Yo no quiero ser magistrada

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La opinión de la Directora de la Alianza Ciudadana Pro Justicia…..

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Magaly J. Castillo

Señor presidente Ricardo Martinelli, las organizaciones agrupadas en la Alianza Ciudadana Pro Justicia iniciamos desde el año 2000 un movimiento por la reforma de la justicia en Panamá. Durante estos nueve años hemos participado activamente en las discusiones sobre los problemas de la justicia con la única finalidad de promover su reforma integral.

En mi caso, me integré como directora de la Alianza desde su creación en el año 2000 y durante todos estos años he tenido la oportunidad de conocer a personas comprometidas con un mejor país y que participan de manera desinteresada en las actividades cívicas de nuestra organización.  La mayoría de las actividades de la Alianza se realizan gracias al voluntariado de profesionales del derecho, juristas muy reconocidos y de ciudadanos que sin ser abogados participan activamente de nuestras actividades.

Una de las principales luchas de la Alianza ha sido la de impulsar un mecanismo participativo y transparente para la selección de magistrados de la Corte, como ya se ha logrado en otros países. Es por ello, que participamos en los años 2005, 2007 y ahora en 2009 en las comisiones ciudadanas para la revisión de las hojas de vida de los aspirantes. Hasta la fecha ningún miembro o directivo de la Alianza ha presentado sus hojas de vida para aspirar al cargo de magistrado de la Corte. Nuestra participación activa en estos temas se ha dado con la esperanza de que algún día en este país el nombramiento para magistrado de la Corte se realice no basándose en la vinculación política o de amistad con el Presidente sino en los méritos profesionales y su credibilidad ante la comunidad.

Presidente, yo no quiero ser magistrada, nunca he tenido esa meta en mi vida. Le aseguro que si esa hubiese sido una meta en mi vida, me hubiese especializado en una rama del derecho, hubiese escrito algunos libros sobre el tema y le hubiese dedicado parte de mi tiempo a la docencia universitaria o hubiese aceptado ser juez municipal cuando me ofrecieron este puesto en el año 1990. Mi vocación es el activismo ciudadano, la investigación y la educación ciudadana y a eso me he dedicado todos estos años.

Sin embargo, sí veo dentro y fuera del listado que revisó la Comisión Especial Evaluadora que usted creó, a funcionarios del sistema de justicia que sí han dedicado su vida a la administración de justicia o juristas que tienen un nivel sorprendente de ejecutorias profesionales, pero que no tienen la mínima posibilidad de ser nombrados magistrados de la Corte ya que se han mantenido al margen de la actividad política.

Es triste ver cómo los jueces y magistrados de los Tribunales Superiores pertenecientes a la carrera judicial solo pueden aspirar a ser suplentes de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, aun cuando se esfuercen y tengan una hoja de servicio intachable.

Es igualmente triste ver cómo abogados sobresalientes y estudiosos del derecho no pueden aspirar a ser magistrados de la Corte al menos que se decidan a apoyar la campaña de un candidato presidencial y tengan la suerte de que gane.

También es triste que más del 50% de los profesionales del derecho sean abogadas y que en la corte no vamos a tener ninguna magistrada. Es por todo esto que necesitamos un sistema de selección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia que deje a un lado el amiguismo y abra paso a la meritocracia.

Ningún miembro de la Alianza participa en la organización para conseguir favores o puestos en el sistema de justicia, lo que sí nos llenaría de mucha satisfacción es ver que algún día se nombre a funcionarios de carrera judicial con excelente evaluación del desempeño, o que se nombre a distinguidos juristas de la academia o a personas que aun sin ser conocidas por el Presidente gocen del respeto y credibilidad en la comunidad. Pero este ideal no solo lo tenemos los miembros de la Alianza sino muchas personas y organizaciones de este país.

Aunque usted y algunas personas no lo crean, en Panamá somos muchos los que queremos un mejor país con oportunidades para todos, donde los puestos públicos, incluyendo los del Órgano Judicial, no se repartan como si fuesen un botín político. Un país donde para ser magistrado no se necesite tener un padrino en algún partido político y que no se necesite ser persona de confianza del Presidente.

Sabemos que ningún sistema es perfecto, pero este que tenemos es un desastre y es autodestructivo. Destructivo porque provoca desánimo a lo interno del sistema de justicia y porque debilita lentamente la confianza ciudadana en la administración de justicia. Usted puede hacer algo para cambiar todo este panorama.

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Publicado el  22  de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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La verdadera alegría de la Navidad

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La opinión del Empresario…..
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RAFAEL CARLES
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Si usted es de esas personas que no creen en Dios o se sienten incómodas cuando le mencionan a la Virgen María o a los Santos milagrosos, entonces le recomiendo no seguir leyendo mi opinión, porque puede resultar altamente peligrosa para su corazón enfermo y malhumorado. Humildemente, hemos querido preparar este texto resultante de una reflexión sobre el verdadero sentido y significado de las fiestas de fin de año, y bajo ninguna circunstancia queremos mortificar, crear polémicas ni criticar a ninguno de los lectores o articulistas “dominicales” creyentes en otras costumbres.

Lo cierto es que hemos visto cómo las liturgias de la misas en este tiempo de Adviento nos traen la recomendación de estar siempre alegres. Y la razón fundamental de esta alegría profunda es que Dios está cerca. Les dice el Ángel a los pastores, no teman, les traigo una buena noticia, una gran alegría que es para todo el pueblo, pues ha nacido El Salvador.

La verdadera alegría es tener a Dios cerca. Después de los días de oscuridad que siguieron a La Pasión, Jesús resucitado se aparecerá a sus discípulos en diversas ocasiones. Y el Evangelio irá señalando una y otra vez que los Apóstoles se alegraron viendo al Señor. Ellos no olvidarán jamás aquellos encuentros en los que sus almas experimentaron un gozo indescriptible.

Alegraos , nos dice San Pablo. Y tenemos motivos suficientes. Dentro de pocos días llegará la Navidad, nuestra fiesta, la de los cristianos, y la de la Humanidad, que sin saberlo está buscando a Dios. Llegará la Navidad y Dios nos espera alegres, como los pastores, como los Magos, como José y María.

Nosotros podemos estar alegres si verdaderamente abrimos nuestros corazones. Cuando para encontrar la felicidad se ensayan otros caminos fuera de lo espiritual, al final solo se halla infelicidad y tristeza. La experiencia de todos los que, de una forma o de otra, volvieron la cara hacia otro lado donde no estaba Dios, ha sido siempre la misma: han comprobado que fuera de Dios no hay alegría verdadera. No puede haberla.

El cristiano debe ser un hombre esencialmente alegre, portador de una gozosa alegría que trae la justicia y la paz. Esa alegría tiene que ser profunda y capaz de subsistir en medio de las dificultades. Esa alegría debe ser compatible con el dolor, con la enfermedad, con los fracasos y las contradicciones. Tener la certeza de que Dios está cerca y quiere lo mejor para nosotros nos lleva a una confianza serena y alegre, también ante la dureza, en ocasiones, de lo inesperado. ¡Cuántas contrariedades desaparecen, cuando interiormente nos colocamos bien próximos a ese Dios nuestro, que nunca abandona!

Tendremos dificultades, como las han tenido todos los seres humanos; pero estas contrariedades –grandes o pequeñas– no nos deben quitar la alegría. La dificultad es algo ordinario con lo que debemos contar, y nuestra alegría no puede esperar épocas sin sufrimientos, sin tentaciones y sin dolor. Es más, sin los obstáculos que encontramos en nuestra vida no habría posibilidad de crecer en las virtudes.

El fundamento de nuestra alegría no se puede apoyar exclusivamente en cosas pasajeras: noticias agradables, salud, tranquilidad, abundancia de medios materiales, cosas todas buenas si no están desligadas de Dios, pero que por sí mismas son insuficientes para proporcionarnos la verdadera alegría.

Nuestra responsabilidad como cristianos es la de estar alegres siempre. Un corazón triste está a la merced de muchas tentaciones. ¡Cuántos pecados se han cometido a la sombra de la tristeza! Cuando el alma está alegre se vierte hacia fuera y es estímulo para los demás; la tristeza oscurece el ambiente y hace daño. La tristeza nace del egoísmo, de pensar en uno mismo con olvido de los demás, de la indolencia ante el trabajo y de la búsqueda de compensaciones deshonestas.

El olvido de uno mismo y el no andar excesivamente preocupados en las propias cosas es condición imprescindible para poder conocer a Dios y poder servirle. Quien anda excesivamente preocupado de sí mismo, difícilmente encontrará el gozo de la apertura hacia los demás. Y para alcanzar ese estado de plenitud espiritual debemos estar alegres. Incluso, al cumplir nuestro deberes de forma alegre hacemos bien a nuestro alrededor. Y frecuentemente, para hacer la vida más amable a los demás, basta con esas pequeñas alegrías que, aunque de poco relieve, muestran con claridad que los consideramos y apreciamos: una sonrisa, una palabra cordial, un pequeño elogio, evitar tragedias por cosas de poca importancia que debemos dejar pasar y olvidar. Así contribuimos a hacer más llevadera la vida a las personas que nos rodean. Esa es una de las grandes misiones del cristiano: llevar alegría a un mundo que está triste, porque se va alejando de Dios.

En muchas ocasiones el arroyo lleva a la fuente. Esas muestras de alegría en la vida corriente conducirán a quien nos trae habitualmente a la fuente de toda alegría verdadera: el mismo Jesús, nuestro Dios. Esperemos con alegría la Navidad y procuremos esperarla en nuestro ambiente, fomentando un clima de paz cristiana y brindando muchas pequeñas alegrías y muestras de afecto a quienes nos rodean. Hay personas que necesitan pruebas de que Jesús ha nacido en Belén, y pocas pruebas hay tan convincentes como la alegría habitual del cristiano, incluso cuando lleguen el dolor y las contradicciones.

La Navidad es una llamada a la alegría. Mucha gente quizá no vea nada cuando llegue esta fiesta, porque está ciega para lo esencial: tiene el corazón lleno de cosas materiales o de suciedad y de miseria. La tristeza y la impureza del alma son las que provocan la insensibilidad humana y nos apartan de las cosas de Dios. De un corazón alegre nace la mirada penetrante para lo divino, el arrepentimiento sincero, el conocimiento de nosotros mismos y la verdadera humildad. Pidámosle, entonces, a Dios que nos inunde siempre de esa alegría, para que sepamos celebrar en estos días y siempre, llenos de fe, la fiesta del nacimiento de Jesús.

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Publicado el 22  de diciembre en el diario  La  Estrella  de  Panamá, a  quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

¿Impunidad en el cambio?

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La opinión del Educador…..
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Pastor E. Durán E.

En el año 2,000 el Comité de Familiares de Desaparecidos de Panamá, denunció al entonces Procurador General de la Nación, José A. Sossa, como cómplice de los militares que durante la dictadura de Torrijos y Noriega desaparecieron a más de un centenar de personas, debido a que la Procuraduría no dio los pasos necesarios para hacer una investigación exhaustiva respecto a la localización de los restos de muchas de las personas que fueron asesinadas después de caer presos en manos de la Guardia Nacional (GN), o que fueron secuestradas y desaparecidas por la GN.

Durante todos estos años se ha negado el compromiso que tiene Panamá al firmar acuerdos internacionales que definen los delitos de violación a los Derechos Humanos como delitos que no admiten prescripción.

Más reciente aún tenemos:

-los casos de los familiares de las víctimas del envenenamiento con dietilenglicol y del bus incendiado en La Cresta, quienes siguen clamando justicia;

-la absolución a los miembros del SPI que golpearon a los familiares de los envenenados;

-el asesinato de la empresaria Cristina García Eleta, donde están involucrados elementos del SPI y donde desaparecieron el arma homicida;

-el asesinato del trabajador del Sindicato Único Nacional de los Trabajadores de la Construcción y Similares (SUNTRACS), Luiyi Argüelles, en Islas Viveros, donde los policías intentaron también ocultar el arma homicida;

-la muerte de los jóvenes pescadores Dagoberto y Rigoberto Pérez, donde están acusados seis agentes de la Policía Nacional (PN), que –además- intentaron plantar pruebas falsas;

-el caso de la joven Clarissa Mabelis Urriola, con tres meses de embarazo, asesinada por miembros de la Dirección de Investigación Policial en Pedregal;

-el asesinato del dirigente del SUNTRACS, Al Iromi Smith, por parte de un cabo de la PN, siguiendo órdenes de un mayor ascendido posteriormente a subcomisionado y nombrado por este Gobierno como jefe policial en Colón, provincia donde ocurrió el homicidio;

-el caso del asesinato del obrero del SUNTRACS, Osvaldo Lorenzo, ocurrido en el 2007 en el proyecto de la Autopista Panamá-Colón, donde está implicado un delincuente que parecía estar protegido por las autoridades.

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La audiencia estaba programada originalmente para el 16 de noviembre, fue pospuesta por un trámite legal y reprogramada para el 2 de diciembre; tampoco se hizo esta vez por una apelación del Ministerio Público. Se asignó nueva fecha para el 12 de enero de 2010.

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Publicado   el   22 de  diciembre  de  2009  en  el  diario  El  Panamá  América, a   quien  damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que le corresponde.

El cuestionado poder presidencial

La opinión de…..

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Querube del C. Henríquez U.
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La reciente elección de dos magistrados de nuestra más alta corporación de justicia ha sido el tema de análisis y conversación en los últimos días en casi todas las esferas sociales (excluyendo a los delincuentes, a quienes al parecer no les interesa un bledo el acontecer nacional, y prueba de ello es que no cesan las acciones delictivas).

Pero acaso sería importante, antes de emitir una opinión, informarnos sobre la naturaleza jurídica de esa facultad presidencial de escoger a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia.  Y humildemente señalo lo anterior, ya que no en pocas ocasiones he observado tanto en noticias televisivas como radiales, programas de opinión y entrevistas al panameño común, que se emiten juicios en un franco desconocimiento de la materia.

Si bien es cierto vivimos en una país soberano, donde nuestra forma de gobierno (la democracia) nos permite expresarnos libremente, no menos cierto es que emitir una opinión conlleva una responsabilidad intrínseca; en el sentido de que si conocemos del tema, debemos tratar de ser objetivos, y si lo desconocemos, procurar instruirnos antes de opinar. Señalo lo anterior a efectos de que logremos ejercer eficazmente nuestro derecho a expresarnos de forma libre y soberana.

Y al respecto del tema cuestionado en los últimos días, no hay que ser un letrado para estudiar dónde se encuentra el fundamento legal de la referida facultad.   Basta leer nuestra Constitución y así quedarán disipadas nuestras dudas. Recuerdo que un profesor de la universidad nos aconsejó que siendo la Constitución la primera ley del país, que además contenía nuestros derechos y deberes, cada panameño debía portar un ejemplar en su carro, en su maletín o en su casa. Y tenía razón, porque en ese cuerpo legal encontramos la respuesta a muchas dudas como la que actualmente asalta a muchas personas en mi Panamá.

Al respecto, recomiendo la lectura del artículo 200 de nuestra Carta Magna, el cual dispone que el Presidente de la República acordará con el Consejo de Gabinete (integrado por el vicepresidente y los ministros de Estado, designados por el Presidente), el nombramiento de los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Este y el artículo 203 (que se refiere a la ratificación de los elegidos por parte de la Asamblea Nacional) son las únicas normas que regulan la elección de los magistrados.

Tal y como está redactado el artículo 200 no hay duda de que esta facultad es meramente política, discrecional y producto del poder presidencial. Aunque se hayan hecho intentos por incluir la voz de la sociedad civil y otros estamentos gubernamentales (como lo hizo Martín Torrijos en 2004, al crear la Comisión Especial Evaluadora), ello no desnaturaliza ni resta valor a la primaria facultad presidencial, ya que es él quien al final decide.

Y es una realidad que mientras rija la actual Constitución, debemos acatarla, nos guste o no, a menos que por fin nos armemos del valor suficiente y decidamos convocar una Asamblea Constituyente para reformar ese cuerpo legal (la reforma constitucional de 2004, en su artículo 314, nos atribuyó como pueblo soberano la facultad de convocar una Asamblea Constituyente).

A diferencia de México, que exige como requisito para ser magistrado de la Corte Suprema de Justicia que el aspirante goce de buena reputación (artículo 95 de la Constitución mexicana), en Panamá dicho requisito no existe (ver artículo 204 de la Carta Magna), de forma que esa exigencia por parte de la sociedad no pasará de ser un mero clamor ciudadano, que puede o no ser tomado en cuenta por el Presidente, ya que nada lo obliga.

Si bien nuestro país en las dos últimas décadas ha alcanzado invaluables logros en materia constitucional y de democracia, tal y como está redactada la Constitución Política actual, jamás permitirá la expresión de una de las características que debe prevalecer en un estado de derecho, libre y soberano: la real y efectiva separación de los tres poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial); al final es la Asamblea Nacional a quien le corresponde ratificar o no a los magistrados elegidos por el Presidente (Art. 203 de la Constitución) y si éste cuenta con la mayoría en este órgano de poder, ya podrán imaginarse sin dificultad el final de esta historia.

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Publicado el  22  de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Caja de Seguro Social

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La opinión de la banquera jubilada….

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Lucy de Jaén

¿Cuál es la inseguridad de los jubilados al buscar sus cheques? Ninguna. Lo hemos hecho por años y el resultado ha sido seguro y viable. ¿Por qué cambiarlo ahora si hasta el presente ha dado buenos resultados?

Como banquera que fui por más de 25 años insisto que el pago a los jubilados por cheque no tiene nada de inseguridad y el que así lo estima es porque a como dé lugar quiere demostrar que está trabajando.

El que recibe el cheque, como yo, puede hacer que se le acredite a una cuenta bancaria, cuya experiencia manifestaba es notable, o ir a buscarlo personalmente como ha sido mi costumbre por años sin peligro alguno. Yo fui banquera por muchos años y sé de lo que hablo porque fue mi línea.

Yo no estoy de acuerdo con Sáez Llorens de pagar a los jubilados por tarjeta de débito a través de una cuenta que se habilitará en el Banco Nacional o en la Caja de Ahorro. Esto no tiene ampliación para el asegurado, quien ahora, puede hacer con su cheque lo que desee (por no decir otra cosa).

Él puede desafiar a ICA pero no a los jubilados. Él está entrando a la CSS pero los jubilados ya han pasado por esa etapa y sabe lo que le conviene.

Los jubilados debemos unirnos para que se nos siga pagando como se hace ahora, lo cual le da derecho al jubilado a actuar como mejor le parezca y hacer de su cheque lo que desee. ¿Cuál es la inseguridad? Con ese cheque los jubilados hacemos lo que nos da la santa gana y al banco que trabaje para nosotros.

Necesariamente no tiene que ser ni el Banco Nacional (a quien respeto) ni en la Caja de Ahorros (buen banco también).   Sáez Llorens, cualquiera diría que eres muy buen cliente del Banco Nacional o de la Caja de Ahorros.

Sé que son buenos bancos (puedo analizarlos por mi profesión de muchos años) pero así como Sáez Llorens tiene sus preferidos, nosotros, los jubilados también tenemos los nuestros.  ¿Qué es una tarjeta de debito? Prefiero mi cheque para cambiarlo donde a mí me dé la santa gana.   Sáez, desafía a ICA, no a los jubilados.

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Publicado   el   22 de  diciembre  de  2009  en  el  diario  El  Panamá  América,   a   quien  damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que le corresponde.

¿Es que no podremos cambiar?

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La opinión de…..
RAMIRO  VÁSQUEZ  CH.

No creo en la política de calle arriba y calle abajo en el manejo de los temas que son esenciales para la gobernabilidad del país. Ella retrasa la solución de los problemas fundamentales del desarrollo de una nación y somete a su pueblo, incluso a toda una generación, a pagar el precio de la frustración al no ver resueltas sus necesidades básicas. Tampoco creo en los llamados cheques en blanco que toleran los excesos y abusos de los gobernantes de turno, con la excusa de que son los costos iniciales en su curva de aprendizaje.

La designación por parte del Ejecutivo de los dos nuevos magistrados a la Corte Suprema crea un mal precedente ante la opinión pública nacional y sobre todo para la comunidad internacional, que viene exigiendo la vigencia de una política de seguridad jurídica.

Al método de selección establecido por Ley, ya de por sí ampliamente cuestionado, y que merece de una vez por todas ser modificado, se suma la designación de dos figuras públicas que han sido criticadas por los gremios “ abogadiles ”, por las organizaciones de la sociedad civil, por los principales medios de información e inclusive por un sector dirigente del actual gobierno.

Por esa cultura del miedo a las represalias, muchos de ellos han recurrido a las “ redes ” para expresar, con libertad, sus reservas y condenar, incluso, ambas designaciones del Ejecutivo.   Por lo que he leído, de ser ciertas esas acusaciones, les estamos entregando, por diez largos años, la mayoría del principal organismo de Justicia, a figuras sin representatividad profesional y con un pavoroso cuestionamiento sobre su objetividad a la hora de impartir Justicia.

Es cierto también que la práctica nos dice que cada gobernante escoge el personal vinculado de alguna manera a sus deseos políticos y con un nivel de lealtad al menos quinquenal.  Por lo leído sobre los dos designados, el tema de la lealtad, no lo veo muy claro.

Tengo entendido que de la larga lista presentada —unos 71 candidatos— solo unos cuantos podrían llenar el perfil que requiere la Corte Suprema, teniendo en cuenta el discurso por el cambio, que fue la bandera electoral del nuevo Gobierno.

A mi pregunta de por qué no se presentaron los mejores, la respuesta fue cajonera, porque sencillamente hay incertidumbre, porque están ocurriendo hechos sin lógica, porque no hay capacidad de predecir cómo se manejarán muchas cosas dentro del Estado.

Eso es preocupante, porque aparte de la legitimidad indiscutible del Gobierno, también hay una obligación para garantizar la gobernabilidad del país.

La gobernabilidad está basada en hechos, en diálogos, consultas y finalmente consensos. Si eso no se entiende, corremos el peligro de caer en una vorágine social de la que después no tenemos derecho a lamentarnos. Esto no es un juego de poder. El país transita en medio de una “ calma chicha ”. Como la magnitud de los problemas estructurales requiere de ese método de gobernabilidad, es importante que tanto los líderes del Gobierno como de la oposición busquen formas de comunicarse, al menos en lo concerniente a los temas que atañen a todo nuestro pueblo.

Si seguimos con este juego de calle arriba y calle abajo, no habrá vencedores, porque estamos sacrificando los intereses del pueblo, sustituyéndolos por luchas sectarias y de intereses partidista. Este pueblo tiene más información de lo que cualquiera se pueda imaginar y no necesita de ningún mesías para tomar sus propias conclusiones y actuar en consecuencia.

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Publicado el 22  de diciembre en el diario  La  Estrella  de  Panamá, a  quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

‘Pearl Islands Demolishers Inc.’

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La opinión de….

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PACO GóMEZ NADAL

Esta es una historia repetida cuyos protagonistas van cambiando según la zona del país de la que hablemos. También es una historia de robos semánticos; de señores feudales, de luchas intestinas por modelos de desarrollo diametralmente opuestos.

En esta ocasión, la trama se desarrolla en el archipiélago de Las Perlas, una de las joyas ambientales y paisajísticas de Panamá que, a pesar de tener ya tres profundas cicatrices (la del mal gusto de Contadora, la de la destrucción brutal de Viveros y la de la narcobase militar en un país sin ejército de Chapera), sigue siendo un lugar mágico, inabordable, hermoso en su precaria virginidad.

Si acercamos la imagen podremos ver la isla de Pedro González, donde una población de unas 300 personas convivía en paz hasta hace poco, en un casco urbano compacto sacado de una postal, en buenas, humildes y cuidadas casas, rodeados de algunas de las mejores playas del archipiélago (como la de Don Bernardo).   Pero llegaron los Eleta, se sacaron de la manga un título de propiedad que incluía al corregimiento de Pedro González y a su gente (como en tiempos de la Colonia o de las bananeras) y anunciaron al mundo que iban a hacer una urbanización de lujo “ecosustentable”.   Es la palabra de moda, tanto que existe una Cámara de Turismo Sostenible de Las Perlas en las que están, entre otros, los promotores de Isla Viveros, donde manglares y bosque han sido arrasados sin piedad.

No nos desviemos.   El Grupo Eleta desembarca en Pedro González con su proyecto Pearl Islands (en inglés, of course, como todo lo elegante) y acaba con la paz.   Primero, porque comienza a comprar a precio de chicha de piña unas tierras que, según los empresarios, son ya suyas (un poco incoherente ¿no?).   Segundo porque pretende construir una urbanización de lujo con casas, hoteles, pista de aterrizaje, marina para 250 yates y otras facilidades en esta isla de mil 400 hectáreas donde los locales tienen zonas de trabajo agrícola y de caza que van a ser fagocitadas por el proyecto a cambio de convertirse en empleados… ya saben:  llega el desarrollo… ¡El fin de la pobreza!

Resulta que estas gentes no son pobres.  Tienen buena pesca en verano y en invierno cultivan y tienen tiempo para charlar, caminar o mirar el imponente mar cuándo y cómo quieran (eso es lujo y no una casa de millón de dólares).   No hay desnutrición ni carencias graves (excepto que no hay energía eléctrica las 24 horas y que el agua potable llega a una pluma comunitaria).

Pero en la mentalidad de los Eleta estas gentes o son un estorbo a sus intereses económicos o son pobres que precisan de la “salvación”.   Para los políticos locales (el alcalde del distrito de Balboa y el representante y ex representante de la isla) esta debe ser una buena oportunidad para hacer negocios (de hecho, parecen empleados de Pearl Islands Limited S.A. en lugar de funcionarios elegidos).

Ahora, la comunidad está dividida, entre los que esperan el maná del empleo y los que defienden la permanencia de un modo de vida sin rechazar de pleno el proyecto urbanístico.   El ambiente en Pedro González ya ha sido dañado. La semana pasada, mientras un grupo de niños asistía a unas más que precarias clases de inglés financiadas por los Eleta y ejecutadas por una ONG de prestigio (cómplice por ingenuidad o por interés, no sé), los miembros del comité que defiende la propiedad de los isleños impedían que unos agrimensores de la empresa midiera las tierras donde los locales cultivan.

La respuesta de la empresa (o de su capataz en el gamonal: Juan José Amado) fue enviar, con la complicidad de las autoridades de Gobierno y Justicia, a ocho agentes de la nueva base “militar” de Chapera, armados hasta los dientes, con pasamontañas y ametralladoras, a poner orden.

Por suerte, en esta ocasión, tanto el cabo II Erick Ballesteros, del puesto del Servicio Nacional Aeronaval, como el teniente Camaño, de la Policía Nacional, fueron razonables, vieron que allá no había vecinos violentos, sino panameños amenazados y evitaron una violencia innecesaria.

El final de esta historia no se perfila feliz.  Como en buena parte del territorio panameño, inversionistas nacionales y extranjeros hacen feria con los recursos naturales y con la buena gente que los habita.   Imagino que el Grupo Eleta ya debe formar parte (o habrá pedido su admisión) en la Cámara de Turismo Sostenible de Las Perlas y la mentira será verdad en los medios.   Un ejemplo más de lo que ocurre todos los días a espaldas de la opinión pública, un paso más para convertir a Panamá en un desolado paisaje de casas de lujo y empleados de segunda.

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Publicado el  22  de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.