La primera decepción del gobierno del cambio

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La opinión de…..

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Eyda Guardia Quirós

Acaba de pasar la asignación de los dos nuevos magistrados para la Corte Suprema de Justicia, hubo una comisión formal que hizo un trabajo para presentar una lista de personas que eran competentes para el cargo, sin embargo, el país entero pudo observar cómo descalificaron la opinión de la comisión y, finalmente, se dio una selección bajo otros criterios.

Más parece una burla al país, lo que causa la primera gran decepción con el gobierno del cambio; pues bien, pudo el presidente Martinelli ahorrar tiempo y esfuerzo a la comisión y a la gran cantidad de abogados aspirantes al cargo e ir directamente a la potestad que le brinda la ley para seleccionar según su criterio.

Es propio de un joven profesional querer hacer carrera en su oficio para llegar hasta los más altos cargos. Sin embargo, en el caso de los abogados, qué decepción deben haber sufrido todos aquellos con una trayectoria ejemplar dentro del sistema de justicia, que creyeron que les había llegado la oportunidad de avanzar hacia un alto cargo, tomaron un tiempo para presentar sus credenciales ante la comisión, fueron incluidos en la lista y el cargo se lo dieron a otro.

Por las referencias que se pueden leer en los periódicos, de los cuatro elegidos, el licenciado Wilfredo Sáenz es el que tiene más trayectoria dentro del Órgano Judicial, sin embargo, lo ubicaron como suplente. Además, por un canal de televisión pudimos observar que uno de los nuevos magistrados titulares es muy emotivo, pues quedó llorando ante las cámaras nada más por hacer referencia a sus orígenes familiares y profesionales, situación que nos debe preocupar pues su salud emocional puede verse afectada ante los muchos casos trágicos que seguro llegarán a su despacho.

Nos llama la atención que algunos abogados exigen que los periodistas no hagan referencia sobre la vida privada de sus colegas que aspiran a ocupar cargos públicos.   Sin embargo, creemos que quien ocupa o aspira a ocupar una posición dentro del Estado, sea en el área legislativa, judicial o ejecutiva es un funcionario público y como tal queda expuesto públicamente y cualquier mala acción en su vida privada seguro llega al conocimiento de la ciudadanía.

Por ello, la mayoría de los periodistas respetan a las familias de los funcionarios públicos, no divulgan asuntos privados como estado civil, nombres, lugares de estudio o de trabajo, dirección de las residencias, condiciones de salud y demás asuntos de índole familiar. De hecho, una vez la persona sale del cargo no vuelven a mencionar su nombre en los medios de comunicación, salvo que cometa algún delito, haga escándalos o participe de algún evento social que se hace del conocimiento público.

Es un gran absurdo que ahora nos digan que para opinar sobre decisiones que toman en el gobierno se debe pertenecer a la clase política. Porque si entendemos como clase política estar inscritos en un partido, entonces todos los independientes panameños quedamos fuera y no debimos votar por políticos en las pasadas elecciones.

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Publicado en 28 de diciembre de 2009 en el diario La Prensa a quien damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que le corresponde.

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