Expansión del narcotráfico y crimen organizado

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La opinión de la Economista, Educadora y Humanista…
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LIZABETA S. DE RODRÍGUEZ
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Se despide el 2009.  Como es tradicional finaliza el periodo escolar, inician las fiestas navideñas y las vacaciones de verano. Pese a que este año nos ha dejado un amargo sabor, por el incremento de precios en los productos de primera necesidad, los centros comerciales están colmados de afanados consumidores que, animados por el jolgorio de las festividades, se dejan arrastrar por la cultura del consumo sin medir consecuencias.

Los tranques están a la orden del día, aún cuando el gobierno nacional, a través de la ATTT, puso en ejecución diversos operativos, como un intento por mejorar la circulación vehicular, pareciera que al mal no le encuentran el remedio. Por otro lado, las estadísticas de tránsito revelan que este año los accidentes aumentaron y con ello el índice de víctimas. La negligencia y falta de cortesía en el manejo, evidencian la necesidad de iniciar, con premura, campañas agresivas de educación vial, dejadas en el olvido.

En lo que respecta a la violencia y delincuencia, los sucesos acontecidos revelan que aumentan los actos cometidos por nacionales o extranjeros. Los raptos y hurtos a ciudadanos, indistintamente del género, edad o estatus social, no se han hecho esperar, incluso el robo a cajeros automáticos prolifera.

El tráfico de narcóticos y pandillas se diseminan, acarreando con ello una secuela de asesinatos e infortunios, que violentan la seguridad pública, crean incertidumbre y desasosiego en la ciudadanía, pese a las acciones emprendidas por las autoridades policiales para contrarrestar la ola de homicidios y transgresiones a la Ley.

Lo cierto es que nuestro país sufre un cambio vertiginoso. En menos de 20 años, pasada la invasión de EE.UU y desarticuladas las Fuerzas de Defensa, hemos pasado de una sociedad calmada a una sociedad convulsionada.   Observar esta situación nos hace meditar respecto a las posibles implicaciones que ese hecho nos ha podido originar. Pareciera que la invasión provocó la pérdida de respeto a la autoridad policial y germinaron las condiciones para propiciar el surgimiento de las pandillas, expansión del narcotráfico y crimen organizado.

Esta perspectiva debe llevar a las autoridades y a la sociedad en general a una profunda reflexión. Los expertos en el tema de la delincuencia y la violencia coinciden en que estos flagelos surgen, generalmente, como consecuencia de la falta de equidad y oportunidades que afectan en alguna medida la estabilidad emocional y existencial de poblaciones marginadas.

Otro aspecto relevante es la necesidad de predicar con el ejemplo. Un alto porcentaje de la ciudadanía ha perdido la credibilidad en los órganos de gobierno producto del “ juegavivo ”, la corrupción e impunidad propiciada históricamente, independientemente el colectivo político en el poder.

Es preciso, ante la crisis de valores por la que atravesamos, hacer frente a la ola de delitos. Se requiere actuar con objetividad, claridad y rendición de cuentas; así como organizar acciones efectivas, oportunas, que penen la corrupción y establezcan mecanismos ágiles que permitan la aplicación de las leyes para proteger a la población.

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Publicado el 16 de diciembre en el diario  La  Estrella  de  Panamá, a  quien  damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que le corresponde.

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