Panamá y el Parlacen, fin de un matrimonio por conveniencia

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La opinión de….

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EUCLIDES  E.  TAPIA  C.

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Ante la eventualidad de que el Ejecutivo fijara su posición sobre el retiro de Panamá del Parlamento Centroamericano (Parlacen), nuevamente, aparecieron argumentos sin fundamento sobre la ilegalidad del acto. Sobre el particular, reitero que la denuncia de Panamá tiene asidero jurídico, conforme a lo consignado en la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados de 1969. Esta sustenta que en el caso de que un tratado no prevea la denuncia o el retiro del mismo tal derecho puede inferirse de la naturaleza del tratado. (Artículo 56, Num.1, Lit. b).

Si por naturaleza del tratado interpretamos que se trata de un tratado de integración, entonces, es obligante calibrar el grado de integración que presenta. Comoquiera que el Parlacen revela una débil consistencia jurídica, ya que sus decisiones no son obligatorias, es evidente que constituye una entidad extremadamente laxa como para erigirse en pilar de la integración.

Si se sugiere que se aspira a convertir la institución en una instancia supranacional, es evidente que ni siquiera los países más afines: Guatemala, El Salvador y Honduras, admitirían a la postre la cesión completa de sus atributos soberanos. Concluyo, entonces, que ni al revés ni al derecho el Parlacen tiene futuro. Por lo que atañe al argumento legal interno, es menester aclarar primero si la participación en dicho organismo responde o no a un interés nacional vital de la República de Panamá.

Cabe advertir que en el fondo nadie duda que el asunto en cuestión nada tiene que ver con que el retiro sea o no legal, sino que de lo que se trata, es de la postura obtusa de un partido que, no siendo padre de la criatura, lo que realmente defiende es un bolsón político que le permite en cada elección premiar con 4 mil dólares, y otras prebendas, a una decena de sus ungidos. Lo anterior nos conduce a la conclusión de que nuestra permanencia en el Parlacen no se corresponde, siquiera, con un interés nacional marginal.

En consecuencia, me congratulo por la decisión del Ejecutivo de aprobar nuestro retiro del Parlacen y, además, aunque obligado por la coyuntura externa, de someter lo actuado al legislativo. A su vez, para sepultar el cuestionamiento interno, me reitero en la necesidad de dar por concluido el proceso con un referéndum, el cual, aunque revele exigua participación y nos cueste algunos millones de dólares, siempre será menos de lo que anualmente malgastamos, permaneciendo en esta organización y disipará para siempre toda pretensión futura de reintegrarnos.

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Publicado el 21 de noviembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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