¿Tú sabes quién soy yo?

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La opinión del Profesor de Filosofía……
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Charlie Del Cid

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Dijo el tipo, ya con una buena dosis de alcohol en la sangre. “¿Quieres que te enseñe quién soy yo?”, continuó diciendo, mientras intentaba sacar de la cartera algo como un carné. ¿De qué era el supuesto carné? No sé, pero me imagino que era la afiliación a un determinado partido político. No creo que fueran sus credenciales de socio del Real Madrid o del Barca.

Mi mente se transportó a la época de los militares. Bueno tal vez todavía estamos en la misma situación. Todos apelamos a la fuerza de la palanca para conseguir algo. No vale el derecho, la justicia, los méritos, sino ser amigo de alguien grande. Tener una tarjeta de un diputado puede abrir puertas, puede hacer que tu nombre sea el que escoja la junta de personal. No valen tus créditos, sino tus amistades y contactos.

Hace un tiempo vimos el espectáculo de un suplente a diputado que le reclamaba al agente de policía por haberlo detenido y practicarle una prueba de alcohol.  ¿Quién más quién menos cuando tiene un aprieto piensa en su gran amigo que tenga un poder mayor o lo libre de sus angustias? En alguna época fueron los Superamigos, el Chapulín Colorado.

Hace poco más de un año me sucedió algo interesante. Mi hija estudia en el Conservatorio de Música. Esta institución está ahora en Albrook, áreas revertidas. No recuerdo cuando pusieron al lado del edificio del Instituto de Música las oficinas del Despacho de la primera Dama. Como sabemos este despacho atiende casos de desastres desde hace ya varios años. Eso implica que el edificio cada cierto tiempo sea visitado por furgones y camiones de carga con mercancía para estos fines. La calle de acceso es la misma que la del Conservatorio. En algún momento pusieron un anuncio de “Prohibido estacionar”. Muchos padres de niños seguimos corriéndonos el riesgo de estacionarnos a pesar del anuncio. Pero llegó el día temido. Unos cuatro vehículos había estacionados en la calle, entre esos el mío. El agente de policía nos prometió la respectiva boleta, pues habíamos hecho esperar a la mula y seguramente sus jefes del Despacho de la Primera Dama le harían pagar las consecuencia.

Sin duda que tenía razón, éramos infractores. Nuestra defensa era que no había en donde estacionarnos. El se mantuvo en llamar a la Autoridad para que enviaran alguien que nos boleteara. Lo que recuerdo del incidente es que una madre de familia marcó en su celular el número de algún teniente que hablara con el cabo y le dijera no nos boleteara. En broma le decía a otra madre “¿Y nosotros a quién llamamos?” Recordé entonces esos años en que una llamada a la Comandancia podía resolver boletas, colas interminables, trámites engorrosos, aligerar apertura de negocios…

¿Habrán cambiado las cosas? ¿Tú a quién acudes para evitar castigos, infracciones, etc.? En países cómo los nuestros hay que revestirse de una santa paciencia, pues a veces los políticos son fuertes con los débiles y débiles con los fuertes. Ojalá la razón, la justicia, la decencia, los méritos, privaran. Esperamos eso de nuestros gobernantes y de cada funcionario, de cada servidor, aunque su puesto sea simple, que se pueda decir de él “vino para servir y no para ser servido”.

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Publicado  el  15 de diciembre  de  2009 en  el  diario  El  Panamá  América, a   quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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