Un gesto que se agradece y una deferencia que ennoblece

La opinión de…..

David Enrique Ramírez Henríquez
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Un gesto que se agradece y una deferencia que ennoblece

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El 23 de octubre, por mandato del Órgano Ejecutivo, fue declarado Día de Reflexión Nacional, con motivo de conmemorarse 3 años de la tragedia que cegó la vida a 18 panameños inocentes y dejó una secuela de 25 heridos. De manera coetánea, por disposición del Consejo Municipal de Panamá e iniciativa de la Gobernadora de la Provincia de Panamá, Mayín Correa, se modificó la nomenclatura del lugar donde ocurrió la tragedia, designándola “Martín Sosa 23 de octubre del 2006”.

A 3 años de la desaparición de mi hijo David, y de los otros 17 inocentes que fallecieron calcinados, nuestros recuerdos y oraciones son permanentes, pues, simplemente, no podemos olvidarlos. De igual manera, seguimos siendo solidarios con aquellos panameños que pudieron salir con vida de aquel bus de la muerte, y que aún siguen padeciendo el vía crucis de las secuelas que quedarán marcadas para siempre.

Pero ante este cuadro de dolor y tragedia, nuestros corazones fueron alimentados este pasado día 23 de octubre con el alimento espiritual de un gesto que nos arropó con su manto de simpatía y ternura: las muestras de todos aquellos que de una u otra manera hicieron un alto para darnos su voz de aliento y esperanza, que nos motiva a seguir en esta lucha inclaudicable de humanización del transporte terrestre colectivo y de respeto a la dignidad del usuario del transporte público. Este gesto lo agradeceremos eternamente.

Ya casi finalizando nuestra jornada de reflexión y recordación, el ciudadano Presidente de la República, nos concede la deferencia de recibir a una comitiva representativa de nuestra organización, en el palacio de gobierno. Deferencia que lo ennoblece, pues hizo sentir, al menos por un instante, a ciudadanos humildes, unidos en la tragedia y el dolor, que podemos, al menos, ser escuchados de manera directa y sin intermediarios por el primer ciudadano de la nación panameña. Y lo que creíamos podía ser la respuesta a nuestras reivindicaciones de justicia por la vía de compensación por los daños sufridos, no se produjo. En vez de ello, el Presidente de la República nos mostró un rostro de celoso guardián del patrimonio de los panameños, arguyendo que, en su condición de administrador de dicho patrimonio, no podía asumir ninguna responsabilidad derivada de accidentes de tránsitos de los concesionarios del transporte público por no existir, hasta ahora, una sentencia judicial que así lo dictaminara. Haciéndonos eco de esa cautela legal del mandatario le recordamos que está pendiente de decidir una solicitud de arbitraje, como mecanismo alterno para solucionar este conflicto por la vía de la jurisdicción voluntaria, mecanismo previsto en el texto constitucional. Esto, al Presidente de la República, le sonó bien.

Con la expresión, o la frase “Ahora le toca al Pueblo” se pretende definir el concepto de humanismo de la nueva administración gubernamental, como mecanismo idóneo para impregnar la dinámica de su gestión social. Luego entonces, nuestra organización desea ver cristalizada en esa frase, “Ahora le toca al Pueblo”, la implementación del fondo de compensación a las víctimas previstas en la Ley de Protección a las Víctimas del Delito (Ley 31 de 1998), que a pesar de más de una década de adoptada, hoy sigue siendo letra muerta. La muerte como consecuencia de un accidente de tránsito es un delito. Las lesiones personales como consecuencia de accidentes de tránsito también constituyen delito. Le pedimos, entonces Señor Presidente, que su administración asuma el compromiso de generar los ingresos de dicho fondo de compensación a las víctimas de accidentes de tránsito del transporte terrestre colectivo el cual se puede generar mediante la creación de un impuesto al transporte en general, que recaudaría ingresos porcentuales de los peajes de corredores; de las recaudaciones provenientes de las placas de circulación o por la vía de incluir en la propuesta de modernización del transporte público un porcentaje del precio o del valor de los buses que se vayan a adquirir; o un porcentaje del valor de las obras del metro que se pretende construir como proyecto insignia de esta administración. Y que, una vez constituido el fondo de compensación, la disposición normativa que la adopte se le apliquen efectos retroactivos por ser de orden público y de evidente interés social, ya que quienes se ven sometidos a tomar un transporte publico colectivo en este país son las clases menos favorecidas económicamente hablando, las que, irónicamente, constituyen las grandes mayorías y cuyos intereses siempre son desconocidos e ignorados por los gobernantes efímeros y que no dejan huellas,

Confiamos, Sr. Presidente, que usted no sea efímero y deje huellas. Y que no haya necesidad, nunca más, de pintar un Corazón Azul en una calle o avenida de este querido país.

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Publicado el 29  de octubre de 2009 en el diario El Panamá América, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Medios y elecciones

La opinión del Secretario General del Partído Político Alternativa Popular……
OLMEDO BELUCHE
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Medios y elecciones

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Panamá ha tenido importantes avances en su régimen democrático en los últimos 20 años, pero también es cierto que las últimas elecciones expusieron las debilidades del sistema político en toda su crudeza. Ya señalé en un artículo anterior que Panamá posee un régimen de partidos más antidemocrático y restrictivo que México, Colombia y Costa Rica.

Quiero referirme al problema de los medios de comunicación y los procesos electorales, materia en la que se requieren también reformas, si queremos preservar estándares democráticos mínimos. A juicio de muchos, los últimos comicios se caracterizaron por campañas sucias, desinformación maliciosa, parcialidad de la mayoría de los comunicadores y de los medios de comunicación, poniendo en jaque su propia credibilidad ante la opinión pública. Situación que, de no corregirse a futuro, pone en riesgo las conquistas democráticas del país.

El problema reviste diversos niveles: desde la falta de un Pacto Ético entre los propios candidatos; pasando por gastos millonarios en publicidad; hasta llegar a la parcialidad de los directores de los medios. La ausencia del Pacto Ético permitió que la publicidad se centrara sobre cualquier aspecto de la vida personal, con cuñas que muchas veces rayaban en el insulto, inclusive con uso de imágenes no autorizadas.

Por otro lado, la legislación regula los fondos públicos para campañas electorales, pero no los financiamientos privados, salvo la estipulación que obliga a entregar la lista de donantes al Tribunal Electoral (TE), información que no se hace pública. Es imposible conocer cuánto recibieron los candidatos de fuentes privadas ni cómo se gastó. Toda información concreta al respecto constituye un tabú. Pero prevalece el comentario de que un candidato a diputado debe disponer al menos de $200,000 para aspirar, no ganar. ¿Cuántos millones se necesitan para ser presidente de la República?

Estos gastos pueden incluir movilización, alimentación y volantes; pero una proporción creciente se va en pago de publicidad a los medios. A este respecto la legislación carece de regulación y los medios fijan el precio de las pautas a su arbitrio. Las implicaciones de esto para la democracia son graves, porque impone un sesgo de clase a los candidatos, porque el que no tiene para pagar, no podrá hacer publicidad, no será conocido y, por ende, no será elegido.

Adicional a los costes publicitarios, cabría reflexionar sobre el problema de si los medios son neutrales, simples transmisores de información o se han convertido en protagonistas que se pueden parcializar. El manejo del caso Murcia es diciente al respecto.

Se requiere que la reforma electoral próxima regule sobre estas materias y no vemos otra opción que el establecimiento de un tope máximo a las contribuciones privadas, la compra del espacio publicitario por el TE para que éste lo reparta equitativamente entre los aspirantes y la obligatoriedad de una ética de las campañas.
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Publicado el 29 de octubre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

En octubre, mes del Rosario

La opinión del Ingeniero…..

Carlos Felipe Landau R.

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En octubre, mes del Rosario

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El rosario es quizá el objeto más representativo del catolicismo. No sólo está en manos de quien hace oración: ¿Quién no lo ha visto colgado del espejo retrovisor de algún automóvil? O quizá colgado del cuello de algún vendedor callejero. Quizá se le tiene en el “altar familiar”, junto con el crucifijo y la Santa Biblia. Por otro lado, para algunos resulta un objeto misterioso o hasta “sospechoso”: ¿no estará el rosario incluido en la condena del Señor de la “vana repetición” en la oración (Mateo 6,7)?

Lo primero es comprender qué es el rosario. Aunque se le llama rosario al hilo trenzado con las cuentas y el crucifijo, más propiamente el rosario es una forma de oración bíblica de tipo vocal y a la vez mental. En cada grupo de 10 cuentas se medita un pasaje bíblico o “misterio”, durante el tiempo que dure recitar un padrenuestro, 10 avemarías y un gloria.

Aquí es donde el rosario, al igual que cualquier otro tipo de oración, presenta un peligro: si se repiten las oraciones “como perico” no es verdadera oración. En palabras de Santa teresa: “De vez en cuando hay que hacer examen de conciencia acerca del modo como rezamos el rosario. Porque hablar con quien está en el cielo sin pensar a quién hablamos ni de qué hablamos, esto no puede llamarse verdadera oración.”

Pero si al orar tenemos la actitud adecuada, si nos ponemos en la presencia de Dios y con el deseo de acercarnos a Él; entonces si estamos orando bien, “con el corazón”. Esto aplica al rosario y a toda oración.

A propósito, es importante tener claro que la Biblia no condena la repetición en la oración. Mal podría hacerlo cuando el mismo Jesús la practicó: “[Jesús] Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.” (Mateo 26,42-44). Lo que si condena es la “vana repetición”… el pensar que por el puro hecho de repetir muchas oraciones se doblegará la voluntad de Dios.

Como hemos visto, esta condena no puede aplicarse al rosario bien hecho, ya que el mismo no consiste en repetir “mecánicamente” oraciones. El objeto principal del Rosario es meditar en los misterios o verdades de fe de nuestra redención, mientras se dicen el Padrenuestro y las diez Avemarías en cada decena.

Termino con algunas sugerencias para orar mejor con el Rosario: Al comienzo de cada misterio, pide a Dios alguna gracia.

Antes de recitar el Padrenuestro y las Avemarías, detente unos cuantos segundos y medita silenciosamente, considerando el respectivo misterio.

Pronuncia claramente y sin prisas el Padrenuestro y las Avemarías.

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Publicado el 29  de octubre de 2009 en el diario El Panamá América,   a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Las reservas indígenas

La opinión del Empresario y Político…..

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Samuel Lewis Galindo

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Las reservas indígenas

En Panamá hay seis “reservas indígenas” que territorialmente tienen más o menos el 25% del área total de la nación.

Existen las siguientes “reservas”: Emberá 1 y 2 colindante la primera con el límite de Colombia y Emberá 2 al sur oeste de la provincia de Darién; Mandugandí, Kuna Yala y Wargandí, muy cerca del Caribe al norte de Panamá.   La Ngöbe-Buglé, la de mayor área de todas las “comarcas”, al norte de Veraguas y de Chiriquí.

Por diversas razones los habitantes de estas “reservas”, nunca se han integrado al país. Algunos gobiernos han llevado a cabo gestiones, muy aisladas de incorporar estos grupos haciéndoles carreteras y escuelas, pero en realidad todo este esfuerzo estaba dirigido a lograr los votos indígenas para las elecciones generales que se llevan a cabo cada 5 años.

Sin embargo, no han sido los gobiernos solo los responsables del aislamiento de ellos, sino que han sido precisamente, los indios, quienes son los responsables de esta falta de integración de la comunidad al resto del país. No se trata, por supuesto, de que los indios abandonen sus costumbres y tradiciones ancestrales, sino que no se queden sentados en siglos pasados y que actúen modernizando todas sus estructuras para que se puedan ubicar en el Siglo XXI.

Los dirigentes indígenas, específicamente sus caciques, se han negado a evolucionar y dan la impresión con su aislamiento que los problemas del país no son de ellos. Por supuesto que hay que respetar las demarcaciones de sus áreas. Lamentablemente ellos en gran medida, se han dedicado solo a problemas del medio ambiente y algunos se han dejado llevar por doctrinas desfasadas.

Hay unos 4 o 5 que se llaman dirigentes, que con gran elocuencia expresan sus puntos de vista muy personales, pero que mantienen en el obscurantismo y en el atraso a sus pueblos.   Por esas prácticas, que han confundido la integración con sus tradiciones ellos, los indios, se han mantenido totalmente aislados del progreso que el país lleva.   Jamás han tenido una experiencia agrícola, ni de ninguna índole que les permita comercializar (con excepción de las tulas) con el resto de la nación, ni han explotado debidamente su potencial turístico; por el contrario han obstaculizado cualquier intento de desarrollar su potencial de gran belleza.

Sería oportuno que se tuviera una política conjunto del gobierno con las principales dirigentes indígenas a fin de lograr vías que conduzcan a una participación de todos esos grupos a la nación panameña, respetando, eso sí, todas, absolutamente todas sus tradiciones, pero modernizándose y mejorando sus condiciones de vida. Por ejemplo, en los EE.UU. los grupos indígenas tienen capacidad económica que les permite, entre otras cosas tener hoteles y casinos. No siguen en la pobreza como aquí y también otros grupos de indígenas en nuestra América.

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Publicado el 29  de octubre de 2009 en el diario El Panamá América, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Tres tristes tigres

La opinión del médico…..

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Pedro Ernesto Vargas

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Tres tristes tigres


Hoy, tres aspectos de la medicina local deben llamar a la reflexión y permitir el análisis no solo objetivo sino sincero:

-La decisión de entregar a la Universidad de Panamá las salas hospitalarias de un nosocomio para docencia y administración,

-la proliferación de terapias no probadas de parte del cuerpo médico entrenado

-y la actitud evidente de parte del Ministerio de Salud de velar por la comodidad de los dirigentes gremiales de la salud, a caras expensas de los intereses del paciente.

Sería conveniente que las autoridades de la Universidad de Panamá señalen con qué cuentan para alcanzar lo que otrora fuera el sueño de toda facultad de medicina, tener un hospital universitario. Lo digo con el mejor de los intereses, porque administrar un hospital escuela sin estar preparado es llevar una empresa loable al fracaso.

Me he llenado de escalofríos incómodos al enterarme de que este nosocomio, ya ofrecido, sería subvencionado por el Gobierno Nacional y por la Caja de Seguro Social.

Al mismo tiempo que se señala esto, se cierra un experimento válido pero fracasado de modelo de atención, el hospital de San Miguel Arcángel, cuyos dineros de funcionamiento debían “llegar” de las mismas fuentes y forma, que hoy se esboza para la nueva aventura.

La duplicación de responsabilidades o incumplimientos en el campo de la atención de salud ya ha salido muy costosa para seguir emulándola y estimulándola.

Vale la pena decir dos cosas: el compromiso docente es un compromiso de serias y reales implicaciones éticas.   No se puede ofrecer al estudiante de un oficio o profesión lo que no se le va a dar.   La actividad docente hospitalaria es permanente y requiere de un presupuesto “no recuperable” en bibliotecas, accesos a la información y a expertos, equipos de trabajo, laboratorios y presupuesto para la investigación, además de los otros costos diagnósticos, terapéuticos y de rehabilitación o mantenimiento, propios de su función y propósito.

El otro hecho a tener en cuenta es que hoy día se considera, en otras regiones del mundo con liderazgo en la educación médica, que los centros hospitalarios universitarios no son superiores a los hospitales de la misma comunidad, donde el estudiante se formaría con mejor sentido y conocimiento del ambiente donde ejercerá su profesión.

El segundo aspecto preocupante que prolifera como maligno crecimiento en el cuerpo médico lo constituye la popularización de terapias no probadas, lo que convierte a los seres humanos en ratones de laboratorio, con serias consecuencias.

Allí están las muy mercadeadas terapias para el rejuvenecimiento, desde la catarata de pruebas diagnósticas cuyos resultados no se pueden interpretar con total certeza, hasta el chorro de píldoras e inyecciones para subir niveles en sangre de hormonas y micronutrientes, cuyo equilibrio en el milieu interno, ni siquiera se le puede evaluar uniformemente.   Bloquearle el paso a la vejez, como a la enfermedad, es una aspiración, pero que debe hacerse sin hacer daño y permitiendo la dignidad en el hombre.   En el otro extremo están los trasplantes de células madre “para curar” retardo mental, parálisis cerebral, daño medular y cuanta cosa para la cual, la rica imaginación de Julio Verne se queda corta.

Pareciera que mis colegas médicos se hubieran enemistado con los claustros de estudios donde hicieron carrera, con sus serios y prudentes profesores y con sus calificadas enseñanzas.   Pero hay un aspecto delictivo en todo esto, y es que con la esperanza y la salud de las personas no se experimenta y estas terapias son experimentales, son para el laboratorio.

La tercera y no última situación para reflexionar es esa actitud gremialista de los ministros de Salud, quienes prefieren tener contentos a los gremios que a los pacientes.

A eso que hemos llamado politización de la salud pública desde el estrado del gobernante.

Eso no sería una arista peligrosa de transitar si no fuera porque los intereses de los dirigentes gremiales –también politizados e ideologizados– suelen, muy frecuentemente hoy día, estar alejados de los intereses de los pacientes.   A veces los tocan de casualidad porque en el paso se los encuentran, sin darse cuenta; pero cuando lo que importa son los números de horas de trabajo, el salario por hora de trabajo, las horas de vacaciones o el cumplimiento de una agenda político ideológica para alcanzar no la queja del paciente, el bisturí, el instrumento diagnóstico, o la receta médica, sino el ministerio o la dirección departamental, entonces hay que recordarles con firmeza que su labor es la de acompañar y cuidar al paciente. Antes de que con los gremios, los ministerios de Salud deben trabajar con los institutos de medicina, instituciones académicas y no gremiales, que conocen, estudian, analizan y sugieren o dictan políticas de salud que los ministerios, entonces, rigen para su cumplimiento.

No olvidemos que el médico se debe esencialmente a la relación de confianza que establece con los pacientes y no con los presidentes.

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Publicado el 29 de octubre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.
http://www.prensa.com

El hospital universitario

La opinión del Docente Universitario…….

Eduardo Flores Castro
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El hospital universitario

La decisión expresada por el Presidente de la República Ricardo Martinelli de otorgar la administración de un hospital, a la Universidad de Panamá y contar así con un hospital universitario, nos complace en grado sumo. Un hospital universitario implica articular dos complejas organizaciones: el hospital y la universidad.  El hospital es una institución científico-técnica en donde se desarrollan diagnósticos y acciones terapéuticas hacia los enfermos. La universidad es una institución educativa de masas, productora de conocimientos y recreadora de prácticas profesionales.

Un hospital universitario debe guardar el equilibrio entre los servicios asistenciales, los servicios epidemiológicos de las poblaciones bajo su influencia y las redes públicas de prestaciones de servicios médicos; y la vida académica de la universidad en donde se realiza investigación e innovación tecnológica.

Esta institución es central para llevar a cabo el proceso de formación de los profesionales de la ciencia de la salud en forma adecuada y moderna.   Allí se contrasta el saber de los libros con la realidad del enfermo, se adquirieren las competencias básicas del ejercicio de la clínica, es un laboratorio de interacción social donde se moldean las relaciones interpersonales entre el paciente y el equipo de salud, y de igual forma entre los mismos miembros del equipo de salud (Medicina, Enfermería, Odontología, Farmacia, Sicología, Tecnología médica, Radiología, Nutrición, Trabajo social, y demás profesiones afines).

Un hospital universitario está íntimamente ligado con el quehacer de la universidad. Debe tener un escenario académico, científico y tecnológico en donde se construya conocimiento sobre las enfermedades, su tratamiento y prevención.  Debe generar un pensamiento crítico frente al saber existente. Debe brindar un escenario de formación práctica para profesionales del área de la salud. Debe crear propuestas pedagógicas que ayuden en los procesos educativos del personal de las ciencias de la salud.  Debe capacitar a los usuarios de los servicios tanto en el uso adecuado de los mismos como en pautas de educación sanitaria y en los derechos a la asistencia sanitaria y a la seguridad social.  Por último, debe atender a las personas enfermas, incluyendo a las personas carentes de recursos económicos.

Este centro sanitario-universitario requiere de la formulación de indicadores de gestión y de impacto algo diferente al resto de las entidades de salud, ya que tiene alcances diferentes a un hospital regular. Los servicios ofertados deben ser un modelo ejemplar para las demás instituciones de salud al igual que las dinámicas financieras, los procesos contables y la transparencia en el manejo de los recursos.

Las funciones de un hospital universitario no son exclusivamente asistenciales por lo que requiere un presupuesto especial para poder cumplir con sus misiones universitarias y de salud.   Implica un esfuerzo por parte de la Universidad de Panamá, así como de una inquebrantable voluntad política por parte del Gobierno de la República, quienes tendrán que ser generosos en la ayuda y el apoyo que brinden, puesto que es un proyecto innovador que no tiene referentes nacionales.

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Publicado el 29  de octubre de 2009 en el diario El Panamá América, También se publicó el 2 de noviembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá. a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Buscando a la abuela.. la negra (II)

La opinión del abogado…..
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ALBERTO S. BARROW N.
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Buscando a la abuela.. la negra (II)

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Sin asomo de duda, la población afropanameña existe, pero, a la vez, es invisible en el país. En el barrio alguien diría ¿Cómo así?

La falta de visibilidad estadística de los afropanameños hace imposible una aproximación sociodemográfica precisa a este grupo poblacional. Y, aun cuando sé que hay quienes le restan méritos a los argumentos que favorecen la visión de que en los Censos todos contamos, y esto ya fue explicado en un artículo anterior, ese hacer cuentas de los negros en Panamá, más allá de nuestras particulares querencias, tiene importancia.

Para el año 2000, fecha en que se desarrolló el último Censo de Población, los panameños y panameñas nos contabilizábamos en 2.839.177. Desde luego que esa realidad numérica ha cambiado a esta fecha. Por otro lado, estimaciones de varios estudios precisan que los afrodescendientes en el país alcanzan entre el 14% y el 30%. Estas poblaciones se concentran especialmente en las provincias de Panamá, Colón, Bocas del Toro y Darién.

Una de las características de los afropanameños, en términos generales, es su anclaje urbano. Se estima que tanto el distrito como la ciudad de Panamá es donde está asentada, en su mayor parte, la población afrodescendiente del país. Pero en términos de representatividad, Colon sería la ciudad que exhibe más africanidad en todo el Istmo. Otros lugares importantes son Portobelo y Nombre de Dios, en la costa de Colón, La Palma , en la fronteriza Darién, colindante con el Chocó Colombiano, Bocas del Toro, en el extremo occidental de nuestra geografía, destacándose aquí Almirante.

Por otro lado están las provincias centrales (Coclé, Herrera, Los Santos), todas habitadas, en distintas proporciones, por gente de piel oscura, en sus diversas “ degradaciones ”. Justamente, en esos parajes nacieron y vivieron muchas de las abuelas? las negras cuyas descendencias, hoy portadoras de mucha menos melanina, no dejan de ser sus nietos, bisnietos y tataranietos, en fin, afrodescendientes.

¿Negros? hay en todo el país. Parte del problema de la no inclusión de los afropanameños en los instrumentos estadísticos, en especial en las Encuestas de Hogares y en los Censos, tal como ya ocurre en otros países de la Región, ha estado en la falta de un soporte técnico y metodológico que oriente a las autoridades correspondientes en la aplicación efectiva de una variable de auto-identificación afrodescendiente, en las boletas de captura de información estadística. Como señalé en un artículo anterior, llegó la hora en que el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo de la Contraloría General de la República incluirá la variable de auto identificación étnica afropanameña en el próximo censo del 2010. Y para que nadie crea que este ejercicio será una panacea, quiero contarme entre los primeros en señalar, públicamente, que el proceso no estará exento de dificultades y riesgos en tanto que, aún cuando empíricamente sabemos que después de Brasil, Panamá está entre los países que cuentan con una elevada población afrodescendiente en América Latina, las históricas construcciones sociales en torno a la negritud harán muy difícil el autoreconocimiento de los encuestados.

Siendo ese el mayor reto a encarar, hará mucha falta que las mismas comunidades afropanameñas sean conscientes de lo estratégico que es identificarse con el proceso censal venidero. De allí que las organizaciones negras panameñas, en su más variada gama, tendrán el gran desafío, y consiguiente responsabilidad, de emprender procesos pedagógicos y de sensibilización, a través de campañas masivas, para superar las incertidumbres semánticas respecto a las variables estadísticas que auto-identificarán a los afropanameños. ¿Seremos capaces de hacerlo? ¿Estaremos a la altura de las exigencias de esta coyuntura?

Pienso que todo eso está por verse en los meses por venir. Pero de lo que no me cabe duda alguna es de que el domingo 16 de mayo del 2010 un encuestador (a) tocará a la puerta de cada familia panameña. Y entre las varias preguntas que hará está la que sigue: “ ¿Alguna persona de este hogar se considera negro(a) o afrodescendiente? ”.

Para cuando cierre la jornada de ese día domingo, cualesquiera hayan sido las respuestas que la población le dispensó a ese interrogante, Panamá habrá dado un paso más en ese largo camino por conocerse un poco mejor y, sobre todo, el Estado tendrá elementos para construir políticas públicas que hagan de esta sociedad una más inclusiva para con los afrodescendientes panameños.

Sobre el XI Censo Nacional de Población y el VII de Vivienda todavía tengo mucho que decir. Continuaré compartiendo mis reflexiones acerca del tema, con la absoluta certeza de que en Panamá aquel que no tiene de Tinga tiene de Mandinga.

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Publicado el 29 de octubre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.