‘Yo acuso’, a 20 años del 20

La opinión de….

JORGE  GAMBOA  AROSEMENA

Gaspar Octavio Hernández, nos dejó un testamento patriótico en Canto a la Bandera.   Me impacta su clamor en caso de que “el hado ciego en los istmeños pone cobardía” pide enérgicamente que esa bandera “descienda al Istmo convertida en fuego y extinga con febril desasosiego a los que amaron tu esplendor un día”.

Emile Zola en su trascendente Yo acuso, revelándose ante el injusto proceso a Dreyfus, escribió una carta donde, como deshojando una flor, acusa a los responsables de semejante ignominia y termina diciendo: “Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz. Mi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma”.

Reflexionando sobre estos señalamientos puntuales, que hicieron con pocos años de diferencia, en escenarios diferentes, dos celebridades, me atrevo a llamar la atención sobre que, cumpliéndose el vigésimo aniversario de la invasión, el actual gobierno, con insensato desprecio, no prepara nada para que nuestra nación recuerde y pondere adecuadamente ese evento.

El 20 de diciembre de 1989, la barbarie llega por aire, mar y tierra a diferentes objetivos militares, produciendo indeterminada cantidad de muertos, heridos y destrozos. Fue matizada esta acción con una propaganda bien diseñada de “Causa Justa” por los anhelos de democracia y justicia que abrigaba el pueblo panameño ante más de 21 años de dictadura, bárbara también, pero de la que podemos testimoniar por lo menos 110 muertos y desaparecidos, por el trabajo de la Comisión de la Verdad. De los muertos y desaparecidos de la invasión poco se sabe. De 500 a 5 mil muertos según versiones de la Iglesia católica o de los beneficiarios de la dictadura.  Por filtraciones de los propios invasores se concluye que la mayoría de los muertos, ya 500 ó 5 mil, eran no combatientes, lo que eufemísticamente llaman daño colateral en una operación de esta clase.

Entiendo, aunque censuro, el espíritu subalterno de muchos panameños, a esos que tal vez se refería Hernández, que debían ser extinguidos por la bandera ardiente, los que a pesar de haber ocupado cargos claves para impulsar un esclarecimiento histórico político de esos acontecimientos, no lo hicieron.  Pero que otra gran cantidad guarde silencio cómplice, me recuerda el párrafo que transcribí del Yo acuso de Zola.

Los del espíritu subalterno a los intereses del invasor, ni siquiera se atreven a recordar la fecha positivamente, destacando el inicio de una nueva etapa democrática, como los pueblos de la Europa conmemoraron los 20 años de la caída del Muro de Berlín.   Temen que sus admirados patrones sean indirectamente cuestionados por la barbarie innecesaria para apresar a su segundo mejor empleado, después del dictador Torrijos.   Ni los del PRD, que se llaman nacionalistas, aunque no los son, han querido que se conmemore el 20 de diciembre.

Hoy día conmino a los míos, a los panameños en general y a los panameñistas en particular, que se inspiren en el nacionalismo de Acción Comunal, que uno de sus exponentes fue Arnulfo Arias, que no artilló barcos ni cedió bases a los gringos, por lo cual fue derrocado en 1941.

Tanto el 20 de diciembre como el 11 de octubre deben ser dos fechas que marquen a los panameñistas, por encima de su actual presidente que escribe su fe de erratas distanciándose de la doctrina panameñista.   Siendo justo, ya la responsabilidad no es solo de ese ciudadano, ya la comparte con los integrantes de los diferentes órganos de dirección que han sido cómplices silenciosos de sus manipulaciones.

Termino como Zola en un “yo acuso” a todos los que teniendo poder para enraizar nuestra identidad destacando nuestras fechas históricas, no lo hacen, y como Gaspar Octavio Hernández  rogando a nuestra bandera que, más que extinguir, insufle patriotismo a los panameños y conmemoremos, con el gobierno o sin él, los 20 años del 20 de diciembre de 1989.

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Publicado el 3 de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Sobre árboles y pandilleros asesinos

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La opinión del Arquitecto…..

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ÁLVARO  GONZALEZ  CLARÉ
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Con una asimetría pasmosa, los desfasados de la realidad usan sus gimnasias mentales para atacar los árboles porque un espécimen se desplomó por descuido o estupidez y cegó la vida inocente de un ciudadano. Piden justicia y solicitan una campaña de exterminación de árboles urbanos para detener la amenaza mortal.

Es sorprendente el surrealismo tropical que nos invade. Paralelo a la campaña contra los “árboles asesinos”, se levantan otras campañas defendiendo los derechos humanos de los mayores causantes de muertes violentas: los pandilleros asesinos. La solución asimétrica, en tal caso, debería ser en igualdad de condiciones.

Es muy fácil culpar a todos los árboles por una sola muerte trágica e injustificada, como es muy difícil aceptar que las diarias ejecuciones de ciudadanos en manos de sicarios pandilleros son el resultado de nuestro fracaso como sociedad humana y pedir, a cambio, la pena de muerte para acabar con esta plaga nacional que está acabando con la seguridad de todos.

Entrando en materia, para poder involucrarse en un problema tan grave y difícil como este, debemos primero que todo ponernos en contexto.

No todo lo que conocemos en los medios de divulgación y comunicación es cierto.

La mayoría de las noticias periodísticas sobre temas de muertes trágicas y asesinatos están sesgadas al interés mediático y al mercantilismo publicitario.

Segundo, nada en la vida es blanco o negro como lo pintan los fanáticos.

Tercero, para juzgar tenemos que dejar las estadísticas a un lado y ponerle cara propia a los daños que causa la violencia, venga de donde sea; y

Cuarto, no eximirnos de la causa y efecto del problema y la posible solución. Solo así podremos como sociedad aportar individualmente a una posible solución integral.

Es muy comprensible la evidente indignación y frustración que tienen los familiares y amigos del joven galeno que murió a causa del árbol que se desplomó sobre su auto.

No menos sentimos los que somos allegados al joven de 19 años que fue ultimado por sicarios cuando iba para su trabajo, con solo su lonchera preparada por la madre que madrugó para hacérsela antes de salir de casa a su faena diaria.

Es el mismo dolor o más, porque además de incomprensible, su muerte es injusta e indigna por la forma en que despreciaron su vida premeditadamente.

El sentimiento de incomprensión e impotencia nubla la mente en ambos casos y articula la pluma para descargar la ira que tenemos dentro.

La solución emocional de esta dualidad de situaciones absurdas es la de optar en primer lugar por la tabla rasa de los árboles en la ciudad y en el segundo caso por la aniquilación de todos los pandilleros.

Así sentiremos que podemos calmar el llanto de los que lloran desconsolados las partidas de ambos jóvenes, muertos sin justificación.   Dos seres llenos de ilusiones en la vida que comenzaban a dar los frutos de la crianza, abnegación materna y dedicación académica sobre todo.

Pero la ingrata realidad nos obliga a encontrar la solución dominada por la lógica y la razón.

La inacción o ignorar la realidad como solución egoísta no es una buena consejera. La violencia se acerca cada vez más a cada uno de nosotros y solo cuando la llegamos a sentir en carne propia es que nos impacta profundamente.

Cuando los muertos dejan de ser números en las estadísticas o imágenes sangrientas en los diarios amarillistas, porque los conoces por nombre y apellido, es que duelen en las entrañas la ingratitud y la indiferencia ciudadana e indigna la maldad periodística que tiene muy poco respeto por el dolor ajeno, pero más duele la ineptitud del sistema de justicia y la ineficacia policiva.

Una justicia deshumanizada que solo responde a los intereses creados o a los poderosos y que de manera ingrata olvida a los menos privilegiados, que al no poder llorar más para aceptar lo sucedido solo les queda de alguna manera resignarse cristianamente o de forma bruta aplicar la venganza… aunque nada resuelva.

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Publicado el 3 de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que le corresponde.

La región latinoamericana tiende a complicarse

La opinión del Abogado….

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RAMIRO  GUERRA  MORALES
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Las décadas de los setentas y ochentas, del siglo pasado, Latinoamericana y sobre todo la región Centroamericana, fueron escenarios de agudos conflictos, tanto sociales como nacionales. A dicho periodo sobrevino un ambiente de paz y tolerancia; sin embargo poco ha durado la sinfonía del tango y poco a poco hemos venido observando que vuelven a resurgir los tambores que recrean un tono marcial, donde prevalece el discurso de la intolerancia política e ideológica al igual que los apremios para perpetuarse en el manejo y control del estado.

Razones no les faltan a intelectuales de la talla de Dante Caputo y Mario Vargas Llosas, cuando señalan, que los son los gobernantes en la región Latinoamericana, los que se están encargando de hacer retroceder lo en democracia, se había avanzado.

La situación hondureña no es como para subestimarla; le abrió una herida profunda a la Carta Democrática; al margen de las pretensiones reeleccionista del presidente Zelaya, la comunidad internacional, no duda que su salida fue obra de un golpe militar.

La situación en Nicaragua, por razón de las intenciones de reelegirse de su presidente, de seguro que abrirá graves contradicciones a lo interno del país hermano, el conflicto, Colombia- Venezuela, la situación de reiteradas tirantez entre Chile y Perú, todo lo anterior en el marco de una región que no encuentra pista de aterrizaje para resolver los graves problemas de miseria, hambre, desnutrición, de analfabetismo, tradicional como funcional, los signos de remilitarización en la región, de reducción de los espacios de participación democrática, en el horizonte perfila una región, como lo dice Caputo, que pudieran hacer tránsito a modelos cesaristas de gestión y control del estado.

Quisiera equivocarme, pero se vienen prefigurando escenarios que no auguran paz, estabilidad y equilibrios. En el pasado, en circunstancia similares, Panamá, con su política de pacificación. Pluralismos ideológicos y multilateralidad, han jugado papeles importantes para estabilizar la región. No podemos salirnos de esos parámetros. El anterior contexto, es lo que nos lleva a sostener, muy a pesar de las críticas fundadas que se le tenga al Parlamento Centroamericano, razones de política y de conveniencia geoestratégica, la decisión de salirnos de dicho organismos, no ha sido correcta. Vamos más lejos, desde el punto de vista del pragmatismo que caracteriza al señor presidente. Lic. Ricardo Martinelli, quién ha señalado que los problemas del país no cursan el conflicto ideológico, la salida del Parlacen, no se compadece con dicha posición.

A manera de conclusión, se avecinan escenarios de mucha turbulencia en la región y Panamá, deberá actuar con mucha cautela, a fin de no comprometer nuestra paz y sosiego e imagen internacional.
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Publicado el  3  de diciembre de 2009 en el diario El Panamá América, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

La carrera hacia la Corte

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La opinión del Abogado y Docente Universitario….

Hernán A. De León Batista

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En los últimos días, han sido varios los editoriales de los distintos medios de comunicación, así como programas de opinión, que han dedicado un espacio al tema de la administración de justicia, en especial a lo relacionado en el nombramiento que debe hacer el Consejo de Gabinete, mediante acuerdo, con sujeción a la aprobación del Órgano Legislativo, para las dos vacantes a Magistrados de la Corte Suprema de Justicia a partir del próximo 1º de enero del 2010.

En este sentido, como ciudadano y profesional del derecho que le dediqué 12 años a la administración de justicia, conociendo con mucha profundidad la interioridad de este delicado trabajo, en virtud de ocupar distintos cargos desde los tribunales de menor jerarquía hasta el máximo tribunal de justicia -Corte Suprema de Justicia-, y desde un tiempo atrás en la práctica privada, al hacer un examen particular de muchos de los aspirantes, conforme su trayectoria pública, he podido denotar con el respeto que se merecen cada uno de ellos, gracias al derecho democrático que se vive en Panamá, que algunos no tienen la trayectoria académica, de experiencia, solvencia moral, entre otros aspectos que se requieren para ocupar uno de los cargos más importantes dentro del Estado, y de la cual pasamos a desarrollar resumidamente.

Primero que todo, hay que considerar que se trata de una vacante para la Sala Penal y otra para la Sala Contencioso Administrativa, siendo la primera de ellas la que mayor cantidad de aspirantes tiene experiencia en ese ramo, contrario a lo que ocurre con la Sala Tercera, donde es un mínimo el que reúne experiencia en materia administrativa, aunado que también deben de conocer de Derecho Constitucional, Derechos Humanos, Derecho Internacional, entre otras ramas del Derecho, ya que la guarda e integridad de la Constitución, así como el máximo tribunal de decisión, conforme competencia y jurisdicción (ya sea en amparo, hábeas corpus, hábeas data), está vedado para el Pleno de la Corte Suprema de Justicia.

De ahí que muchas veces son los Asistentes de los Magistrados de la Corte, llamados letrados o secretarios en otros países, quienes deben enseñarles al principio el trabajo a los recién llegados magistrados.

No hay duda que existen excelentes aspirantes para la Sala Penal, destacándose a mi parecer, Wilfredo Sáenz, Juan Francisco Castillo, María Eugenia López, Dimas Guevara, Gabriel Fernández, Maribel Cornejo, Idalides Pinilla, José Almengor, entre otros, y para la Sala Contencioso Administrativa, Ernesto Cedeño, Víctor Méndez Fábrega, Luis Palacios, Guillermo Márquez, Arturo Vallarino, entre otros, con el fin que los nuevos magistrados tengan el compromiso de hacer la transformación y cambios que requiere nuestro sistema de justicia, el cual ha sido constantemente criticado, ya que se pueden hacer las mejores leyes en materia judicial, como es el nuevo proceso penal acusatorio, un nuevo Código Penal, el aumento de pena a los menores de edad que cometen delitos graves, el aumento de tribunales, la implementación de mejores equipos tecnológicos, etc.

Sin embargo, si no existe el verdadero cambio de mentalidad por parte de nuestros servidores judiciales, el problema va a seguir, creando mayor erogación al Estado y un descontento por parte de la población. De ahí que se necesite un nuevo liderazgo en nuestra administración de justicia, tal como viene aconteciendo en el Ejecutivo.

Esperemos que las nuevas autoridades judiciales comprendan el alto compromiso que tienen con la Nación. ¡Amanecerá y veremos!

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Publicado el  3  de diciembre de 2009 en el diario El Panamá América, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Percepción y realidad

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La opinión del Abogado y Ex Ministro de Estado….
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DANIEL DELGADO-DIAMANTE
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En todo el planeta, las aspiraciones de cada sociedad al desarrollo, el progreso y el bienestar se ven amenazadas por fenómenos como el narcotráfico, el terrorismo, el pandillerismo, la violencia social y la degradación acumulada por las inequidades.

Y no es un secreto para nadie que las propias instituciones públicas que permiten a la sociedad enfrentar esas amenazas se encuentran asediadas por el riesgo de que la corrupción penetre, limite y desvirtúe la eficacia de su labor.

Los medios de comunicación tienen un importante papel en la lucha por la creación de una sociedad más segura. Ejercen ese papel porque cuentan con el más valioso de los recursos: la libertad de expresión, que les permite crear climas de entendimiento necesarios para abrir a debate y promover las políticas de Estado que garanticen la participación de los ciudadanos en la lucha diaria por una democracia sana en una sociedad segura.

En toda sociedad democrática, por otra parte, la tarea de contribuir a la creación de un clima de seguridad desde los medios de comunicación entraña una relación siempre compleja, y a veces conflictiva, entre ellos y las autoridades del Estado.   Casos recientes así lo confirman.

Al definir lo que el país requiere en materia de seguridad ciudadana, la prensa en general ha desempeñado un valioso papel como espacio para la discusión nacional y para la orientación, con equívocos y aciertos, de algunos cursos de acción. Al mismo tiempo, también, los medios de comunicación han promovido en ocasiones situaciones entre la percepción y realidad, que enturbian con agrias discordias o distanciamientos inconvenientes en el vínculo entre ellos y los organismos de seguridad.

Lo fundamental, en todo caso, es que la fuerza institucional y la libertad de expresión representada en la prensa, converjan en un mismo interés por preservar la seguridad y las virtudes de la democracia y llevarla más allá de sus normales imperfecciones.

Al respecto, las instituciones de seguridad y los medios de comunicación se requieren, más allá de sus divergencias, para llevar a la práctica los valores democráticos que comparten, basado en realidades y no solo en la percepción de esas realidades.

El poder y la responsabilidad siempre van de la mano en una sociedad democrática. La prensa debe ejercer el enorme poder del que disfruta, con tanta o mayor responsabilidad que la que cabe exigir a los que dirigen la seguridad pública.

Y ese ejercicio responsable del poder de la prensa es del mayor interés para la fuerza pública, precisamente porque contribuye a preservar la legitimidad en el uso de los instrumentos con que cuenta la autoridad para enfrentar los retos y amenazas del crimen organizado y la delincuencia común.

En democracia, una relación sana y de beneficio para toda la sociedad entre la prensa y el Estado demanda mantener una actitud de permanente autocrítica, guiada por los intereses superiores del bien común, que facilite la tarea de promover la participación ciudadana sin el perjuicio de estereotipos mutuamente excluyentes.

En estas circunstancias, y quizás como nunca antes, un Estado democrático debe garantizar la libre expresión, que constituye sin duda su mayor activo de defensa.

A los medios de información les compete una enorme responsabilidad social en el logro de la seguridad pública. Y la verdad es, sin duda, la herramienta más poderosa para el ejercicio de esa responsabilidad.

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Publicado el  3 de diciembre en el diario La Estrella de Panamá, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Resocialización

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La opinión del Abogado y Comentarista…..

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Guillermo  Márquez  B.

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Resulta impresionante la cantidad de personas que alegan que el aumento de penas para los delincuentes no es la receta adecuada para curarlos y transformarlos en seres regenerados útiles y unidades positivas de la comunidad y que, por lo tanto, lo que hay que hacer es “resocializarlos”.

No obstante, ninguno de aquellos ha propuesto que se constituya, por parte de un gobierno nacional, una comisión de técnicos para que haga el estudio del caso, a fin de establecer un centro de rehabilitación de delincuentes que es lo que hace falta, sin perder de vista que eso requerirá tiempo y mucho dinero.

Será preciso considerar dónde y con qué capacidad de alojamiento se instalaría dicho organismo y cuántos médicos, psicólogos, psiquiatras, expertos en derecho penal, educadores y personal administrativo se requeriría para operarlo adecuadamente. El esfuerzo en ese sentido es deseable a pesar de que, según el Eclesiastés, “Las almas de los malvados con dificultad se corrigen.”

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Publicado el  3  de diciembre de 2009 en el diario El Panamá América, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

¿Hablas tú o hablo yo?

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La opinión de…..

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J. Enrique Cáceres-Arrieta
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A muchos nos ha pasado que al conversar con alguien de repente nuestro interlocutor habla o hace comentarios de lo que estamos expresando.   Nos interrumpe. La persona que se supone debe escucharnos nos impide hablar y desarrollar las ideas que deseamos manifestar. Una de las virtudes humanas es saber escuchar, no oír porque todos –con excepción de los sordos– oímos. Pero no todos sabemos escuchar; prestar atención a lo que dicen las personas que a diario se comunican con nosotros.

Palabreros y hablantines hay por doquier, mas los buenos y excelentes escuchadores son escasos. A un sinnúmero de oradores con pico de oro se le recuerda, admira e imita. Pero, ¿quién emula y tiene memoria de aquellos excelentes escuchadores del pasado? Temo que pocos.

No pocos adolescentes se quejan: “Mis papás no me escuchan”. Innumerables padres modernos están tan ocupados que escuchan solo las voces que representan grandes intereses para ellos.   Después tienen el descaro de quejarse de las malas actitudes que reforzaron en sus hijos por abandonarles física y emocionalmente.

Según los expertos, los loros repiten hasta 20 palabras. Reiteran o “hablan” lo aprendido, mas los humanos poseemos las facultades de entender, razonar, reflexionar y hablar.   No de escuchar.   Eso debe aprenderse y cultivarse. Por alguna razón tenemos una lengua y dos oídos. Empero, hay quienes hablan tanto y escuchan tan poco que parecieran tener dos lenguas y un oído taponado. (No malinterpretar esto como irrespeto al prójimo sordo).

Muchísimos son los que hablan y oyen; muy pocos los que conocen el arte de callar para escuchar. De ahí que los segundos suelan dar en el blanco de una conversación. Insisto, saber escuchar es una virtud desarrollada por pocos. Es tal la valía de saber escuchar que “aun el necio cuando calla [para escuchar] es contado como sabio”, asevera el viejo proverbista.

El que interrumpe afirma:  “Espera, antes de que se me olvide debo decirte…”.   Quiere justificar la interrupción porque si no habla de una vez se le olvida lo que ha estado pensando mientras tú hablabas.   No ha prestado atención a lo que decías, pues no le interesa o no ha disciplinado su mente y emociones para escuchar. Quien tiene el hábito de interrumpir no dialoga.   Habla y hace contacto con su ego (parte del yo que nos hace conscientes de nosotros y del entorno), al cual solo le interesa que le escuches, sin interrumpir claro está. Algo que no aplica a su vida pretende que otro practique prestándole atención, porque lo suyo sí es importante.

Seamos buenos escuchadores.   Permitámosle al prójimo que hable. Que diga lo que quiere decir sin faltar el respeto, porque, aunque parezca mentira, aun del más ignorante se aprende. Más aprende quien escucha que el que habla.

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Publicado el 3 de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.