Honduras y la democracia

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La opinión del Ex-Banquero…

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Luis H. Moreno Jr
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No es fácil hablar o escribir de Honduras después de más de cinco meses de estar diariamente en el escenario mediático mundial.   Menos fácil analizar, desde un punto de vista objetivo, lo que allí acontece, afectado por tan diversos factores internos y externos, y menos aún, armonizar con la opinión de algunos ensañados en la interpretación irreducible de sus propios objetivos, interpretaciones y consignas.

Tras una semana de ocurridas las elecciones generales de Honduras, y aunque en algunos países comienza a vislumbrarse un acomodo político inevitable, persiste, entre otras posiciones, la de no reconocer como válidas dichas elecciones.   Nada más irracional que desconocer el sorprendente ejercicio de transparencia y de participación del pueblo hondureño, en lo que fue una verdadera fiesta democrática, una demostración de respeto a la libertad y a los derechos ciudadanos.

Los que tuvimos la distinción de ser invitados como observadores internacionales por el Tribunal Supremo Electoral de Honduras, y todos los observadores locales y extranjeros en número cercano a los tres mil, los primeros, y a 500, los segundos, pudimos, sin restricciones de ninguna clase, apreciar tan de cerca como quisimos, en forma y fondo, unos comicios que fueron ejemplo de civismo y de participación, en un país torpemente amenazado, e inclusive intervenido por acciones de desafío diplomático y aun militar.   El grupo de homólogos con quienes compartí una jornada incesante, interesante y grata eran de Brasil, de Nicaragua, de Salvador y de Estados Unidos.

Desde las 8:00 a.m. hasta las 8:00 p.m., para presenciar, especialmente, desde la apertura del proceso hasta el cierre oficial de algunas, recorrimos 60 mesas en seis Centros de Votación, todos instalados en escuelas.   Todo estuvo consultado: hora puntual de apertura, dentro de los 30 minutos de normal holgura; material de trabajo en cada sitio, suficiente amplitud de espacio, presencia de los correspondientes funcionarios y representantes políticos de mesa, formalidad, actitud positiva, cordialidad con el votante, a quien con frecuencia se hacían observaciones y recomendaciones de procedimiento.

Tal vez nuestra única sugerencia en la Escuela 15 de Septiembre fue al presidente de mesa, para que pidiera la colaboración de la Policía en asegurar filas de votantes más ordenadas, porque la aglomeración en un espacio de por sí amplio podría llevar a confusiones e impaciencia. Así estaban de llenas muchas de las mesas visitadas, que al filo de mediodía podíamos calcular en alrededor de 50% la participación en el padrón electoral.

Presenciamos múltiples ejemplos de celo y responsabilidad de parte de los escrutadores, como el caso en una de las mesas de la Escuela Kinder Cerro Grande, a cierta distancia de Tegucigalpa, la enérgica llamada de atención de la presidenta de la mesa a uno de los asociados que pasaba, recién iniciado el conteo, información a un radioperiodista que, fuera del recinto, pretendía recoger directamente la tendencia temprana de los resultados, en total contravención con las disposiciones legales.   El periodista se vio obligado a retirarse.

En la calle y en los alrededores, los grupos de votantes, en gran parte acompañados de niños y familiares, desplegaban satisfacción y alegría. Como expresé a algunos de estos grupos, más de una vez: Deben sentirse satisfechos de dar al mundo, que los sigue hoy tan de cerca, este ejemplo de democracia, de transparencia y participación, especialmente en las difíciles condiciones en las que las circunstancias políticas los han colocado.

¿Cuáles fueron esas circunstancias?   Entre muchas, especialmente el elaborado y aparentemente inevitable coup d’état, con acento de manu militari, que, sin dificultad, percibe al olfato el suspicaz ya victimizado, a través de los habilidosos repliegues políticos.   Hecha esta deposición sincera, es justo reconocer que a la democracia no debe estirársele al antojo irresponsable.

A Manuel Zelaya, presidente destituido, todos y cada uno de los poderes del Estado: Legislativo, Judicial, Electoral, le habían advertido clara y terminantemente, de manera legal y finalmente factual, su grave error político empecinado, su torpe violación de la Constitución Nacional hasta la violencia, al romper candados de los depósitos de la Fuerzas Armadas para retirar instrumentos de votación enviados por Venezuela, confiscados por el Supremo Electoral, y que serían usados para la pretendida maniobra inconstitucional de la cuarta mesa, a fin de allanar, por el camino conscientemente indebido, la reelección presidencial, al estilo de los demás del grupo, que crece en desmedro de la democracia que tanto defienden en otros lares, pero no en el suyo.   En Honduras, los contrincantes del Presidente electo lo reconocen y apoyan. ¡Eso es democracia y civismo!

Los poderes legalmente constituidos han obrado gradualmente conforme a lo señalado por la Constitución y las leyes de Honduras. Ese es el poder soberano de la Nación, en este caso, desafiante de los peligros y las amenazas externas de muchos países enredados en su propia maraña de incertidumbres políticas e ideológicas, y escogiendo los caminos de sus propios intereses y conveniencias.

Desamparar a un pueblo digno y hospitalario como el catracho, uno de los más pobres de la región, dista mucho de la justa solidaridad con que debe tratársele, especialmente cuando el continente y el mundo están lleno de naciones pisoteadas por regímenes dictatoriales, que encuentran sillón y tribuna en los más altos estrados internacionales, a ciencia y paciencia de poderes mundiales desorientados por la falta de ética de sus propias acciones y conveniencias.   A pesar de todo, Honduras se empinó cívicamente, y estoy seguro que todos los países reconocerán sus méritos y sus prometedoras perspectivas.

La bandera panameña, que con orgullo llevo siempre en la solapa cuando viajo, me mereció, desde altos hasta los más humildes estrados en la calle, abrazos, gratitud, vítores y muestras sinceras de cariño, por la noble y justa acción de apoyo a la hermana República de Honduras, que, a la cabeza del mundo, tomó nuestro Gobierno.

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Publicado el  9 de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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