Resolviendo con pistolas

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La opinión de la Ex Diputada de la República…..

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MIREYA  LASSO
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No sé cuál será la mejor, pero lo cierto es que todas parecen resultar efectivas y muy populares para resolver problemas pasionales, económicos o cualquier otra diferencia. Un vistazo a las noticias publicadas durante la semana que acaba de transcurrir (lunes 7 a domingo 13) nos permite conocer el repertorio de armas de fuego que han sido utilizadas para cometer toda clase de fechorías, o decomisadas.   El colmo fue el asalto con arma de fuego en plena vía pública perpetrado, a manera de castigo inmediato, por un docente frenético contra otro conductor con quien competía por el derecho a la vía.

El inventario de armas utilizadas o recogidas durante la semana pasada incluye pistolas calibre 32, calibre 38, calibre 45, calibre 380 y 9 mm., revólveres calibre 38, rifles calibre 22, escopetas calibre 12 y calibre 22, fusiles Ak-47, fusiles 3.57 y una subametralladora UZI. Aparecen revólveres marca Amadeo Rossi calibre 38, pistolas Smith & Wesson calibre 38 y pistolas Feg calibre 380. Para los neófitos, esos son solo nombres, pero sabemos que son portadores de un peligro mortal y es prueba irrefutable de que —admítase o no— estamos inmersos en un virtual estado de guerra.

El rosario de delitos cometidos con pistolas en solo siete días, según reportaron los medios, abarca todo el país. Veamos algunos: asaltos a negocio en el sector de Moya en San Miguelito, a local de comida rápida en Villa de Las Fuentes en Betania y a otro local similar en San Pedro de Juan Díaz, a mini súper en sector de Río Rita en Colón, a un banco en Paraíso de San Miguelito, a dama en plena calle Segunda y avenida Central en Colón, a médico y esposa al llegar a su residencia en Albrook; asesinatos frente a cantina Vértigo en Calidonia, en El Cabrito en David, en el barrio Jorge Illueca del corregimiento de Tocumen, en cantina en Veracruz de Arraiján, en camión articulado transitando por la carretera interamericana a la altura de Penonomé, un muerto en Calle Primera y dos en el sector de Puente del Rey del corregimiento de Parque Lefevre, en Costa Arriba de Colón dentro de un bus y otro frente a restaurante en Vista Hermosa; también resultaron baleados una niña de 6 años herida en edificio Hortensia en Santa Cruz de Curundú, un joven impactado en negocio de compra y venta en Avenida Nacional en San Miguel de Calidonia, un niño herido en medio de balacera en Calle 9 Central y Callejón Martínez en Colón, joven herido en Brooklyncito de Curundú, múltiples heridos en balacera en el sector de Curunducito de Torrijos—Carter y otros por balacera desde auto en Calle Novena en Pueblo Nuevo, y disparo a carro de ministro en Hato Pintado y en Puente del Rey. Además, muchas armas de fuego fueron decomisadas en allanamientos llevados a cabo en Chiriquí, Los Santos, El Chorrillo, Cabo Verde y Santa Ana.

Todo esto que nos está ocurriendo es impresionante y muy penoso, más aún porque parece que ya nos estamos acostumbrando a vivir en este ambiente.  Ausente parece estar el espíritu navideño que debería acompañarnos este mes: época de amor, de generosidad, de solidaridad y de todo lo bueno que debe ser y tener el ser humano. ¡Qué lejos estamos!

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Publicado el 16 de diciembre en el diario  La  Estrella  de  Panamá,   a  quien  damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que le corresponde.

Educación, ¿hermoso tesoro?

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La opinión de….

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Ana María del C. Arosemena
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Estamos en el momento en que, por las festividades que celebramos, meditamos acerca de nuestro Panamá y del futuro de sus ciudadanos, en especial de los niños y jóvenes.

Nos preparamos para celebrar una vez más la Natividad de nuestro señor Jesús y el ejemplo de modelo de familia, obediencia y amor que nos legó María, su santísima madre.

La educación panameña se congratuló, también, en estas fechas al honrar a “Manuel José Hurtado”, el padre de la educación panameña, quien siendo ingeniero supo asumir la humildad del ser maestro. En 1868, se consideró que este educador había “Creado las bases seguras y fuertes sobre las cuales se alzaría el edificio de la educación pública panameña, que orgullosamente veíamos erigirse como elemento de armonía y progreso”.

Hoy medito si en realidad hemos contribuido, en forma satisfactoria, con la permanencia de ese edificio y con las bases profundas que idealizó Manuel José Hurtado para la educación de la niñez y juventud. No puedo guardarme el sentimiento encontrado que me produce escuchar que la educación está en crisis, esto sustentado con cifras alarmantes. Por ello, ofrezco a los colegas educadores y a las autoridades educativas las siguientes reflexiones.

¿Se habrá asumido en la sociedad la responsabilidad de Estado que representa ofrecer una educación de calidad humana, de desarrollo tecnológico, de avances científicos y de beneficios para la sociedad y sus asociados? ¿Cómo se ha definido el panameño de espíritu y gestión, que se requiere en la sociedad que nos corresponde?

¿Hemos asumido los educadores la pertenencia de un proceso educativo ubicado en el siglo XXI, con la responsabilidad de ser hacedores del conocimiento, la cultura, el sentimiento y la esperanza para que los estudiantes respondan a los desafíos de los cambios permanentes de la ciencia, la tecnología y la convivencia? ¿Con qué medios y recursos se cuenta para lograr un proceso continuo de investigación, que promueva un trabajo didáctico fundamentado en la renovación del conocimiento y del hacer educativo?

¿Conocemos y hemos sido garantes de los principios que definen las políticas educativas y los perfiles que distinguen al panameño, que responda a las exigencias del milenio y del contexto social que nos corresponde?

¿Tenemos la aptitud y la actitud para transmitir el saber y los valores que exige este milenio en una sociedad de cambios y ansiosa de seres humanos provistos del mejor conocimiento, pero también de la más eficiente disposición creativa y crítica ante la realidad y las urgencias de la ciencia, la tecnología y la convivencia humana?

Sabemos que en nuestro país se asignan grandes recursos al proceso educativo, situación que no es congruente con los resultados de calidad, equidad y eficiencia. ¿Velamos nosotros los educadores por el buen uso de esos recursos y propiciamos con nuestro testimonio y ejemplo valores, que contribuyan a esa calidad y eficiencia?

¿Anteponemos nuestra misión y vocación de servicio ante cada uno de los niños y jóvenes que nos corresponden, para moldear su saber, personalidad, calidad humana, don de la alegría y su esperanza?

La vocación y la didáctica que le imprimimos a la labor docente se fundamenta en la mejor selección del conocimiento, de la práctica permanente de la innovación, del fomento de la investigación y del desarrollo del pensamiento crítico de los estudiantes. ¿Procuramos estos objetivos en la misión diaria de enseñar?

Al considerar la urgencia de cambios curriculares hemos visualizado que estos procesos deben ser integrales, como expresa el investigador pedagógico Giovanni Iafrancesco Villegas: “…transformar el currículo significa de alguna manera, transformar la institución educativa desde sus objetivos y tareas hasta los medios y procesos lo que implica también transformar a lo agentes educativos y en ellos a maestros y alumnos”.

¿En qué medida las transformaciones y cambios que se procuran en el sistema educativo propician esa visión integral hacia el panameño que se desea formar para una sociedad que en su modernidad aspira a los mejores valores y sentimientos del ser humano?

Seguiría enumerando muchas reflexiones e interrogantes, pero debo felicitar también la vocación del educador panameño, por su espíritu de mejoramiento profesional, por su desempeño como promotor de la convivencia social y como agente solidario y de servicio en la relación con los padres de familia, con otros miembros de la comunidad educativa y con sus colegas. Sólo así se podrán lograr los cuatro pilares de la educación, definidos por la Unesco en su informe para el milenio titulado La Educación, encierra un Tesoro. Este tesoro será hermoso, en la medida que hagamos de nuestra pertenencia, un proceso educativo que logre acciones, de verdad, tendientes a: “Aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y a vivir con los demás y aprender a ser”.

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Publicado el  16 de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien  damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que le corresponde.

Expansión del narcotráfico y crimen organizado

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La opinión de la Economista, Educadora y Humanista…
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LIZABETA S. DE RODRÍGUEZ
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Se despide el 2009.  Como es tradicional finaliza el periodo escolar, inician las fiestas navideñas y las vacaciones de verano. Pese a que este año nos ha dejado un amargo sabor, por el incremento de precios en los productos de primera necesidad, los centros comerciales están colmados de afanados consumidores que, animados por el jolgorio de las festividades, se dejan arrastrar por la cultura del consumo sin medir consecuencias.

Los tranques están a la orden del día, aún cuando el gobierno nacional, a través de la ATTT, puso en ejecución diversos operativos, como un intento por mejorar la circulación vehicular, pareciera que al mal no le encuentran el remedio. Por otro lado, las estadísticas de tránsito revelan que este año los accidentes aumentaron y con ello el índice de víctimas. La negligencia y falta de cortesía en el manejo, evidencian la necesidad de iniciar, con premura, campañas agresivas de educación vial, dejadas en el olvido.

En lo que respecta a la violencia y delincuencia, los sucesos acontecidos revelan que aumentan los actos cometidos por nacionales o extranjeros. Los raptos y hurtos a ciudadanos, indistintamente del género, edad o estatus social, no se han hecho esperar, incluso el robo a cajeros automáticos prolifera.

El tráfico de narcóticos y pandillas se diseminan, acarreando con ello una secuela de asesinatos e infortunios, que violentan la seguridad pública, crean incertidumbre y desasosiego en la ciudadanía, pese a las acciones emprendidas por las autoridades policiales para contrarrestar la ola de homicidios y transgresiones a la Ley.

Lo cierto es que nuestro país sufre un cambio vertiginoso. En menos de 20 años, pasada la invasión de EE.UU y desarticuladas las Fuerzas de Defensa, hemos pasado de una sociedad calmada a una sociedad convulsionada.   Observar esta situación nos hace meditar respecto a las posibles implicaciones que ese hecho nos ha podido originar. Pareciera que la invasión provocó la pérdida de respeto a la autoridad policial y germinaron las condiciones para propiciar el surgimiento de las pandillas, expansión del narcotráfico y crimen organizado.

Esta perspectiva debe llevar a las autoridades y a la sociedad en general a una profunda reflexión. Los expertos en el tema de la delincuencia y la violencia coinciden en que estos flagelos surgen, generalmente, como consecuencia de la falta de equidad y oportunidades que afectan en alguna medida la estabilidad emocional y existencial de poblaciones marginadas.

Otro aspecto relevante es la necesidad de predicar con el ejemplo. Un alto porcentaje de la ciudadanía ha perdido la credibilidad en los órganos de gobierno producto del “ juegavivo ”, la corrupción e impunidad propiciada históricamente, independientemente el colectivo político en el poder.

Es preciso, ante la crisis de valores por la que atravesamos, hacer frente a la ola de delitos. Se requiere actuar con objetividad, claridad y rendición de cuentas; así como organizar acciones efectivas, oportunas, que penen la corrupción y establezcan mecanismos ágiles que permitan la aplicación de las leyes para proteger a la población.

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Publicado el 16 de diciembre en el diario  La  Estrella  de  Panamá, a  quien  damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que le corresponde.

¿Tú sabes quién soy yo?

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La opinión del Profesor de Filosofía……
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Charlie Del Cid

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Dijo el tipo, ya con una buena dosis de alcohol en la sangre. “¿Quieres que te enseñe quién soy yo?”, continuó diciendo, mientras intentaba sacar de la cartera algo como un carné. ¿De qué era el supuesto carné? No sé, pero me imagino que era la afiliación a un determinado partido político. No creo que fueran sus credenciales de socio del Real Madrid o del Barca.

Mi mente se transportó a la época de los militares. Bueno tal vez todavía estamos en la misma situación. Todos apelamos a la fuerza de la palanca para conseguir algo. No vale el derecho, la justicia, los méritos, sino ser amigo de alguien grande. Tener una tarjeta de un diputado puede abrir puertas, puede hacer que tu nombre sea el que escoja la junta de personal. No valen tus créditos, sino tus amistades y contactos.

Hace un tiempo vimos el espectáculo de un suplente a diputado que le reclamaba al agente de policía por haberlo detenido y practicarle una prueba de alcohol.  ¿Quién más quién menos cuando tiene un aprieto piensa en su gran amigo que tenga un poder mayor o lo libre de sus angustias? En alguna época fueron los Superamigos, el Chapulín Colorado.

Hace poco más de un año me sucedió algo interesante. Mi hija estudia en el Conservatorio de Música. Esta institución está ahora en Albrook, áreas revertidas. No recuerdo cuando pusieron al lado del edificio del Instituto de Música las oficinas del Despacho de la primera Dama. Como sabemos este despacho atiende casos de desastres desde hace ya varios años. Eso implica que el edificio cada cierto tiempo sea visitado por furgones y camiones de carga con mercancía para estos fines. La calle de acceso es la misma que la del Conservatorio. En algún momento pusieron un anuncio de “Prohibido estacionar”. Muchos padres de niños seguimos corriéndonos el riesgo de estacionarnos a pesar del anuncio. Pero llegó el día temido. Unos cuatro vehículos había estacionados en la calle, entre esos el mío. El agente de policía nos prometió la respectiva boleta, pues habíamos hecho esperar a la mula y seguramente sus jefes del Despacho de la Primera Dama le harían pagar las consecuencia.

Sin duda que tenía razón, éramos infractores. Nuestra defensa era que no había en donde estacionarnos. El se mantuvo en llamar a la Autoridad para que enviaran alguien que nos boleteara. Lo que recuerdo del incidente es que una madre de familia marcó en su celular el número de algún teniente que hablara con el cabo y le dijera no nos boleteara. En broma le decía a otra madre “¿Y nosotros a quién llamamos?” Recordé entonces esos años en que una llamada a la Comandancia podía resolver boletas, colas interminables, trámites engorrosos, aligerar apertura de negocios…

¿Habrán cambiado las cosas? ¿Tú a quién acudes para evitar castigos, infracciones, etc.? En países cómo los nuestros hay que revestirse de una santa paciencia, pues a veces los políticos son fuertes con los débiles y débiles con los fuertes. Ojalá la razón, la justicia, la decencia, los méritos, privaran. Esperamos eso de nuestros gobernantes y de cada funcionario, de cada servidor, aunque su puesto sea simple, que se pueda decir de él “vino para servir y no para ser servido”.

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Publicado  el  15 de diciembre  de  2009 en  el  diario  El  Panamá  América, a   quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Inspectores ciudadanos

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La opinión de….

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Emmanuel García Moreno
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Conducir un vehículo a motor por las calles de nuestra bella ciudad se ha tornado desde hace años en una verdadera odisea, bordeando casi en una hazaña extrema. En un trayecto normal de 45 minutos tras el volante somos testigos pasivos de más de 25 infracciones de tránsito de parte de nuestros congéneres,  sin contar las que pudiéramos haber cometido.

No hay suficientes agentes de tránsito para detener la orgía de infracciones que se cometen sin parar. Solo nos queda apretar los dientes, mentar la madre, proferir palabrotas, gesticular airadamente y, por supuesto, agriar el día y elevar tu presión arterial; o, con sabiduría, menear la cabeza y soñar con alguna solución que ponga orden en el tránsito vehicular, que tantas muertes vendimia cada semana.

Queriendo un día seguir mi marcha vehicular, después que el semáforo me daba la bienvenida con la luz verde, pero no pudiendo avanzar sino hasta después de dos cambios de luz y varios meneos de cabeza, pensé en los vecinos vigilantes y la novedosa idea del zar anticorrupción de contar con ciudadanos que aporten al control y prevención de la delincuencia y la corrupción; catalogué a los conductores irresponsables de delincuentes al volante, a quienes era necesario perseguir hasta el cansancio para poder disfrutar de un manejo vehicular más saludable y menos homicida.

La participación ciudadana en nuestro país está todavía en el canal de parto. Pareciera que los gobernantes que hemos tenido hasta la fecha, no han percibido el potencial cívico con que cuenta el país, con el gran número de ciudadanos que estamos dispuestos a aportarle al país nuestra dedicación voluntaria en programas bien concebidos que conlleven la elevación de la calidad de vida a nuestros compatriotas sin mayores costos monetarios para el erario.

Pensé en lo maravilloso que sería contar con un cuerpo de inspectores ciudadanos del tránsito vehicular que, revestidos de suficiente autoridad y protección gubernamental, pudiesen sancionar a los conductores irresponsables, levantando boletas ejemplares en cada rincón de nuestra ciudad, las 24 horas del día, incluso a los “no voy”. Estos inspectores ejercerían su loable labor yendo de su casa al trabajo o al supermercado o a visitar a alguien querido y extrañado. Siempre habría suficientes inspectores ciudadanos en las calles para poner en cintura a los irresponsables. Estos no sabrían de dónde les podría salir uno de estos guardianes de las calles y avenidas con su libreta de sanciones; y, su comportamiento cotidiano sería semejante a cuando ven cerca la presencia de un uniformado.

¿Pero cómo evitar que airados conductores o siete machos al volante desconozcan la autoridad de estos soñados inspectores? Sencillo: sanciones ejemplares a quienes se atrevan a desafiar a estos ciudadanos, incluso hasta pérdida de la licencia de por vida y días de arresto a quien ose injuriar física o verbalmente a alguno. La selección de los inspectores sería estricta, con examen psicológico y demás; referencias como buen ciudadano; alto nivel académico, intachable conducta social y buena referencia de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre.

La cosecha de boletas sería inmensa; los ingresos al Estado considerables, sin necesidad de aumentar el costo por licencia de conducir; y los resultados en las calles a corto y mediano plazo serían imponderables. ¿Cuántos accidentes de tránsito con su secuela de luto, dolor, incapacidades físicas, gastos de bolsillo por reparaciones y tranques se evitarían?

Suelto estos pensamientos, confiando o soñando ilusamente que aniden en la caja de pensar de alguna autoridad, y deleitarme cuando escuche una vez más: “Se acabó el relajo en este país”.

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Publicado el  16 de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Hacer la cola

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La opinión del Periodista ….
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MODESTO A. TUÑON  F.

En estos tiempos de aguinaldos, obsequiosas demostraciones de los más profundos sentimientos, con toda probabilidad se verá uno en la necesidad de caer en una cola de cualquier tipo.

Quizás se vea “ trancado ” en una calle, avenida o bajo un semáforo de esos que van a regular de manera inteligente el tránsito de una ciudad que bestializa el ánimo de conductores y transeúntes.  O decida esperar la rosca que por estas fechas hornean en los principales supermercados. En el centro comercial, utilizar la “ paquetera ”, obliga a una parada que puede prolongarse más del tiempo empleado en la compra.

Pero estas colas ad hoc no son exclusivas de las fechas de jolgorios con aroma a pino, turrones y tamales. En el resto del año, ejemplos de experiencias amargas son tratar de obtener una cita en el sistema de salud, esperar que abran el banco el día de pago, tomar un bus de Chilibre en la mini terminal de Calidonia o de los pueblos chorreranos en la Gran Terminal.

La cola es un fenómeno de estos tiempos en que la masa es el componente amorfo, pero visible de la sociedad; el que consume y requiere acomodarse en estas largas líneas de individuos para esperar productos y servicios. Algunos expertos al analizar este fenómeno, afirman que las colas son el resultado de la ecuación capacidad de oferta vs tamaño de la demanda.

Algo que suena como a verdad de Perogrullo y que puede verse a leguas, pero que se sufre cuando le corresponde a uno hacer una de esas serpenteantes colas de bancos o ascendente—descendente del laboratorio del Seguro Social en calle 17, que nos obliga a bajar escaleras de varios pisos con nuestras bolsitas de despojos humanos para entregar y luego pasar a hacer los exámenes de sangre.

Pero, hacer la cola supone igualmente un tipo de cultura, una disciplina que por lo general alimenta quien espera algo como un espectáculo, un encuentro deportivo o un artista. Y uno llega y pregunta “ ¿quién es el último? ”. Estas conductas pueden degenerarse si la costumbre o práctica de tratar de “ colarse ” —adelantar el turno a expensas de la paciencia de los estoicos “ coleros ”— es más arraigada que el orden y paciencia.

Como existen dispensas a jubilados, disminuidos físicamente, damas y a niños; resulta incómodo cuando alguien utiliza cualquiera de esos y otras excusas y se adelanta en esta circunstancia, aunque no esté en la enumeración anterior. En el Seguro Social es común encontrar estas experiencias en cualquiera de sus variantes (citas, laboratorio o farmacia).

Alguien que intente hacerse amigo de alguna persona en la fila, se acerca sigilosamente y entabla conversación y de pronto.. ya es uno más, para el enojo de los demás que ven atrasados sus turnos.

Sucede igual con los vehículos en la calle. Se observa una larga línea de vehículos que van por un “ paño ” y de pronto, otro vehículo por fuera —casi siempre un taxi—, avanza tranquilamente y entra más delante de la fila.

En algunas corporaciones donde este asunto afecta la eficiencia, se trabaja con numeritos que se arrancan, se toman o los entregan para evitar que los “vivos” se cuelen. Por lo general esto crea una mayor tranquilidad a quien forma la fila, por saber que su espera será correspondida en algún tiempo y que no se atrasará por contingencias anticiudadanas, que a veces cuestan.

Decimos que cuestan, porque hay “ avivatos ” que han hecho un pingüe negocio de las filas. Pues, si se trata de actividades deportivas o espectáculos, venden entradas a precios más altos y usted —“ no sea bobo ”— no hace fila. Estos revendedores hacen su agosto a costa de la paciencia de los espectadores o público.

Hay autores que han estudiado este fenómeno de las filas y consideran que toda corporación que preste o brinde servicios, debe reflexionar sobre las relaciones con el público y sacar en conclusión cuánto pierden en eficiencia si no pueden satisfacer a sus públicos en este aspecto y brindarles opciones como un café o algo de picar, mientras dure la espera. Es algo que he visto positivo en el Hospital Oncológico con las voluntarias.

Es así como David Maister, autor de un libro cuya traducción al español del título es más o menos Gerenciando el servicio profesional de la firma , definió una “ primera ley de la gestión de servicios ”, cuya relación es: Satisfacción = Percepción – Expectativas.

En esta dirección, dicho autor considera que hay ocho principios que regulan y definen los sentimientos que se albergan en la mente de quienes deben esperar en una fila.

Estos principios son: Los tiempos de espera desocupados se perciben como más largos; Las esperas previas a la atención son más largas que esperas “ en proceso ”; La ansiedad hace más larga las esperas; Las esperas inciertas son más largas que esperas informadas; Las esperas inexplicadas son más largas que esperas explicadas; Las esperas injustas son más largas que las esperas justas; Cuanto más valioso el servicio, más se estará dispuesto a esperar; Las esperas de individuos aislados son más largas que las esperas grupales.

El análisis de estos principios en detalle, sería la matriz de cualquier programa de modernización en empresas, instituciones o entes que brindan cualquier tipo de servicios a grandes cantidades de público.

Lo contrario, obligaría a prolongar la ansiedad de quienes hacen las colas o provocaría el surgimiento de nuevas profesiones como las del que se dedica a hacer filas, que no son suyas, pero que cobra por dar el “ cupo ” a quienes ofrezcan más por la oportunidad.

Ese “ técnico en esperas ” iría temprano, tomaría los papelitos o ingresa en la fila hasta que llegue gente de esa que siempre anda a la carrera y a ellos, les brindaría el lugar a cambio de una bicoca o un estímulo a la tardanza.

Mejor y para que no le cueste, levántese temprano o madrugue y vaya a tiempo a buscar su fila que le espera y ármese de paciencia.

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Publicado el 16 de diciembre en el diario  La  Estrella  de  Panamá, a  quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

El Déficit Habitacional, reto del Urbanismo…

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La opinión del Administrador de Empresas y Estudiante de Derecho….

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Catalino Rosas

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El déficit habitacional en Panamá es una realidad que ha existido desde que somos república, miles de panameños sueñan con una vivienda digna y muchas veces quizás inalcanzable.   El desafío gubernamental en la construcción de viviendas 2010 requiere de un de gran compromiso social, El ministro de Vivienda y Ordenamiento Territorial, Carlos Duboy, ha tomado la gran responsabilidad de este enorme esfuerzo que implica la construcción por año de ocho mil viviendas de interés social de entre $18,000 y $30,000, balboas con el apoyo del sector privado, además de un bono de 5,000 dólares que otorga el estado a las personas que van a adquirir una vivienda nueva por primera vez.

Esto sumado a la renovación ya programada de diversos sectores de escasos recursos como el caso de Curundú que incluye la transformación urbana completa de este sector, edificaciones institucionales, espacios comerciales, estacionamientos y lo más importante, áreas deportivas, parques bibliotecas, el tratamiento y dragado del río Curundú para evitar futuras inundaciones son algunos de los proyectos que están programados realizar por el actual gobierno, para lo cual ya se mostraron interesadas diversas empresas que recorrieron recientemente el área.

El área a reestructurar abarca 12 hectáreas, donde actualmente viven unas 5 mil familias, Esta zona colinda con el estadio Juan Demóstenes Arosemena y el Mercado de Abastos. También se proyectan diversos programas sociales para el cumplimiento de este ambicioso plan de desarrollo humano que busca rescatar a los residentes de Curundú de la marginación social y de las condiciones infrahumanas en que viven creando adecuadas soluciones habitacionales y laborales.

Cabe destacar que esta inversión del Estado no es gratuita como muchos han proclamado los que vivan allí tendrán que costear, dentro de sus posibilidades, lo que recibirán. Lo que se regala, la gente no lo valora, pero si le cuesta de alguna manera, velará más porque se mantenga, aunque gran parte del costo estará subsidiado.

Este proyecto que es un plan piloto escogió esta área porque es muy cercana a la capital, pero se llevara a cabo también en Colón y el Chorrillo y lo que se pretende es cambiarle la cara a la ciudad y dignificar la calidad de vida del panameño que reside en estos barrios populares de nuestro país, la iniciativa del gobierno también será extendida al interior del país, este tipo de proyectos se han realizado ya con mucho éxito en otros países latinoamericanos con resultados beneficiosos que influyen en todos los aspectos incluyendo principalmente en el turismo por lo que importantes sectores económicos apuestan a estas iniciativas urbanísticas.

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Publicado  el  16 de diciembre  de  2009 en  el  diario  El  Panamá  América,   a   quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.