Caso y ocaso del Parlacen

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La opinión de……

RUBEN  PARDO


Cuando un gobierno desea cumplir con su pueblo no despilfarra los recursos del Estado, no desoye las solicitudes para que no se tiren a un lado sus necesidades.  En el caso del Parlacen, esos dineros pueden servir para el desarrollo social. Cuando este gobierno planteó la necesidad de salir del Parlacen, recibió el respaldo de todos los sectores honestos de la sociedad.  Pero analicemos por qué este tipo de medidas son fuertemente respaldadas.

Cuando la ciudadanía, por definición responsable, se entera de que los gastos de nuestra participación en el Parlacen cuestan millones de dólares y ve que no es solo para el pago de 20 representantes –elegidos de una manera no muy democrática–, sino que además el Estado panameño debe costear parte de los gastos de mantenimiento de ese foro de palabrerías insulsas, siente náuseas profundas.

Este repudio seguirá hasta que se culmine el proceso de salida de Panamá de ese organismo, iniciado por la Cancillería, con las acciones que faltan de parte de la Asamblea Nacional.

Pero hay otra causa de los vómitos morales, a saber el hecho ignorado de que cuando se acogió el ingreso al Parlacen, en el periodo de transición entre Endara y Pérez Balladares, se decidió entre ellos, por medio de un decreto, que los primeros representantes fueran 10 de los partidos salientes del poder y 10 de los partidos entrantes. Luego, lo que sucedió fue que el presidente entrante ignoró lo pactado y, por medio de un decreto nuevo, los primeros 20 representantes se escogieron de las filas del PRD.

¿Quién puede cuestionar el derecho soberano de un gobierno, elegido por una mayoría electoral de más del 60%, de retirarse de un organismo cuestionado y poco respaldado, como lo es el Parlacen?   Este organismo, debido a que no produce otra cosa que no sea la retórica sin objetivos concretos –porque sus Estados no tienen en su adhesión nada que los obligue a cumplir con los contenidos de sus resoluciones–, es un organismo sin poder de empujar ningún beneficio para los pueblos de los países representados.

Ninguno de esos acuerdos de adhesión es el resultado de un respaldo de presidentes, ni de ministros ni de los parlamentos de los países involucrados.

Recordemos que ese foro ha servido solo para reciclar a políticos o para dar cabida a los llamados políticos fracasados en las elecciones de sus respectivos países.

A todo lo anterior sumemos que el artículo 27 del Parlacen dice: “Los diputados … gozan del siguiente régimen de inmunidades y privilegios:

A. En el Estado donde fueron electos, de las mismas inmunidades y privilegios que gozan los diputados ante los Congresos, Asambleas Legislativas oAsambleas Nacionales;

B. En los demás países centroamericanos, de las mismas inmunidades y privilegios que para los agentes diplomáticos se establecen en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, y

C. En el país sede además de los privilegios que se establezcan en el Tratado Sede”.

Apreciado lector (a), ¿puede ver semejante tripleta de privilegios?  Si nuestro pueblo, con una gran mayoría eligió a la Alianza para el Cambio que gobierna, con una mayoría aplastante, y esa mayoría desea también aplastar los abusos que se construyeron los políticos reciclados a la medida de su ambición parásita; ¿cómo podemos ver, con ojos de justeza, dar respaldo o visto bueno a nuestra participación en semejante insulto de abusos a la dignidad que merecen los ciudadanos con tantas necesidades urgentes, versus el patrocinio de la vagancia y el despilfarro de recursos?  ¿Cómo podemos aceptar que un miembro del Parlacen tenga más inmunidades y privilegios que un diputado o un embajador?

¿Por qué no destinamos esos recursos a nuestras escuelas, nuestros hospitales y a la juventud que requiere cultura, educación y deporte? ¿Por qué no destinamos esos recursos a nuestro cuadro básico de vacunas, a la atención de la desnutrición, a la construcción de parques y viviendas de bajo costo, pero dignas?

Hay cientos de destinos más valiosos y directos al desarrollo social para esos recursos que se gastan inútilmente en el Parlacen.

Salir del Parlacen es una forma de enderezar lo torcido, hacer correctivos y mirar hacia donde se necesita el trabajo y los recursos por las grandes necesidades panameñas.   Y si queremos hablar de integración, que se hable de ello en el marco de los Estados, en el camino de las causas obligantes para el trabajo efectivo por nuestros pueblos, no en el camino de la bonita retórica que disfraza la ineptitud.

No podemos seguir tirando la riqueza a manos de los dueños de bolsillos llenos ni de los precursores de despilfarro.

Nada beneficioso para los pueblos ha producido el Parlacen. Por eso, la Asamblea Nacional debe completar el camino trazado por el presidente Martinelli y el vicepresidente y canciller Juan Carlos Varela, si no el mismo pueblo que los eligió los criticará por no sacar a Panamá de esa vergüenza moral llamada Parlacen. Esperemos que la salida de este organismo sea el ocaso de semejante adefesio institucional.

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Publicado el 23 de noviembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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