuyamos el tamaño del gobierno y mejoremos la policía y el sistema de justicia; porque, de acuerdo con nuestra Constitución, para eso es el gobierno y no para repartir juguetes o inundarnos en un mar de leyes locas.

Típicamente los monopolios son malos, sean privados o de gobierno, salvo que los privados no prosperan en una sociedad verdaderamente libre con un buen sistema de justicia. Los monopolios desincentivan la iniciativa ciudadana y degradan la calidad de los servicios, tal como lo vemos con la recolección de la basura.

En fin, decidir cuál debe ser el tamaño de un gobierno no es tan difícil, al menos en teoría, porque es igual que decidir de qué tamaño debe ser el yugo del buey; la respuesta debe ser obvia: lo menos pesado posible de manera que el buey pueda trabajar sin tanto peso inútil encima.

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Publicado en  1 de enero  de 2010 en el diario La Estrella de Panamá a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Catarsis

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La opinión del Abogado y Docente Universitario…..

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Silvio Guerra Morales

Se ha anunciado que el Canal de Panamá, para el próximo año, no registrará crecimiento alguno en sus ingresos –cuestión que deviene en peligrosa para la economía del país siendo que muchos sectores y comunidades se ven beneficiados con los planes y programas de desarrollo social merced a las ganancias que reflejan dichos ingresos-;

los vaticinios respecto a una terrible sequía que se nos avecina tras un niño malcriado que piensa hacer desbarajustes en el arco chato del país y con ello una agricultura y una ganadería que padecerán sus inclemencias sin descontar los sufrimientos que cause a la población en general;

los dueños del petróleo, al parecer, quieren atosigarnos, una vez más, con amenazas de incremento del precio en el barril del crudo;

se nos ha dicho también que la energía eléctrica, el costo o consumo, aumentará;

la delincuencia, por otra parte, en nuestro país, sigue haciendo de las suyas sin respetar ley ni autoridad, vida ni valor alguno;

la educación de nuestra juventudes, penosamente, sigue sin rumbo fijo y sin proyecciones filosóficas, pragmáticas ni ideológicas –carente de método y de metas-;

la inseguridad ciudadana ha hecho presa a toda una población, que como ya lo hemos escrito anteriormente, vive con inmersa en el miedo;

la salud de la población, en pañales, y ahora nos dicen que no hay médicos suficientes para atender a la población usuaria del seguro social, entre tanto el dengue y cuantos enfermedades virales existen, siguen haciendo presa fácil a niños, ancianos, en fin, a una sociedad potencialmente enferma.

¿Qué decir de la justicia civil, administrativa y penal? Bueno, las falencias del sistema se siguen dando y con ellas una sociedad cuyo credo en la justicia es “no creo”; los proyectos de infraestructuras aún no arrancan “en vivo”, o para mejor decir “”ver para creer”; los índices de pobreza extrema en Panamá siguen incrementándose y son altamente alarmantes; la gente del agro no sabe qué pasará con ellos en medio de diatribas que manejan un lenguaje que va desde “insumos”, “aranceles”, “costos de adquisición, de producción “ cero ganancias”, sin descontar los grandes endeudamientos con la banca local; los salarios ni los sueldos de nuestra pobre gente pobre resuelven nada y tampoco resolverán frente a un panorama tétricamente empobrecedor que se nos viene encima, puesto que estamos sometidos, como país de tránsito y de economía de mercados abiertos, a los vaivenes internos y externos de la globalización.

¿Qué respuestas concretas le daremos a nuestro pueblo frente a estos avatares?

Lejos de las pugnas internas entre partidos políticos, lejos de las mezquindades personales; lejos de las venganzas y de las revenganzas; lejos de egoísmos y de toda mojigatería, creo firmemente, que debemos pensar un poquito más en Panamá.

El odio y el vilipendio, al parecer, tras nuestra pequeña estatura espiritual, nos están ganando la batalla.   Al final de cuentas, la pobreza y la destrucción moral de la Patria, no hacen distinciones de blancos ni de cholos, de feos ni de bonitos, de altos ni de bajos, menos entre ricos y pobres. Pido a Dios, sinceramente, bendiga a la nación en el nuevo año.

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Publicado en  1 de enero de 2010  en el diario El Panamá America, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Batallas por la memoria…

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La opinión de….

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Gilberto Marulanda

Durante las últimas décadas, se ha desarrollado el interés por el estudio de la memoria y sus representaciones. Acercándonos, de esta forma, a las maneras como las colectividades entienden su pasado y los problemas derivados del uso de esas memorias colectivas por los distintos grupos sociales, ya sea en procesos identitarios, de cohesión, forma de dominación o de resistencia ante hegemonías.

Aunque no existe una definición universal, podemos entender el concepto de memoria como la manera en que se recuerda, significa y resignifica el pasado en el presente. En esta dirección, Elisabeth Jelin en su escrito: Historia, memoria social y testimonio o legitimidad de la palabra, plantea que “los acontecimientos del pasado tienen sentidos y significados diversos para distintos grupos sociales en las sociedades que están saliendo de periodos de violencia y sufrimiento, y que las memorias del pasado están sujetas a conflictos entre interpretaciones rivales”.

Ejemplos de estas rivalidades, las observamos con claridad en la “teorías de los dos demonios” en Argentina, la cual caracterizó el genocidio vivido en este país en la década de 1970 como resultado del enfrentamiento entre dos fuerzas extremistas –terroristas de izquierda y derecha– eximiendo al Estado de su responsabilidad frente a los crímenes de lesa humanidad. También en las evidencias presentadas por el historiador estadounidense Steve J. Stern sobre las memorias de la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, en donde quedó expuesta la hegemonía de las memorias de los vencedores y su declive tras la democratización del país a fines de la década de 1990.

Este hecho –denominado por Alexandra Barahona de Brito, Paloma Aguilar y otras autoras– como transición por ruptura, dio más fuerza a la memoria de salvación –liberación de la invasión, desplazada paulatinamente, por la memoria del olvido, convertida en política de la memoria por las élites políticas panameñas desde el Estado. La ausencia de actos oficiales, monumentos, conmemoraciones, la descalificación y desconocimiento de las víctimas, en fin, el ocultamiento de la verdad es piedra angular que valida esta afirmación. Las memorias, subalternas a las antes señaladas son: La memoria por la verdad y reivindicación de las víctimas y la memoria de añoranza del régimen anterior.

La primera es propiedad de las organizaciones sociales, intelectuales y sectores de víctimas. Exige que el 20 de diciembre sea declarado día de duelo nacional y una prolija investigación de lo acontecido. Se esfuerza por establecer “lugares de la memoria”, aunque no reivindican específicos héroes, sí hablan de los mártires de la invasión.

La memoria de añoranza del régimen anterior, es representada por medio de canciones, refranes e imágenes de Manuel Antonio Noriega.  No es extraño escuchar en las calles las virtudes de la “mano dura del general”, sinónimo, en este caso, de orden y disciplina frente a la criminalidad reinante y los abusos derivados de la liberalización de la economía post invasión. Los portadores de esta memoria son grupos sociales excluidos del goce de vivir en democracia e igualmente sectores de las víctimas marginalizadas.

El estudio de estas memorias se encuentra en su etapa inicial.   Lo cierto es que la batalla continúa.  Y tras 20 años de lo sucedido, vemos cómo la memoria de la verdad gana terreno en diversos espacios institucionales y de la sociedad civil; pero también la memoria de la añoranza del régimen anterior frente al evidente fracaso de las élites políticas y grupos de poder económicos en compartir los beneficios materiales de la democracia.

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Publicado en 1  de enero  de 2010  en el diario La Prensa a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Testimonio para salvar vidas

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La opinión de la Jueza Undécima de Circuito de lo Civil del Primer Circuito Judicial de Panamá…..

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MARÍA LETICIA CEDEÑO SUIRA

Hace cinco años, Dios me dio la oportunidad de reiniciar mi vida. Una mañana palpé en mi busto una bolita de la cual no me había percatado anteriormente. Sin pensarlo, me comuniqué con mi médico de cabecera a quien le informé de mi hallazgo. Esa misma noche me examinó y tomó una muestra, recomendándome ir con un especialista. Allí comienza mi caminar con esta enfermedad. Luego de conocer el resultado positivo, pasé a cirugía para remover el tumor y someterme a los tratamientos, uno de los cuales aún continúa.

Demás está decir que para ese momento pasaba por la peor crisis de mi vida;  hacían escasos tres meses de la separación de quien fue mi esposo por más de 17 años. Encontrarme con un diagnóstico de cáncer fue devastador, pero, considero que, aún con los malestares y temores propios de la enfermedad, mi vida cambió para bien.

No niego que al principio fue muy difícil, especialmente en buscar la forma más sencilla de informarle a mis hijos. Dios me dio la fuerza necesaria para hacerlo;  Él siempre ha estado y estará a mi lado.

Han sido años llenos de días difíciles, de incertidumbre, malestares, tanto físicos como emocionales, pero también muy hermosos; con grandes enseñanzas. Éstas me han enriquecido, han hecho que aprenda a ver la vida y a las personas de otra forma, a no preocuparme innecesariamente por cualquier cosa o lo que sucederá mañana.

En ese camino me he topado con una gran cantidad de ángeles que, sin interés, se sumaron al nuevo recorrido de mi vida; muchos de ellos cumplieron su misión y siguieron adelante, otros, aún permanecen cerca de mí, siempre atentos a apoyarme en mis momentos de debilidad.

Cierto es que cuando te notifican que tienes cáncer todo tu mundo se vuelve oscuro y piensas que no podrás continuar adelante; surgen interrogantes, en especial, si tienes hijos. “ ¿Qué pasará con ellos si muero? ”, “ ¿cómo haré para afrontar esta enfermedad? ”, y muchas más, sin embargo, en mi caso, así como el Todopoderoso me dio la oportunidad de darme cuenta a tiempo de que tenía cáncer, así mismo me dio valor para realizar todas aquellas acciones necesarias para atacarlo con rapidez y la fuerza necesaria para asumir cada paso y mantenerme optimista.

Él me brinda las ganas de vivir cada día como si fuese el último, rodeada de mis seres queridos entrañables que siempre me han apoyado, expresando que me siento sumamente feliz y realizada como mujer profesional, llena de fuerzas y positivismo para seguir adelante con la tarea que me ha encomendado al darme esta segunda oportunidad.

Exhorto a mis compañeras y compañeros de trabajo, y a cualquier persona que lea estas cortas líneas, a que tomen las medidas necesarias para prevenir el desarrollo de esta enfermedad; un diagnóstico temprano da la oportunidad de atacarlo a tiempo, lo que brindará la enorme posibilidad de recuperarse como lo he hecho yo a lo largo de estos cinco años, llevando una vida plena y productiva al lado de mis familiares, amigos y compañeros de muchos años.

Por último, me gustaría que cualquiera que se encuentre en una situación similar y sienta la necesidad de conversar o ser escuchada, no dude en comunicarse conmigo.   Siempre es reconfortante sentir el apoyo de otras personas que han pasado por igual situación o que estén dispuestas a escucharles y brindarles una voz de aliento en momentos difíciles.  Gracias y bendiciones para todos.

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Publicado en  1 de enero  de 2010 en el diario La Estrella de Panamá y el 7 de enero en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que le corresponde.

Si quieres promover la Paz, protege la Creación

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La opinión del  Obispo Auxiliar de Panamá y Rector de la USMA, Monseñor….
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Pablo Varela Server

La lectura del Documento que recoge “Los Acuerdos de la Concertación Nacional para el Desarrollo”, firmados el 27 de octubre 2007, muestra que la preocupación central conducente del proceso, fue y es la del desarrollo del país. Un desarrollo no sólo económico, sino un desarrollo integral del país y de todo el país; es decir, se trata de un modelo de desarrollo participativo, flexible y abierto, interconectando crecimiento y competitividad con bienestar y equidad, más todas las otras acciones confluyentes.

Al recordarlo, podemos recordar también que llevamos en Panamá prácticamente toda la década con renovada preocupación sobre el modelo de desarrollo económico que necesitamos.   El pasar el Canal Interoceánico a manos panameñas, el continuo crecimiento económico, y una mayor conciencia en toda la sociedad sobre lo intolerable de la situación de persistencia de pobreza y pobreza extrema y todas sus secuelas, han colaborado a que la preocupación llegara a consensos.

El actual Gobierno Nacional también manifiesta tener su concepción del desarrollo y su voluntad de realizar grandes inversiones en nichos bien identificados, que sean generadores de crecimiento y éste permita atacar los problemas sociales, en particular la pobreza y la exclusión.

Desarrollo, su concepción, el modelo, estas preocupaciones son las que le dan un particular interés a nosotros los panameños, la lectura y meditación del Mensaje de su santidad Benedicto XVI, para la XLIII Jornada Mundial de la Paz 2010, celebrándose este 1 de enero: “SI QUIERES PROMOVER LA PAZ, PROTEGE LA CREACIÓN” (http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/peace/documents/hf_ben-xvi_mes_20091208_x- liii-world-day-peace_sp.html).

Dice el papa: “resulta sensato hacer una revisión profunda y con visión de futuro del modelo de desarrollo, reflexionando además sobre el sentido de la economía y su finalidad, para corregir sus disfunciones y distorsiones. Lo exige el estado de salud ecológica del planeta; lo requiere también, y sobre todo, la crisis cultural y moral del hombre, cuyos síntomas son patentes desde hace tiempo en todas las partes del mundo.

La humanidad necesita una profunda renovación cultural; necesita redescubrir esos valores que constituyen el fundamento sólido sobre el cual construir un futuro mejor para todos. Las situaciones de crisis por las que está actualmente atravesando —ya sean de carácter económico, alimentario, ambiental o social— son también, en el fondo, crisis morales relacionadas entre sí. Éstas obligan a replantear el camino común de los hombres.” (n. 5)

Ya Benedicto XVI se había referido al problema en su Mensaje de enero pasado y mucho más ampliado en su reciente encíclica Caritas in veritate (cfr. n. 32 y otros). También recuerda al respecto, el pensamiento de Juan Pablo II y Pablo VI.

El papa no nos reclama que sea un contrasentido insistir en Panamá en proyectos mineros por una parte, y el ubicar una prioridad de inversiones en el turismo y turismo de calidad, por otra.   Tampoco en cuanto a energías renovables u otros puntos, nos dice sus “soluciones”.   No es su tarea.   Lo que hace es pedirnos e indicarnos el ir al fondo de las cosas; que meditemos y estemos ciertos para quién trabajamos; nuestro pueblo y su dignidad, la educación que imparten nuestras familias y los planes económicos, qué país están construyendo.   Con los pies en la tierra, con nuestras interdependencias internacionales, qué valores encierran nuestros criterios de acción.

El fundamento de la reflexión sobre ecología y desarrollo se encuentra en la concepción cristiana de la creación, nos recuerda el papa.   Decir que Dios es el creador del mundo, no es explicar el mundo, sino decir su sentido, buscar comprenderlo; confesar que, puesto que el mundo es creado por Dios, es don suyo, no puede ser malo ni fruto del azar o una equivocación.   Dios es el creador del don de la creación; pero sólo da las primicias y a nosotros nos toca desarrollar lo recibido.   El hombre es creado creador.   Esta libertad es don de Dios; no arrancado a El.   Dios no nos tiene celos; somos su gloria cuando desarrollamos nuestra corresponsabilidad en el desarrollo del bien recibido.   El hombre está en su casa en la tierra, el cosmos es su hogar.   Por esto no es indiferente que este cosmos, en lugar de ser un reloj ya regulado, sea un mundo donde la invención es la ley de su nacimiento.

Esta tierra es también morada del Logos divino.   Lo es primeramente, desde antes de la fundación del mundo (cfr Ps 77, 2).   La Sabiduría de Dios está ya « interesado » en este mundo de los hombres, en el cual ella se encuentra en su casa tanto como cuando se encuentra en Dios (cfr Pr 8, 30–31).   La tierra es también morada de Dios a título de la Creación (“Por quien todo ha sido hecho”).   La tierra es además morada de Dios a título de la Encarnación (“vino a los suyos”; plantó su tienda entre nosotros –cfr.Jn 1). La tierra es, en fin, morada de la Palabra a título de la Parusía (“Y vendrá en su gloria”).

Hay como un hermoso riesgo que Dios asume antes que nosotros. La libertad es aquí el nervio de las cosas, su razón de ser. El judeocristianismo desfataliza la historia y al mismo ser.  El medio ambiente, el ecosistema, tiene su autonomía, sus leyes, su densidad.  A los hombres, la corresponsabilidad de todos porque nuestro mundo es don para todos y no para unos a costa de otros. Continuar la construcción de un mundo más humano, con el debido respeto a la naturaleza, no es paradoja, es desarrollar ciencia y técnica éticamente, como obras humanas; es construir cohesión social y ser hacedores de paz.  Paz con las cosas, paz entre nosotros.

“No se puede pedir a los jóvenes que respeten el medio ambiente, si no se les ayuda en la familia y en la sociedad a respetarse a sí mismos: el libro de la naturaleza es único, tanto en lo que concierne al ambiente como a la ética personal, familiar y social.   Los deberes respecto al ambiente se derivan de los deberes para con la persona, considerada en sí misma y en su relación con los demás.” (n. 12).

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Publicado en  1 de enero de 2010  en el diario El Panamá America, y en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.