¿Bachiller agropecuario o técnico?

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La opinión de….

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GABRIEL   A.  CONTE  G.

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Como ciudadano consciente hemos acompañado, a través de los medios de información, todo lo relacionado a la transformación del sistema educativo que requiere con urgencia notoria el país, dada la enorme descomposición del mismo, por lo que debemos pasar del discurso a la acción antes que sea muy tarde.

En materia de la transformación educativa y, a sugerencia de las universidades, se recomienda disminuir la cantidad de bachilleratos de los 68 existentes a nueve u once.

Entre los bachilleratos que se sugiere mantener está el agropecuario, lo que es cuestionable por varias razones que describo a continuación:

1. Se supone que el bachillerato es un paso intermedio para alcanzar un nivel superior o sea universitario.

Para tal efecto ese paso intermedio debe encuadrarse dentro de lo que es un bachillerato en ciencias, donde el estudiante recoge todo un contenido relacionado con las ciencias, necesario para optar por una carrera universitaria dentro de las ciencias agrícolas y pecuarias en sus distintas especialidades.

2. El bachillerato agropecuario tal como ha sido concebido en nuestro país, en distintas épocas, no es aplicable a la actualidad.

Su contribución en el pasado (primera mitad del siglo XX) se enfocó en un alto porcentaje al mejoramiento del agro panameño, sacándolo de un atraso secular muy propio de los pueblos de nuestra América Latina que no tuvimos herencia de producción ni agrícola ni pecuaria, pos conquista ni pos colonia.

3. Las actuales escuelas de formación agropecuaria adolecen de una serie de factores básicos, lo que es propio de la improvisación politiquera y de la falta de apoyo intelectual–técnico (profesionales de experiencia) que les hayan dado la debida orientación y especialización como tal.

Se ha entronizado una generalización llena de todo tipo de defectos. Quizás no podríamos decir que ha faltado apoyo económico.

Se han despilfarrado sumas millonarias en proyectos y proyectitos en diversos rubros y, a la postre, los resultados no son satisfactorios.

En otros casos, los recursos nunca han llegado para que el estudiante sienta que está aprendiendo algo.

En las escuelas agropecuarias, a los dirigentes del Ministerio de Educación (Meduca) les interesa más ver cómo sacan algún dinero de lo que dicen producir, sin que el alumno note que lo que se produce en verdad refleje un cambio en mejoras tecnológicas de producción.

En conclusión, se enseña o hace lo que no se debe hacer en nuestro medio, por diversas razones. Muchos de nuestros productores van más adelante de lo que brindan las escuelas agropecuarias.

Entonces, ¿dónde quedó el flamante aprendizaje?

4. El sector agropecuario, hoy más que nunca, lo que requiere es que se les dé a los distintos niveles de producción los aspectos tecnológicos apropiados a nuestro medio, sin perder de vista que el sector cada día requiere de ser altamente competitivo en todos los renglones, con altos niveles de optimización de recursos, y producir en forma amigable con el medio ambiente.

Por las razones expuestas, me inclino a que nuestro país, en lo tocante a la enseñanza para el sector agropecuario, se oriente a la formación “técnica especializada” y no al bachillerato como tal.

Para ello es necesario que se redefina el rol de las distintas escuelas existentes en el Meduca; cuántas deben quedar en las distintas regiones educativas como centros técnicos de enseñanza, donde el joven tenga la oportunidad de formarse tanto en la rama agrícola como pecuaria, con verdaderos conocimientos teóricos y prácticos que, inclusive, lo animen a ser un productor eficiente.

Para ello, dichos centros deben dotarse de toda la tecnología acorde con las necesidades productivas del país, sin caer en romanticismos y exigencias innecesarias, muy propias de algunos pedagogos del nivel medio.

Estos centros deben ser manejados por organizaciones y no por el Meduca, con participación de productores, industriales, profesionales tanto de la medicina veterinaria y zootecnia como de ingenieros agrónomos, agrícolas y especialistas en administración agrícola y mercadeo.

Igual que los contadores públicos de Panamá –a los que felicitamos por su preocupación en lo tocante a la enseñanza–, los profesionales del agro y sus organizaciones deben sumarse y ser llamados a cooperar, a brindar sus conocimientos en esta cruzada en donde todos debemos colaborar con alto desprendimiento, por el bien de nuestras futuras generaciones.

Atrás deben quedar los egos y posturas gremialistas que no producen nada.

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Publicado el 26 de noviembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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