Cuándo y cómo se pierde la nacionalidad panameña. Ética vs. Legalidad

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La opinión del economista…..

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FRANCISCO  BUSTAMANTE

La constitución de 1946 establece en su artículo 15 las causales para la pérdida de la nacionalidad.  Entre las causales establecidas se encuentra como renuncia tácita, (a) cuando se adquiere la nacionalidad de un estado extranjero, (b) cuando se acepta empleo de otro gobierno sin permiso del Ejecutivo, salvo que el empleo sea para trabajar en una obra en la cual la República tenga interés conjunto con la otra nación, (c) cuando el nacional entra al servicio de un estado enemigo.

Ya la constitución que impulsaron los militares en 1972  trata este mismo tema de la siguiente manera: La nacionalidad panameña adquirida o por nacimiento no se pierde, pero la renuncia expresa o tácita de ella suspenderá la misma y añade una explicación sobre qué es…la renuncia tácita, cuando se adquiere otra nacionalidad o se entra al servicio de un estado enemigo. Es decir, la norma modificada en la  constitución de 1972 elimina el servir a otro estado, sin permiso del Ejecutivo.

A quienes beneficia la eliminación de esta disposición de entrar al servicio de otro estado sin permiso del gobierno panameño?  La suspicacia me hace pensar que los militares hicieron este cambio, probablemente, para cubrirse sus espaldas. Siempre se sospechó que militares panameños le servían a servicios de espionaje de otros países, lo cual se confirma con el reclamo y la aceptación de USA, de descongelarle al Sr. Noriega, fondos adquiridos como empleado, informante, sapo de la CIA.

A la luz de la constitución de 1972, no hubo delito en estos auxilios vendidos por el Sr. Noriega  a un servicio de espionaje extranjero.  (Qué espiaban los militares panameños encabezados por Noriega?   A nosotros, los ciudadanos de a pie, a los sindicatos, obreros, estudiantes, etc.).

Esto coloca otro tema: Panamá declaró el Estado de Guerra con USA, y el Presidente Bush inició una invasión a Panamá, sin autorización del Congreso. Hubo panameños que sirvieron a esa invasión de parte de un país que en ese momento actuaba como enemigo nuestro? Yo creo que sí.  Entonces, tácitamente, habrían perdido su nacionalidad. Tiene sentido que una constitución haga inocentes de traición a unos, y a héroes a otros? Obviamente no.

Pero lo que deseo resaltar, es que la ética  y la legalidad, no siempre van de la mano. Como el ejemplo citado, a veces van a contramano. Que no  me digan los políticos, amigos y defensores de Noriega  que defendían a la Patria, mientras que su líder amasó millones de dólares como empleado de los servicios de espionaje gringos.

Que no me digan los que bailaron sobre los tanques invasores, o que le sirvieron a esa invasión, que son más patriotas que los militares auto- encumbrados. La mejor prueba, es que no murió peleando ningún militar de rango superior a capitán, ni allegado a Noriega,  ni tampoco ningún civil que apareciera públicamente al lado de los soldados americanos bailando y festejando el triunfo.

Sólo murieron los hombres y mujeres humildes de este pueblo. Sea porque enfrentaron en defensa propia a las tropas invasoras, sea porque quedaron atrapados en medio del fuego enemigo.  Paz a sus tumbas, y que la Patria recuerde que fueron testigos de la última invasión que hemos tenido, hasta ahora, para defender los Tratados Torrijos Carter entre otras floridas palabras,  como dijo el Presidente Bush.

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Artículo enviado  para su publicación el 19 de diciembre de 2009 por el autor a quien damos todo el crédito que le corresponde.

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Hambre en el mundo

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La opinión de…..

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Johnny Sáurez Sandi

Es aterradora la cifra, para el año 2009 que está por terminar, ya son más de mil millones de personas las que sufren hambre en el mundo cada día. En pleno siglo XXI, cuando hacemos alarde de las exploraciones interplanetarias, las clonaciones o la localización de agua en la Luna, aún no hemos encontrado, aquí en el planeta verde, la manera de proveer de alimento a una sexta parte de nuestros congéneres.

El 16 de noviembre pasado, se dio inicio a la Cumbre Mundial sobre la Seguridad Alimentaria que pretendía, una vez más, buscar fórmulas eficaces en la lucha contra el hambre y contra la desnutrición que afecta, según cifras de la Organización de las Naciones Unidas para Agricultura y la Alimentación (FAO), a más de mil 20 millones de personas alrededor del mundo.

El objetivo primordial de estas reuniones es buscar la forma de reducir, de aquí al año 2015, a la mitad el número de seres humanos hambrientos del planeta.

Sesenta jefes de Estado y de Gobierno, representantes de países ricos y pobres, altos funcionarios de organismos internacionales y de la sociedad civil (ONG) estuvieron presentes en dicha cumbre, tratando de encontrar fórmulas para llevar pan a la mesa de millones de seres humanos desposeídos y marginados de la riqueza mundial (es preciso anotar y preguntarse por qué, algunos gobernantes de los estados más solventes, no participaron en esta importante cita).

Paradójicamente, los fondos que se logran reunir para enfrentar la epidemia del hambre son exiguos, en comparación con las inversiones destinadas a la promoción y producción de armamentos que hacen los países poderosos, y los despilfarros que hacen en la compra de esos letales productos, aquellos países pobres y paupérrimos, que muestran escalofriantes cifras de hambre y de desnutrición en sus poblaciones.

En el año 2008, el gasto militar mundial se elevó a la astronómica suma de mil 464 billones de dólares, lo que significa un equivalente a 217 dólares anuales por cada habitante del planeta.

También en el mismo año 2008, los países de América Latina se dieron el lujo de malgastar más de 34 mil millones de dólares, según informes recientes del Instituto de Investigación para la Paz localizado en Estocolmo. En estas condiciones, no es de extrañarse que el efecto espiral que deriva de la carrera armamentista sea hoy más que evidente en nuestro continente.

El mundo de nuestros días necesita de más tractores, de más tecnología agrícola para la producción intensiva de comida, necesita de más humanidad, de más misericordia y menos tanques, menos aviones y cero AK–47, armas que solo sirven para matar hombres, mujeres y niños.

El mea culpa de los estados al participar en estas reuniones anuales, muchas veces sin resultados viables, es muy poco lo que en la práctica le ha generado a esta parte de la humanidad, tan necesitada de pan y no solo de pan.

Desafortunadamente, al concluir en cónclave de la FAO de Roma, sigue reinando el hambre. Las causas pueden ser muchas, la estructura de la agricultura de muchos países pobres, la indiferencia de los países ricos, los subsidios agrícolas de los más adelantados, la crisis actual, etc. Sea lo que sea, no se divisa una solución o amago de solución en el horizonte.

La humanidad, y sus líderes, si son efectivamente racionales y creen en su supervivencia, no podrán pretender seguir en su camino hacia el futuro, con la conciencia tranquila, si una descomunal cantidad de sus miembros no tiene acceso a uno de los mínimos, como es la alimentación. Además, si comer y beber son para el ser humano asuntos prioritarios y no los puede satisfacer, ¿qué podemos decir de la educación, de la salud, de la vivienda digna, del esparcimiento?

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Publicado en 31  de diciembre de 2009 en el diario La Prensa a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Una decisión justa (I)

La opinión de la Ex Parlamentaria…..

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GLORIA YOUNG

Hace varios años atrás, acompañé a Haydée Milanés de Lay a su primera audiencia en el Tribunal Electoral.  La acusaba el entonces fiscal electoral, Gerardo Solís, de una de las tantas acusaciones que le hizo por varios años sostenidos.  Me senté en primera fila junto a Haydée, y vi pasar testigos a favor y en contra.  La única diferencia ostensible entre ellos, fue que unos no se atrevían a mirar de frente a nadie, hablaban con un silbido tímido y otros, tenían una mirada transparente, actuaban con mucha naturalidad y terminaban siempre agradeciendo a Haydée su calidad humana.

No veían cómo podían condenar a Haydée de los absurdos de los que la acusaban. Absurdos, porque todo el engranaje estaba sostenido en actuaciones plenamente legales para un legislador o legisladora de la República.   Siempre habíamos procurado fondos de una institución o de otra, para que los gobiernos locales realizasen obras sociales. Y siempre habíamos acudido al IFARHU para que le diesen becas a niños y niñas de comprobados escasos recursos.   Y justamente, solicitábamos a las juntas locales que administrasen esas becas.

Yo le preguntaba a Haydée ese día: “ ¿Hasta dónde van a llegar? Esto no tiene pie ni cabeza ”. Haydée con ese estoicismo que la caracteriza, me respondía: “ Hasta donde la venganza de mi adversaria los lleve.  Pero estaré allí esperándolos y no me podrán doblegar ”.

Y así fue. La hicieron más fuerte de lo que es; la llenaron de la energía de la que están hechos los sobrevivientes. Y Haydée es una sobreviviente. Sobrevivió a la muerte de un hijo de 18 años; en la flor de la vida.   Un hijo bueno, sencillo, humilde, que se daba a los demás desde muy joven. Con un carisma que heredó de la madre. Sobrevivió a la exclusión histórica de la mujer negra, darienita, sin padrinazgos políticos.

Sobrevivió a sus soledades personales, clásicas soledades de la esposa de un gallero empedernido. Sobrevivió a sus inseguridades, a los desafíos que el destino le impuso; sobrevivió a ser una apátrida.

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Publicado en 31 de diciembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá a quien damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que le corresponde.

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Popurrí de Navidad para el Presidente

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La opinión del Economista, Educador y Humanista….

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Victoriano Rodríguez S.

Hemos escrito que el problema de la Caja de Seguro Social (CSS) es administrativo y no de los gremios profesionales (médicos, enfermeras, etc.).

La CSS mantendrá su inoperancia mientras se mantengan políticas administrativas de compadrazgos. “Te quito a ti para poner a mi compinche” con mayor salario.

La CSS mantendrá la falta de medicamentos y escasa atención a los cotizantes mientras los gobiernos conserven sus manos peludas en el andamiaje administrativo y no asuman el rol que como patronos y gobierno concierne.

Como patronos pagar al día la cuota que como empleador corresponde y como gobierno hacerse responsable por atender en centros de salud y hospitales del Ministerio a la población no cotizante (beneficiarios), o en su defecto, pagar mensualmente y al día el 2% de la cuota obrera por cada persona beneficiaria que se prevea será atendida por la CSS (ver artículo de 18 diciembre de 2004).

Hace más de diez años venimos exponiendo la situación que viven muchos “guardias de seguridad”. Son numerosas las quejas que en algunas compañías o empresas de seguridad les maltratan de palabra, los obligan a doblar o triplicar turnos, les pagan menos del salario mínimo, no les permiten vacaciones, no reportan las cuotas a la CSS (pero se las descuentan), les cobran las balas utilizadas y muchas otras injusticias, que aún cuando no son todas las empresas, pareciera que tanto la CSS como el MITRAB y otros entes gubernamentales conocen, pero miran para otro lado.

Con bochorno observamos aquello que antes del inicio de este periodo presidencial expusimos.   Algunos (as) ministros (as), directores, gerentes, etc., y algunos “dis-putados”, embriagados en esa impunidad autoproclamada, sacan a relucir el cobre. Borrachos de “ufanísimo” o como furibundos idiotizados, hacen desmanes con los recursos del Estado, nombran a parientes, amiguitos, compinches con excelsos salarios. Así, insultan a esta comunidad que creyó en el cambio positivo, el cual se vanagloriaban en defender.

Faltan muchas luchas por hacer y algunas batallas por ganar. La guerra es contra el uso indebido de fondos públicos, el enriquecimiento ilícito, el nepotismo y la corrupción.

Lo peor: que la nueva generación se acostumbre a los malos gobiernos, a pelechar, al juega vivo, a delinquir, pues “les roban los valores”. Quedan muchas dudas en el ambiente sobre la aprobación extemporánea de compromisos adquiridos, con anterioridad, por la Alcaldía de Panamá, cuando se vociferó que esos gastos los absorbería la empresa privada.

Pareciera existir contradicción para amparar astucias o metidas de pata. Nuestro pueblo, sumiso ante la esperanza de algún cambio estructural, llena su corazón de coraje; observa las inequidades y calla, pero el silencio es peligroso. Sólo nos queda suplicar:  ¡Dios te salve Panamá!

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Publicado el 17 de diciembre de 2009 en el diario El Siglo, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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Expansión del narcotráfico y crimen organizado

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La opinión de la Economista y Educadora

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Lizabeta S. de Rodríguez

Se despide el 2009. Como es tradicional finaliza el periodo escolar, inician las fiestas navideñas y las vacaciones de verano.  Pese a que este año nos ha dejado un amargo sabor, por el incremento de precios en los productos de primera necesidad, los centros comerciales están colmados de afanados consumidores que, animados por el jolgorio de las festividades, se dejan arrastrar por la cultura del consumo sin medir consecuencias.

Los tranques están a la orden del día, aún cuando el gobierno nacional, a través de la ATTT, puso en ejecución diversos operativos, como un intento por mejorar la circulación vehicular, pareciera que al mal no le encuentran el remedio. Por otro lado, las estadísticas de tránsito revelan que este año los accidentes aumentaron y con ello el índice de víctimas. La negligencia y falta de cortesía en el manejo, evidencian la necesidad de iniciar, con premura, campañas agresivas de educación vial, dejadas en el olvido.

En lo que respecta a la violencia y delincuencia, los sucesos acontecidos revelan que aumentan los actos cometidos por nacionales o extranjeros. Los raptos y hurtos a ciudadanos, indistintamente del género, edad o estatus social, no se han hecho esperar, incluso el robo a cajeros automáticos prolifera.

El tráfico de narcóticos y pandillas se diseminan, acarreando con ello una secuela de asesinatos e infortunios, que violentan la seguridad pública, crean incertidumbre y desasosiego en la ciudadanía, pese a las acciones emprendidas por las autoridades policiales para contrarrestar la ola de homicidios y transgresiones a la ley.

Lo cierto es que nuestro país sufre un cambio vertiginoso. En menos de 20 años, pasada la invasión de E.U. y desarticuladas las fuerzas de defensa, hemos pasado de una sociedad calmada a una sociedad convulsionada. Observar esta situación nos hace meditar respecto a las posibles implicaciones que ese hecho nos ha podido originar. Pareciera que la invasión provocó la pérdida de respeto a la autoridad policial y germinaron las condiciones para propiciar el surgimiento de las pandillas, expansión del narcotráfico y crimen organizado.

Esta perspectiva debe llevar a las autoridades y a la sociedad en general a una profunda reflexión. Los expertos en el tema de la delincuencia y la violencia coinciden en que estos flagelos surgen, generalmente, como consecuencia de la falta de equidad y oportunidades que afectan en alguna medida la estabilidad emocional y existencial de poblaciones marginadas.

Otro aspecto relevante es la necesidad de predicar con el ejemplo. Un alto porcentaje de la ciudadanía ha perdido la credibilidad en los órganos de gobierno producto del “juegavivo”, la corrupción e impunidad propiciada históricamente, independientemente el colectivo político en el poder.

Es preciso, ante la crisis de valores por la que atravesamos, hacer frente a la ola de delitos. Se requiere actuar con objetividad, claridad y rendición de cuentas; así como organizar acciones efectivas, oportunas, que penen la corrupción y establezcan mecanismos ágiles que permitan la aplicación de las leyes para proteger a la población.

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Publicado el 16 de diciembre de 2009 en el Diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Reflexiones sobre la justicia

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La opinión del Abogado

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ADOLFO  LINARES

Hubo un tiempo en que la justicia se administraba por la propia mano. Fue ese el tiempo de la ley del talión, es decir, del “ojo por ojo, diente por diente”.   Más tarde, a medida que los Estados se fueron consolidando, esa justicia privada fue sustituida por la jurídica.

A la tutela jurídica —como suele denominarse a la administración de justicia por el Estado— no se llegó de forma súbita. Fue necesario pasar por la época de la composición voluntaria primero y legal después.   Pero lo que interesa señalar aquí es que ese cambio no fue una concesión otorgada graciosamente a los Estados. Todo lo contrario, fue producto de un imperativo social.

La justicia por la propia mano, debido a las imperfecciones de la naturaleza humana, más que un acto reparador fue considerada instrumento de venganza.   De excesiva venganza para hablar con mayor propiedad, puesto que el daño que se le infería al agraviador en la mayoría de los casos no guardaba ninguna proporción con el perjuicio recibido. De ahí que, de más está decir, la justicia por la propia mano fue engendrando odios y rencores, que minaron la paz y la seguridad de los asociados.

Cuando los Estados tomaron para sí la función jurisdiccional, lo hicieron para garantizar la paz y la seguridad de todos.   No la paz y seguridad de un grupo por numeroso que éste fuere. Tampoco la de los fuertes y poderosos.   La paz y la seguridad basadas en la noción de justicia —entiéndase bien— fue lo que tuvieron en mira, porque, aparte de que mal se podría administrar justicia sin justicia, la justicia es algo que nos llega del Derecho natural y viene a constituir una especie de norma originaria, de dogma, de axioma.

De todo lo dicho se infiere, por tanto, que cuando los Estados asumieron la administración de justicia se comprometieron al mismo tiempo a procurar que los fallos por ellos dictados fueran justos y legales.

Un Estado que no cumple con tal compromiso; un Estado que convierte los tribunales en meros instrumentos de los intereses de grupos, no solo estaría ignorando la razón de ser de la función jurisdiccional, sino que estaría contribuyendo a que se pierda la fe en su capacidad para administrar justicia.

Y al perderse la fe, la sociedad retrocedería —como una reacción de defensa— a la época de la justicia por la propia mano, a la ley del talión, al ojo por ojo, al diente por diente; con todos los peligros que ello entraña para un país que debe vivir regulado por normas jurídicas.

Lo expuesto en los párrafos que anteceden, de conocimiento elemental para cualquier persona de cultura media, deben tenerlo siempre presente, por la paz y seguridad de todos, los que visten la toga de jueces y magistrados, así como los que aspiran a regir los destinos de una patria grande.

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Publicado en 31 de diciembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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Panamá: lo bueno, lo malo y lo feo

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La opinión de …..

Ramón Elias Arango Soberón

Como un panameño ausente por casi 10 años del país, decepcionado del pasado y del juega vivo político, profesional y cultural que padece nuestra sociedad panameña, mantenía un optimismo alto y casi ciego de regresar y ver, con mis propios ojos, al “nuevo Panamá”.

Esa ilusión de cambio que preconcebí, debido a lo que se lee a nivel internacional, no es realmente cierta.   El modernismo y avance que debería representar a un país que brinda un servicio de tránsito y turismo internacional, como lo es Panamá, dista mucho de lo que se dice y se hace.

Posiblemente tengamos lugares como la cinta costera, edificios modernos, centros comerciales, etc., pero eso no es suficiente para ser moderno y competitivo en materia de turismo y servicios.   Comenzaré con expresar lo bueno, lo malo y lo feo de nuestra Nación.   Muchas veces somos engañados o mal informados, pero como un amante a mi patria y a mis raíces, no puedo quedarme callado.

Lo feo. Tuve la oportunidad de comenzar mi entrada a Panamá por Paso Canoa en la frontera con nuestro vecino país Costa Rica.  Usted, como lector, estará de acuerdo conmigo en que las fronteras son las puertas o ventanas de cualquiera nación. Lo que vi en Paso Canoa es lamentable y triste.

Funcionarios públicos (incluyo a los de Migración, Aduanas, el Instituto Panameño de Turismo, etc.) mantienen una actitud poco profesional y poco amigable,  especialmente con los turistas que desde esa frontera desean entrar a nuestro país y de seguro con deseos de gastar dinero y fortalecer nuestra economía.

Vi a personas o “manzanillos” acechando a los turistas dizque para ayudarlos, vi a los turistas enojados y decepcionados, porque los requisitos de ingreso a Panamá, al momento de entrar, son otros.

Lamentablemente, es todo un caos. A diferencia del lado costarricense, en Panamá hay una sola ventanilla (única) para entrar.  El agregar una ventanilla que diga “nacionales” simplificaría el trámite, al menos, a los panameños se nos haría una deferencia para entrar expeditamente a nuestra patria.

También se encuentra un salón (supuestamente para la revisión del equipaje) que parece más un mercado de cualquier barrio popular. Sucio, sin atención, te hacen perder el tiempo, miran al turista o a los que entramos al país como si fuéramos delincuentes. Esos funcionarios deben aprender buenos modales, brindar respeto y atención tanto a los turistas como a los ciudadanos que retornan.

¡Atención, director de Migración, atención Sr. Presidente!

Lo malo. Cualquiera que haya tenido la oportunidad de viajar conoce que una forma fácil, rápida y segura de llevar el dinero es a través de los cheques de viajero (traveler checks).

Como oriundo de Aguadulce, pensé que en ese distrito –en su calidad de “polo industrial”–, no tendría problemas para cambiar en efectivo dichos cheques.   Mi sorpresa fue grande, porque en los seis diferentes bancos que visité, en ninguno se aceptaban los cheques de viajeros y lo peor es que no me daban ningún tipo de solución.

Pregunté en cada uno de esos bancos, qué haría un turista en mi situación, yo al menos soy panameño, pero ¿qué impresión se llevará un turista?

Acompañado de mi señora esposa, quien es canadiense, comentamos que inclusive en Haití, uno de los países más pobres de Latinoamérica y del mundo, se pueden cambiar los cheques de viajero.

En Panamá nos damos golpes de pecho y presumimos de ser modernos, pero ocurre algo como esto. No solo la ciudad capital recibe el turismo, a muchos turistas les gusta visitar los pueblos pequeños, pero exigen que les den las mínimas facilidades.   Señores gerentes generales de nuestros bancos, atención a esto, porque cierra las puertas al desarrollo del turismo y de los servicios.  Esta situación se contradice con el desarrollo que queremos. ¡Atención banqueros, atención Sr. Presidente!

Lo bueno. Finalmente, aunque admito lo malo y lo feo del país, también es motivo de orgullo haber observado estructuras nuevas, bien mantenidas, pintadas en su mayoría, mucho mejor que las de nuestro hermano país Costa Rica.  Nuestras carreteras son mucho mejores (aunque no excelentes), muestran un modernismo y crecimiento equivalente a lo que deseamos y pregonamos.

Lo que nos falta es crear conciencia del servicio al cliente, el incentivo al turismo, la información al turista en todo Panamá, la seguridad, hacerle las cosas más fáciles a cada visitante (incluyo a los nacionales y a los extranjeros).

Solamente si cambiamos de actitud, podemos hacer patria y convertir a Panamá en el país del que todos nos sintamos orgullosos.

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Publicado en 31  de diciembre de 2009 en el diario La Prensa a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.