Hacia un desarrollo humanista

La opinión del Pedagogo, Escritor y Diplomático….

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Paulino  Romero  C.
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Con frecuencia se oyen voces que denuncian el modelo usual de desarrollo –pese a los correctivos aplicados– como ineficaz en amplias zonas del planeta, por lo que la profundización de las crisis, el avance del hambre y la miseria, y la urgencia de afrontar los problemas existentes se hace necesario encontrar una respuesta a la interrogante: ¿Cómo podemos maximizar el bienestar de los hombres sin dejar de dignificarlos al mismo tiempo?

El modelo usual de desarrollo ha colocado –erróneamente– como piedra angular la riqueza, lo material, y puesto en lugar secundario los valores culturales y espirituales, considerándolos meros epifenómenos o aditamentos, para hacer más aceptable y eficaz ese modelo. Empero, ensayemos invertir ese orden: colocar el centro de gravedad del desarrollo en el hombre mismo, en sus aspectos humanistas, es decir, en sus valores, y entender lo material como condición necesaria e infraestructura de aquello. Procuraríamos así buscar un modelo humanista de desarrollo. Y, por supuesto, este modelo no puede estar simplemente prendido de nobles y altas ideas, sino que ha de responder a la problemática actual, surgir de ella, constituir una respuesta a la pregunta planteada: ¿Cómo mejorar la situación de las personas de manera tal que no dejen de florecer los mejores valores humanos?

Sabemos que existe una estrecha vinculación en el modelo actual, entre desarrollo y tecnología. Sabemos también que esta se halla estrechamente ligada a la ciencia. Por lo tanto, una reflexión sobre un desarrollo humanista, tiene en su punto de partida que hacer referencia a estos conceptos. Comencemos, pues, a despejar el camino contraponiendo estos dos componentes, reflexionando sobre su significación para el desarrollo.

El elemento clave del trinomio desarrollo, ciencia y tecnología es la tecnología, no por ser el principal, ya que en estas materias todo es igualmente importante, sino por constituir un punto de enlace, en la práctica contemporánea, entre los otros dos elementos, situados en planos distintos: el desarrollo y la ciencia. En efecto, mediante la tecnología incide la ciencia en el desarrollo.

Característica de la ciencia es esa capacidad que tiene de ser enseñada, transmitida de maestro a discípulo. Y este al adquirirla se adueña también de sus posibilidades tecnológicas.

Ciencia y técnica o tecnología son inseparables, salvo en sus extremos. La ciencia actual es un complejo sistema conceptual, un enfoque, un conjunto de hombres, elementos, instituciones e instalaciones, en constante revisión de sus supuestos, siempre en vías de transformar sus hipótesis y teorías. Pero, abordemos la cuestión fundamental: ¿Cuál es el sentido del desarrollo?

Recordemos que el desarrollo dejó de ser postulado como un concepto exclusivamente económico, y ahora se acepta que representa un proceso integral, que incluye diversas dimensiones: social, educacional, política, cultural… al menos en teoría.

Por otro lado, se sostiene que ha de ser endógeno, es decir generado por la sociedad misma, en armonía con la propia identidad cultural de cada pueblo, encaminado a suprimir dependencia y alienación. Ambas ideas convergen en la postulación de un bienestar económico global, en que se goce de seguridad, dignidad y libertad de manera que las sociedades se realicen siendo fieles a sus propios valores morales y culturales. Existen, pues, dos visiones distintas sobre el desarrollo: la primera señala al hombre como fin; la segunda considera como fundamental el mercado porque da acceso al desarrollo. La una ve la tecnología como arma de dos filos que ha de usarse con cautela; la otra la recomienda como panacea universal, que a cualquier precio habría que adquirir.

Hay que admitir que esta última está más imbuida de la vinculación entre ciencia y tecnología, pues ella ha nacido de la conjunción de las mismas con la economía, y, en consecuencia, precisamente en este campo está fuerte. Frente a la concepción del desarrollo en este sentido, sin embargo, existe un anticientifismo, que juzga, de plano, negativo todo lo que él comporta.

Habrá que buscar una posición intermedia que conozca la significación de la ciencia–tecnología como integrante del desarrollo, pero que no deturpe y degrade la idea del hombre, y con ello la realidad de su vida, como lo hace el economismo industrial que actualmente nos domina. Urge un modelo humanista integral de desarrollo, con el concurso indispensable de la ciencia y la tecnología.

¡Saludamos respetuosamente a todas las madres panameñas con motivo de celebrarse el próximo martes 8 de diciembre, el “Día de la Madre”!

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Publicado el 1 de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Los abogados litigantes

La opinión del Abogado……
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LUIS  G.  ZUÑIGA-ARAÚZ
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Dedico este humilde escrito al ilustre abogado Alcibíades Cajar Molina, ejemplo del abogado litigante.

Los abogados litigantes debemos sortear los más terribles escollos en el ejercicio diario de la profesión. No me refiero a los que laboran para grandes firmas, pues a estos se les abren puertas y se les facilitan los trámites. Semejantes beneficios no lo gozan los litigantes de a pie, pues de sus humildes despachos no salen los magistrados ni los procuradores, y sus reclamos, por importantes que sean, nunca llegan a ser nota que interese a los medios.

Los litigantes enfrentamos al Ministerio Público, cuya concepción de la Ley ha sido siempre terrible e inquisidora. Antes de investigar el hecho, el fiscal dispone la detención. Si lo hicieron con los directores de la Caja de Seguro Social, ya se pueden imaginar lo que hacen diariamente con nuestros clientes.

Con el cliente detenido, el abogado debe entonces solicitar que se fije una Fianza de Excarcelación ante el juez competente. Cuando éste la fija, el fiscal apela. Como el tiburón que siempre mata, aunque no tenga hambre. Todo en el marco del calvario de los familiares del cliente por conseguir el dinero para obtener su libertad.   Esta aflicción, en los pueblos como el mío, la hace suya el abogado, la comparte como pariente dolido.

Enfrentamos a los defensores de oficio. Pagados por el Estado, los defensores de oficio no solo atienden casos de menores y familia, sino que también defienden a cualquiera ante la comisión de un delito, independientemente de que sea pobre o adinerado.

Los abogados litigantes, que pagamos impuestos, alquiler, secretaria, teléfono, electricidad, etc., no podemos competir con estos funcionarios públicos que prestan gratis el servicio.

Ante un caso de familia, por ejemplo, la Defensoría de Oficio le exige a su cliente un patrocinio legal gratuito. En las causas penales, no les exigen nada. Por eso muchas veces los defensores de oficio defienden a personas pudientes, que pueden ser nuestros potenciales clientes. Tanto es así, que en el 98% de las audiencias de homicidio, en Coclé y Veraguas, participa el defensor de oficio.

Así son las contradicciones de la Justicia: los contribuyentes pagan al fiscal para que persiga el delito, al defensor de oficio para que defienda al que cometió el delito y al juez para que lo sancione o absuelva. Solo que en este tema, al contribuyente se le llama Estado.

También nos enfrentamos al juez. Al juez que no es fiel al mandato de la Ley, pues falla alejado de ella. Al juez que no motiva sus fallos, que no los fundamenta en los hechos y las pruebas. Al juez que actúa con prejuicios o con miedo o con animadversión o, lo que es aún peor, con estas tres maldades en su alma.

Los abogados litigantes esperamos una decisión razonada, donde el juez demuestre conocimiento y capacidad, que sea el resultado de la justicia y la equidad, independientemente que sea favorable a nuestros intereses o no. Eso esperamos de los jueces. Para ello, nos esmeramos en nuestros escritos, citamos doctrina e invocamos jurisprudencia, y de vuelta casi siempre recibimos una resolución desmirriada, ayuna de análisis, alejada de los preceptos legales.

Los jueces, debo decirlo, actúan con una espada en el cuello: la “ relación ”. Al final de cada mes, sus superiores les exigen dar cuenta cuantitativa de su trabajo. Les preguntan cuántos expedientes entraron a su despacho y cuántos salieron.

Nunca le preguntan por la calidad de las resoluciones, sino por la cantidad. Esa “ relación ” fulminó la sana y recta administración de justicia, mató la calidad y dio paso a la mediocridad. Ante fallos irreflexivos queda perplejo al abogado litigante. Herido, diría, con daga roma, el abogado litigante se desangra queriendo explicarle al inconforme cliente lo inexplicable de la decisión judicial.

Algunos litigantes se arropan con el manto de la resignación. Guardan un prudencial silencio ante los desmanes de la administración de justicia. Piensan, quizás con razón, que de nada sirve adversar al fiscal o al juez, pues pueden quedar sujetos a la saña del funcionario errático.

Entonces, el abogado va colmando su conciencia con las piedras del rencor, y se convierte en un severo crítico en la intimidad de su alma, como el buen sacerdote que carga por el mundo con los pecados ajenos.

Los litigantes son, sin dudas, los mártires de este oficio, aunque muchos hayan muerto sin saberlo. Expertos en cuestiones de términos, dejan sus días hábiles, sus años, su vida entera colmada de angustias, en los estrados del tribunal y, al final, ya sin fuerza para seguir en la brega, se marchan en silencio, cargando sus códigos de diario uso, sus viejos libros, sus ilusiones de siempre, sus sueños incumplidos, orgullosos de haber ejercido la noble profesión de abogado.
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Publicado el 1 de diciembre en el diario La Estrella de Panamá, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Día del Desaparecido

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La opinión del Educador…..

Pastor  E.  Durán  E.

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Es de justicia que en nuestro país exista un Día del Desaparecido como lo hay en otros países donde ha habido dictaduras. Por eso opinamos atinada la solicitud que el pasado 20 de noviembre presentó el Comité de Familiares de Desaparecidos y Asesinados de Panamá “Héctor Gallego” (COFADEPA-HG), a la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Nacional, en el sentido de que el 9 de Junio sea declarado “Día Nacional del Desaparecido” en Panamá (el 9 de junio de 1971 durante la dictadura de San Omar Torrijos fue secuestrado y desaparecido el sacerdote Héctor Gallego).

Esta petición es un interés manifiesto de los familiares de las víctimas de violación a los derechos humanos durante la época de la dictadura de Omar Torrijos y Noriega.

La petición fue presentada por Maritza Maestre Bethancourt, sobrina de Alcibiades Bethancourt, desaparecido el 16 de febrero de 1971.

El COFADEPA-HG fue fundado en septiembre de 1999 y busca establecer la verdad de los hechos, para que se haga justicia y así romper la impunidad que a lo largo del tiempo hasta la fecha, ha protegido a responsables materiales e intelectuales de aquellos crímenes, en el marco del golpe de Estado y gobierno dictatorial que ejercieron Omar Torrijos y Manuel Antonio Noriega.

Héctor Gallego, sacerdote católico de nacionalidad colombiana trabajaba en la región de Santa Fe de Veraguas, en un proceso de concientización cristiana, humana y política con el campesinado empobrecido, para promover un cambio socio-económico y político desde el espíritu liberador de la fe cristiana que animaba a la Iglesia Católica de América Latina de aquellos tiempos.

Esta propuesta en marcha se levantaba como una voz de protesta contra el sistema imperante, falto de libertad y de justicia social, cuestionador del régimen dictatorial de Torrijos. Ese día 9 de junio, en 1971, Gallego fue secuestrado en una casa campesina en hora cercana a la medianoche, por agentes de la Guardia Nacional.

El documento que se presentó como una propuesta de anteproyecto de ley a la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Nacional, resalta el hecho de que muchos otros, hombres, mujeres y jóvenes, sufrieron los mismos vejámenes que este sacerdote, de tal manera que este día nacional es para hacer memoria, para no olvidar, para tenerlos siempre presentes y para recordar el vacío de justicia que aún impera en Panamá.

El COFADEPA-HG espera contar con la disposición de la mencionada Comisión y del actual Gobierno, para hacer realidad esta petición, ya que durante el pasado gobierno de Martín Torrijos, se presentó también, pero no se le dio ningún seguimiento ni respuesta por parte de los diputados.

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Publicado el  1 de diciembre de 2009 en el diario El Panamá América, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Secretos del maestro

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La opinión del fotógrafo…..

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ARISTIDES  HERRERA  B.
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En mi niñez frecuenté a un incomparable conductor de juventudes, autor de un libro promovedor como ningún otro del buen destino de la enseñanza nacional. Me refiero a Rubén Darío Carles, quien con su maravillosa obra Quiero Aprender escaló la cima de la instrucción parvularia.

Conocí al Viejo, así lo llamaba, cuando él residía en una casita ubicada en la calle 35 del antiguo barrio de La Exposición, exactamente frente a la entrada del estacionamiento de la presente sede la comuna capitalina. Siempre lo encontraba con amable sonrisa dispuesto a charlar, no le importaban nuestras notorias edades diferentes. Ejercer en todo momento el magisterio era su gran pasión.   Cuando laboraba en La Estrella de Panamá en el sector de San Felipe, consolidé mi amistad con el sabio anciano, quien al llegar por algún motivo a La Decana aprovechaba la oportunidad para capacitarme sobre la correcta manera de redactar una noticia, artículo, etc.

En una conversación, sostenida en uno de los estrechos balcones del centenario edificio, me confesó los secretos o estrictas normas seguidas al pie de la letra por Gaspar Octavio Hernández en su efímero, pero esplendoroso andar por el mundo literario y periodístico. El veterano docente las conocía, porque tuvo la dicha de alternar con el cantor de la bandera panameña en sus años mozos.

La primera consiste en no repetir sustantivos, verbos o adjetivos en una oración, acápite o reportaje. Para eso existen sinónimos a tutiplén. La segunda es desarrollar una sola idea en cada párrafo, evitando caer en confusiones o rompecabezas provocados por la diversidad de conceptos tratados sin ton ni son en unas cuantas líneas. La tercera es obviar los enunciados inmensos o maratónicos. Como él mismo decía: “ Parecen intrincadas selvas carentes de salida, y si la encuentras no te acuerdas por donde ingresaste ”.

Asimismo, no terminar una sentencia o parágrafo en flexiones verbales, únicamente se permite cuando las palabras fueron declaradas por alguien y se usan como una referencia. Pero tienen que ir entre comillas. La cacofonía se debe soslayar en lo posible. Por ejemplo: Perdón si me equivoco. Aquí hay un par de disparates. Aparecen dos vocales iguales una detrás de otra, y lo dicho finaliza en una conjugación verbal. Lo correcto es: Perdón si estoy equivocado.

Ojalá estas pautas, llegadas a mí gracias a un extraordinario conocedor, sirvan para ilustrar a ciertos novatos acerca del oficio de la escritura. Porque es lamentable leer crónicas y comentarios en que desfiguran a placer el legado de Cervantes. Por tal razón, estas remembranzas están respetuosamente dedicadas a los trabajadores de la pluma informativa y a los futuros comunicadores sociales.

Hay infinidad de interesantes temas respecto a la gramática, pero debido al poco espacio disponible me conformo con las reglas presentadas. Además reconozco no ser el más experto en la materia.

Estos pensamientos son un homenaje al brillante jefe de redacción, quien en la flor de la vida partió hacia el más allá, dejando su herencia poética grabada con letras indelebles y ribetes de grandeza en la historia de la literatura del país. También, con mucho nostalgia hago extensivo este ofrecimiento a mi recordado maestro en este día tan especial.

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Publicado el 1 de diciembre en el diario La Estrella de Panamá, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Día del maestro versus deficiencias educativas

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La opinión del Periodista……
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Modesto  Rangel  Miranda

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Uno de los aspectos fundamentales es la formación de verdaderos ciudadanos en la sociedad, sin embargo, hay ocasiones en los cambios representan obstáculo para la sociedad. Es importante señalar que representan el verdadero baluarte de una nación destacando conocimientos en beneficio de Panamá.
Hablar de verdaderos cambios en la educación representa una acción positiva, pero la mayor evidencia de estos se dieron con el nacimiento de Manuel José Hurtado propulsor de la educación panameña.
Con el decreto n° 398 del 14-11-1.958 firmado por el Presidente Ernesto De La Guardia se declaraba el 1° de diciembre día del maestro. Este hecho proyectó una verdadera formación en los primeros forjadores de la educación pública en la república de Panamá al comienzo de la historia nacional.

Pero el problema de La Educación Media afronta deficiencias de calidad, de equidad e ineficiencia administrativa, capacidad intelectual y en especial, deserción escolar entre niños y jóvenes quienes desde edad tempranas tienen retos difíciles con el mundo laboral. La mayor crítica que recibe este nivel de educación, en el sector público, es que no prepara al estudiantado para su ingreso a la Educación Superior.

Un ejemplo de la falta de equidad en el Sistema Educativo es el hecho de que los niños y niñas y jóvenes del campo y los y las indígenas, quienes en conjunto representan la mitad de la población en edad escolar, reciben sólo 35% del total de los subsidios de la educación.

Lo cierto es que el Sistema Educativo no está diseñado para dar prioridad a esta población en desventaja social, que además sufre condiciones de insalubridad, deterioro del ambiente donde se desarrollan, deficiencia en los servicios de salud, comunicación, agua potable y acceso al trabajo.

Se debe dar con plena urgencia un proceso de búsqueda de alternativas sostenibles a la crisis de un Sistema Educativo, donde los jóvenes y niños sientan un mejor cambio que le proyecte mejores innovaciones y un método adecuado para sus estudios respondiendo con plena capacidad a los retos del mundo moderno, pero también exigiendo a los docentes mejores planes de estudios que beneficien a los estudiantes ,no con planes de estudio de hace 10 o 15 años que se dan en la mayoría de las escuelas de todo el país.

Ojalá que este 1° de diciembre del 2009, los docentes educativos piensen que enseñar no es someter y acaparar a los estudiantes con excesos de planes de estudios obsoletos, sino que el estudiante tenga la habilidad de prepararse con sus investigaciones valorando sus propios esfuerzos lo que permitirá a Panamá tener buenos estudiantes y excelentes profesionales realzando la cultura nacional.

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Publicado el  1 de diciembre de 2009 en el diario El Panamá América, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Cultura de turismo o turismo cultural

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La opinión del empresario…..

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RAFAEL  CARLES
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Hay muchos panameños que piensan que nuestro país está por encima de los demás en materia de turismo.

Se ensañan con argumentos históricos y hacen referencia a nuestra posición geográfica, al Canal, la seguridad, su sector financiero y el “hub” de Copa. Pero también hay quienes dicen —y cada día son más— que Panamá carece de una adecuada infraestructura para dar soporte a la masa de personas que visita nuestro territorio. En mi opinión, ambas tesis tienen algo de cierto.

En el territorio nacional, por ejemplo, existe una oferta histórica abundante. Allí están las ruinas de Panamá La Vieja, que, a pesar de su marcado deterioro, cada día enfrentan el pasar de los años con pena y gloria. El Sitio Conte en Coclé todavía revela algo de su esplendor precolombino, al igual que las ruinas del Fuerte de San Lorenzo y el complejo aduanero de Portobelo, en Colón. La iglesia de Natá de los Caballeros, el camino a La Negrita en Penonomé, así como los parques y plazas del interior aún guardan ese encanto que atrae a miles de visitantes de todas partes del mundo.

Pero si a estos monumentos los contrastamos con la idiosincrasia de los panameños, nos damos cuenta de que unos cuantos sinvergüenzas opacan ese brillo cautivador. Es inconcebible que Panamá, por ejemplo, no tenga un sistema de transporte digno que atienda a nacionales y extranjeros. El turista ha quedado a merced de los sindicatos de taxis, que hacen todo lo posible para monopolizar su mercado y prestar un pésimo servicio. Ante la inacción de las autoridades, los “ no voy ” persisten y los vehículos deteriorados son la tónica del día.

Igualmente, escasean guías bilingües y los que hablan inglés no conocen las interioridades de la historia nacional ni sus costumbres y tradiciones. Recientemente, uno de estos traductores improvisados no pudo explicar a un grupo de europeos la leyenda de la India Dormida en El Valle ni tampoco el estado actual, ni las perspectivas de extinción de la rana dorada.

Para colmo de males, el cierre de calles no solo afecta la actividad económica nacional, sino que además desincentiva el turismo. Definitivamente es incómodo para los turistas no poder desembarcar de sus respectivos cruceros, porque cuatro gamonales no se ponen de acuerdo sobre el cobro de una tasa de salida del Puerto Colón 2000. Las vías de acceso a varios sitios turísticos están cada día peor. Para subir al Volcán Barú se requiere hacerlo a caballo o caminando, cuando en Costa Rica, por ejemplo, los tres volcanes más populares (Irazú, Poás y Arenal) son accesibles en vehículo hasta el mismo cráter.

Mi opinión es que Panamá debe explotar más su autenticidad. Pretender cambiar la imagen de nuestro país con refranes publicitarios o querer hacer ver que somos una cosa cuando en la realidad somos otra, es una razón importante del porqué los turistas prefieren otras latitudes. Recientemente estuve en Turquía y, aunque la temperatura excedía los 40 grados C, había polvo en las calles y cobraban precios altos en los almacenes, los turistas estaban contentos. ¿Saben por qué? Todos sabíamos a dónde habíamos ido y cuáles eran nuestras expectativas. A mi me encantó, por ejemplo, que en cada esquina vendían jugos naturales de vegetales, había abundancia de frutas frescas locales (higo, peras y duraznos), las artesanías eran hechas localmente, los vendedores de telas y alfombras eran expertos y conocían sus productos, y eso es lo que cualquier turista espera cuando visita a Turquía.

Entonces preguntémonos, ¿qué es lo que espera un turista cuando visita a Panamá? Tristemente, y hay que aceptarlo, desde hace muchos años dejamos de ser un destino por nuestro valor histórico y tampoco somos un centro de atracción artesanal. Es innegable que todo, o casi todo, lo que se vende en el país es prefabricado, importado de Corea o “ Made in China ”. Las artesanías ahora se producen en moldes y las molas se comercializan como un bien genérico.

También dejamos de ser un país seguro. Robarle a un turista en Panamá no es motivo de vergüenza ni de escándalo nacional, como ocurre en Cartagena, Santo Domingo u Ocho Ríos. El Corredor Sur es una trampa para los turistas de negocio que declaran dinero en aduanas.

Hemos perdido nuestra vocación como país autóctono. Nuestra principal reserva étnica está incomunicada por la falta de carreteras a San Blas. Por supuesto que no somos un destino confiable tampoco. El tren transístmico, en un tiempo el mejor “ paseo ” del Caribe según los expertos, perdió su esplendor por la falta de operadores responsables para recoger pasajeros en Corozal y regresarlos a Colón.

Entonces, ¿cuál es nuestro perfil como país turístico? Por qué no pensar, sin vergüenza, que somos los más impuntuales y que en realidad a los turistas les encanta jugar al “ llegar tarde ”, sin el estrés y los problemas que experimentan en otros lugares. O tal vez les fascina jugar “ al perdido ”, en calles sin iluminación, sin direcciones o señales ni domicilios enumerados o rotulados. O tal vez les entretiene jugar “ a la aventura ”, caminando las avenidas sin aceras o esquivando vehículos a alta velocidad cuando intentan cruzar por la línea de seguridad. O, qué tal, si en verdad lo que vienen es a jugar “ a la hora feliz ”, buscando ese momento de esparcimiento, quietud y tranquilidad.

Mientras Colombia es pasión y Costa Rica no tiene ingredientes artificiales, Panamá no es definitivamente una nación destino. A pesar de nuestras lindas playas, del calor interiorano, de la pesca deportiva y la observancia de aves, no tenemos una cultura de turismo, pero sin duda al turista le gusta nuestro país por su folklore de pachanga y la atención campechana que ofrecen los panameños. Y, por lo visto, eso parece ser suficiente.

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Publicado el 1 de diciembre  en  el  diario  La Estrella de Panamá, a   quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Reflexión en el Día del Maestro

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La opinión de….

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Stanley  Muschett
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Mandrioni, Toynbee, Champollion, Fanon, Copi, San Anselmo, Giordano Bruno, Ortega y Gasset. Mounier y Maritain, Láskaris, Zea, Castillero, Susto, Chuchú Martínez, Pernett y Morales, Dimas Lidio Pittí, Reina Torres, Olga Linares, Richard Cook. Rimas, Décimas a lo Divino, ensayos, cuentos y relatos (Verde que te quiero Verde). Nombres, conceptos, ideas, hechos y tareas que se instalaron en mi después de haber sido decantados de los labios y mentes de Roberto De La Guardia, Ricardo Arias Calderón, Carlos María Ariz, Angel Revilla Argüeso, Luis Oscar Miranda, José María Escámez, Miguel Angel Martín, Gustavo García de Paredes, Melvin Sáenz, José Vicente, Javier Lasa, Luis Oscar Miranda y Rafael Rivera, entre otros.

Las clases se extendían más allá del aula, transformándose en ocasiones de diálogo y espacios de conversación coloquial, pero científica, con la que los alumnos de entonces, en la Universidad Santa María La Antigua (USMA) que comenzaba y se debatía por ser, en Plaza Catedral, fuimos privilegiados. Lecciones de lógica intercaladas con la charla de café sobre la caída de Vietnam. Recorridos apasionados por la historia, viajando desde el antiguo oriente para aterrizar en la revolución francesa. Discusiones sobre filosofía de la historia mientras argumentabas sobre los procesos de descolonización en el África de entonces. Se hacía tiempo para escribir poesía y hacer crítica a la literatura panameña. Leíamos a Kant en italiano y además, ilustrábamos los silogismos con los diagramas de Venn.

Había que escribir la historia de Panamá, desde sus mitos, leyendas y arqueología, mientras construíamos la identidad de los castelauros, sin descuidar la dinámica del llamado “Proceso Revolucionario” que se iniciaba y seguir de cerca los concursos del Miró. Y todo ello, en el territorio libre de la USMA, aquel salón 208 del antiguo Palacio Arzobispal, el Parque Catedral y la cafetería del Hotel Central.

Todo esto ha venido a mi memoria al calor de un debate (uno más de tantos) sobre la educación y nuestras universidades. Sobre lo perdido y lo añorado. Una cosa llevó a la otra y cuando la nostalgia se instaló en mí, la loca de la casa hizo de las suyas (Sta. Teresa) y luego la gratitud afloró serena. Por eso, en este día del maestro, mi homenaje va para ellos. A estos que haciendo de alfareros de la mente y el espíritu no midieron su entrega. Ellos, que con su vida y testimonios (recuerdo que Ricardo Arias Calderón se dejó la barba para protestar contra una medida gubernamental que la prohibía; los aventones de Gustavo García de Paredes en la noche tarde después de clases o los libros traídos de regalo por Miguel Angel Martín en su visita anual a los archivos de Londres) inculcaron valores y sueños en nosotros (cualquier falla es culpa nuestra). Ustedes, al decir de Savater, nos contagiaron de auténtico humanismo. Por ello, alzo mi copa y brindo por cada uno de ustedes. Su presencia en nosotros, los de entonces, supera todo límite físico y distancia temporal. ¡Feliz día, maestro!

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Publicado el 1 de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.